ENFOQUE SOBRE COMERCIO
Número 61 mayo 2001
EN ESTA ENTREGA
La decisión de la administración Bush de retirarse de las negociaciones sobre el Protocolo de Kyoto debe enviar una clara señal a las organizaciones no gubernamentales de EE.UU sobre la espada de doble filo del unilateralismo.
En el pasado los grupos de derechos humanos y medio ambiente han utilizado los sentimientos aislacionistas y unilateralistas latentes en la cultura política estadounidense para emprender sus campañas sobre aspectos como los derechos laborales en China o la protección de las tortugas. Algunas ONGs del Sur han argumentado contra esta táctica, sintiendo los riesgos implícitos de alentar el unilateralismo de los grandes poderes como una opción de política exterior. En cambio, a lo largo de las negociaciones sobre el protocolo de Kyoto, y con el mejor espíritu de mantener a flote al proceso multilateral, algunas ONGs de EE.UU. insistieron en que más valía tener involucrado a EE.UU, aunque eso significara el abandono de los principios de equidad y el derecho al desarrollo, preocupaciones principales de muchos gobiernos y ONGs de los países en desarrollo. El precio de la participación de EE.UU. se pagó con las prioridades de los países en desarrollo.
¿Realpolitik? Quizás, pero también una política que tuvo resultados adversos pues deja un protocolo diluido, EE.UU burlándose desde lejos, y negociaciones futuras inciertas. Señales de que EE.UU está dispuesto a volver a negociar sobre el calentamiento global - pero no dentro del marco del protocolo- y que simplemente hace más evidente que EE.UU ha asumido una posición de impunidad frente a las disciplinas del multilateralismo. La lección es que EE.UU rara vez actúa sobre la base de los intereses de otros - algo que las ONGs internacionalistas deberían tomar en cuenta.
En esta entrega de Enfoque sobre Comercio, la OMC es vigilada desde Bruselas y Bangkok; se examina la complejidad de los vínculos entre comercio y medio ambiente, y hay elogios para el libro de Naomi Klein, "No Logo".
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Un pañuelo parlamentario le queda pequeño a la OMC.
Por Nicola Bullard
La OMC intenta subvertir la resistencia de los países pequeños a nuevas negociaciones comerciales
Por Walden Bello
Comercializando el Medio Ambiente
Por Shalmali Guttal
No Logo: Un retrato brillante pero imperfecto del capitalismo contemporáneo
Un repaso del libro de Naomi Klein, por Walden Bello.
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Un pañuelo parlamentario le queda pequeño a la OMC.
Por Nicola Bullard
Hace unas semanas, en Bruselas, los parlamentarios europeos cautelosamente dieron un paso más hacía el establecimiento de un mecanismo para el "escrutinio parlamentario" de la Organización Mundial de Comercio.
La propuesta de "lanzar una conferencia en Qatar sobre el fortalecimiento del escrutinio parlamentario de la OMC" se incluyó en la declaración del Gerente Ejecutivo al terminar un seminario de dos días organizado por el comité del parlamento sobre Comercio Exterior, Investigación y Energía. A la conferencia asistieron parlamentarios de la U.E., Europa, 23 países en desarrollo, y unas pocas ONGs.
A pesar de que el nombre del seminario dio ánimo - Comercio, Desarrollo y Democracia - el objetivo principal de la reunión fue promover la propuesta de establecer un cuerpo parlamentario sobre la OMC, inicialmente planteada por una delegación del parlamento europeo, en Seattle, en 1999. Sin embargo el resultado no fue el esperado.
Un ataque diplomático
Kobsak Chutikul, recientemente elegido al parlamento tailandés, y funcionario veterano del Ministerio de Relaciones Exteriores, inauguró la conferencia con un ataque quirúrgico pero diplomático sobre la legitimidad de la OMC, enfatizando en la falla de la OMC para "asegurar una distribución justa de los beneficios del sistema".
En tanto estuvo de acuerdo en que los parlamentarios pueden ayudar a cerrar la "brecha de legitimidad" difundiendo conciencia sobre la agenda comercial y sus implicaciones, Chutikul argumentó que la OMC debe contestar las preguntas sobre su propia legitimidad y la del actual sistema comercial multilateral que han sido planteados por grupos nacionales tanto como la sociedad civil transnacional, antes de que sea lanzada exitosamente una nueva ronda de negociaciones" Y, advirtió, aún cuando la OMC sea capaz de resolver algunos problemas de su proceso interno de toma de decisiones, corremos el riesgo de terminar en "un enorme Salón Verde, todavía divorciado de la realidad del mundo".
También habló despectivamente de las propuestas de reforma que no resultan en nada más que "juguetear con la página web de la OMC", y de la capacitación de los negociadores de los países en desarrollo, preguntando si esto llevaría a la "participación efectiva". La gente, dijo, busca nuevas reglas democráticas internacionales e insistió en que "la búsqueda de nuevas reglas comerciales tiene que convencer a la sociedad civil transnacional".
Culpando a los accionistas
Sin embargo, mientras el Sr. Chutikul desafió diplomáticamente a la legitimidad de la OMC, tanto por su forma como por su contenido, el próximo presentador, Mike Moore, asumió la posición de pugilista.
El Director General de la OMC, quien profesa ser ni director ni general, sino el mero sirviente de sus "accionistas", cree que la liberalización del comercio y la OMC son las fuerzas del "bien" en el mundo. Para enfatizar su punto, equiparó de manera engañosa, los avances sociales y económicos de los últimos cincuenta años con los "beneficios indudables" de la OMC. El proteccionismo y los aranceles altos, argumentó, son los antecedentes de las "tiranías gemelas del fascismo y el marxismo", y sin las instituciones multilaterales el mundo sería "menos estable, menos predecible, y más peligroso". Además, las instituciones internacionales "aumentan la autoridad del Estado Soberano" y de todas maneras "aunque desmanteláramos la OMC, la globalización seguiría".
Una vez dadas las buenas razones de la OMC, casi de la misma manera en que las monjitas nos querían aterrorizar sobre los ateos comunistas, Moore pasó a instar fuertemente en la necesidad de más fondos para la OMC.
"Yo no sueño" dijo "en tener el presupuesto del Fondo Mundial para la Naturaleza, el cual sobrepasa el nuestro tres veces. Sin embargo, quizás a algunos gobiernos les interese darnos la misma cantidad que donan a algunas ONGs".
"Aunque nuestras necesidades de traducción han subido 120%, nuestro presupuesto sólo subió 20%" se lamentó. Lo cual plantea la pregunta de ¿cómo el Sr. Moore planifica manejar la lista de nuevos temas que podrían resultar de una nueva ronda, cuando su carga de trabajo ya supera su presupuesto?
El comisionado comercial de la U.E., Pascal Lamy, quien presentó su discurso antes de la cena, también piensa que la OMC funciona. Los procesos internos, dijo, son más participativos y representativos, y se puede medir la transparencia externa por la disponibilidad de documentos al público, por la mejora en la página web, y las consultas regulares a las ONGs.
En cuanto a la nueva ronda, Lamy dijo que la U.E. presenta una agenda "relevante para el siglo veintiuno" El único problema es que los países en desarrollo necesitan ser convencidos de que una nueva ronda cumpliría con sus intereses, y EE.UU debe ser persuadido de apoyar una ronda cuyo meollo serán las "preocupaciones del desarrollo". Puesto que EE.UU es renuente a tomar en cuenta las preocupaciones de los países en desarrollo en las negociaciones sobre el protocolo de Kyoto, su reciente salida de ese proceso multilateral y el apuro derechista de Bush hacia el aislacionismo, el comisionado tiene un camino difícil por caminar. Tal vez Lamy espera que su amistad personal con el Representante Comercial de EE.UU, Robert B. Zoellick, y sus esfuerzos para comprar la lealtad de los países menos desarrollados (LDCs) con la propuesta fraudulenta de "todo menos las armas", inclinaría la balanza a su favor, pero la triangulación resultará difícil.
