2000: el año de la protesta global contra la globalización

Por Walden Bello*

Es probable que, como el año 1929, el año pasado conste como uno de esos momentos definitivos de la historia de la economía mundial. Sin duda, las estructuras del capitalismo global parecen sólidas, y muchos de la élite global en Washington, Europa y Asia, se felicitan por haber contenido la crisis financiera asiática, y pretenden parecer confiados respecto al lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones comerciales bajo el auspicio de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Sin embargo, lo que vimos fue una dramática serie de acontecimientos que efectivamente podrían conducir al momento en el cual, según el poeta, "todo lo sólido se desvanece en el aire".

Para el capitalismo global el año inició un mes antes, entre el 30 de noviembre y el 2 de diciembre de 1999, cuando la Tercera Reunión Ministerial de la OMC colapsó en Seattle. El año terminó más temprano, en diciembre del 2000, con un evento de igual trascendencia: la desintegración de la Conferencia sobre Cambio Climático en La Haya.

Seattle: el punto de quiebre

Queda por escribirse la historia definitiva de los eventos de Seattle, sin embargo no se pueden entender sin tomar en cuenta la interacción explosiva entre las protestas militantes e implacables de unas 50,000 personas en la calle y la rebelión de los delegados de los países en desarrollo, dentro del Centro de Convenciones de Seattle. Mucho se ha dicho sobre las motivaciones particulares de los manifestantes y de los delegados del Tercer Mundo, y sobre las diferencias en las filas de los manifestantes. Es verdad que algunas de sus posiciones sobre temas claves, como por ejemplo la incorporación de normas laborales dentro de la OMC, fueron a veces contradictorias. Pero la mayoría estuvo unida en su oposición a que se expanda un sistema que promovía la globalización corporativa a costa de objetivos sociales tales como la justicia, comunidad, la soberanía nacional, la diversidad cultural y la sostenibilidad ecológica.

Más aún, no habría ocurrido la debacle en Seattle sin este otro acontecimiento: la incapacidad de la Unión Europea y de Estados Unidos de resolver sus diferencias sobre temas claves, por ejemplo, qué reglas deben controlar su competencia monopólica por los mercados agrícolas. Y quizás el impacto de lo que pasó en Seattle habría sido menos masivo si no fuera por el comportamiento brutal de la policía. Los asaltos sobre los manifestantes mayoritariamente pacíficos por parte de policías vestidos en sus uniformes de corte Darth Vader, delante de las cámaras de televisión, convirtieron las calles de Seattle en un gran símbolo de la crisis de la globalización.

Cuando fue fundada la OMC en 1995, esta organización fue vista como la joya de la corona del capitalismo en la época de la globalización. Sin embargo, con el colapso en Seattle, hasta los poderes que aún tenían una descarada confianza en su propia creación, reconocieron las realidades que habían venido ignorando o minimizando. Por ejemplo: que la máxima institución de la globalización es, de hecho, fundamentalmente anti democrática, y que sus procesos no son transparentes, fue reconocido por representantes de los más acérrimos defensores en los días previos a Seattle. Se puso en evidencia la crisis de confianza de la élite global ante las palabras del Ministro de Comercio e Industrias de Inglaterra, Stephen Byers, cuando declaró que "la OMC no puede seguir en su forma actual. Se necesita un cambio fundamental y radical para que responda a las necesidades y aspiraciones de sus 134 miembros".

Seattle no fue un evento único. La dura crítica a la OMC y a las Instituciones Bretton Woods fue la corriente no tan oculta durante la Décima Asamblea de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD en inglés) realizada en Bangkok en el mes de febrero. Efectivamente, aunque en la mayoría fue una reunión internacional sin novedades, lo que marcó la conferencia ante la prensa mundial, fue la cara del Director saliente del FMI, Michel Camdessus, cubierto con un pastel después de un tiro perfecto por parte del activista anti FMI, Robert Naiman.

