El Éxito de Ser Peligroso: La Resistencia a los Regímenes de Libre Comercio e Inversión
Por Gerard Greenfield
Durante la edad de hielo neoliberal, desde inicios los años ochenta hasta fines de los noventa, los capitalistas globales y sus ayudantes expresaron una confianza extrema en su victoria sobre nosotros. Esta confianza se refleja en los afiches y vallas lanzados por el Financial Times a mediados de los noventa declarando "Capitalistas del Mundo Uníos!". Al tomar nuestro lema (Trabajadores del Mundo Uníos!) e invertirlo, de alguna manera ridiculizaron nuestro internacionalismo. Proclamaron con fuerza que el internacionalismo de la post Guerra Fría fue un internacionalismo construido y defendido por y para los capitalistas.
Sin embargo, recientemente, esta confianza se ha visto sacudida, sino rota. El editorial principal en una edición reciente de The Economist ve a las protestas anti capitalistas como "enojadas y efectivas". Es más, el editorial advierte que la globalización no es inevitable e irreversible como los ideólogos neoliberales han insistido durante las últimas dos décadas. Más bien, el solo hecho de que pueda revertirse la globalización hace tan peligrosos a los movimientos anti-globalización.
"Los manifestantes tienen razón en que el problema moral, político y económico más acuciante de nuestra época es la pobreza del Tercer Mundo. Y sí tienen razón en que la marea de la globalización, a pesar de lo poderosos que sean los motores que la impulsan, puede ser revertida.
La verdad de esas dos declaraciones es lo que hace a los manifestantes, y crucialmente, a la capa de la opinión pública que les apoya, tan peligrosos" (The Economist, 23 de septiembre, 2000)
The Economist pone en relieve que en la actualidad las abiertas declaraciones de confianza de los capitalistas son dañinas. En vez de ellas, se necesita restaurar la legitimidad de la globalización, y crucialmente, la del capitalismo. La táctica para lograr eso es poner hincapié en la pobreza tercermundista. Es por eso que The Economist argumenta que los mayores beneficiarios de la globalización son los pobres del Tercer Mundo, y los manifestantes anti-globalización son quienes les condenan a la continua pobreza.
La OMC post Seattle también se dio un baño de imagen como organización aliada con la gente pobre y marginada. Como afirmó Mike Moore:
"Son los pobres en los países pobres quienes aprovechan las oportunidades proporcionadas por el comercio y la tecnología, para mejorar sus vidas. Los trabajadores rurales mexicanos que recogen fruta en California, las costureras de Bangladesh que confeccionan la ropa de los europeos, y los sudafricanos dueños de tiendas telefónicas que alquilan teléfonos celulares a sus vecinos. Ellos, y otros innumerables, son la verdadera cara humana de la globalización".
Entonces, parece que restaurar la legitimidad de la OMC, después de lo que ellos llaman "el contratiempo de Seattle", involucra dar un énfasis mayor a la pobreza global. Al mismo tiempo, algunas de las transnacionales más grandes del mundo – con las peores historias de represión laboral, destrucción cultural y ecológica, y genocidio (de las cuales Nike y Shell son sólo dos ejemplos)- han fundado una nueva alianza con las Naciones Unidas para salvar a los pobres del mundo. Ayudar a los pobres bajo la bandera de la Alianza Corporativa de la ONU lo vuelve una actividad comercial – una mercancía más. Sin tener efecto alguno en los verdaderos impactos de estas transnacionales sobre el planeta y toda la gente, esta táctica sirve para restaurar la legitimidad del dominio corporativo y recobrar la confianza perdida en los años anteriores.
Pero Mike Moore ha ido más allá en estos tiempos turbulentos. En un agudo contraste con los días en que se burla de nuestro internacionalismo distorsionando nuestros lemas, ahora encontramos que el camarada Mike habla de nuestro internacionalismo como la tradición compartida por la OMC.
"Nosotros los de la izquierda tenemos mucho de qué estar orgullosos. Construimos el Estado Benefactor que cuida a la gente enferma, pobre o anciana. Luchamos por la igualdad de las mujeres y las minorías. Argumentamos con pasión por el internacionalismo, por la solidaridad entre los trabajadores de Suecia y los de Africa". (Mike Moore, Director General de la OMC, 26 de julio, 2000)
En un cierto nivel esto no es más que un cambio de retórica. Es una maniobra táctica, no es un cambio de estrategia. Claramente no es un cambio fundamental en la naturaleza del proyecto globalizador. Esta táctica busca restablecer un grado de legitimidad y limitar el daño causado por los movimientos anti-globalización. En otras palabras, es una manera de hacernos menos peligrosos.
Sin embargo es importante reconocer que las manifestaciones de Seattle también produjeron su cuota de retórica. Para muchos activistas progresistas de movimientos sociales y de sindicatos el lema "Cerrar la OMC" significó "Abolir la OMC", pero para sindicatos y grupos sociales conservadores significó "Clausurar esta reunión de la OMC". En este sentido, fue meramente simbólico. Docenas de reuniones sobre la OMC entre tecnócratas procedieron a Seattle y muchas otras siguieron realizándose después.
La retórica fue mucho más evidente cuando John Sweeny, el Presidente del AFL-CIO, declaró al inicio de la protesta "hoy estamos haciendo historia" y aún antes de que terminen las protestas anunció "Hemos hecho historia". Fue menos un primer paso que uno último. La OMC fue sacudida pero no quebrada, y para el AFL-CIO fue la hora de regresar a la mesa de diálogo e insistir en una OMC reformada –con cláusula social y sin China. A las tácticas detrás de los lemas no sólo les faltó estrategia, sino también un objetivo común.
Ya no hay sentido en simplemente acusar a la OMC y a otras agencias del capitalismo global de desatender a los pobres, de no reconocer la importancia de ... (aquí se puede insertar cualquier asunto social o ambiental), o de la falta de democracia. Desde Seattle la tecnocracia de la OMC ha producido una serie de discursos y publicaciones que proclaman la importancia de la democracia, los derechos humanos, la protección ambiental, las necesidades sociales, la primacía del "mercado social" sobre el "mercado libre" y la necesidad de erradicar la pobreza. Mientras tanto, después de Seattle, cinco países más se han adherido a la OMC (otros 25 lo harán en los próximos años). Los acuerdos claves se han expandido, y ha aumentado, no disminuido, el número e intensidad de las negociaciones comerciales y los tratos hechos a puerta cerrada. Entonces ¿dónde nos encontramos?.
Como estrategia de oposición, el señalar las fallas de la OMC no nos dice mucho sobre la naturaleza de lo que confrontamos. Esas ONGs, esos sindicatos y coaliciones sociales que pretenden reformar instituciones como la OMC utilizan las tácticas del lobby, presentaciones de políticas alternativas y cláusulas sociales. La idea de incluir estas cosas que ellos creen que falta en la agenda de la OMC, se basa en ciertas suposiciones claves sobre la naturaleza y la tarea de la OMC. En primera instancia, suponen que la OMC y otras agencias similares son instituciones u organizaciones. También suponen que la función principal de agencias como la OMC es hacer y defender políticas o acuerdos comerciales. Sobre esta base, el problema se define estrechamente: la operación de estas agencias y la definición de políticas y acuerdos es demasiado influenciado por el control corporativo y con insuficiente control social por parte de grupos sociales, sindicales y ambientales (colectivamente llamado "la sociedad civil"). Esto implica, así, que la globalización misma no es problema. Lo que se cuestiona es el estilo de globalización. Por lo tanto se trata de una competencia entre la globalización corporativa y la globalización enfocada en la gente o con rostro humano.
Al aceptar la globalización y hacer hincapié en la retórica de la pobreza, democracia e inclusión social, estos grupos de la sociedad civil están, efectivamente, ayudando para que la OMC salga de su crisis de confianza. Más aún, estos grupos crean las condiciones para que los movimientos anti-globalización sean menos peligrosos, tanto para ellos como para las élites políticas y económicas. Claramente no comprendieron. Sólo se puede ser efectivo si continuamos con lo que nos hace peligrosos – y lo hacemos mejor. Es conformando la sociedad incivil como podemos desafiar a la OMC y a lo que se esconde detrás de ella.
Para lanzar tal desafío es importante entender que la OMC no es institución ni es acuerdo. Ni siquiera se trata del comercio. El siguiente es un ejemplo de los cambios bajo la globalización que sugieren que el comercio no es el asunto principal. En 1999 el valor de las exportaciones globales alcanzó US$ 7 trillones. En este mismo año el valor de las ventas de las 690,000 empresas afiliadas a las 63,000 transnacionales del mundo, fue casi el doble, al alcanzar US$ 13.5 trillones. También es significativo que mientras se triplicaron las exportaciones globales en el período desde 1982 hasta 1999, las ventas de las empresas extranjeras afiliadas a las transnacionales se incrementaron seis veces. (Informe de la ONU sobre la Inversión Mundial 2000) Lo que esto sugiere es que el Libre Comercio no trata de incrementar el flujo de bienes y servicios a través de las fronteras, sino incrementar el dominio y control de los mercados locales por parte de las transnacionales. Más fundamentalmente aún, incrementa nuestra dependencia a las transnacionales.
Esta dependencia refleja una dimensión crítica de lo que verdaderamente son la OMC, el NAFTA y otros acuerdos comerciales. No son instituciones ni acuerdos, sino regímenes. Básicamente, un régimen es un arreglo del poder político. En este caso, los regímenes de libre comercio e inversiones se refieren a un arreglo del poder político entre países y entre países y corporaciones. Por ejemplo, bajo el régimen de la OMC el arreglo de poder entre países involucra una suerte de jerarquía de los países miembros de la OMC que les congela en categorías de "desarrollados", "en vías de desarrollo" y "menos desarrollados". Al prohibir ciertas formas de políticas industriales y de desarrollo en los países "en vías de desarrollo" y "menos desarrollados" y por lo tanto incrementar la dependencia de estos países a las transnacionales, el régimen de la OMC asegura que sólo los países que ya son "desarrollados" ocupen la cima de esa jerarquía.
Los regímenes de libre comercio e inversiones también establecen un arreglo del poder político entre los gobiernos y las corporaciones. Ya es bien entendido que la agenda del Libre Comercio implica un mayor poder y libertad de las corporaciones, especialmente las transnacionales. Esta forma de libertad es lo que caracteriza a la globalización:
"Yo definiría a la globalización como la capacidad de mi grupo de compañías para invertir donde quiera y cuando quiera, producir lo que quiera, comprar y vender donde quiera, y soportar la menor cantidad de restricciones provenientes de leyes laborales y convenios sociales". (Percy Barnevik, Presidente del Grupo Industrial ABB)
Liberarse de las restricciones implicó la redefinición de las regulaciones nacionales para que los intereses de las transnacionales sean protegidos, mientras se imponen nuevas restricciones a la capacidad de los gobiernos para regularlas. Por ejemplo, entre 1991 y 1999 en todo el mundo hubo 1,035 cambios en las leyes sobre inversiones. De éstos, el 94% aumentó la libertad de los inversionistas extranjeros y redujo la regulación gubernamental (Informe de la ONU sobre la Inversión Mundial 2000). El impacto de tales cambios no sólo es obligar a los procesos judiciales y de toma de decisiones a asemejarse a los de EE.UU, sino restringir las posibles acciones futuras de los gobiernos y aislarles de la presión de los movimientos laborales y sociales.