Al terminar su discurso, el Comisionado Lamy invitó a que le hicieran preguntas, pero no hubo ninguna. Quizás todos ya conocían las respuestas.
Los parlamentarios alzan su voz
Aparte de los discursos estelares, hubo dos sesiones de declaraciones de cinco minutos cada una. Las declaraciones resultaron interesantes; mucho más interesantes, me imagino, de lo que el comité organizador esperaba.
Todos los parlamentarios de los países en desarrollo expresaron profundas reservas alrededor del sistema comercial actual, citando la falta de equilibrio en las reglas, la falta de atención a aspectos de implementación, y la repartición desigual de los beneficios. Muchos hablaron acaloradamente de los esfuerzos de la sociedad civil de elevar la conciencia respecto al comercio. La mayoría tuvo un cordial interés, a veces genuino, en la propuesta de establecer algún tipo de foro parlamentario.
El señor Tayel, presidente del comité económico parlamentario de Egipto, preguntó si la reforma corresponde "¿a nivel de la OMC o a nivel de propaganda?". Al mismo tiempo el delegado de Turquía notó que el comercio no es su propio fin. El vicepresidente del comité parlamentario griego sobre comercio y producción describió Seattle como "una advertencia para los que utilizan el comercio para su propia ventaja". ¿Puede ser el inicio de una alianza interesante en el Mediterráneo Oriental?
Entre los parlamentarios europeos hubo pocas sorpresas. Los partidos de la derecha, (con excepción de los fervorosos nacionalistas y unos pocos liberales sensatos) y la mayoría de los demócratas son liberalizadores acérrimos que creen que el sistema está muy sano, que el comercio beneficia a los pobres, y todo lo que se necesita es un poco más de transparencia y democracia, participación parlamentaria, y el involucramiento de "ONGs fiables con las cuales es posible trabajar".
Entre los pocos que se atrevían desafiar el dogma de que "con el comercio el sol brilla y todos están felices", constaron los políticos verdes Caroline Lucas del Parlamento Europeo y Marie Helene Aubert de Francia. Ambas expresaron que un foro parlamentario era prematuro y de todas formas, el papel de los parlamentos es controlar a la OMC, antes que supervisarla. Caroline Lucas fue clara al oponerse a una nueva ronda.
De los presentadores no gubernamentales, el Sr. Watt de los Federalistas Mundiales de Canadá, evaluó un foro parlamentario o de la sociedad civil, pesando los riesgos de la cooptación con los beneficios de implementar una agenda más amplia. Por lo menos, dijo, podría catalizar más reformas. El ICFTU apeló para que se incluyan principios sociales en las reglas. En nombre de Focus on the Global South, hice un llamado para una revisión completa del sistema, cuestionando los supuestos beneficios del comercio orientado hacia la exportación y el rol de las transnacionales y mercados financieros. El presidente me agradeció por estos comentarios "interesantes".
La Unión Parlamentaria Internacional no tuvo representante; quizás estuvieron ocupados en las preparaciones de su propia conferencia en Ginebra sobre la OMC a realizarse en junio.
Dejar que mil flores se abran?
Al final de la reunión no hubo consenso y el presidente de la conferencia se vio obligado a preparar su propia declaración, que sin embargo, fue presentado a los medios (cuatro hombres europeos) como la conclusión de la reunión.
Los verdes, regionalistas y otros grupos políticos radicales estuvieron agitados por la manera anti democrática de planificar el seminario y de presentar los resultados a la prensa. Stephen Emmott, asesor político de la Verde Caroline Lucas del Reino Unido, lo describió como un ejercicio por parte de algunos políticos para sacar ventaja, más que un intento genuino de colocar a la OMC bajo alguna forma factible de control democrático". Obviamente el mismo parlamento europeo tiene mucho camino por delante en lo que tiene que ver con la transparencia y la democracia interna.
¿Cómo deberíamos responder a esta propuesta?
Si la propuesta permanece en manos de un grupo de parlamentarios europeos derechistas, no tiene futuro. Después de todo, la organización de una reunión de dos días tomó un año y medio. Pero como este evento demostró, hay muchos puntos de vista sobre el comercio, el desarrollo, y la democracia, y hay mucho que ganar si se realiza una variedad de foros para debatir esos asuntos. El debate debe continuar, y se debe expandir para incluir una representación más amplia de parlamentos y grupos políticos. Esto sería bueno. El riesgo es que un foro parlamentario organizado al apuro podría ser utilizado para aparentar salud de una institución enferma. Pero sospecho que aún un foro parlamentario - y en particular uno impulsado por el Norte - es demasiado pequeño para cubrir las imperfecciones de este cuerpo internacional.
*Nicola Bullard es Directora Alterna de Focus on the Global South. Fue invitada como expositora al seminario del parlamento europeo "Comercio, Desarrollo, y Democracia: necesidad de reforma de la OMC", realizado en Bruselas el 10 y 11 de abril 2001.
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La OMC intenta subvertir la resistencia de los países pequeños a las nuevas negociaciones comerciales.
Por Walden Bello
(Este articulo apareció inicialmente en el Bangkok Post, 27 de marzo, 2001)
La reciente reunión de la OMC en Chiang Mai, y que provocó una amplia protesta, subraya la desesperación que ahora sacude a la que es, probablemente, la organización menos popular del mundo.
Al inicio el seminario fue de bajo perfil. Esto no debe sorprender. Porque mientras la agenda formal del evento trató sobre medio ambiente y comercio, la agenda informal fue muy controvertida: presionar para que los funcionarios del gobierno se comprometan al lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones en noviembre, durante la cuarta reunión ministerial de la OMC en Qatar.
Este es el típico modus operandi de la OMC: utilizar cada reunión intergubernamental clave para alinear a los gobiernos tras una nueva ronda comercial. La OMC lo hizo en la Cumbre del APEC en Bandar Seri Bagawan el noviembre pasado. Lo intentaron otra vez, sin éxito, en una reunión de líderes africanos hace unas semanas.
Sin embargo, al mismo tiempo que la OMC tuerce los brazos de los gobiernos asiáticos, intenta ganar el apoyo de la sociedad civil de Asia para una nueva ronda. La OMC sabe que aunque los gobiernos se comprometieran a una nueva ronda en Chiang Mai, la oposición de la sociedad civil de sus países podría todavía descarrilar sus planes. Así que inmediatamente después de la reunión intergubernamental se realizó un seminario sobre comercio y medio ambiente para organizaciones de la sociedad civil, también en Chiang Mai, y protagonizado por la OMC aunque apareció como realizado por el Centro Internacional para el Comercio y el Desarrollo Sustentable (ICTSD) con base en Ginebra.
Una Nueva Ronda no conviene al Sur
La mayoría de países en desarrollo se oponen a una nueva ronda. Las razones son evidentes. Todavía no han absorbido las exigencias de la Ronda de Uruguay. Por ejemplo, hasta la fecha muchos países no han cambiado su legislación nacional para que ésta sea consiste con la OMC. Les amarga que muchos de ellos perdieron más que ganaron como resultado de la Ronda de Uruguay. El Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que bajo el régimen de la OMC, en el período entre 1995 y 2004, los 48 países menos desarrollados, perderán U.S. $600 millones por año, mientras los países de África Sub sahariana perderán como U.S$ 1,2 mil millones por año. Por otro lado el PNUD dice que el 70% de los beneficios de la Ronda de Uruguay llegarán a los países desarrollados, y la mayoría del 30% restante terminará en unos pocos países en desarrollo, relativamente grandes y orientados a la exportación. El director general de la OMC Mike Moore y la Ministra de Desarrollo del Reino Unido Clare Short, intentaron vender una nueva ronda como una "Ronda de Desarrollo", pero la realidad es que la agenda principal de la liberalización tiene más que ver con abrir las economías de los países en desarrollo a una mayor penetración de las transnacionales del Norte. Los llamados "aspectos nuevos" que los países desarrollados pretenden insertar como pieza clave de las negociaciones son: política de inversiones, política de competencia, política de compras gubernamentales, normas laborales y ambientales. El objetivo de los tres primeros es otorgar "trato nacional" a las transnacionales, es decir, eliminar el trato preferencial dado a los productores y contratistas locales. En cuanto a las cláusulas sobre medio ambiente y derechos laborales dentro de los acuerdos de la OMC, los países en desarrollo temen que la intención es que sirvan como barreras a la entrada de sus exportaciones, mientras muchas ONGs del Sur ven que con esas cláusulas se otorga un poder tremendo a la OMC en áreas en las cuales no es competente.