De Washington a Melbourne

La acción de Naiman fue parte de la tela de fondo de la primera gran confrontación post- Seattle entre las fuerzas pro y anti globalización: la reunión de primavera del FMI y el Banco Mundial en Washington, DC. Unos 30,000 manifestantes invadieron la capital de EE.UU. a mediados de abril y encontraron que un gran segmento de la parte noroeste de la ciudad estaba cercado por unos 10,000 policías. Durante cuatro lluviosos días, los manifestantes intentaron, sin éxito, abrir una brecha en la falange policial para alcanzar el complejo del FMI/Banco Mundial en las calles 19 y H,NW, resultando en la detención de cientos de personas. La policía declaró la victoria. Sin embargo, los manifestantes perdieron la batalla pero ganaron la guerra. El mero hecho de haber venido 30,000 personas para protestar contra los gemelos Bretton Woods, ya fue una victoria masiva según los organizadores, pues a su decir en eventos previos no lograron movilizar más de unos pocos cientos. Más aún, los medios se centraron en Washington, y para millones de personas en todo el mundo la primera impresión sobre el FMI y del Banco Mundial fue el de ser instituciones asediadas por gente que las acusó de provocar pobreza y miseria al mundo en desarrollo.

Desde Washington, la lucha se trasladó a Chiang Mai en la Sierra tailandesa, donde al Banco Asiático de Desarrollo, un organismo multilateral notorio por su financiamiento a proyectos gigantescos que alteraron comunidades y desestabilizaron el medio ambiente, realizó su Reunión Anual No 33 a inicios de mayo. La cúpula del Banco quedó tan pasmada al ver a unas 2,000 personas exigiéndole que salga de la ciudad, que poco después de la clausura de la conferencia, el Presidente del Banco, Tadao Chino, creó un Grupo de Trabajo ONG para tratar con la sociedad civil. Temerosos de protestas más masivas en el 2001, el Banco cambió el sitio de su próxima Reunión Anual de Seattle a Honolulu, pensando que este último sería un lugar más seguro.

No obstante, la reunión de Chiang Mai no sólo tuvo implicaciones para el Banco Asiático de Desarrollo. Considerando que la mayoría de los manifestantes fueron campesinos tailandeses pobres, las protestas mostraron que la base del movimiento anti globalización es más amplia que los jóvenes de clase media y los sindicalistas de los países industrializados. Así mismo, los organizadores claves de las manifestaciones de Chiang Mai, como Bamrung Kayotha, uno de los líderes del Foro de los Pobres, participaron en la protesta de Seattle, y vieron a la reunión de Chiang Mai no como un evento aislado, sino como un eslabón en la cadena de protestas internacionales contra la globalización.

Las siguientes líneas de batalla se trazaron en Melbourne, Australia, a principios de septiembre. El espléndido Crown Casino, ubicado en el exclusivo puerto de Melbourne, fue escogido como el sitio de la Cumbre para Asia-Pacífico del Foro Económico Global (el Foro Davos) que se había convertido en una de las fuerzas principales del intento de proveer una cara más humana a la globalización. Muchos activistas opinaron que el Casino fue un símbolo adecuado de la globalización impulsada por las finanzas. Durante casi tres días de protestas callejeras, unos 5,000 manifestantes lograron cerrar las entradas claves del Casino, obligando a los organizadores a traer y llevar en helicóptero a algunos delegados, una vez más frente a la televisión. Adicionalmente, como en Seattle, el rudo tratamiento a los manifestantes por parte de la policía, muchos de ellos a caballo, magnificó la controversia global sobre el evento.

La Batalla de Praga

Más tarde, ese mismo mes, el turno para convertirse en campo de batalla fue de Europa. Cerca de 10,000 personas llegaron a Praga desde todas partes del continente, preparadas para participar en una confrontación apocalíptica con las instituciones Bretton Woods durante su Reunión Anual en esa bella ciudad de Europa del Este, en la más bella temporada del año. La ciudad de Praga no desilusionó. Con las manifestaciones y las batalles callejeras atrapando a los delegados en el Centro de Convenciones o con las manifestaciones arremolinándose alrededor de ellos cuando intentaron regresar a sus hoteles en el renombrado centro histórico de Praga, la agenda de la reunión fue, como lo expresó un funcionario del Banco Mundial "efectivamente tomada" por los manifestantes anti globalización. Cuando un gran número de delegados se negaron a ir al Centro de Convenciones los dos días siguientes, se vieron obligados a clausurar la reunión, un día antes de lo previsto.