Como vimos en el caso entablado en el marco del NAFTA por la Corporación Ethyl contra el gobierno canadiense en 1997, y el fallo reciente bajo este mismo tratado a favor de la Corporación Metalclad y en contra del gobierno mexicano, no debe preocuparnos sólo el asalto al medio ambiente. Es un asalto a las luchas locales a partir de las cuales se implementó la legislación. En este sentido, la reducción de la legislación ambiental y social bajo el Libre Comercio, involucra el desmantelamiento de las anteriores victorias de los movimientos sociales y laborales.
Lo que también demostraron los juicios bajo el NAFTA fue que los gobiernos federales están muchas veces dispuestos a perder estos casos para disciplinar a los gobiernos provinciales, estatales, o locales que han adoptado políticas ambientales y sociales progresistas. Donde el gobierno federal no tiene la capacidad legal o política para revertir tal legislación, puede dejar que la intervención externa de NAFTA y la OMC actúe en su nombre.
Muchas veces acusan a la OMC de operar en secreto y no ser democrática. Esto fácilmente conduce a propuestas para una mayor transparencia y apertura. No obstante, tal enfoque ignora el hecho de que necesitamos la habilidad para actuar sobre lo que vemos, de lo contrario seremos meros espectadores dentro de un proceso transparente. El problema no es sólo la falta de democracia dentro de la OMC y el NAFTA, sino la plena hostilidad hacia la democracia. Reducir agresivamente nuestra capacidad para imponer prioridades democráticas sobre el capital no es una idea nueva – más bien está en el corazón del proyecto de la globalización. También nos recuerda que todo el proceso de la OMC, ha sido el de juntar a los países para que acaten reglas bajo amenazas y coerción. Es la amenaza de sanciones comerciales lo que la orienta, no las necesidades humanas ni el sentido común.
La permanente difusión de protestas locales e internacionales contra la globalización en los últimos meses ha profundizado la crisis de legitimidad de la OMC – una crisis que fue más evidente en Seattle en noviembre de 1999. No es simplemente una crisis externa. Entre los gobiernos de los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo hay desacuerdos serios sobre las reglas de la OMC, plazos, y procedimientos, que han empantanado algunas negociaciones. A pesar de esto, gobiernos claves (como los de EE.UU Canadá, Japón, y U.E.) pretenden expandir el ámbito de los acuerdos de la OMC y afianzar su potestad. Para efectivamente desafiar este escenario, no debemos ayudar a la OMC a salir de su crisis de legitimidad llamando a su reforma. Por e contrario, necesitamos profundizar la crisis y crear las condiciones políticas para abolir a la OMC y a los regímenes de libre comercio e inversiones que subyacen en ella.
Profundizar la crisis de legitimidad de la OMC, del NAFTA y de otros acuerdos y regímenes de inversión requiere continuas movilizaciones masivas y protestas. Sin embargo no debemos olvidar que las negociaciones oficiales contra las cuales protestamos, son esencialmente símbolos. Clausurar un encuentro de la OMC es importante, pero los tecnócratas se reúnen en una docena de sitios tanto antes como después del encuentro. Combinando con las protestas masivas, deberíamos organizar actividades sostenidas de educación popular – actividades que vayan más allá de los eventos simbólicos para convertirse ellas mismas en eventos. Esta educación popular no sólo debe conducir a una conciencia crítica de los impactos del régimen de la OMC entre los trabajadores, sino que debe explorar la necesidad del control democrático sobre el capital y las maneras de lograr esto. Sea un impuesto Tobin sobre las transacciones monetarias especulativas, la nacionalización de los bancos, o la experiencia participativa del presupuesto de Brasil, una mayor consciencia popular sobre la necesidad absoluta de tales medidas es un paso hacia la abolición de la OMC, el NAFTA , el FMI etc. Un sentido creativo de urgencia significa un sentido de urgencia que no genere temor ni incertidumbre, sino que lleve a la gente a imaginar alternativas democráticas y a luchar por su pronta. Así podemos profundizar la crisis de legitimidad de la OMC mientras se crea legitimidad para una amplia gama de soluciones radicales.
Debemos estar claros de que un mundo sin la OMC y el NAFTA no sería un mundo sin reglas sobre el comercio internacional. Ya existen reglas a nivel local y nacional en la mayoría de países, y proveen una protección social y ambiental necesaria y una regulación sobre bienes y servicios de manera menos dañina (y a veces hasta beneficiosa) para los trabajadores. Lo que ahora se necesita es el fortalecimiento y expansión de estas reglas para manejar el comercio más efectivamente en beneficio de los trabajadores en los dos lados de cualquier relación comercial. Pero esto no sólo implica reemplazar el comercio libre por el comercio justo. No hay mucho sentido en el comercio justo si un país ha sido obligado a sembrar y exportar café durante los últimos cien años, o si la gente está con hambre mientras se exporta el arroz. Lo que esto sugiere es que se necesita re-pensar fundamentalmente por qué comerciamos, qué comerciamos y la necesidad de alternativas locales.
Sin embargo, para los países del Sur ni siquiera se pueden considerar tales alternativas mientras tienen el peso de la deuda externa encima. La presión de pagar esa deuda impulsa las exportaciones, y les encadena al régimen de libre comercio e inversiones de la OMC y de las políticas de ajuste estructural del Banco Mundial y el FMI. Urge la eliminación inmediata y total de la deuda del Tercer Mundo y una asistencia social internacional sin condiciones antes de que cualquier sistema de comercio justo pueda ser verdaderamente efectivo.
La declaración de que un mundo sin la OMC sería un mundo sin reglas no tiene fundamento debido a que a nivel internacional ya tenemos una amplia banda de reglas: tratados y convenios sobre derechos humanos, laborales y sindicales, sociales, económicos y culturales; además de reglas que restringen formas dañinas del comercio internacional como las de desechos tóxicos y armas militares. Estas reglas internacionales son el resultado de una larga historia de luchas populares a lo largo del mundo, y ahora más que nunca es necesario reafirmar la prioridad de estos convenios y principios. Esto se debe hacer, no incluyéndolos en la OMC o el NAFTA, porque nuestros derechos y principios serían absorbidos, distorsionados, y comercializados bajo regímenes de libre comercio e inversiones, sino reafirmando la importancia de los derechos y libertades fundamentales y poniéndolos por sobre el comercio y la inversión, y de esa manera recuperando el terreno perdido ante el proyecto de la globalización.
Esto hace necesario abolir los acuerdos comerciales y los regímenes de inversión que encadenan el estado "hacia arriba", hacia los intereses globales de las transnacionales, alejado de la presión popular desde "abajo". Sin embargo, también significa que se debe transformar la presión desde abajo en algo más estructurado o sistemático para que el Estado (a todo nivel) no sea simplemente "presionado" por el cambio en la opinión popular contra de la globalización, sino que sea controlado por ella. En otras palabras, no necesitamos un Estado sensible, sino un Estado democrático. Claramente es un proyecto enorme. Pero el desmantelamiento de los regímenes de libre comercio e inversiones como la OMC, la subordinación de las transnacionales a los controles democráticos, y la reversión del proyecto de globalización, requieren la democratización del Estado a los niveles nacionales y sub-nacionales. Restaurar los derechos de los gobiernos sobre el capital, especialmente el derecho a regular las actividades de las transnacionales, es sólo un primer paso. También se necesitan medidas inmediatas como el aumento de los impuestos a las corporaciones, restricciones a la fuga de capitales, una protección ecológica más estricta, además de cambios fundamentales como la nacionalización democrática (no burocrática) de los bancos y otros servicios públicos, y la reversión de dos décadas de privatizaciones. Al mismo tiempo se deben fortalecer los procesos progresistas de localización, que pueden incluir cooperativas auto organizadas, el manejo comunitario de los recursos naturales, la conversión social de las industrias y consejos locales de empleo directamente elegidos. Cualquiera sea la gama de iniciativas involucradas, estas estrategias de localización no sólo requieren el apoyo del gobierno, sino protección efectiva ante los ataques agresivos de las transnacionales.
El efecto combinado de democratización y localización es un reordenamiento radical del arreglo doméstico del poder político, de manera que contraríe fundamentalmente – y por lo tanto debilite – el arreglo global del poder político vinculado con los regímenes de libre comercio e inversiones. A su vez, este reordenamiento crea las condiciones en las cuales será posible lanzar un contra-proyecto popular y efectivo para revertir el proyecto de globalización. Sólo a través de tal proyecto será posible ser lo suficientemente peligrosos para hacer realidad las pesadillas de los capitalistas.
La OMC: Oportunidad o Peligro para el Mundo en Vías de Desarrollo?
Intercambio de cartas entre Walden Bello, el Director Ejecutivo de Focus on the Global South y profesor de la Universidad de Filipinas, y Phillipe Legrain, asesor especial del Director General de la OMC Mike Moore, y ex corresponsal de The Economist en asuntos de comercio y economía. Fue publicado por The Ecologist, diciembre-enero 2000, Vol 30, No 9.
Estimado Phillipe:
La idea de que al mundo le hace falta la Organización Mundial de Comercio (OMC) es una de las mayores mentiras de nuestra época. La OMC se formó en 1995 principalmente para beneficio de EE.UU y sus corporaciones. La Unión Europea, Japón y, especialmente, los países en vías de desarrollo estuvieron mayormente ambivalentes respecto a la idea; fue EE.UU el que la impulsó.
¿Por qué? Porque, aunque EE.UU en el año 1948 inhibió la formación de la Organización Internacional de Comercio (ITO en ingles), creyendo en ese entonces que esa institución no servía a los intereses de sus corporaciones, para los años 90 cambió de idea. Ahora quería una agencia internacional de comercio. ¿Por qué? Porque su dominio global estaba bajo amenaza. El flexible sistema GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) que precedió a la OMC, permitió la aparición de Europa y Asia del Este como centros industriales competidores que amenazaban el dominio de EE.UU aún en industrias de alta tecnología. Bajo el sistema de comercio global agrícola del GATT, Europa había emergido como un poder formidable, y varios países del Tercer Mundo, preocupados de cuidar sus sociedades rurales y agrícolas, habían limitado el ingreso de los productos agrícolas de EE.UU en sus mercados.