Una nueva ronda es como una caja de Pandora. Una vez abierta, puede salir todo tipo de aspectos perjudiciales a los intereses de pueblos y países. EE.UU es capaz de usarla para promover una revisión del Acuerdo sobre Normas Sanitarias y Fitosanitarias, para adecuarla a su concepto de "ciencia válida" como metodología para obligar a otras economías a aceptar los organismos genéticamente modificados (transgénicos).
Lo que deberían estar haciendo los miembros de la OMC
En vez de negociar una nueva ronda de liberalización del comercio, la mayoría de miembros de la OMC deberían pasar los próximos años reparando la Ronda Uruguay para que haga menos daño a los intereses de los países en desarrollo. En otras palabras, deberían trabajar para paliar significativamente los impactos de un acuerdo malo, como parte de una estrategia para reducir el poder de la OMC.
Hay un número de áreas prioritarias:
Después de que los países en desarrollo se rebelaron en contra de este proceso de toma de decisiones excluyente, Stephen Byers, el Ministro de Comercio e Industria del Reino Unido comentó, "La OMC no puede seguir en su forma actual. Se necesita un cambio fundamental y radical para que satisfaga las necesidades y aspiraciones de todos sus 134 miembros".
Sin embargo, apenas tres meses después de Seattle, durante la décima reunión de la Comisión de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) en Bangkok, en febrero de 2000, Mike Moore dijo que el proceso de Consenso-"Salón Verde" fue "no negociable"
El proceso de toma de decisiones es un aspecto fundamental. Los países en desarrollo y la sociedad civil internacional no pueden estar de acuerdo con una nueva ronda de negociaciones a menos que desaparezca la inequidad fundamental del proceso de toma de decisiones de la OMC.
¿Es obsoleto el Libre Comercio?
Cuando en 1995 entró en vigencia la OMC, el Libre Comercio fue visto como una panacea: el remedio para la pobreza, la desigualdad, y casi todo lo demás. El Consenso de Washington que formó el pilar intelectual del Libre Comercio y el Ajuste Estructural parecía arrollar con todo. Hoy en día, la situación es radicalmente diferente. En todas partes están cuestionados los supuestos beneficios del libre comercio y los libres mercados. Por ejemplo, un estudio detallado realizado por la UNCTAD en base a los datos de 124 países, demostró que durante un período de mayor liberalización comercial global entre 1965 hasta 1990, el porcentaje de la riqueza en manos del 20% más rico de la población mundial se incrementó de 69% a 83% del ingreso total mundial. En cuanto a la supuesta relación positiva entre el libre comercio y el crecimiento, el consenso emergente está delineado por Dani Rodrik, profesor de Harvard:
"¿Promueven mayor crecimiento económico las barreras arancelarias más bajas? Los estudios disponibles revelan una relación no sistemática entre el nivel promedio de barreras arancelarias y no arancelarias de un país, y su crecimiento económico subsecuente. Si algo revela es que la evidencia de los 90 indica una relación positiva entre tarifas sobre las importaciones y crecimiento económico. El único patrón claro es que los países desmantelan sus restricciones comerciales en la medida en que se hacen más ricos. Esta conclusión explica la razón de por qué los países ricos de hoy, con pocas excepciones, se embarcaron en el moderno crecimiento económico protegidos con barreras protectoras, pero ahora ostentan barreras comerciales bajas".
Ante tal evidencia, C. Fred Bergsten, el Presidente del Instituto de Economía Internacional (IIE) de Washington, un destacado promotor del Libre Comercio y la OMC, ahora dice que "hay que reconocer y admitir honestamente que (la globalización del libre mercado) tiene costos y perdedores," (que) "la globalización sí incrementa las brechas sociales y económicas dentro de los países" y "sí deja atrás a algunos países y grupos".
Lo que el mundo en desarrollo necesita no es una nueva ronda sino una moratoria a la liberalización del comercio.
*Walden Bello es Director Ejecutivo de Focus on the Global South, y profesor de administración pública y sociología en la Universidad de Filipinas.
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Comercializando el Medio Ambiente
Por Shalmali Guttal
El nexo entre comercio y medio ambiente se ha convertido en terreno seriamente peleado tanto en el Norte como el Sur. Mientras nadie quiere que el medio ambiente se sacrifique por el libre comercio o el desarrollo económico, las serias diferencias en las estrategias para la protección del medio ambiente han divido a los actores gubernamentales y no gubernamentales que trabajan en aspectos de comercio, medio ambiente y desarrollo. La brecha se tornó particularmente evidente durante la disputa que rodeó a la decisión de EE.UU de imponer una prohibición sobre las importaciones de camarón de los países cuya flota pesquera no utiliza Dispositivos de Exclusión de Tortugas (TED en inglés).
La prohibición afectó a las exportaciones de más de 50 países, y fue promovida por el Instituto Isla Tierra (Earth Island Institute), argumentando que como EE.UU ya había impuesto el requisito del uso de los TED en las importaciones de camarón de El Caribe, se debe extender las mismas medidas a las otras fuentes de importaciones de camarón. Los países más afectados por la prohibición de 1996 fueron los de Asia. Como respuesta Tailandia, Malasia, Pakistán e India entablaron una queja formal contra EE.UU en la OMC, y otros 25 países se reservaron sus derechos a participar en la disputa como "partes interesadas". (1)
Un número de organizaciones ambientales del Norte apoyó la posición de EE.UU en base al principio de que los gobiernos deben gozar de la capacidad de restringir las importaciones si los bienes importados son producidos por métodos de producción y procesamiento (PPMs) no sustentables. Pero ambientalistas de Asia y otras partes del Sur, que también se preocuparon por la suerte de las tortugas, se sintieron profundamente ofendidos por el esfuerzo de EE.UU para aplicar sus leyes domésticas a actividades realizadas fuera de su jurisdicción. Desde su punto de vista las restricciones, prohibiciones, sanciones internacionales, etc., relacionados con el medio ambiente, deberían ser impuestos según las reglas claras de Acuerdos Multilaterales Ambientales (MEAs) que son negociados entre países, y no a través de la acción unilateral de una sola nación poderosa.
Durante el desempeño del debate, el aspecto central dejó de ser la suerte de las tortugas y se convirtió en la actitud de EE.UU hacia sus socios comerciales. Aparentemente, la posición de Earth Island Institute fue motivada por la necesidad de proteger a las tortugas amenazadas. Sin embargo, argumentó que si EE.UU no prohibía las importaciones de los productores que no utilizan los TED, los productores de camarón del Caribe se verían perjudicados. Además, aunque fue ampliamente aceptado que la tortuga marina sí estuvo en peligro de extinción, pocos datos precisos fueron presentados por los promotores de la prohibición sobre los números reales de tortugas en aguas asiáticas, o sobre las varias actividades que amenazaron su existencia (2). Para los opositores a la prohibición, fue claramente un asunto de barreras comerciales, unilateralismo y dominio económico por parte de un país poderoso del Norte.
Ahora, mientras la desafortunada tortuga casi ha desaparecido de la vista pública, el debate sobre el uso de vínculos comerciales como manera de proteger y preservar el medio ambiente sigue con fuerza en varios frentes.