Tan importante como las protestas en Praga fue el debate realizado el día 23 de septiembre en el famoso Castillo de Praga, entre representantes de la sociedad civil y la cúpula del Banco Mundial y el FMI. Un evento auspiciado por el Presidente de la República Checa Vaclav Havel. En vez de cerrar la brecha entre los dos lados, el evento sólo logró ampliarla, puesto que al responder a demandas concretas, el Presidente del Banco Mundial James Wolfensohn y el Director General del FMI Horst Koehler no estuvieron preparados para ir más allá de los perogrullos y las generalidades, como si les preocupara sobrepasar los limites establecidos por sus amos del G-7. George Soros, quien defendió al Banco en el debate, lo dijo todo cuando admitió que Wolfensohn y Koehler "se desempeñaron terriblemente" y que habían desperdiciado su principal encuentro con la sociedad civil.

Después de Seattle, mucho se dijo acerca de reformar el sistema económico global a fin de que éste incorpore a aquellos que han "quedado atrás", por parte de personalidades como Bill Gates, Bill Clinton, Tony Blair, Kofi Annan, y el máximo ejecutivo de Nike, Phil Knight. De hecho, el Foro de Davos colocó la cuestión de la reforma como primer punto de la agenda en las reuniones que realizó la élite global.

Sin embargo, un año después de Seattle hay muy poca acción concreta.

La más prominente iniciativa de reforma, el plan del G7 para reducir el servicio de la deuda externa de los 41 Países Pobres Altamente Endeudados (HIPC en inglés) en realidad ha entregado sólo US$ mil millones desde su inicio en 1996, o una reducción de sólo 3 por ciento en los últimos cuatro años y medio!

Un año después del colapso de la reunión de Seattle, se ha desvanecido la discusión sobre la reforma del proceso de toma de decisiones de la OMC. Ahora, su Director General Mike Moore dice que el sistema no democrático, no transparente del "Consenso/Salón Verde" es "no negociable"

En lo que tiene que ver con la arquitectura financiera internacional, se ha evitado la discusión seria sobre la posibilidad de controlar al capital especulativo, a través de medidas tales como el impuesto Tobin. Un FMI no reformado sigue en el centro del "sistema apaga-incendios" del sistema. Una línea de crédito preventivo de crisis en el Fondo, (que ningún país quiere utilizar) y un Foro sobre Estabilidad Financiera (en el cual hay poca representación de los países en desarrollo) aparecen como las únicas "innovaciones" que emergen como resultado de las crisis Asiática, Rusa y Brasileña de los últimos tres años.

De igual manera, dentro del FMI y del Banco Mundial ya no hay discusión sobre la reducción del poder del voto de EE.UU y la Unión Europea como consecuencia del incremento en el poder del voto de los países del Tercer Mundo, menos aún respecto de terminar con las prácticas feudales de tener siempre a un Europeo a la cabeza del Fondo y a un estadounidense a la cabeza del Banco. El muy anunciado proceso consultivo para la preparación de los "Informes sobre las Estrategias de Reducción de Pobreza" (PRSP en inglés) por parte de los gobiernos que piden préstamos, resulta ser nada más que un intento de aplicar una lámina decorativa de participación pública al mismo proceso tecnocrático. Proceso que sigue reproduciendo las estrategias de desarrollo con el mismo énfasis en el crecimiento a través de la desregulación y liberalización del comercio, con, quizás, unas redes de seguridad social salpicadas por aquí y por allá. Dentro del Banco, una fuerte resistencia a innovaciones que pondrían el énfasis en las reformas sociales, llevó a la renuncia de dos reformistas: Josef Stiglitz, el economista principal, y Ravi Kanbur, el jefe del grupo de trabajo responsable del Informe sobre el Desarrollo Mundial.

La Debacle en La Haya

A lo largo del año las protestas tuvieron una característica anti transnacional, e identificaron al Banco Mundial, el FMI y la OMC como sirvientes de las corporaciones. Una fuerte desconfianza a las multinacionales surgió aún en EE.UU. donde un 70 por ciento de personas encuestadas opinaron que las corporaciones tenían demasiado poder sobre sus vidas. La desconfianza y la oposición a las transnacionales sólo pudieron volverse más profundas después del fracaso de la Conferencia sobre Cambio Climático en La Haya a principios de diciembre, debido a la falta de voluntad por parte de la industria estadounidense de reducir significativamente sus emisiones de gases invernaderos. En un momento en el cual la mayoría de los indicadores muestran una aceleración de las tendencias al calentamiento global, la acción de Washington reforzó la convicción del movimiento anti globalización sobre el hecho de que la élite de EE.UU. está determinada a apoderarse de todos los beneficios de la globalización y cargar los costos al resto del mundo.