Es decir, antes de la OMC, el comercio mundial crecía a pasos gigantescos, pero los países utilizaron la política comercial para industrializarse y adaptarse al crecimiento del comercio y evitar ser marginados por él. Esto fue un problema desde el punto de vista de EE.UU. Por eso necesitó la OMC.
La esencia de la OMC es visible en tres de sus acuerdos centrales: el Acuerdo sobre Derechos de Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados Al Comercio (TRIPS en inglés); el Acuerdo sobre Agricultura; y el Acuerdo sobre Medidas en Materia de Inversiones Relacionadas al Comercio (TRIMS en inglés)
El propósito del TRIPS no es fomentar el libre comercio sino aumentar el poder monopólico. Es difícil discrepar con el derecho de los innovadores de tener un acceso preferente durante un cierto período a los beneficios que fluyen de su innovación. No obstante, el TRIPS va más allá al institucionalizar el monopolio de los innovadores de alta tecnología, la mayoría de ellos del Norte, Entre otras cosas, el TRIPS proporciona una generalizada protección mínima para las patentes de 20 años; instituye regulaciones aduaneras drásticas contra los productos que a su juicio violan los derechos de propiedad intelectual; y – contrario al principio jurídico de ser inocente hasta que no se pruebe lo contrario – coloca el cargo de prueba sobre el supuesto violador de las patentes
Lo que hace el TRIPS es reforzar la posición monopólica o oligopólica de las compañías de alta tecnología de EE.UU. como Microsoft e Intel. Hace casi imposible la industrialización por imitación o industrialización vía condiciones laxas de transferencia tecnológica –estrategia que fue utilizada por EE.UU., Alemania, Japón, y Corea del Sur durante las fases iniciales de industrialización -. Facilita que el líder tecnológico, en este caso EE.UU, ejerza una gran influencia en el proceso de desarrollo industrial y tecnológico del resto del mundo.
El Acuerdo sobre Agricultura trata de consolidar la competencia monopólica entre EE.UU y la U.E. por los mercados de terceros países. El Acuerdo sí estipula recortes en ciertas subvenciones, pero estos recortes son relativamente pequeños comparados con el nivel tremendo de subsidios en EE.UU., la U.E. y otros países desarrollados. Además, el Acuerdo exenta un canal muy importante de subvención: los pagos directos de ingresos a los agricultores, lo que en EE.UU. alcanza a un quinto y hasta a un tercio de sus ingresos.
La subvención a la producción agrícola en EE.UU y la U.E es poco menos que escandalosa. Las cifras de la OECD señalan que, en vez de disminuir bajo el régimen de la OMC, la totalidad de las subvenciones se incrementó impresionantemente, desde US$182 mil millones en 1995 a US$ 362 mil millones en 1998. Naturalmente, los subsidios crean condiciones de sobre producción y una gran necesidad de exportar para aliviar el superávit. Los mercados se encuentran en el Tercer Mundo, al cual manda el Acuerdo que se deshaga de las cuotas, fije aranceles agrícolas, acepte "volúmenes mínimos de acceso" de mercancías agrícolas, y se abstenga de subir significativamente sus niveles mínimos de subsidios. La inseguridad alimentaria y el desplazamiento de millones de familias que no pueden competir con los subsidios del extranjero, son parte de la amarga cosecha del Acuerdo sobre Agricultura.
El Acuerdo sobre Medidas en Materia de Inversiones Relacionadas al Comercio (TRIMs), como son los mecanismos de equilibrio comercial o las políticas de contenido local, han sido utilizados por muchos países del Tercer Mundo para afianzar sus sectores industriales, obligando a las transnacionales a encontrar sus componentes e insumos dentro del país. Sin embargo, estas medidas interfirieron con el comercio inter-subsidiario de las transnacionales. Además de prohibir las cuotas y la fijación de aranceles, el Acuerdo TRIMS, al prohibir las políticas de equilibrio comercial y de contenido local, efectivamente elimina el uso de la política comercial para la industrialización y el desarrollo. Estos acuerdos son sólo tres ejemplos que demuestran que la OMC tiene fallas fundamentales; y las fallas fundamentales no admiten reforma.
Entonces, ¿por qué, a pesar de la evidencia empírica, siguen repitiendo la retórica sobre la naturaleza imprescindible de la OMC? Porque Washington aprendió del maestro de propaganda nazi, Josef Goebbels, que una mentira repetida mil veces puede finalmente lograr el estatus de la verdad. Afortunadamente, después de Seattle, la gente caló esta gran mentira. Al mundo no le hace falta la OMC. A la élite corporativa de EE.UU., sí.
Walden Bello
Estimado Walden:
Un caso convincente para el desmantelamiento de la OMC debe mostrar dos cosas. Primero que el mundo estaría mejor sin ella. Segundo, que desmantelar la OMC es preferible a cualquier otra reforma políticamente posible. Usted no demuestra lo uno ni lo otro. Abolir la OMC no destruirá a la globalización, al capitalismo, ni al poder de las corporaciones de EE.UU. Pero sí desmantelaría un foro para que los gobiernos negocien las reglas multilaterales de comercio y un mecanismo para hacerlas cumplir. Por eso todos los países saldrían perjudicados, pero los perdedores más grandes serían los pobres y los débiles.
Un beneficio de las reglas es que se aplican a los países grandes y ricos como los pobres y débiles. Cuando EE.UU bloqueó la importación de ropa interior de Costa Rica, ese país apeló a la OMC, ganó, y EE.UU levantó su restricción. ¿Cree usted, honestamente, que sin la OMC Costa Rica habría tenido tal influencia en Washington? Hay que reconocer que el mecanismo de resolución de diferencias no es perfecto: EE.UU cuenta con un bufete de abogados, mientras los países pequeños tienen pocos recursos. Hay que mejorarlo. Paro aún así es mejor que la alternativa: la ley de la selva, donde la fuerza es la que manda.
Otro mérito de las reglas de la OMC es que deja maniatados a los gobiernos. Una vez abiertos los mercados al comercio y la inversión extranjera, los países ya no los pueden cerrar por puro capricho. Sin esta estabilidad, las empresas serían renuentes a invertir en el extranjero, en particular en los países en vías de desarrollo con una historia de proteccionismo o de instabilidad política. Al desmantelar la OMC, los países en vías de desarrollo se verían más marginados todavía.
Si no hubiera posibilidad de más liberalización multilateral y ninguna instancia para hacer cumplir las reglas existentes, las barreras al comercio irían levantándose mientras se incrementaría la influencia del proteccionismo. El mundo podría dividirse en bloques regionales hostiles, con los exportadores de los países ricos buscando mercados cautivos entre los países del Tercer Mundo. Los países en vías de desarrollo, que necesitan acceso a los mercados de los países ricos más de lo que éstos necesitan acceder a los de aquellos, tendrían que juntarse en condiciones desfavorables o quedarse afuera, en el frío.
De cualquier forma, habría menos comercio. Y menos comercio implica menos crecimiento económico, con niveles de vida estancados y más gente atrapada en la pobreza – como en la Gran Depresión. En los últimos cincuenta años, el comercio mundial aumentó 15 veces, impulsando un incremento de siete veces en la producción mundial. Gracias al comercio, Japón y Corea del Sur ya no son países en vías de desarrollo. Jeffrey Sachs y Andrew Warner de la Universidad de Harvard encontraron que los países en vías de desarrollo que contaban con una economía abierta, crecieron en 4.5% por año durante los años setenta y ochenta, mientras los de economías cerradas crecieron en 0.7% por año.
A ese paso, las economías abiertas doblan de tamaño cada 16 años, mientras las economías cerradas deben esperar cien años por el mismo resultado. Por supuesto, la liberalización hace que a corto plazo algunos pierdan. Pero a largo plazo todos ganan: aún los más pobres de Corea del Sur son más ricos que sus contrapartes de hace 30 años.
Permítame contestar sus puntos específicos.
Si la OMC mayormente sirve a los intereses de las corporaciones estadounidenses, ¿por qué se han adherido libremente 139 países? ¿Por qué están esperando juntarse otros 30, incluyendo China? ¿Por qué Castro, quien de ninguna manera es un siervo de EE.UU, es un hincha de la OMC?. Se supone que piensan que la membresía en la OMC les beneficia. Además, si la OMC mayoritariamente sirve a los intereses de las corporaciones estadounidenses, por qué se oponen a la OMC los sindicatos siderúrgicos de EE.UU. Y, ¿cómo es que EE.UU perdió el caso más grande de la historia de la OMC, cuando las ventas en el exterior de sus corporaciones, de un valor de unos US$ 4 mil millones por año para las corporaciones estadounidenses, fueron juzgadas como exportación ilegal de subsidios?
En cuanto al TRIPS usted reconoce que los innovadores deben gozar de algunos derechos sobre sus invenciones. Entonces, ¿por qué no los innovadores corporativos de alta tecnología como Microsoft e Intel? Es verdad que los derechos de propiedad intelectual entregan poder sobre el mercado: así son premiados los innovadores. Pero, como se ha demostrado en recientes casos anti-trust contra Microsoft e Intel, la protección de patentes no impide el ejercicio del derecho a la competencia.
Es simplista pensar que los países pueden industrializarse a través de copiar o por la ingeniería al revés de la tecnología extranjera. Sólo se puede usar efectivamente la mayoría de tecnología con la cooperación de las empresas que la desarrollaron, que cuentan con conocimiento secreto asociado. Tal transferencia de tecnología es más probable bajo un sistema en que funcione la propiedad intelectual. La investigación ha demostrado que hay una correlación positiva entre la fuerte protección de patentes y la Inversión Extranjera Directa (FDI en inglés), las licencias de tecnología y el comercio internacional. Contrariamente a lo que usted dice, la protección de patentes fue incluida en la constitución de EE.UU. y tiene una historia larga en Alemania, Japón y Corea del Sur.
En cuanto a la Agricultura, no se puede culpar a la OMC por los subsidios de EE. UU o la Unión Europea: existieron antes de la OMC. Estoy de acuerdo con la necesidad de recortarlos. Entonces, se deben celebrar las actuales negociaciones de la OMC con el objetivo de la reducción del proteccionismo. ¿Cómo reduciría las subvenciones agrícolas el desmantelamiento de la OMC?.
No es verdad que el acuerdo TRIMS "efectivamente elimina el uso de políticas comerciales para la industrialización y el desarrollo". Sí vuelve ilegal al balance del comercio y a los requisitos de contenido doméstico, sobre los cuales la investigación ha probado que no son efectivos. No obstante, para los gobiernos todavía queda la opción de usar medidas de inversión como los requisitos para la transferencia tecnológica. Además, los países en vías de desarrollo pueden invocar exenciones para promover el desarrollo económico, y tienen un período de transición de cinco años (siete para los países menos desarrollados). Nueve países en vías de desarrollo han pedido una extensión adicional, pero la mayoría no la han necesitado.