Muchos ecologistas y activistas ambientales del Sur ven que las amenazas al desarrollo sustentable no sólo resultan de acciones unilaterales comerciales, tales como la prohibición de EE.UU a los camarones, sino también de una variedad de medidas ambientales que, aunque apoyan una buena causa, se convierten de hecho en una forma de "proteccionismo verde". Tales medidas tienen impactos diferentes en las poblaciones dependiendo de su posición social, económica y cultural, de género, y de acceso al poder político, etc.
Para muchas comunidades del Tercer Mundo, los cambios bruscos en los patrones de uso de recursos naturales o las preferencias de los consumidores no necesariamente significan protección del medio ambiente; al contrario, en la mayoría de casos conducen a la pérdida del sustento y un mayor empobrecimiento, en particular entre los pequeños productores o de auto-subsistencia. Una larga historia de expropiación y sobre explotación de recursos naturales bajo el régimen colonial y los modelos extractivos de desarrollo han hecho que los productores de los países en desarrollo dependan de los mercados de las naciones más industrializadas y ricas. Y cuando se utilizan estos mercados como instrumentos de negociación para la protección del medio ambiente, uno se ve obligado a preguntar: ¿son efectivas las reglas de mercado para proteger y sostener ambientes sanos? Y si es así, ¿los ambientes de quién?, y ¿a qué precio?
Desde una perspectiva de la ecología política, no es sustentable decir que se puede aplicar medidas ambientales vinculadas al comercio sobre la base de "una medida que calce para todos". Los acuerdos sobre normas de calidad y seguridad ambiental, las prácticas de producción ecológicamente sólidas y hasta el desarrollo sustentable, deben ser considerados dentro de los ampliamente variados contextos históricos, políticos, socio culturales y económicos del Norte y Sur tradicionales.
Normas ambientales, el embalaje, y la etiqueta.
Debido a la presión de los grupos ambientalistas y los consumidores ambientalmente conscientes, en el Norte existen cada vez más normas que regulan el contenido del producto, los procesos de producción y el embalaje del producto que si se incorporan en las regulaciones comerciales, permitirían que países prohiban o restrinjan las importaciones de productos que no reúnen los estándares especificados. La eco etiqueta sigue siendo voluntaria en el Norte, pero su creciente preferencia entre los consumidores es una amenaza significativa para el acceso a los mercados por parte de los productores de los países en desarrollo. Para competir en los mercados que potencialmente serían amigables con la ecología, estos productores necesitan invertir cantidades importantes en nueva tecnología, nuevas materias primas, nuevos químicos, nuevos procesos de producción - evaluación y certificación, que aumentarían el costo de sus productos, y reduciría su competitividad en los mercados exteriores.
Un estudio realizado por la Conferencia de las NN.UU. sobre Comercio y Desarrollo, UNCTAD, concluyó que en las industrias de curtiembre y textiles de la India (las cuales son industrias exportadoras claves) el costo de las tintas ambientalmente amigables que se necesitan para cumplir con los estándares internacionales de la curtiembre de cueros es como tres veces el de las tintas actualmente usadas (3). Para los productos de cuero de la India, se dice que sólo el costo de la evaluación y la certificación es tan alto como el 33% del actual precio de exportación. Además, según la UNCTAD, 60% de las exportaciones manufacturadas de Asia son de sectores en los cuales están surgiendo nuevos requisitos ambientales.
Mientras en los países en desarrollo los productores pueden tener acceso al capital necesario y las capacidades tecnológicas para adaptarse a las normas ambientales más altas, las empresas medianas y pequeñas, que no cuentan con el dinero ni la sofisticación tecnológica, encontrarán más dificultad. La mayoría de los productores, consumidores y trabajadores en los países del Tercer Mundo, también desean medio ambientes más limpios, normas ambientales y laborales más altas para las prácticas de producción y el contenido de los productos. Sin embargo, la investigación y la pertenencia de las nuevas tecnologías y de los materiales ambientalmente sanos que se pueden utilizar para la producción a gran escala están mayoritariamente concentrados en las instituciones ricas del Norte, de allí que los productores del Sur parten de una posición económica y tecnológicamente desaventajada.
Las actuales reglas sobre comercio e inversiones, en particular las de la OMC, han resultado especialmente perjudiciales para el desarrollo de normas ambientales sustentables e implementación de los Acuerdos Ambientales Multilaterales (MEAs, en inglés) vigentes. Las reglas de la OMC pueden exigir que un país elimine leyes nacionales que apoyan a las industrias socialmente responsables y ambientalmente sustentables, e introduzca nuevas regulaciones conducentes a la inversión extranjera. La amenaza de una acción comercial en la OMC fue utilizada para inhibir un acuerdo tanto sobre los Contaminantes Orgánicos Persistentes como sobre el Protocolo de Bio Seguridad que tiene que ver con los Organismos Genéticamente Modificados (4).
Aun cuando las normas ambientales son aceptadas, no se aplican de igual manera en todos los países. Si bien EE.UU. se sintió justificado para prohibir la importación de ciertos tipos de camarón, se opuso enérgicamente a la etiqueta de los alimentos genéticamente modificados y entabló una demanda contra la U.E en la OMC para desafiar su prohibición sobre la importación de carne de res tratada con hormonas. Por otro lado, dentro del marco de los acuerdos regionales como el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (NAFTA), las corporaciones transnacionales han logrado obtener exclusiones de los reglamentos ambientales nacionales y de pagos compensatorios para los afectados por violaciones de leyes nacionales.
Entonces, mientras por un lado, los activistas del Norte argumentan por estándares ambientales, laborales, y de seguridad, más altos, por otro lado se insta vigorosamente a los gobiernos de los países en desarrollo, en nombre del Libre Comercio, a que creen las condiciones domésticas para atraer capital e industria extranjera, incluyendo el suavizar los reglamentos laborales y medio ambientales nacionales. En tal contexto, la producción verde y limpia continuará mayoritariamente en manos de los fabricantes y productores grandes (en su mayoría del Norte), mientras las empresas medianas y pequeñas (en su mayoría del Sur) que no pueden cumplir con las normas laborales y ambientales más altas irán perdiendo su posición en el mercado.
Agricultura y Medio Ambiente
Las reglas de Libre Comercio pertinentes a la agricultura han tenido impactos particularmente complejos sobre el medio ambiente, pasando de la degradación ambiental y la pérdida de biodiversidad a crisis alimentarias y la migración de la mano de obra agrícola. La importancia de la calidad y la protección ambiental son claramente visibles en la lucha por la soberanía alimentaria entre los agricultores de autosubsistencia y los pequeños productores, pescadores, y otros productores agrícolas en todo el mundo. Pero las reglas globales del Libre Comercio han servido por socavar tanto la capacidad como el potencial de las naciones y comunidades para ser genuinamente soberanos en su alimentación.
Para una gran proporción de gente (en particular de los países en desarrollo), la soberanía alimentaria significa que las familias, comunidades y naciones pueden producir suficientes alimentos con sus propios recursos, y logran un superávit suficiente para sobrepasar los tiempos de escasez y dificultad. Además, productos agrícolas como yute, caucho, coco, y las fibras naturales, son materias primas cruciales de las industrias y los mercados locales /nacionales, que a su vez afianzan las economías locales y nacionales, creando así las condiciones de seguridad y soberanía alimentaria a largo plazo. Y para la mayoría de los productores pequeños y de autosubsistencia el medio ambiente inmediato es la fuente más importante y directa del sustento y la comida.
Sin embargo el enfoque del Libre Comercio sobre la agricultura parece asumir que es más deseable que un país importe alimentos si éstos resultan más baratos que su propia producción. En conjunto con la todavía popular teoría de la "ventaja comparativa", este enfoque impulsa a que los productores cambien de la diversidad agrícola y la cosecha estacional hacia la cosecha monocultiva y la producción homogenizada para la exportación y los mercados domésticos grandes. Esto exige cambios significativos en los métodos de producción y manejo de recursos, y un uso incrementado (muchas veces indiscriminado) de costosos insumos importados, tales como plaguicidas y fertilizantes químicos que afectan gravemente al suelo, los bosques, el agua, y la salud humana y animal.