Al analizar la situación después de Seattle, C. Fred Bergsten, un promotor prominente de la globalización, expresó ante una reunión de la Comisión Trilateral en Tokyo en el mes de abril pasado, que "las fuerzas anti-globalización están ahora de subida". Hoy esa descripción tiene más razón de ser que nunca. Puesto que la élite global ha perdido confianza en las instituciones claves del control económico global, ellas enfrentan una clásica crisis de legitimidad. Si no recuperan la legitimidad, será un asunto de tiempo que las estructuras se caigan, sin importar qué tan sólidas se vean, pues la legitimidad es el fundamento de las estructuras de poder. El proceso de deslegitimación es de difícil reversión una vez que éste se arraiga De hecho, lo que podríamos llamar, según Gramsci, el "retiro del consentimiento" tiende a regarse hasta el corazón mismo de las instituciones y prácticas del capitalismo global, incluyendo las corporaciones transnacionales.

El 2001 conlleva la promesa de un año igualmente atormentado para el proyecto globalizador.

* Director Ejecutivo de Focus on the Global South en Bangkok, y Profesor en la Universidad de Filipinas.


 

La Transición Política en Washington Amenaza a los Gemelos de Bretton Woods

Por: Walden Bello*

La subida al poder de los Republicanos en Washington D.C. implica problemas profundos para el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Las Instituciones Bretton Woods perderán a sus protectores liberales internacionalistas, como el Secretario del Tesoro Larry Summers, quienes creen en utilizar el Fondo y le Banco como instrumentos principales para lograr los objetivos de la política exterior de EE.UU.

El presidente electo George W. Bush llega con un conjunto de analistas y tecnócratas conservadores que representan el pensamiento de la Comisión Asesora sobre las Instituciones Financieras Multilaterales, del Congreso de EE.UU. También conocida como la "Comisión Meltzer" después de su presidente, el banquero Alan Meltzer; este cuerpo emitió este año un informe que condenó el FMI por haber promovido la inestabilidad macro económica global, y pintó al Banco Mundial como algo irrelevante en la promoción del desarrollo y la reducción de la pobreza global.

Enfrentado a cuatro años de hegemonía Republicana, circulan rumores de que el Presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, esté considerando renunciar antes del fin de su segundo período.

La Estalingrado del FMI

Para el Banco Mundial y el FMI, la transición en Washington viene en uno de los momentos más débiles en años. Si puede decirse que un evento particular condujo a socavar al Fondo, ese fue la crisis financiera asiática, cuyo legado de colapsados sistemas financieros, corporaciones en bancarrota, y una pobreza y desigualdad crecientes sigue atormentando la región. En efecto, uno puede decir que la crisis financiera asiática fue la Estalingrado del FMI. Considerando los límites de la metáfora, durante la crisis el FMI actuó como el Sexto Ejercito Alemán, cometiendo un error tras otro en el camino hacia la derrota.

Fue el FMI, incitado por el Departamento del Tesoro de EE.U., el que ayudó a precipitar el flujo masivo de capitales especulativos hacia la región presionando, antes de la crisis, para que los gobiernos asiáticos liberalicen las cuentas de capital. Fue el FMI el que, después de iniciada la fuga de capitales volátiles, debido al pánico, se movió muy confiadamente con su fórmula de una apretada política fiscal y monetaria, que al reducir drásticamente la capacidad de los gobiernos para actuar como contrapeso a la reducción de actividad del sector privado, convirtió una crisis financiera en un colapso económico.

Fue el FMI el que armó los paquetes de rescate multi billonarios de alto perfil con el propósito de salvar a los acreedores extranjeros, mientras a los bancos locales, compañías financieras y empresas locales se les dijo que acepten la bancarrota. Fue el FMI el que impuso un programa radical de desregulación y de liberalización comercial y financiera que fue la agenda de Washington vigente antes de la crisis, y que los Tigres habían evitado durante sus días prósperos. Y fue el FMI el que, urgido por el Departamento del Tesoro de EE.UU., hundió la propuesta de un Fondo Monetario Asiático que habría juntado las reservas de las economías más sólidas para formar un fondo que pudieran utilizar los países sujetos a los ataques especulativos y apuntalar sus monedas. Entre otras cosas, esta movida contribuyó a ampliar la brecha entre las políticas asiáticas de EE.UU y las de Japón, principal promotor del FMA.