La OMC no es perfecta. Pero sigue siendo una fuerza poderosa por el bien del mundo.
Phillipe Legrain
Estimado Phillipe:
Su método de argumentación consiste en establecer una premisa falsa: los que se oponen a la OMC son opositores del crecimiento del comercio. Esto es un poco tonto, porque el comercio puede ser bueno o malo para el desarrollo nacional, todo depende de las reglas que lo guíen. La relativa flexibilidad del viejo GATT ha desaparecido con la OMC, que impone políticas que impulsan los intereses de las superpotencias.
Su ejemplo más prominente sobre los beneficios de la liberalización – Corea del Sur – comprueba lo opuesto. Lejos de ser un parangón del libre comercio, Corea del Sur subordinó sistemáticamente el comercio a los objetivos del desarrollo. La no importación de carros fue una condición clave para la aparición de la industria automotriz coreana. El "milagro de Corea del Sur" descansó en prácticas comerciales proteccionistas/mercantilistas, no en los principios doctrinarios de libre comercio implícitos en la OMC.
Esperé una respuesta mejor pensada antes que un escenario funesto afirmando que sin la OMC el orden económico internacional degeneraría en anarquía o en hostiles bloques regionales. La historia de la economía internacional durante los últimos 55 años rebate este argumento histérico. El incremento de 17 veces en el comercio global entre 1948 y 1997 sucedió sin una burocracia comercial poderosa, sin un sistema que abarque las reglas comerciales.
Cinco años después de que la OMC entró en vigencia, casi ningún país en vías de desarrollo dice que la OMC le ha beneficiado. Analicemos los acontecimientos: el "dumping" de carne y cereales subsidiados por EE.UU. y la U.E. está destruyendo industrias agropecuarias como la avícola en Filipinas. EE.UU. y las otras superpotencias comerciales apenas han implementado el levantamiento de las cuotas sobre la importación de textiles y ropa, como es el interés de los países en vías de desarrollo, y que fue estipulado en el Acuerdo sobre Textiles y Ropa. La decisión ministerial aprobada en Marrakech en 1994 sobre la necesidad de tomar medidas que contrarresten los impactos negativos de la liberalización comercial en los Países Netamente Importadores de Alimentos (NFID en inglés) nunca se implementó. Para la mayoría de los países en desarrollo éstas son algunas de las razones para oponerse a una nueva ronda comercial.
Entonces ¿por qué están dentro de la OMC?. En la mayoría de los casos, no es por la posibilidad de ganar, sino el temor de que se incremente su nivel de marginación al no ser miembros. No se les puede culpar: en 1994 Washington presionó mucho a los gobiernos del Tercer Mundo para que ratifiquen la OMC, deciéndoles que de no ser así serían aislados "como Corea del Norte"
Usted dice que la función de la OMC es institucionalizar reglas para proteger a los débiles frente a los fuertes. ¿Verdaderamente cree en esto? Es poder, Phillipe, no justicia, la moneda con que se dan los inequitativos arreglos comerciales internacionales como los del FMI, el Banco Mundial, y la OMC. La razón principal para la existencia de la OMC es reducir el costo de la vigilancia a las economías menos poderosas y desarrolladas, que tendrían que asumir los poderes hegemónicos si no hubiera un sistema de reglas reforzadas por una burocracia con poderes de coacción. Por esta razón, el contacto académico clave sobre comercio en Washington, C. Fred Bergsten pudo decir al Senado de EE.UU que lo que no fue posible con el GATT, sí es posible con la OMC: "ahora podemos usar todo el peso de la maquinaria internacional para atacar las barreras comerciales, reducirlas, y eliminarlas."
La OMC es la encarnación de un paradigma que subordina casi todos los demás bienes – medio ambiente, desarrollo, seguridad alimentaria, cultura- al libre comercio. Con esta falla en todos sus aspectos, no puede ser reformada. Debe ser desempoderada - sino abolida- y reemplazada por un sistema de gobierno global que ve al mercado como un mecanismo a ser controlado y guiado para lograr prioridades sociales.
Walden Bello
Estimado Walden,
Estoy decepcionado de que usted no haya leído mi carta con cuidado. Yo no dije que "los opositores de la OMC son opositores al crecimiento del comercio", dije que el nivel de comercio sería menor sin la OMC. Tampoco dije que el mundo "iría a la anarquía o hacia hostiles bloques regionales" sin la OMC. Dije que el proteccionismo aumentaría y quizás el mundo se dividiría en bloques regionales hostiles. ¿Está usted de acuerdo? Si está de acuerdo, usted no ha dicho porqué. Si no, usted no ha demostrado cómo la reducción del comercio y el incremento del proteccionismo resultantes beneficiaría al mundo.
Mi posición es clara La OMC hace bien al mundo porque ayuda a bajar las barreras y mantenerlas bajas, lo cual dinamiza el comercio y por lo tanto el crecimiento económico. Un sinnúmero de estudios sobre países específicos lo han demostrado. Además, un sistema basado en reglas beneficia particularmente a los países débiles. Por supuesto, con o sin OMC, EE.UU. es más poderoso que Costa Rica o Cuba. Pero queda igualmente claro que las reglas de la OMC restringen a la capacidad de EE.UU para actuar unilateralmente. ¿No será esto un gran beneficio para los países débiles? Lo que digo no es inconsistente con su afirmación de que las reglas de la OMC benefician a EE.UU. El sistema de comercio multilateral no es un juego de suma cero, en el cual un país gana a costa del otro, sino un juego de suma positiva en el cual todos pueden ganar.
Usted sostiene que la mayoría de los países en vías de desarrollo están en la OMC porque "temen que se incrementaría su nivel de marginación si no son miembros". Aún aceptando su premisa, esto implica que gozan de mejores condiciones dentro de la OMC que fuera. De hecho los países en vías de desarrollo se benefician de su afiliación a la OMC, a través de la apertura de sus mercados y el acceso a los mercados externos. Por eso ninguno ha salido de la OMC. Estoy de acuerdo en que los países ricos se han demorado en levantar sus barreras a la importación de textiles. Pero lo van a hacer para el año 2005. Sin la OMC esto no sucedería. Además, una nueva ronda de la OMC podría traer beneficios aún mayores. El Instituto Tinbergen estima que los países en vías de desarrollo ganarían US$155 mil millones por año con esta liberalización adicional del comercio– más de tres veces el promedio de los US$43 mil millones anuales de ayuda externa actual
Usted también afirma que la OMC "subordina casi todos los demás bienes – medio ambiente, desarrollo, seguridad alimentaria, cultura- al libre comercio" No es así. Las reglas de la OMC facilitan que los gobiernos protejan la vida y la salud humana, de las plantas, y animales a su manera, mientras sus medidas no sean arbitrarias ni injustificadamente discriminatorias, y no conformen una suerte de proteccionismo disfrazado. Veamos el reciente caso sobre el asbesto. Aunque el panel de la OMC declaró que la prohibición francesa sobre el asbesto blanco discriminó a Canadá, la sostuvo por razones de salud. Las reglas de la OMC también dan bastante flexibilidad a los países en vías de desarrollo, como expliqué en mi primera carta. El Acuerdo sobre Agricultura da apertura a los asuntos no relacionados al comercio, como la seguridad alimentaria y la protección del medio ambiente. Y más importante aún, al fomentar el comercio la OMC aumenta el crecimiento económico, que es el único camino de largo plazo hacia el desarrollo. En general, el crecimiento ayuda al medio ambiente, porque cuando la gente se enriquece, es normal que quieran un medio ambiente más limpio y son capaces de pagar el costo de obtenerlo.
A partir de la premisa falsa de que la OMC subordina todo al libre comercio, usted salta a la conclusión que la OMC "no puede ser reformada". No obstante, el GATT se transformó en la OMC. Entonces ¿por qué no es posible que la OMC cambie? La reforma del Mecanismo de Resolución de Diferencias" ya está discutiéndose. Además, una nueva ronda tendrá que tomar en cuenta las agendas de los países en vías de desarrollo, o no apoyarán su lanzamiento.
Es una lástima que usted culpe a la OMC de todo lo que le disgusta. Su prejuicio le quita la posibilidad de ver que en un mundo desigual, la OMC hace más rica, libre y segura a la gente.
Phillipe Legrain
Estimado Phillipe,
Antes de que usted siembre más confusión, permítame decir lo siguiente: estoy a favor del comercio justo – un comercio subordinado a prioridades como el desarrollo, el medio ambiente, y la seguridad alimentaria. Usted está a favor del libre comercio – un comercio liberado de esas restricciones, creyendo que alguna "mano invisible" traerá "el mayor bien para el mayor número de gente". La OMC institucionaliza este paradigma, que ha resultado en lo contrario a la prosperidad global en la que usted cree de manera conmovedora.
Las proyecciones estadísticas no valen más que las suposiciones que determinan los números. Yo prefiero la evidencia histórica. El último Informe sobre el Desarrollo Global publicado por el Banco Mundial nos enseña que durante los noventa, la pobreza y la inequidad se incrementaron en Europa del Este, América Latina,, el Caribe, África Sub sahariana, y Asia del Sur. Todas estas áreas fueron sometidas a Programas de Ajuste Estructural que adoptaron el paradigma de libre comercio del Banco Mundial-FMI.
Si nos toca vaticinar, mejor depender de las fuentes universalmente respetadas como el Programa de Desarrollo de la ONU. El PNUD estima que bajo la OMC, durante el período 1995-2004, los 48 países menos desarrollados estarán aún peor, en unos US$ 600 millones por año, y el África sub sahariana en US $ 1,2 mil millones por año! Se espera que el 70% de los beneficios de la Ronda de Uruguay vayan a parar a los países desarrollados.
No podemos concluir sin tocar una de las fallas más grandes de la OMC: su proceso de toma de decisiones anti-democrático. Poco después de Seattle, hasta el Representante Comercial de EE.UU, Charlene Barshefsky admitió que el método del "Consenso/Salón Verde" fue "algo excluyente" en el cual "se realizaron todas las reuniones entre 20 o 30 países claves, y 100 países nunca entraron a la sala". Pero luego de apenas diez semanas, el Director General de la OMC, Mike Mooore, afirmó que el método del Consenso/Salón Verde fue "no negociable". Tanto vale la agenda de reforma del Señor Moore.
Sume todo esto Phillipe, y quizás se dé cuenta por qué el desmantelamiento de la OMC es tan apremiante.