Y ¿qué significa una producción más "barata"? Hoy en día, los principales exportadores de alimentos del mundo son la Unión Europea y EE.UU, cuyos sectores agrícolas reciben subvenciones sustanciales de sus gobiernos para la producción, distribución y exportación a través de una variedad de mecanismos como: pagos directos para una producción controlada, garantías de precios, subsidios y donaciones para la investigación y desarrollo, alicientes impositivos, evaluación y certificación de normas de salud y seguridad ambientales; servicios de protección y limpieza ambiental etc., etc. Aislados de las fuerzas del mercado (y en muchos casos de la responsabilidad social) estos productores han sido capaces de incrementar su producción a niveles suficientemente altos para darles una ventaja competitiva en los mercados globales. En efecto, los apoyos domésticos a la agricultura en los países ricos, absorben los costos ambientales de la producción agrícola a gran escala. En los casos en que no es posible absorber los costos por completo, son transferidos a los productores de los países del Tercer Mundo a través de las normas ambientales, restricciones comerciales, y cuotas.
Un estudio sobre pesquerías y comercio, realizado por Greenpeace y el Centro de Derecho Ambiental Internacional (CIEL), demuestra que los subsidios gubernamentales a la industria de la pesca en los países desarrollados son una de las causas subyacentes de la sobre explotación de la pesca (5). Las subvenciones socavan la adopción de prácticas de pesca ambientalmente sanas, alientan la sobre capacidad, atraen a más gente a entrar y permanecer en la industria, e inducen a los productores a adoptar nuevas tecnologías al reducir los riesgos de la inversión. Puesto que el costo de la pesca subsidiada es menor que su costo verdadero, los productores no tienen ningún incentivo para adoptar métodos de producción y procesamiento que ahorren recursos y energía. El resultado es la sobre pesca y una pesca ineficiente. Una seria consecuencia de esto es que los productores subsidiados se trasladan a otras aguas, muchas veces de los países en desarrollo, amenazando el sustento de los pescadores pequeños y locales no subsidiados.
La mayoría de los países en desarrollo no tiene la capacidad de proporcionar apoyo para que sus propios productores compitan con los productos subsidiados ("más baratos") de los países ricos y desarrollados. Su camino hacia adelante ha sido adelantar la integración de sus desprotegidas economías rurales en los regímenes comerciales globales esperando que, a pesar del Darwinismo del mercado, de alguna manera los beneficios choreen hacia los productores más débiles. Los aspectos más comunes de esta integración son: la sustitución de cosechas diversas por monocultivos y plantaciones orientadas a la exportación; incentivos para la acuacultura y pesca comercial en vez de la cosecha local y estacional del camarón, peces etc.; un mayor uso de insumos químicos, semillas comerciales y razas comerciales de animales; la expansión de los sistemas de riego a gran escala y de la infraestructura de manejo de agua; y la introducción de nuevos, legalmente respaldados, regímenes de propiedad. Estas medidas resultan en la pérdida de variedades de especies locales y del conocimiento tradicional, la degradación de agua y suelos, la alteración de sistemas ecológicos, un menor acceso a los activos productivos y una reducida disponibilidad de alimentos locales.
Muchos países en desarrollo cuentan con recursos naturales que los países industrializados necesitan para alimentar a sus economías. Las estructuras arancelarias de los países desarrollados sobre las importaciones agrícolas demuestran que los aranceles sobre las importaciones de materia prima son significativamente más bajos que sobre los productos procesados (6). Las exportaciones continuas y a gran escala de recursos como madera, productos acuáticos y de los bosques, y minerales de los países en desarrollo, han resultado en un acceso restringido por parte de las poblaciones locales a muchos recursos naturales, en una más amplia degradación ambiental y en la disminución generalizada de la base de recursos naturales en estos países.
Mientras los productores relativamente más acomodados de los países en desarrollo han sido capaces de adaptarse y hasta beneficiarse de estas tendencias, los productores pequeños y de subsistencia se afectaron gravemente por la re configuración de la producción agrícola según los principios del libre mercado. Cada vez más, esforzándose por competir y servir a los mercados impredecibles, los pequeños agricultores y pescadores producen alimentos y otros productos que simplemente no pueden consumir ellos mismos. Para comprar los insumos y la tecnología necesaria para los grandes mercados nacionales y de exportación, los productores agrícolas de todo del mundo están endeudándose con los bancos y con la agro industria, y en muchos casos han perdido sus tierras y otros bienes de su patrimonio.
Para los productores pequeños y de subsistencia, "más barato" significa ser capaces de producir, consumir, y comercializar primariamente a través del uso de sus propios recursos, que incluyen tierra, agua, mano de obra y capital. Igualmente importante, significa que poseen un significativo control sobre como se usa y se maneja el medio ambiente y los recursos, tanto los privados como los comunes.
Los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados al Comercio (TRIPS)
Introducidos a la OMC en 1994, el Acuerdo sobre Derechos de Propiedad Intelectual (TRIPS) abarca la protección de propiedad intelectual tanto para productos como procesos de producción, a través de patentes y derechos de autor, y se extiende a productos farmacéuticos, microorganismos, y transformaciones micro-biológicas. En el pasado los intentos de extender la cobertura de los TRIPS a las plantas y otras especies vivas fueron parados por los países en desarrollo. Las consecuencias más significativas de este acuerdo son la privatización del conocimiento, prácticas, y recursos naturales colectivos, y la inhibición de la innovación tecnológica entre los países en desarrollo más pobres.
El acuerdo TRIPS sirve a los intereses de las grandes empresas involucradas en la investigación y el desarrollo. Es muy problemático para los países en desarrollo a los que no sólo les falta la capacidad económica y los recursos humanos para realizar investigación original, sino que tampoco han empezado a hacer investigación haciendo uso del patentamiento como forma legal ampliamente difundida de propiedad. Alrededor de 95% de todas las patentes vigentes en el mundo de hoy están en manos de los países industrializados, con más de la mitad de las regalías pagadas a EE.UU (7). Sin embargo, un número significativo de productos patentados procede de países en desarrollo que nunca comparten ninguno de los beneficios de las patentes y los derechos de autor.
La aplicación de TRIPS a los productos farmacéuticos ha sido un golpe duro a los países en desarrollo que cuentan con industrias farmacéuticas nacionales, tales como India, Brasil y Argentina. En estos países, las patentes, cuando se otorgan, han sido para procesos productivos y no para el producto. Como resultado, al producir fármacos a través de procesos diferentes de los de las transnacionales, los países han sido capaces de alentar la disponibilidad de medicamentos esenciales a precios domésticamente alcanzables. No obstante, puesto que el acuerdo TRIPS estipula patentes tanto para productos como procesos, se tienen que pagar las regalías aunque el medicamento sea producido a través de un proceso diferente (8).
Otro problema serio es el de las patentes sobre la biotecnología y los organismos genéticamente producidos y modificados. Las empresas del Norte reclaman patentes sobre los materiales genéticos, variedades biológicas, conocimiento y procesos de producción que muchas veces son los resultados de generaciones de innovación tecnológica comunitaria. Mediante los TRIPS, los países no sólo se ven obligados a pagar regalías por las patentes sobre su propia propiedad indígena intelectual y biológica, sino que tampoco existe un mecanismo a través del cual estos países y comunidades, los verdaderos innovadores, obtienen una porción de las ganancias. Esto queda plenamente en evidencia en casos de los extractos de la flora y fauna local que rara vez han estado protegidos por patentes en sus países de origen, y ahora son reclamados como propiedad intelectual de empresas transnacionales.