Mientras las economías registraron tasas negativas de crecimiento y niveles récord de desempleo en 1998, y más de un millón de personas en Tailandia y 21 millones en Indonesia cayeron por debajo de la línea de pobreza, el FMI pasó a ser uno más de los villanos de la película -junto a los gobiernos corruptos, los bancos, y George Soros- desde la perspectiva de los nuevos empobrecidos Coreanos, Tailandeses y Indoneses,.

Pero igualmente importante para su futuro como organización, fue el hecho de que las acciones del FMI precipitaron el conflicto de largo aliento dentro de la élite estadounidense sobre el papel del Fondo. La derecha de EE.UU. denunció al Fondo por promover una amenaza moral, con algunos personajes como el ex Secretario del Tesoro de EE.UU, George Shultz, pidiendo su abolición, mientras liberales ortodoxos como Jeffrey Sachs y Jagdish Bagwati atacaron el Fondo por ser una amenaza a la estabilidad y prosperidad macro económica global. A finales de 1998, una alianza conservadora-liberal dentro del Congreso estadounidense estuvo a un pelo de negar al Fondo un incremento de 14.5 mil millones de dólares en la cuota de EE.UU. El incremento se salvó, con mucho forcejeo de parte de la administración Clinton, pero quedó claro que el consenso internacionalista de larga data que había apuntalado al Fondo durante cinco décadas, se desintegraba.

Otro Desastre

El desempeño del Fondo durante la crisis financiera asiática condujo a una re-evaluación del papel del FMI en el Tercer Mundo en los años ochenta e inicios de los noventa, cuando impuso programas de ajuste estructural en más de 90 economías en desarrollo o en transición.

Juzgados por el criterio extremadamente estrecho con que promocionaron el crecimiento, los programas de ajuste fracasaron, según lo demuestran un número de estudios que señalan que el ajuste acarreó un impacto negativo en el crecimiento. Efectivamente, después de más de 15 años, fue difícil encontrar más de un puñado de casos con crecimiento estable, entre los cuales se encuentra el muy cuestionable ejemplo del Chile de Pinochet. Lo que verdaderamente hizo el ajuste fue institucionalizar el estancamiento en Africa, América Latina y otras partes del Tercer Mundo, expresado en un estudio del Centro de Investigación Económica y Política, que demuestra que el 77% de los países con datos disponibles, vieron caer significativamente su tasa de crecimiento per cápita entre los períodos 1960-1980 y 1980-2000, correspondiente al período de ajuste estructural. En América Latina, por ejemplo, se aumentaron los ingresos en 75% durante los años sesenta y setenta, cuando las economías de la región estuvieron relativamente cerradas, y sólo crecieron en 6% durante las últimas dos décadas.

Al ampliar los criterios de éxito, considerando la reducción de la inequidad y de la pobreza, los resultados son indiscutibles: el ajuste estructural fue una plaga sobre el Tercer Mundo. Un estudio realizado por Mattias Lundberg y Lyn Squire del Banco Mundial lo resumió así: "los pobres son mucho más vulnerables a los cambios relativos de los precios internacionales, y esta vulnerabilidad se magnifica por la apertura de un país al comercio..... (por) lo menos a corto plazo, la globalización parece incrementar tanto la pobreza como la inequidad". Impuesto a inicios de los ochenta, el ajuste fue un factor central en el agudo incremento de la inequidad global. Un muy autorizado estudio de la UNCTAD que cubría 124 países, mostró que la proporción de los ingresos del 20 por ciento más rico del mundo subió de 69 a 83 por ciento entre 1965 y 1990.

El ajuste estructural también ha sido una de las causas principales de la falta de avance en la campaña contra la pobreza. El número de personas a nivel mundial que viven en la pobreza (y esto según el criterio de "pobreza" restringido y poco realista del Banco Mundial de ganar menos de un dólar por día) se incrementó de 1.1 mil millones de personas en 1985 a 1.2 mil millones en 1998, y se espera que esta cifra alcance 1.3 mil millones en este año. Según un reciente informe del Banco Mundial, en los ´90, el número absoluto de personas que viven en pobreza subió en Europa del Este, Asia del Sur, América Latina y el Caribe, todas áreas sujetas a los programas de ajuste.