Walden Bello
Estimado Walden,
Si yo creo en el libre comercio o en el comercio justo es irrelevante. Simplemente, es incorrecto afirmar que la OMC subordina el desarrollo, el medio ambiente y la seguridad alimentaria al libre comercio. Hay que leer los textos del GATT y la Ronda de Uruguay. Además, es ridículo culpar a la OMC por la pobreza del mundo, pues ya existía mucho antes de la conformación de la OMC. En cuanto a los programas de ajuste estructural del FMI, no tienen nada que ver con la OMC.
Estamos debatiendo si se debe abolir la OMC, no si hay miseria o hambre en el mundo. Sólo se puede contestar nuestra pregunta comparando el estado del mundo con la OMC (o una OMC plausiblemente reformada) y el estado probable de un mundo sin la OMC. Usted dice que se espera que el 70% de los beneficios de la Ronda de Uruguay se vayan a los países desarrollados, esto significa que el 30% vaya a los países en vías de desarrollo. Así que, tomando sus propias cifras, tanto los países desarrollados como los países en vías de desarrollo ganan de la Ronda de Uruguay.
Me alegro que usted haya abordado el tema de la supuesta falta de democracia en el proceso de toma de decisiones de la OMC. La OMC opera por consenso. Esto implica que todos los países, no importa qué tan pequeño sea, tiene derecho a veto. ¿Cómo puede ser esto una falta de democracia? Es este principio del consenso, no el proceso del Salón Verde, el que para Mike Moore no es negociable.
Uno de los mitos acerca de Seattle, es que en el Salón Verde no hubo ningún africano y apenas unos pocos representantes de los países en vías de desarrollo. De hecho hubo seis africanos y una mayoría de los países en vías de desarrollo. Además, cualquier trato acordado en el Salón Verde debe ser aprobado por todos los miembros de la OMC. De todos modos, la OMC está cambiando. En este año se realizaron más reuniones del Consejo General como nunca antes, en las cuales todos los miembros pueden presentar sus casos. Los procedimientos llevan más tiempo pero todo país tiene la oportunidad de participar. Tal vez debe venir a Ginebra y ver.
Phillipe Legrain
Las ONGs de Malasia llaman al gobierno a rechazar el lanzamiento de una nueva ronda de la OMC
Ha transcurrido un año desde el colapso de la Tercera Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio en Seattle. Algunas ONGs de Malasia estuvieron presentes entre las miles de ONGs de todas partes el mundo que expresaron sus preocupaciones por los muchos problemas causados por la OMC.
El año pasado, los países desarrollados pretendieron lanzar una "Nueva Ronda" de negociaciones comerciales. Sus intentos fallaron porque para muchos países en vías de desarrollo ésta estuvo en contra de sus intereses. Ahora los países desarrollados están ejerciendo una gran presión sobre todos los países (incluyendo Malasia) para el lanzamiento de una Nueva Ronda en el año 2001.
En este primer aniversario de Seattle, nosotras las ONGs de Malasia abajo firmantes nos oponemos firmemente a esta Nueva Ronda. Llamamos al gobierno a resistir y rechazar la presión para esa Nueva Ronda. Más bien, el gobierno debe trabajar con otros países en vías de desarrollo para insistir en que la OMC se dedique a revisar y reformar sus acuerdos existentes y sus procesos no democráticos de toma de decisiones (incluyendo las llamadas reuniones del "Salón Verde", en las cuales un grupo pequeño de países toman, a puerta cerrada, decisiones claves que afectan a todos los miembros de la OMC)
Durante las recientes reuniones del APEC en Brunei, Malasia afirmó que no debe realizarse una nueva ronda si no hay una agenda apropiada, aprobada por todos los miembros de la OMC.
Efectivamente, hay una disputa sobre qué constituye la agenda a futuro de la OMC. Malasia, tanto como otros países en vías de desarrollo, encara dificultades para aplicar nuestras obligaciones bajo los actuales acuerdos de la OMC. Por ejemplo, el Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados al Comercio, TRIPS, incrementará los precios de las medicinas y otros artículos de consumo. El Acuerdo sobre Medidas de Inversiones Relacionadas al Comercio, TRIMS, prohibe el uso de la política de "contenido local" que fomenta el uso de materiales locales por parte de la industria. El Acuerdo sobre Servicios presiona a las empresas, bancos y profesionales malasios para que compitan con las grandes empresas extranjeras. El Acuerdo sobre Agricultura amenaza a los pequeños agricultores y a la seguridad alimentaria.
Por lo tanto, la agenda a futuro de la OMC debe estar orientada hacia la solución de los problemas provocados por sus actuales reglas. Es evidente que no es el momento de lanzar una Nueva Ronda, con la cual los países desarrollados pretenden inyectar Nuevos Temas que provocarán más problemas y desventajas. Entre los Nuevos Temas están: un acuerdo sobre inversiones, contratación gubernamental, reglas multilaterales sobre competencia y normas ambientales y laborales. Estos Nuevos Temas obligarán a la economía malasia a someterse al dominio de las grandes empresas extranjeras a costa de nuestras fincas locales, la economía local, el trabajo y el bienestar de los consumidores.
Si se lanza una Nueva Ronda en el año 2001 con la agenda de los países desarrollados, con el tiempo esta acarreará consecuencias económicas, ambientales y sociales adversas para Malasia y otros países.
Por lo tanto, instamos al gobierno a mantenerse firme contra la propuesta de los Nuevos Temas y el lanzamiento de un Nueva Ronda cuyo objetivo es la introducción de tales asuntos.
También instamos al gobierno a vincularse con otros países en vías de desarrollo para demandar la reforma de la OMC a través de:
Esperamos que el gobierno actúe en beneficio de Malasia y otros países en vías de desarrollo al rechazar una nueva ronda de la OMC y trabajar por la creación de un sistema de comercio internacional justo y sostenible.
Esta declaración está endosada conjuntamente por las siguientes organizaciones: La Asociación de Consumidores de Penang, Sahabat Alam Malaysia, el Centro de la Paz (CENPEACE), el Consejo de Abogados de Malasia, Instituto de Investigación Sociológica de Malasia (MSRI) Persatuan Wartawan Melayu Malaysia (PWM) (Asociación de Periodistas Malasios), Persatuan Ulama Negeri Kedah (PUK)(Asociación de Ulamas, Estado de Kedah), Majlis Belia Malaysia (MBM) (Consejo Nacional de Jóvenes de Malasia), Angkatan Belia Islam Malaysia (ABIM) (Movimiento de Jóvenes Islámicos de Malasia), Teras Pengupayaan Melayu (TERAS) Persatuan Bidan Wilayah Utara (PBWU) (Asociación Regional de Parteras Tradicionales), Sociedad Malasia para la Protección del Medio Ambiente (EPSM), Asociación para el Bienestar de los Pescadores Artesanales (PIFWA), Persatuan Pengusaha Pertanian Kecil Felda Chini (CISNET)

Los Aspectos Institucionales y de Transparencia un año después de Seattle.
Aileen Kwa
La falta de transparencia fue una de las causas principales del caos en la Reunión Ministerial de Seattle, y su resultado infame. Y luego de la reunión, fue identificada como uno de los componentes del "paquete para elevar la confianza" en la agenda post Seattle de la OMC. Sin embargo, un año más tarde, no hay ningún avance en la agenda. Esencialmente, ha sido un asunto de darse vueltas, de hecho se ha agravado pues hay la tendencia de legitimar la naturaleza no transparente de la OMC, especialmente las consultas del Salón Verde que fueron rotundamente criticadas en la Ministerial de Seattle.
Un paso crítico hacia la legitimización del proceso del ´Salón Verde´ fue el "informe interino de progreso" presentado por el presidente del Consejo General en Julio, que aparentemente fue hecho en base a sus consultas informales a miembros. (se llamó "interino" porque hubo algunas objeciones a varios de los puntos de su informe). En este informe, él concluyó que su impresión fue que los miembros no quisieron mayores reformas institucionales, aún en cuanto al proceso de toma de decisiones.
Sobre las consultas informales, el supuesto consenso fue que:
No quedó muy claro si otros no invitados que tuvieron interés en el tema podrían asistir a las reuniones. A continuación, ha habido otras propuestas, informales e formales, que fueron presentados por otros miembros.
La propuesta de la U.E. del 6 de octubre "Mejorando el Funcionamiento del Sistema de la OMC" también abordó el tema de la transparencia. Incluyó algunos puntos problemáticos, por ejemplo la propuesta de que la participación en reuniones informales debe ser generalmente representativa del conjunto de los miembros de la OMC, pero que sería el presidente de la OMC o el Director General quien tendría la responsabilidad de asegurar una "representación adecuada" en la reunión.
Sin embrago la U.E. no presentó en detalle los criterios con que el Director o Presidente del grupo aseguraría una "representación adecuada". En el pasado es claro que esto no se logró, y que provocó iras y un sentido de frustración profunda en los países en vías de desarrollo. No está claro cómo hoy será diferente.
La U.E.. también planteó la posibilidad de establecer un grupo consultivo (formal o informal) ampliamente representativo de los miembros de la OMC, que podría asesorar al Director General y presentar recomendaciones al Consejo General cuando esto sea adecuado. Aunque la U.E. aclara que este grupo no constituiría una alternativa al proceso informal de negociaciones, los miembros constituyentes del grupo (muy probablemente los miembros del QUAD, algunos otros países desarrollados y un puñado de países en vías de desarrollo) tendrían una clara ventaja sobre los demás en cuanto a avanzar sus agendas.
El otro elemento un poco alarmante de la propuesta de la U.E. es que sugiere aumentar el rol del Director General "con vistas a fortalecer su capacidad de proporcionar análisis y consejo independiente y objetivo a los miembros". Obviamente esto parece un intento por parte de la U.E. de asegurar que, si en el futuro los países en vías de desarrollo tienen mayoría, la posición del Director General haría contrapeso.
Los Mexicanos también han hecho circular una posición informal sobre asuntos de transparencia interna. Parecido al "informe interino" y la propuesta de la U.E., esencialmente plantea posibilidades para "mejorar" el proceso informal de consulta del Salón Verde. En la posición mexicana hay elementos interesantes respecto a cómo convertir el proceso del Salón Verde en un proceso del Salón de Cristal. Sin embargo, contiene otros elementos relacionados con la representación que son peligrosos, llegando al límite de legitimar la inequidad.
Los elementos interesantes sobre cómo aumentar la transparencia incluyen los siguientes:
La propuesta también plantea que en el Salón de Cristal no habrán posiciones o acuerdos finales. Las posiciones se llevarían al plenario formal para que los demás expresen sus puntos de vista.