La empresa transnacional W.R. Grace, ha patentado un proceso pata extraer el ingrediente activo del árbol Neem, un árbol que se ha utilizado ampliamente durante siglos en la India para propósitos médicos, agrícolas y cosméticos. De igual manera, Merck, otra gran empresa farmacéutica occidental, presentó una aplicación para patentar un anti coagulante desarrollado en base a la planta Tikluba, largamente utilizada por los pueblos indígenas de la Amazonía. Ya es bien conocido el caso del arroz Jasmati, en el cual una empresa de EE.UU cruzó arroz Jazmín de Tailandia con arroz Basmati de India y patentó el producto final (9).
Como otros acuerdos de la OMC, el acuerdo TRIPS viola convenios ya existentes sobre la protección de la biodiversidad, variedades genéticas y derechos de propiedad intelectual, tales como el Convenio sobre la Diversidad Biológica, y la Iniciativa Internacional de la FAO sobre los Recursos Genéticos de las Plantas. Ofrece un ejemplo claro de cómo las reglas comerciales están manipuladas no para proteger, o mantener, normas ambientales sino más bien para explotar la riqueza de la naturaleza y fomentar el control corporativo sobre los recursos.
La Responsabilidad Colectiva en las Preocupaciones Colectivas
Está claro que la vida de una parte importante de la población mundial está entrañablemente conectada con el medio ambiente. La degradación del medio ambiente y la pérdida de los recursos naturales amenazan la supervivencia de estas poblaciones. También existe bastante evidencia que demuestra cómo la diversidad y calidad del medio ambiente, en particular de los países en desarrollo, han sido puestos en peligro por las regímenes concurrentes de la liberalización de inversiones y del comercio. Declaraciones de que se puede proteger y sostener al medio ambiente con medidas ambientales vinculadas con el comercio son tan contradictorias como exageradas. Anteriores intentos en la OMC de vincular normas ambientales con acciones sobre comercio no condujeron a mejoras notables en la calidad del medio ambiente. Por el contrario, transfirieron la carga de la nueva conciencia ambiental y consumismo verde a los pequeños y desamparados productores del Sur, y algunos del Norte, que ya están perjudicados por las políticas económicas que favorecen a los ricos.
Aun cuando el establecimiento de sólidas normas ambientales es un noble objetivo, hay que determinar tales normas a través de esfuerzos multilaterales que toman en cuenta los históricos desequilibrios del poder económico y político, e incluir medidas para prevenir una mayor consolidación de esos desbalances. Ya existen un número de Acuerdos Ambientales Multilaterales, AAM, pero que han sido pasados por alto y han resultado ineficaces ante la expansión de las políticas neoliberales de comercio e inversión. Se deben resucitar, revisar estos AAM, y donde sea necesario desarrollar nuevos acuerdos y directrices con la participación activa de los gobiernos, la sociedad civil y las instituciones multilaterales.
Si el medio ambiente va a ser una preocupación colectiva, también se necesita una responsabilidad colectiva para asegurar que las normas ambientales no se conviertan en la práctica, en una forma de proteccionismo verde que discrimine a los productores y poblaciones de los países en desarrollo. Los acuerdos ambientales deben venir acompañados de apoyo destinado a la transferencia de tecnologías alcanzables para modernizar y hacer que los procesos productivos del Sur sean más ambientalmente amigables. Esto incluiría suavizar las reglas de patentes y derechos de autor en manos de las empresas del Norte para que los pequeños productores adopten a precios razonables nuevas tecnologías ecológicamente amigables. Otra medida positiva sería apoyar financieramente la investigación y el desarrollo en el Sur para desarrollar tecnologías apropiadas con las que cumplir con los estándares ambientales más altos. Al mismo tiempo, se debe dar un mayor reconocimiento a los sistemas de conocimiento y prácticas productivas tradicionales. Los aportes de las poblaciones locales al avance de nuevas tecnologías y la ciencia deben ser reconocidos y recompensados, así como sus derechos a los recursos naturales. Igualmente importante son los derechos de estas poblaciones a proteger y, donde sea necesario, establecer nuevos sistemas de tenencia de recursos, en lo que deben ser apoyados tanto por el estado como la sociedad civil.
En resumen, el debate medio ambiente-comercio necesita ir más allá de un ambientalismo estrecho que puede servir para suavizar las consciencias de los preocupados por la suerte de las especies en peligro, pero que hace poco para resolver las cuestiones más fundamentales de soberanía alimentaria y seguridad de sustento para una gran proporción de la población mundial. Este debate debe reconocer cómo las varios tipos de medidas ambientales vinculadas con el comercio simplemente consolidarían los ya deteriorados términos de intercambio contra los países pobres del Sur. Si las normas ambientales son una alta prioridad para el desarrollo sustentable, entonces deben recibir atención genuina y no ser utilizadas como herramientas para facilitar o prohibir el acceso a los mercados.
De igual manera, las disputas relacionadas con las normas ambientales deben ser resueltas por un foro multilateral e independiente y no dentro de la OMC. Como institución, la OMC es estructuralmente incapaz de apoyar resoluciones de diferencias que pueden simultáneamente enfrentar las complejidades de la sustentabilidad ambiental, el desarrollo equitativo, y la justicia económica. Es imperativo que los conflictos comerciales sean resueltos desde enfoques multilaterales y pluralistas que implican una variedad de actores de la sociedad civil y del estado y no a través de vínculos unilaterales que permiten acciones punitivas por parte de unos pocos poderosos.
1. Walden Bello y Marco Mezzera, A View from Asia, discurso presentado en el taller para la Sociedad Civil y el Gobierno sobre el Comercio y el Medio Ambiente, Centro Internacional para el Comercio y el Desarrollo Sustentable, septiembre 1998.
2. Li Kheng Poh and Susanne Ebling, Report on the Impact of the US Trade ban on Shrimp and Shrimp Products, octubre 1997
3. Walden Bello, The "Shrimp-Turtle Controversy" and the Rise of Green Unilateralism, World Trade Monitor, 1997
4. Red Internacional de Bosques y Comunidades, Focus on Forests and Communities, noviembre, 1999
5. David R. Downes y Brennan Van Dyke, Fisheries Conservation and Trade Rules; Ensuring that Trade Law Promotes Sustainable Fisheries, Greenpeace Alemania y El Centro de Derecho Ambiental Internacional, marzo, 1998
6. Rajat Chauduri and Bipul Chatterjee, Trade Liberalisation, Market Access and Non-tariff barriers, CUTS Center for International Trade, Economics and Environment, abril 1998.
7. Oxfam Solidarity-Belgium, The Challenges of a New Round of International Trade Negotiations: Trade for Development? octubre 1999.
8. John Hilary (Ed) More Power to the World Trade Organisation? The International Trade Controversy, Infomre Panos, noviembre, 1999
9. Walden Bello, The Iron Cage: The WTO, the Bretton Woods Institutions, and the South, noviembre 1999
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No Logo: Un retrato brillante pero imperfecto del capitalismo contemporáneo
Una revisión del libro de Naomi Klein, Harper Collins/Flamingo, Londres 2000.
por Walden Bello
Cuando la joven canadiense me entregó modestamente su libro, con la inscripción tranquila "para Walden, con respeto y solidaridad" no supe que estuve recibiendo un taco de dinamita. Antes de nuestro encuentro en el Foro Social de Porto Alegre, Brasil, hace unos pocas semanas, había escuchado, por supuesto, de Naomi Klein y había leído que su libro No Logo rápidamente se iba convirtiendo en la bandera del movimiento anti globalización. Pero nada me preparó para la vertiginosa experiencia intelectual de leer el libro.