Como consecuencia del escrutinio público más agudo después de sus políticas desastrosas en el Este de Asia, el Fondo ya no pudo ocultar que el ajuste había sido un fracaso total en Africa, América Latina y el Sur Asiático. Durante las reuniones del Banco Mundial y el FMI en septiembre de 1999, el FMI aceptó la derrota al cambiar el nombre del ESAF (la Facilidad para el Ajuste Estructural Extendido) por el de "Facilidad para el Crecimiento y La Reducción de la Pobreza", y se comprometió a aprender del Banco Mundial en hacer de la Reducción de la Pobreza la pieza central de sus programas. Pero esto fue muy poco, demasiado tarde, y muy poco creíble. El apoyo para el FMI en Washington se redujo al Tesoro de EE.UU. De hecho, al final del siglo 20 el Fondo sufrió de tan poca legitimidad y apoyo, que Larry Summers, quien anteriormente, como economista principal del Banco Mundial había sido uno de los promotores más fieles del ajuste estructural, vio que sólo pudo salvarlo, condenándolo. El explicó al Congreso que el FMI merecía ser preservado como parte de la arquitectura financiera internacional, pero en sus relaciones con los países en desarrollo, Washington debería apoyar "un nuevo marco para la asistencia internacional ... que vaya más allá de un proceso cerrado y centrado en el FMI, que en demasiadas ocasiones enfocó en estrechos objetivos macro económicos a costa del desarrollo humano más amplio"

Meltzer torpedea al Banco

La crisis financiera asiática desencadenó la crisis de legitimidad del FMI. Sin embargo, bajo el comando del australiano convertido en estadounidense, Jim Wolfensohn, parecía probable que el Banco Mundial salga ileso del daño ocasionado por sus instituciones hermanas. Desde que asumió el cargo en 1996, Wolfensohn, a través de una política de abrir canales de comunicación con las ONGs, y con una muy fluida máquina de relaciones públicas, intentó cambiar la imagen del Banco por el de una institución que no sólo se distanciaba del ajuste estructural sino también: asumía la reducción de la pobreza como su misión principal, promovía el buen gobierno, y apoyaba préstamos sensibles al medio ambiente. En otras palabras, la mejor defensa fue expandir al agenda de la agencia.

Pero el torpedo, bajo la forma de la famosa Comisión Meltzer, encontró su blanco en febrero de este año. Examinando exhaustivamente documentos y entrevistando a todo tipo de expertos, la Comisión formuló algunas conclusiones devastadoras que valen ser señaladas: el 70 por ciento de los préstamos reembolsables se concentra en sólo 11 países, dejando que los otros 145 países luchen por el otro 30 por ciento; el 80 por ciento de los recursos del Banco no está destinado a los países más pobres, sino a los mejor acomodados que cuentan con una solvencia positiva y que por lo tanto, según la Comisión, pueden obtener fondos en los mercados internacionales de crédito; la tasa de fracaso de los proyectos del Banco Mundial es de 65 a 70 por ciento en los países más pobres y de 55 a 60 por ciento en el conjunto de los países en desarrollo. En resumen, el Banco Mundial fue irrelevante en el logro de su misión de reducir la pobreza.

Entonces, ¿qué hacer con el Banco?. La Comisión instó a que la mayoría de las actividades crediticias del Banco se devuelva a los bancos Regionales de Desarrollo. Sin embargo, no es difícil que los lectores se den cuenta que, como reveló uno de los miembros de la Comisión, ésta "quiere en esencia abolir el FMI y el Banco Mundial" un objetivo que tuvo "significativos focos de apoyo ... en nuestro Congreso"

Para desilusión de Wolfesohn, poca gente salió en defensa del Banco. Más bien, las realidades de la misión más amplia del Banco fueron expuestas en los meses anteriores a la reunión de septiembre del FMI-Banco Mundial en Praga. La declaración de que el Banco se preocupaba por "el buen gobierno" qudó en entredicho al demostrarse su involucramiento profundo con el régimen de Suharto al cual entregó más de U.S.$30 mil millones en 30 años. A juicio de varios informes, incluyendo un informe interno del Banco, publicado en 1999, el Banco fue culpable de tolerar corrupción, manejó datos gubernamentales falsos como verídicos, legitimó la dictadura al promocionarla como modelo para otros países, y se preocupó poco de los derechos humanos y el control monopólico de la economía. Es particularmente problemático que esta estrecha relación siguió durante buena parte de la era de Wolfensohn.