Mientras algunos de estos elementos estimulan (algunas ONGs han ido más allá, sugiriendo que la "transmisión en vivo" podría incluir difusión por internet), el asunto clave es que algunos miembros serían "más iguales" que otros en cuanto al acceso a la participación. El contra argumento de los mexicanos es que las opiniones de los demás pueden expresarse en el plenario después de la consulta en grupos pequeños. No obstante, como comentó un representante egipcio, lo que normalmente sucede cuando estos grupos presentan sus informes es que se "toman decisiones" no se "hacen decisiones". Según la experiencia, muchas veces hay una presión sumamente fuerte sobre los que no participaron, para que sólo acepten el consenso del pequeño grupo de consulta.
Una vez más, el asunto de la representación se complica con la sugerencia extremadamente problemática planteada en el documento, según la cual se limita la participación a un número fijo de 34 miembros, 15 de los cuales serían miembros permanentes, elegidos en base a la proporción más grande de comercio de bienes y servicios, y 19 miembros en base a la categoría o región (4 miembros por cada región – África, Asia y GRULAC, 2 de los países menos desarrollados, 3 países desarrollados y dos miembros de economías en transición).
Los actuales problemas institucionales y de transparencia para los países en vías de desarrollo.
Al evaluar las propuestas arriba mencionadas, conviene echar una mirada a los retos institucionales relacionados con el tema de la transparencia que actualmente encara la OMC. Entre los problemas claves que han contribuido significativamente a la pérdida de legitimidad y la falta de confianza en el sistema por parte de los países en vías de desarrollo son:
Otro aspecto de esta "sordera" incluye los llamados para hacer evaluaciones antes de que las negociaciones sigan. Por ejemplo en el área de servicios (GATS), los países en vías de desarrollo han pedido continuamente tal evaluación y más datos sobre los impactos del GATS antes de embarcarse en nuevas negociaciones. No les han hecho caso porque los países desarrollados no tienen interés en demorar las negociaciones.
Otro ejemplo reciente del proceso no transparente fue la reunión de Libreville para delegados y ministros africanos, planificado por la secretaría de la OMC con EE.UU y la U.E. Sin previo aviso, ni la participación de los países africanos, a los invitados se les presentó una declaración borrador, aparentemente endosando una nueva ronda de negociaciones comerciales, un día antes de su llegada a Libreville. El proceso no transparente enojó a muchos de los embajadores africanos y a sus asistentes. El proceso, como el de Seattle, tuvo repercusiones negativas y los gobiernos africanos rechazaron mencionar una "nueva ronda" en su comunicado final.
El periodista y crítico de la OMC, Raghavan, ha denominado acertadamente la manera en la cual se construyen los grupos de consulta como "círculos concéntricos de consulta", empezando con la U.E. y EE.UU, expandiéndose a los del QUAD (éstos más Japón y Canadá), y luego hacia los del OCED y G7. La mayoría de los miembros de los países en vías de desarrollo, están sentados en la periferia de la toma de decisiones de la OMC.
Un ejemplo claro de esta práctica sucedió con el Texto Ministerial Borrador con fecha 6 de octubre de 1999, que fue editado por algunos países desarrollados. Eliminaron varias páginas sobre los asuntos relacionados con la "implementación" auspiciados por los países en vías de desarrollo. La nueva versión del texto borrador fue difundida como el Borrador del 7 de Octubre, lo que provocó malestar y frustración entre los países en vías de desarrollo, antes de Seattle.
Un funcionario de un país en vías de desarrollo, al describir el hecho de que algunos tienen posibilidades de editar y otros no, comentó que los países desarrollados atacan de dos maneras las propuestas de países como el suyo. Primero, editando los resúmenes de la Secretaría que podrían incluir propuestas de los países en vías de desarrollo, y segundo, cuando se debate el punto dentro de la OMC.
A partir de aquí, ¿a dónde vamos?
Consultas informales: hay poco resultado de las negociaciones para democratizar las consultas informales. Una razón clave es que la mayoría de los países desarrollados más activos e influyentes son miembros "permanentes" de las actuales consultas del Salón Verde. Por lo tanto no es de su interés impulsar una estructura diferente.
No obstante, el argumento que ha sido acogido por los otros países es que están convencidos de que no se pueden realizar estas consultas informales en grupos grandes. La tendencia dentro de la OMC es que los miembros reiteren sus posiciones, por lo que no habría movimiento hacia un acuerdo.
Sin embargo, parece que para la mayoría de temas, esto no representa un problema pues no todos los países desearían participar en todas las consultas. Se daría un proceso natural de auto-selección que podría hacer que el tamaño del grupo sea más manejable.
En cuanto a los temas de "implementación", es probable que a la mayoría de países les interese asistir. En tal caso, no habría que oponerse, sin importar lo difícil de manejar que parezca el grupo. Sin duda el temor de los países desarrollados claves (dado las constantes lecturas sobre lo inmanejables que son los grupos grandes) es que se van a encontrar en la minoría y no tendrían posibilidad de imponer su opinión sobre todos los países en vías de desarrollo sólo por hacer acuerdos con unos pocos.
Como principio, todos los miembros deben ser notificados de todas las consultas informales, y recibir informes detallados sobre los resultados. Adicionalmente, ningún miembro debe ser excluido si tiene interés en participar para plantear su punto de vista, sin importar el tamaño del grupo. No se debe presumir que algunos países, por su alto nivel comercial, tienen más derecho de asistir que otros, como sugiere México. Si se adopta este "criterio" comercial, sin duda los críticos argumentarán que, en vez de ello, la representación se debe hacer por ejemplo en base a la población en vista de que las políticas comerciales tienen impactos tan fuertes en el sustento y bienestar de la gente.
A nivel intelectual, se debe plantear la necesidad de volver a definir la "eficiencia". El punto no es qué tan rápidamente se puede llegar a un acuerdo, sino qué tan justo y cuánto beneficia a la mayoría.
Sin embargo, la realidad del estancamiento sigue siendo política. Por un lado, hay un temor profundo de los principales países desarrollados de encontrarse en minoría en los foros grandes de negociación, y por el otro una resistencia al cambio por parte de los más importantes y fuertes países en vías de desarrollo, cuyos intereses ya están incluidos en los actuales arreglos.
Problemas de fondo con el Consenso: el voto para cuando no hay consenso.
El consenso funciona bien siempre y cuando hay jugadores con igual fuerza, pero lo que sucede entre jugadores de fuerza desigual resulta ser el dominio de uno sobre el otro.
Como observó un experimentado representante de un país en vías de desarrollo, la regla del consenso sólo permite que estos países se opongan, pero no que propongan. La cuestión es por lo tanto: ¿cómo se puede determinar la agenda de la OMC cuando no podemos proponer? También es verdad que un grupo muy pequeño de países en vías de desarrollo puede pararse y oponerse a una posición – es decir, bloquear el consenso.
Mientras las reglas prevén la posibilidad de voto, nunca la han utilizado en la historia de la OMC. Habría mucha oposición a su aplicación. EE.UU. por ejemplo, aseguró al Congreso al concluir las negociaciones de la Ronda de Uruguay que nunca se utilizaría el voto dentro de la OMC. Por lo tanto, muchos argumentarían que es políticamente inaceptable.
Sin embargo usar el voto sería de interés de los países en vías de desarrollo cuando haya una dificultad en llegar al consenso. Además se deben tomar en cuenta los siguientes elementos.
Retrasar la Maquinaria de la OMC.
No sólo se deben retrasar las negociaciones y consultas de la OMC para llevar a cabo los procesos nacionales, también es importante que las reuniones se achiquen y racionalicen para que las pequeñas delegaciones (también la mayoría de los miembros) manejen y participen activamente en todos los temas que les interesa. Los países en vías de desarrollo ya abordaron esta propuesta varias veces en la OMC, pero una vez más parece que no escucharon el mensaje.
La razón dada para realizar las consultas informales sólo por invitación es que un grupo demasiado grande sacrificaría la eficiencia. Quizás es la hora de re-definir la eficiencia. Lo normal es definir eficiencia como el menor tiempo necesario para tomar una decisión, así que es hora de pensar en la eficiencia en términos de una decisión lo más aceptable para todos y de beneficio para todos, no sólo unos pocos.
La necesidad de una Secretaría Justa e Imparcial.
No se debe permitir que la Secretaría de la OMC promueva los intereses de ciertos grupos. Por el contrario, debe ser imparcial como un juez o un jurado. Esto se conseguiría con una representación más proporcional en términos regionales en el equipo que hace la Secretaría. Actualmente, la inmensa mayoría de ese equipo en la Secretaría es de los países desarrollados. De las 500 personas, 74 son del Reino Unido.
Segundo, no se deben tratar alegremente las instancias de parcialidad. Por ejemplo, deben darse a conocer y tratarse como delitos serios, las prácticas como el acceso a, y la edición de los informes de la Secretaría por parte de algunas delegaciones, antes de su difusión.
Efectivamente, una Secretaría imparcial ayudaría a asegurar que la institución responde de buena gana a las preocupaciones de los países en vías de desarrollo, y habría mayor probabilidad de que la Secretaría asuma las agendas de esos países y se reflejen en la agenda de las reuniones. Por ejemplo una queja frecuente antes de Seattle fue que el Director General fue renuente a realizar consultas relacionadas con los temas de implementación, aunque fueron la preocupación principal de los países en vías de desarrollo. En vez de ellas, se realizaron consultas sobre muchos otros asuntos, incluyendo los Nuevos Temas tales como la transparencia de la contratación gubernamental, que algunos países desarrollados impulsaron fuertemente.
Las decisiones importantes deben requerir la presencia de tres cuartas partes de la membresía. Debe haber una categorización de las decisiones tomadas por el Consejo General. Para la mayoría de decisiones, como los acuerdos sobre textos negociados, o un asunto específico que puede o no ser introducido a la agenda de la OMC, se requerirá la presencia de tres cuartas partes de los miembros antes de tomar una decisión.
Conclusión:
Estas cuestiones de falta de transparencia de la OMC fueron expuestas a la luz internacional en Seattle. Sin embargo, un año más tarde, el ímpetu para lograr cambios parece haber amainado. Más campañas de la sociedad civil ayudarían a continuar presionando a los países desarrollados claves para que evalúen lo que el Ministro de Comercio Británico describió en Seattle como "prácticas arcaicas". Sin la presión de la sociedad, el desenlace puede ser que los actuales procesos no democráticos y no transparentes de hecho, se legitimen como resultado de las maniobras de algunos miembros para mantener el actual balance de poder en la OMC.
La iniciativa a la carta: ¿una nueva forma de tratamiento especial y diferenciado?
Por Aileen Kwa
El viejo GATT no fue un acuerdo estilo Iniciativa Única. Las partes contratantes tuvieron libertad para firmar los diversos códigos, en una suerte de formato "A la Carta", según sus necesidades y nivel de desarrollo.