No Logo obliga a la lectura, pero no es una lectura fácil,. Leyendo a Klein es como servir al lado de una comandante experimentada que sondea las varias defensas del enemigo y las expone para mejor localizar el principal punto débil. El sondeo es incesante, y en el momento en el cual el lector piensa que la autora ha identificado la clave de la defensa, ella revela que éste es sólo un episodio para entender la dinámica del capitalismo contemporáneo. Ella sigue con la investigación, pero sólo es posible absorber una cierta cantidad de una sola lectura. Ésta es lo mejor de la escritura deconstructivista, el producto de una mente incansable que no se satisface con sacar una o dos conclusiones solitarias de su material, sino un tren de ellas.
El análisis de Klein no carece de desperfectos, y estos no son insignificantes. Pero antes de señalarlos uno debe primero sacar las joyas, porque no tienen precio.
La Edad de la marca
El punto esencial de Klein es que el capitalismo en la edad de la globalización es la era de la marca, del logo. Los logos están en todas partes, te miran en tus momentos más privados en el baño; invadiendo los espacios anteriormente tan claramente marcados como los colegios; convirtiéndose, como el logo de Nike, en la pieza central de los espectáculos atléticos y culturales. Vivimos en un mundo de marcas, donde el gusto, los estándares culturales y últimamente hasta los valores están cada vez más definidos por las mega marcas como Nike, cuyo logo ha llegado a representar lo último del estilo atlético y cuyo lema "Just do it" se identifica con la afirmación de la individualidad.
La Edad de la Marca es testigo de la evolución de una nueva relación entre el productor y su producto. Mientras originalmente el propósito de las marcas fue garantizar la calidad del producto, hoy la marca se ha apartado del producto para convertirse en el enfoque de la venta. Klein destila esta perspicacia en una joya de párrafo que vale citar por completo:
Muchas multinacionales de marca están en proceso de superar la necesidad de identificarse con su productos meramente terrestres. En cambio, sueñan en los profundos significados interiores de sus marcas - la manera en la cual capturan el espíritu de la individualidad, el atletismo, la naturaleza salvaje, o de comunidad. En este contexto en el que el estilo es más importante que el contenido, los departamentos de mercadeo encargados del manejo de las identidades de las marcas han empezado a ver su trabajo como algo que ocurre, no en conjunto con la producción de la fábrica, sino en competencia con ella. "Los productos se hacen en la fábrica" dice Walter Landor, presidente de la Agencia de Marcas Landor, "pero las marcas se hacen en la mente". Peter Schweitzer, presidente de la gigante agencia de publicidad J. Walter Thompson, reitera la idea: "la diferencia entre productos y marcas es fundamental: un producto está hecho en una fábrica; la marca es algo comprado por un cliente" Las agencias astutas se han apartado todas de la idea de que venden un producto hecho por otro, y han comenzado a pensar en sí mismas como fábricas de marcas, forjando lo que tiene el verdadero valor: la idea, el estilo de vida, la actitud. Los constructores de marcas son los nuevos productores primarios en nuestra llamada economía de conocimiento.
Se deconstruye marca tras marca: Levi Strauss. Starbucks, Pepsi, McDonalds, Wal Mart, MTV, Tommy Hilfiger, para nombrar unas pocas: Sin embargo Nike es el malo del libro y su Gerente General, Phil Knight, emerge como el anti héroe.
Nike: La Marca al centro del escenario
Nike empezó como una empresa identificada con un popular zapato deportivo "high tech" que ascendió junto con el furor americano por el "trote" durante los años sesenta y setenta. Sin embargo fue a mediados de los ochenta, cuando la manía por el trote disminuyó y Reebok acaparó el mercado de los zapatos deportivos aeróbicos de moda, que Phil Knight promovió la transición de Nike, de ser un productor de zapatos a ser promotor de un estilo de vida, a ser "la esencia del atletismo".
Nike contrató a Michael Jordan para que personifique el espíritu Nike, encumbrándose gracias a la destreza basquetbolística de Jordan para convertirse en una super marca, mientras simultáneamente convirtió a Jordan en una super estrella a nivel global, a través de una brillante campaña publicitaria. Luego Nike llegó a ser una fuerza en los deportes profesionales, comprando la gira de golf "Ben Hogan" y renombrándola La Gira Nike, estableciendo su propia agencia deportiva para representar a los atletas en sus negociaciones contractuales no sólo con los dueños de equipo, sino con otros auspiciantes corporativos, y hasta creando el primer equipo africano olímpico de esquí para los juegos olímpico de invierno en Nagano. El tercer paso fue "marcar como locos", lo que significa colocar el símbolo de Nike en toda ropa conectada con los deportes: calentadores, camisetas, ternos de baño, medias. ¿Y el objetivo de todo esto? "(A)l equiparar la compañía con los atletas y el atletismo a tal nivel primario" asevera Klein "Nike dejó de meramente proveer ropa de deporte, y empezó a jugarlo. Y una vez dentro del juego con sus atletas, pudo tener fanáticos hinchas deportivos en vez de clientes."
Al haber identificado a Nike con el deporte, Knight mueve a llevar el símbolo de Nike a nuevas fronteras, como el entretenimiento, donde está a punto de lanzar un barco crucero con el símbolo de Nike. La última doctrina de mercadeo que motiva a Nike y otras marcas exitosas es que la rentabilidad radica en la creación de "sinergía". Meramente dominar a una industria ya no basta. La marca debe expandirse lateralmente hacia otras dimensiones de la existencia, de los deportes al entretenimiento, a las escuelas, a la cultura. "Si la música, ¿por qué no la comida? pregunta Puff Daddy. Si ropa, ¿por qué no ventas al por menor? pregunta Tommy Hilfiger. Si ventas al por menor, ¿por qué no la música? pregunta Starbucks. Si parques temáticos, ¿por qué no pueblos? pregunta Disney.
No fue sólo el tamaño lo que motivó las mega fusiones de los años noventa, dice Klein. La fusión de America Online con Time, Viacom con CBS, la compra de ABC por parte de Disney, todas esas y más fueron impulsadas por el deseo de encerrar la vida consciente del consumidor dentro de la marca. Y al cambiar de la identificación de un producto a la identificación de un estilo de vida, el objetivo de la marca es ahora nada menos que seducir al consumidor para que crea que "se puede vivir toda la vida dentro de ella". De allí que las batallas más feroces ya no se libran entre productos diferentes, sino "entre campos de marca, que constantemente re diseñan las fronteras alrededor de sus enclaves, expandiendo los límites para incluir mas paquetes de estilo de vida".
Secuestrando lo "fresco"
El paso de vender el producto hacia producir un estilo de vida asociado con la marca, toma lugar en un mercado dominado por la "demográfica de la juventud". Por lo tanto, la importancia de asociarse con lo que se considera "fresco". Y "fresco" como descubrieron Nike y Tommy Hilfiger, fue encontrarse en el ghetto de los Negros. Las mega marcas clonaron ropa de ghetto, primero realizando ensayos de mercadeo entre los jóvenes negros pobres de las ciudades interiores de EE.UU., y luego vendiendo la ropa entre los jóvenes blancos de clase media. Lo que la gente de mercadeo vio como comercialización innovadora, Klein ve como una relación esencialmente parasítica. Y lo que hicieron las marcas a las expresiones culturales de la alienación y revuelta de los jóvenes, punk, hip-hop, fetish, y retro - también lo hicieron al feminismo, la liberación gay, y el multiculturalismo. Es decir, convertir a temas anti establecimiento en éxitos publicitarios de las marcas, como el "Just do it" de Nike. Ni siquiera los enemigos más feroces de las empresas evitaron ser posibles sujetos de la publicidad. Nike ofreció $25,000 a Ralph Nader por elevar un zapato Nike Air 120 y decir "otro intento descarado de Nike de vender zapatos". Nader lo rechazó.