También se evaporó la imagen de un Banco nuevo, ambientalmente sensible, bajo el mando de Wolfensohn, dentro de la avalancha de criticas que llegaron como resultado del informe de la Comisión Meltzer. El Banco apoyó fielmente el controvertido Oleoducto Chad-Camerún, que hará un serio daño en áreas ecológicamente sensibles como el Bosque del Litoral Atlántico de Camerún; y se vio que el Banco violó sus propias normas sobre medio ambiente y re-asentamiento involuntario cuando intentó aprobar el Proyecto sobre Pobreza en China del Oeste, que habría transformado un ecosistema árido -en el que viven pastores (nómadas) de ovejas pertenecientes a minorías tibetanas y mongoles- en tierra agrícola manejada en forma sedentaria por gente llegada de otras partes de China.

Una mirada a la carpeta de préstamos del Banco reveló la realidad detrás de la retórica: los préstamos ambientales como porcentaje de la totalidad de la carpeta bajaron de 3.6 por ciento en el año fiscal 1994 a 1.02 por ciento en el 1998; los fondos destinados a proyectos ambientales cayeron en un 32.7 por ciento entre 1998 y 1999; y en 1998 más de la mitad de todos los préstamos de las ramas del sector privado del Banco se dedicó a proyectos ambientalmente dañinos, tales como minería, carreteras y energía. En realidad, tan marginados de la burocracia principal del banco estuvo el personal encargado de asuntos ambientales, que Herman Daly, el distinguido economista ecológico, se retiró del Banco debido a que él y otros ambientalistas de planta no tenía ningún impacto sobre las políticas de la agencia.

Enfrentados por una lista de denuncias bien documentadas, que le fueron planteadas a Wolfensohn por los grupos de la sociedad civil durante el ahora famoso debate del Castillo de Praga, auspiciado por el Presidente de la República Checa Vaclav Havel el 23 de septiembre de este año, durante la reunión tumultuosa del FMI-Banco Mundial, él sólo pudo responder que "Mis colegas y yo nos sentimos bien al salir a trabajar cada día". Fue una respuesta que, subrayando la profundidad de la crisis de legitimidad del sistema Bretton Woods, sólo fue alcanzada por la famosa frase de Horst Koehler, el Director General del FMI, en ese mismo evento: "También tengo corazón, pero me toca usar la cabeza para tomar decisiones".

Todo esto prepara una política interesante para los próximos años. Al ingresar los Republicanos, sus motivos para criticar al Banco y al FMI radica en su convicción de que el libre mercado traerá las soluciones para el desarrollo y el crecimiento. Quizás esto no coincida con las ideas de la gente progresista, quienes ven al FMI y el Banco Mundial como meras herramientas de la hegemonía de EE.UU. Pero en este momento, los dos lados pueden unirse tras una sola agenda: la reducción radical, si no el desmantelamiento, de los gemelos Bretton Woods.

* Director Ejecutivo de Focus on the Global South en Bangkok, y Profesor en la Universidad de Filipinas.

 

 

Enfoque Sobre Comercio es un boletín, publicado por Focus on the Global South, que proporciona noticias y análisis sobre las tendencias del comercio y el sector financiero global, enfatizando el análisis de esas tendencias desde una perspectiva integral e interdisciplinaria que es sensible no solo a los asuntos económicos sino también a los aspectos ecológicos, políticos, sociales y de género. Sus contribuciones y comentarios serán bienvenidos.

Focus on the Global South es un programa autónomo de investigación y acción sobre las políticas, del Instituto de Investigación Social (CUSRI) de la Universidad de Chulalongkorn, con sede en Bangkok. Favor ponerse en contacto con nosotros 

ENFOQUE SOBRE COMERCIO

Número 58, Enero 2001

EN ESTA ENTREGA

Mirando hacia el pasado y hacia el futuro

2000: el año de la protesta global contra la globalización
Por Walden Bello

La transición política en Washington amenaza a los Gemelos de Bretton Woods
Por Walden Bello