En el proceso de la Ronda de Uruguay, los países desarrollados coordinaron esfuerzos, tanto para impulsar la inclusión de nuevos temas dentro del GATT – servicios, propiedad intelectual, e inversiones, como para que éstos sean tratados como elementos de un "acuerdo global". Es decir, los miembros tuvieron que aceptar todos los elementos del sistema multilateral de comercio o decidir mantenerse fuera. En los años 80, antes de la Reunión Ministerial de Punta del Este en 1986, EE.UU llegó al punto de amenazar con formar un sistema alternativo junto con sus aliados y dejar de ser parte contratante si es que los países en vías de desarrollo se negaban a fortalecer el sistema multilateral de comercio de la forma planteada.
Los países desarrollados insistieron en el estilo multilateral "global", principalmente porque quisieron asegurar que los nuevos temas que estaban insertando tan enérgicamente en la agenda de la Ronda de Uruguay – la liberalización de servicios y el fortalecimiento de las reglas de propiedad intelectual – sean impuestos a todos los miembros. La Ronda de Uruguay tuvo lugar cuando las economías industrializadas estaban retrasándose y cuando ciertos sectores de servicios ya estaban maduros y listos para expandirse hacia el exterior. También fue el inicio de la revolución tecnológica informática, y las multinacionales de esa línea se empeñaron en expandirse y preservar su monopolio globalmente. Para mantener el crecimiento económico en los países desarrollados, era necesario que éstos alcanzaran mayor acceso a los mercados del tercer mundo, no sólo con sus bienes sino también con la venta de servicios y tecnología.
Por lo tanto, la transformación del sistema multilateral de comercio en Iniciativa Única fue una herramienta muy poderosa para responder a los intereses de las corporaciones multinacionales de los países desarrollados. Nunca antes en la historia del mundo, una sola institución tuvo un control tan profundo y completo sobre las economías de los países en vías de desarrollo. Hoy en día, mientras aparecen nuevos sectores y temas, los países industrializados siguen en su intento de ampliar el ámbito de la OMC, y así encontrar métodos nuevos y efectivos de alcanzar los mercados de los países del tercer mundo.
La Iniciativa Única transformó el régimen comercial y las negociaciones de varias maneras:
Los Peligros Actuales del Sistema Multilateral de Comercio
Cinco años después del lanzamiento de la OMC, los países en vías de desarrollo ven que el paquete de la Ronda de Uruguay no les es útil. Al contrario, las condiciones en la mayoría de países del tercer mundo han empeorado. La estructura de la Iniciativa Única ha contribuido a esta situación, al obligar a estos países a asumir la liberalización de todas las áreas cubiertas por la OMC, y en muchos casos, antes de que sus industrias puedan competir.
El último informe de la UNCTAD (Comisión de las NN.UU para el Comercio y el Desarrollo) de 1999, publicado sólo unas semanas antes de la Reunión Ministerial de Seattle, presentó una evaluación muy pesimista del paquete de la Ronda de Uruguay. Según el informe no sólo no aparecieron los beneficios esperados de los valientes esfuerzos por integrarse a la economía global, sino que la evidencia empírica demostraba que los "riesgos son mayores de lo esperado".
"Las ganancias de la Ronda de Uruguay pronosticadas para los países en vías de desarrollo se han mostrado exageradas..... La pobreza y el desempleo están subiendo otra vez en los países en desarrollo que lucharon durante muchos años para combatirlos. Los desfases de ingresos y bienestar tanto entre como al interior de los países se han ampliado más ...... Mientras termina el siglo veinte, el mundo está profundamente dividido e inestable. El que no se haya logrado un crecimiento más rápido con el cual estrechar el desfase entre ricos y pobres, debe ser visto como una derrota de toda la comunidad internacional. También surgen importantes cuestiones sobre el planteamiento actual del desarrollo. Las asimetrías y sesgos del sistema global contra los pobres y marginados siguen incontrolados (énfasis nuestro).
El informe hace un anuncio macabro:
Dejar la integración económica a merced de los mercados no ayudó, esto no debe sorprender. La competencia sin límites, particularmente entre entidades desiguales, nunca ha logrado un crecimiento más rápido y una prosperidad compartida, ni siquiera en los países desarrollados de hoy, incluso, a veces, ha resultado ser destructiva. No hay razón para esperar una salida diferente en un mundo globalizado".
La situación poco prometedora de los países en vías de desarrollo se caracteriza de la siguiente manera:
Cambio en términos de intercambio (porcentaje de cambio comparado con el año anterior)
1996 1997. 1998
Toda África 5.9 -0.2 -9.9
Impacto de los términos de intercambio en el ingreso real
1996 1997 1998
Toda África 1.4 -0.1 -2.6
(adaptado del informe de la UNCTAD 1999, p. 29)
El informe comenta que el estilo "Big Bang" de liberalización de impuestos sobre los países en vías de desarrollo ha funcionado en detrimento de sus necesidades económicas. En cambio en el pasado, los países desarrollados se liberalizaron a un paso muy graduado, una práctica que hoy sigue vigente. Las economías de Asia del Este han demostrado que la mezcla y la secuencia de las políticas comerciales, industriales y tecnológicas son cruciales.
Según la UNCTAD, el mecanismo para la protección de industrias nacientes, que hoy está siendo suprimido por la Ronda de Uruguay para los países en vías de desarrollo, no sólo que deber ser fortalecido, sino "extendido más allá de las fases iniciales del proceso de fabricación, e incluir el fomento de las industrias competitivas más avanzadas a través del apoyo y protección adecuados."
Por otro lado, el informe manifiesta que, desgraciadamente, el régimen comercial después de la Ronda de Uruguay "circunscribió las posibilidades de la mayoría de los países en vías de desarrollo a la réplica de algunas políticas" que contribuyeron al crecimiento de Asia del Este "si las actuales reglas multilaterales realmente impiden el proceso de aprendizaje y mejoramiento de los sectores industriales de los países en vías de desarrollo, entonces será necesaria una reevaluación" (énfasis nuestro).
Por ende, son esenciales los cambios al sistema existente. El abismo en el que se encuentran las economías de los países en vías de desarrollo se debe, mayoritariamente, a la falta de flexibilidad del sistema multilateral, cuyas reglas fueron diseñadas para facilitar las necesidades de las economías de los países desarrollados y las multinacionales.
La historia de la Iniciativa Única
¿Cómo fue el sistema multilateral de comercio antes de que asumiera la estructura de la Iniciativa Única?. Una breve revisión histórica nos proporciona una idea más clara sobre una de las estructuras más importantes de la OMC. Será evidente que, efectivamente, esta nueva estructura fue incorporada en la agenda de la OMC sin anuncio. Llegó junto con las negociaciones acerca de las nuevas temas, en las cuales los países desarrollados plantearon demandas poco realistas como la liberalización completa de servicios (sin detallar sectores o la naturaleza del proceso de liberalización). A más de esto, se realizaron estas negociaciones sólo entre un grupo pequeño de países. Cuando surgió la oposición a la Iniciativa Única, los países desarrollados recurrieron a la amenaza.
La primera vez que el término "Iniciativa Única" aparece en un documento o declaración del GATT, fue como parte de la Declaración de Punta del Este en 1986. Había desacuerdo antes de dicha reunión, en particular de EE.UU. y los países en vías de desarrollo. EE.UU. instaba, fuertemente, la inclusión de servicios dentro de la agenda de la Nueva Ronda por lanzarse. Washington quería que todas las negociaciones de Punta del Este se trataran como un sola iniciativa "tanto política como legalmente". Para conseguir esto, EE.UU primero amenazó con retirarse del GATT, y en otro momento de la reunión sugirió que recurriría al voto (de una mayoría de dos tercios) si algunos países en vías de desarrollo seguían resistiéndose.
Durante los años ochenta, los países in vías de desarrollo se opusieron rotundamente a la inclusión de nuevos temas. Señalaron que la liberalización de servicios dentro del GATT iría en contra de sus intereses y que las metas socio-económicas y políticas de un país no debían ser sometidas al concepto de liberalización. Posteriormente, mientras la presión de los países industrializados seguía sin dar tregua, los países en vías de desarrollo plantearon que se analice el asunto dentro de un espacio independiente del marco del GATT.
El desenlace final de Punta del Este resultó en un acuerdo. Surgieron negociaciones multilaterales comerciales incluyendo bienes y servicios como una sola iniciativa política, pero con procesos legalmente distintos y separados. Como partes contratantes del GATT, los ministros presentes hicieron negociaciones multilaterales comerciales "dentro del marco y bajo el auspicio del GATT". Mientras que las negociaciones sobre servicios fueron realizadas por los ministros, por separado y no en calidad de partes contratantes del GATT, sino al amparo de su capacidad política.
Según lo previsto, tanto las negociaciones de bienes como las de servicios terminaron al mismo tiempo. Sin embrago, se acordó que al término de las negociaciones los Ministros, usando su calidad de partes contratantes "se pongan de acuerdo acerca de la implementación internacional de los resultados respectivos". En términos legales concretos, esto significaba que, al finalizar la Ronda de Uruguay, los países en vías de desarrollo, seguían con la posibilidad de rechazar la incorporación del paquete de servicios al GATT.
Como parte de la declaración de Punta del Este, el término "Iniciativa Única" no apareció en las negociaciones multilaterales de bienes y servicios tratados como un solo paquete. Más bien, apareció en los principios generales, de la primera parte denominada "Las Negociaciones sobre El comercio de Bienes", bajo el tema "Gobernando las Negociaciones". La frase reza así:
"El Lanzamiento, la conducción y la implementación del resultado de las negociaciones serán tratados como partes de una sola iniciativa", los diversos temas relacionados con la negociación de bienes debían ser tratados como un solo paquete.
El hecho de que EE.UU no estuvo preparado para aceptar este desenlace se evidenció en el proceso inicial, cuando llegaron al arreglo y EE.UU sugirió a los participantes que cada uno ignorara los medios del otro y no reaccionara a ellos durante las próximas dos semanas.
Posteriormente, el concepto de Iniciativa Única fue promocionado fuertemente por EE.UU, la U.E. y otros países desarrollados al referirse a la "globalidad" de toda la negociación de la Ronda de Uruguay. En febrero 1987, la U.E enarboló el tema de la "globalidad", poniendo en evidencia, sin embargo, que lo estaba usando para referirse a las negociaciones sobre bienes. No obstante, un año más tarde, la U.E. expandió el concepto para incluir tanto las negociaciones sobre servicios como las de bienes. En ese momento, la India dejó constancia de que las negociaciones iniciaron y terminaron al mismo tiempo, y no se dio ningún otro vínculo legal o de procedimiento que alentara esto.
Durante la revisión interina en Montreal, a finales de 1988, se acordó que la implementación institucional del TRIPS, como la de servicios, sólo se decidiría al final de las negociaciones.
Pero, mientras avanzaba la Ronda de Uruguay, los países desarrollados empezaron a ejercer una presión implacable para que los países en vías de desarrollo cedieran. Para octubre 1990, tanto EE.UU como la U.E. habían circulado informes no oficiales planteando, básicamente, que los países del tercer mundo o debían aceptar el nuevo sistema comercial y la organización que incorpora todos los acuerdos de las viejas y nuevas áreas, o debían retirarse completamente del GATT. EEE.UU. sugirió la incorporación de los resultados de la Ronda de Uruguay dentro del GATT existente, como un acuerdo sucesor: el "Acuerdo de Comercio integrado", enfoque que permitía la expansión automática del GATT cuando se presentaran nuevas reglas, disciplinas o acuerdos.
Unos días antes de la reunión de la UNCTAD en 1991, el G77, declaró públicamente que la Iniciativa Única fue introducida en una "etapa muy tardía" y que esto se equiparó a una "brecha de confianza". Señaló que el concepto no fue parte de las negociaciones y sólo fue introducido para obligar a los países en vías desarrollo a que aceptaran todos los resultados de la Ronda. El G77 planteó que se debía realizarse una evaluación real de los resultados de las negociaciones, como lo permite el mandato de Punta del Este. Por otro lado, la declaración señaló que el establecimiento de la organización multilateral de comercio no estuvo dentro del mandato de la Ronda de Uruguay. Tal arreglo institucional tendría un ámbito limitado y no sería plenamente responsable por las necesidades del sistema internacional de comercio, en particular con respecto a las aspiraciones de desarrollo del tercer mundo. Por el contrario, podría legitimar represalias contra las políticas del tercer mundo relacionadas con servicios, tecnología, e inversión extranjera.
El G77 señaló, además, que el proceso de negociación fue sumamente problemático, porque la "conducción de las negociaciones no ha permitido una amplia participación en el proceso de toma de decisiones". Los resultados del control desequilibrado fueron puestos en evidencia por la falta continua de una liberalización válida para el beneficio de los países del Tercer Mundo. En otra ocasión, los países en vías de desarrollo, incluyendo Brasil, India, Venezuela, y Tanzanía también expresaron la preocupación de que la Iniciativa Única, podría ser utilizada como instrumento para trans represalias.
Para 1993, EE.UU fue más allá y empezó a impulsar la idea de que sólo un protocolo único sería lo justo para los países en vías de desarrollo. Andrew Stohler, en ese entonces el jefe de del equipo GATT estadounidense, dijo que pondría fin a los aprovechadores ("free riders") dentro del sistema, es decir, a los países en vías de desarrollo que habían recibido beneficios sin ofrecer concesiones arancelarias propias. De esa manera, quedó como expectativa la idea de que para ser justos, todos los miembros debían asumir obligaciones parecidas, a diferencia del concepto de liberalización según el nivel de desarrollo de los miembros.
En este contexto y dadas las demandas abrumadoras de EE.UU y la UE a los países en vías de desarrollo en cuanto a las nuevas áreas, la estructura de la Iniciativa Única fue incluida en el texto borrador Dunkel de los acuerdos de la Ronda de Uruguay. Posteriormente fue instituida como estructura de dicho acuerdo. En el estilo normal de negociaciones GATT , dominadas por los intereses de las economías industrializadas, los países en vías de desarrollo fueron sujetos a una presión despiadada. Por ejemplo, tomemos el caso del impulso hacia la liberalización de servicios y su inclusión en el GATT. El arreglo logrado por países en vías de desarrollo, luego de una gran lucha fue que los servicios serían liberalizados usando una lista positiva, es decir que sólo se liberalizarían los de las áreas listadas.
La Iniciativa Única se insertó en el paquete de la Ronda de Uruguay entre estos arreglos. Es probable que al concluir la Ronda los negociadores de los países en vías de desarrollo no se dieran cuenta de las implicaciones de esta nueva estructura.
Un informe de la UNCTAD publicado en 1993 hizo los siguientes comentarios sobre el asunto:
"se debe juzgar el estilo todo o nada de la OMT (OMC) sobre sus méritos o como resultado de las negociaciones realizadas en 1991 por un pequeño grupo de países, pero nunca debe ser presentado formalmente ante todos los negociadores e incluido en el texto Dunkel no había consenso sobre ello, ni se podría echar la culpa a la Declaración de Punta del Este y sus referencias a una "Iniciativa Única".
Por lo tanto la Iniciativa Única conllevó servicios TRIPS Y TRIMS, junto a la liberalización del comercio de bienes como parte del sistema multilateral de comercio.
Desde la conclusión de la Ronda de Uruguay, el comercio electrónico ha sido añadido al acuerdo de la OMC. Otras áreas que están siendo fuertemente promocionadas por los países desarrollados son: contratación gubernamental, más liberalización de las inversiones, la facilitación comercial, medio ambiente, asuntos laborales y los productos genéticamente modificados.
Comparando las ventajas y desventajas de la estructura de la Iniciativa Única
Ahora la estructura de la Iniciativa Única es vista como un elemento consagrado del sistema multilateral de comercio y, a veces, es promocionado como una de las fortalezas del sistema.
Algunos de los puntos planteados en el pasado como ventajas de la Iniciativa Única son los siguientes:
Entre las desventajas de la Iniciativa Única constan las siguientes:
Aparte de los beneficios que los países en vías de desarrollo puedan obtener de las concesiones trans-sectorales, los otros dos puntos mencionados como ventajas, menos confusión y la creación de una sola clase de membresía, son menores en comparación con las desventajas Efectivamente, el sistema plurilateral puede ser más complejo, pero la complejidad sería un precio menor si mejorara la situación económica de los países en vías de desarrollo. Tampoco debe ser una consideración importante una sola clase de membresía. Al contrario, para asegurar las prioridades de desarrollo, se debe tener tantas categorías de membresía como diferentes niveles de desarrollo de los miembros haya.
A más de eso, aún con un sistema plurilateral, las concesiones y los beneficios trans sectorales pueden seguir como elementos del sistema multilateral de comercio. La complejidad será sólo una característica de un sistema más conducente al desarrollo.
Los objetivos de desarrollo versus la Iniciativa Única
La OMC y su Iniciativa Única son problemáticos y contrarios a las necesidades de desarrollo porque intentan integrar a los 136 miembros en un solo conjunto de reglas. En esta situación, quien establece las reglas se vuelve un asunto clave.
Las negociaciones GATT/WTO siempre han sido dominadas por los países del QUAD, Canadá, EE.UU., la U.E, y Japón. Al oponerse, los países en vías de desarrollo normalmente consiguen algún arreglo, pero invariablemente el resultado es una posición más allá de lo que ellos solos habrían acordado. Al negar ceder, por lo menos parcialmente, el resultado normal es alguna forma de presión política o económica sobre un país recalcitrante. Por ejemplo, las amenazas de retener ayuda o acceso al mercado o el retiro del apoyo político de una forma u otra. Estas tácticas combinadas con la división del bloque unificado de los países en vías de desarrollo dentro de la OMC, condujeron a un débil bloque del Sur incapaz de soportar la presión intensa.
Con cada arreglo con el cual acceden los países en vías de desarrollo, las reglas de la OMC son movidas, de a poco, hacia el sentido impuesto por los países desarrollados. Con cada arreglo, se erosionan las prioridades de desarrollo de los países en vías de desarrollo. Así fue, que a o largo de los siete años de las negociaciones de la Ronda de Uruguay, mucho países en vías de desarrollo, que al inicio se opusieron apasionadamente a los nuevos temas, se encontraron endorsando la estructura de la Iniciativa Única y una OMC que abarca todo.
Por lo tanto este proceso de sesgo increíblemente primer mundista agrava la situación económica de los países en vías de desarrollo. Cinco años después de la conclusión de la Ronda de Uruguay los resultados ya son claros, como indicó la UNCTAD.
El hacer cumplir un paquete de liberalización obligatorio según los dictados del paquete de la Ronda de Uruguay resulta contra desarrollo por las siguientes razones:
Hoy en día, muchas economías en vías de desarrollo se han abierto casi completamente debido a los programas de ajuste estructural. Pero no hay crecimiento. De hecho, la evidencia que surge señala que hay desindustrialización.
Si las políticas comerciales de corte proteccionista conducen a una economía más sana con un crecimiento más dinámico, entonces todos se beneficiarían. La situación no sería ganar a costa del vecino, como concluye la teoría de libre comercio, pues una economía sana también estimulará a las economías vecinas a través de las importaciones. Por otro lado, las políticas de liberalización que no restringen las importaciones sino que terminan desindustrializando los países, deprimen la demanda, la producción y el empleo. Esto daña seriamente no sólo la economía doméstica sino también el entorno de comercio.
Por consiguiente, los gobiernos domésticos deben jugar un rol activo en la regulación del comercio, es decir, seleccionando a los sectores listos para la liberalización y protegiendo a los sectores sin capacidad de soportar la competencia.
Sin embargo, la OMC impone restricciones a la capacidad que pueden tener los países en vías de desarrollo para fortalecer el sector y las industrias domésticas. Por ejemplo, el Acuerdo TRIMS ha hecho casi imposible a los países la implementación de los requerimientos locales, los cuales fueron claves para el desarrollo industrial, tanto en países desarrollados como en otros en vías de desarrollo nuevamente industrializados. La otra restricción impuesta fue en el área de tarifas fijas. En algunos casos, estas tarifas están en un nivel aún más bajo que las de los países desarrollados y, en las negociaciones futuras, habrá presión para reducirlas más aún.
Conclusión
Si todo estuviera bien respecto de la integración de las economías de los países en vías de desarrollo en la economía global, no tendría sentido el análisis de este asunto. Sin embargo, dado que los ejercicios de liberalización Big Bang y los últimos cinco años del paquete de la Ronda de Uruguay han empeorado la situación de la economía y desarrollo de los países en vías de desarrollo, parece prudente distanciarnos y reevaluar el Statu Quo. El defecto más evidente del sistema multilateral de hoy, es que las prioridades de desarrollo han sido marginadas. Una revisión histórica nos enseña que hubo gran resistencia por parte de los países en vías de desarrollo hacia una estructura de "todo-o-nada" para el sistema de comercio. Muchos países en vías de desarrollo, por ejemplo los representados por la G77, estuvieron renuentes para recordar el fortalecimiento del sistema de la manera planteada. También se opusieron a la posibilidad de enfrentar, la introducción continua de los nuevos temas que tendrían que ser implementados como parte de una iniciativa única. No obstante el resultado final, como sucede con muchos otros aspectos de la Ronda de Uruguay, el tema fue negociado por un grupo pequeño de países que presionaron al resto para que aceptara los resultados.
Actualmente, mientras los gobiernos acarician las cuestiones de reforma institucional, será prudente que los países en vías de desarrollo evalúen, de manera seria, los beneficios y las desventajas de la Iniciativa Única. El sistema funcio