Huyendo de la fábrica
La fuga del mercadeo de productos al de las marcas, relegó al manufacturero a un rol subordinado dentro del capitalismo contemporáneo. Contratando la producción a productores sin nombre, a los cuales les mantuvieron bien controlados, los innovadores de las mega marcas se dieron cuenta que fue posible ahorrar dinero, que se podría utilizar en más mercadeo de la marca. "Viajar ligero" se convirtió en la moda, significando con ello el despojarse de las fábricas propias, reducir la fuerza laboral, y pasar la tarea sucia de la producción a operadores Taiwaneses o Coreanos nada confiables, que se trasladaron de una zona de maquila para exportación a otra en Asia.
Algunas de las páginas más conmovedoras tratan de la vida de la paradigmática mano de obra de la globalización. Las trabajadoras terriblemente mal pagadas, sin sindicalización, permanentemente "temporales", en la zona franca de Rosario, Cavite, en Filipinas. Aquí la ilusión de los beneficios de la inversión extranjera para los países en desarrollo se hace pedazos ante la realidad de las jóvenes vidas gastadas en fábricas más parecidas a prisiones, de sueldos tan bajos que la mayoría de éstos se gasta en dormitorios compartidos, transporte, y el sustento básico; de funcionarios gubernamentales tan asustados de que los inversionistas salgan para Vietnam o China, que les ofrecen todo tipo de alicientes impositivos y no admiten sindicatos.
Como en otras áreas, Nike fue el protagonista. Deshaciéndose de sus fábricas en el Norte, Nike trasladó su producción a sub contratistas, que procedieron a hacer el trabajo sucio de achicar los sueldos, institucionalizar las horas extras obligatorias, y prevenir la entrada de los sindicatos. Que el mismo sub contratista produzca a la vez los zapatos de Reebok y Adidas no fue raro. Al ser acusados de explotar la mano de obra, Nike, Adidas y Reebok se lavaron las manos diciendo que eso fue asunto de los sub contratistas y sus trabajadores.
Lo que Nike y las otras mega marcas hicieron a los trabajadores del Sur, también hicieron a los jóvenes trabajadores que vendían sus productos en el Norte: eliminaron el empleo permanente, eliminaron los beneficios, les pagan lo mínimo, les mantienen a tiempo parcial, cortar el último enlace institucional al contratarles a través de agencias de trabajo temporal. Muchas funciones que una vez fueron realizadas casa adentro por empleados permanentes ahora son contratados íntegramente a agencias que "se han convertido en departamentos de recursos humanos para cubrir sus necesidades sin compromiso, incluyendo contabilidad, archivo, fabricación, y servicios de computación. " El nuevo mantra del Director Ejecutivo de sabiduría callejera, sale de Tom Peters "eres un tonto si te pertenece". Y la apoteosis de la era es el Director Ejecutivo contratable, como "motosierra" Al Dunlap, una persona contratada por millones de dólares para volver a hacer rentable una empresa, y cuya primera acción fue, casi invariablemente, rebajar drásticamente la fuerza laboral.
El resultado fue la sobre extensión corporativa. Cualquier estudiante de los movimientos sociales podría haber contado a los jóvenes brillantes capitalistas que la combinación de publicidad invasiva, piratería cultural, informalización de la fuerza laboral, y la deserción de las comunidades, crearía resistencia e impulsaría una reacción en contra, aún entre la gente cuyo gusto, estilo y valores la mega marca trabajó tanto en moldear: los jóvenes. En una serie de confrontaciones estilo David - Goliat bien publicitadas durante los 90, la opinión pública se inclinó hacia David. Nike enfrentó una campaña global anti Nike y tembló; Shell y Greenpeace dieron batalla sobre la Plataforma Brent Spar en el Mar del Norte y Shell se retiró; en Londres, McDonalds enjuició a dos ambientalistas por difamación, y terminó cediendo. Para finales de los años 90, estas campañas y otras se iban unificando en un verdadero movimiento global anti-corporativo, intensamente político, pero, a diferencia de la vieja izquierda, descentralizado, no jerarquizado, con un intenso trabajo en red vía el internet, gracias a gente como Steve Case de América On Line, y Bill Gates, e intransigente. "Cuando empecé a escribir este libro", dijo Klein "honestamente no supe si estuve describiendo escenarios de resistencia atomizados y marginados, o el nacimiento de un movimiento potencialmente amplio. Pero, poco a poco, lo que vi claramente fue un movimiento formándose a plena vista". Escrito antes de la revuelta de Seattle que derrumbó la reunión Ministerial de la OMC en diciembre de 1999, No Logo fue profético.
Pero la fabricación sí importa
No Logo es brillante pero imperfecto. A cada oportunidad, Klein nos hace acuerdo que en el capitalismo de hoy, el fabricante ha cedido su prominencia al mercadeo. Sin embargo este es un caso de sobre enfatizar una perspicacia. El desplazamiento del fabricante puede ser el caso de las industrias de calzado o ropa, en servicios o en entretenimiento, en las cuales el insumo tecnológico es relativamente bajo comparado con otros sectores de la economía. Pero claramente no es el caso de los sectores que impulsan el resto de la economía, como es la industria de la electrónica.
Por ejemplo, Intel, funciona como una marca tradicional. No denota un estilo de vida distintiva como hace la marca de Nike, señala que usted está utilizando los chips de punta. De igual manera, el logotipo de Cisco Sistems significa una sola cosa para los miles de negocios dot.com que dependen de ella para los componentes claves de hardware y software que hacen posible el internet: que sus productos son indispensables. La marca de Microsoft Windows puede denotar un sinnúmero de cosas, pero si las capacidades de sus productos de software e internet se rezagan ante las de sus competidores, ni la campaña publicitaria más hábil protegerá su rentabilidad.
El mercadeo diferencia entre productos similares en los sectores de industria liviana, servicios, y ventas al por menor. El fabricante importa para el sector de tecnología intensiva.
Como en eras anteriores del capitalismo, la ventaja productiva se consigue a través de recursos financieros superiores, el monopolio sobre la alta tecnología, y el control sobre los mercados. El dominio no es sólo una función del buen mercadeo. Depende de la generación de los recursos de capital que otorgarían una superioridad de tecnología de punta que se pude traducir en un producto superior. Por supuesto, la industria liviana, las ventas al por menor, y el entretenimiento, son sectores críticos de la economía, pero bailan al ritmo de las revoluciones del sector tecno-manufacturero.
Efectivamente, aún el sector de la industria liviana, el enfocar en el mercadeo en vez de la producción es realmente una movida defensiva frente a los acontecimientos. La decisión de vender la marca en vez de promover el producto, vino después de que los productores empezaron a hundir el mercado estadounidense con importaciones que no sólo fueron baratas sino muy buenas.
Para estas transnacionales, el posicionarse entre las capas ricas del mercado y dejar las otras capas para los asiáticos y otros productores de los países en desarrollo, sólo les dio un alivió temporal, hasta que los asiáticos igualaron a las empresas del Norte tanto en diseño como calidad, como lo demostraron Bossini y Giordano, empresas basadas en Hong Kong. A diferencia de las pequeñas empresas de ropa y textiles del Norte, que para salvarse instaron a sus gobiernos a que limiten las importaciones asiáticas mediante la aplicación de cuotas, las mega marcas al ver que esto fue una solución sin salida, escogieron una defensa innovadora: la de sub contratar su producción a los brutalmente eficientes productores asiáticos, mientras los controlaban a través de la promoción de "los derechos de propiedad intelectual" logrando la aprobación de una legislación internacional draconiana que protegiera la marca.
Los usos de los TRIPS
De allí la importancia del Acuerdo sobre Los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (TRIPS) que es la pieza clave del hito Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneras y Comercio /Organización Mundial de Comercio (GATT/WTO). La sección de TRIPS relacionada con la protección de marcas comerciales fácilmente podría haber sido escrita por los abogados de Levi Strauss o Nike, y sí sorprende que mientras tiene comentarios aislados, a veces perspicaces, sobre las leyes de marcas comerciales, Klein no logre examinar de manera sistemática la relación entre las necesidades emergentes de las mega marcas y el esfuerzo del gobierno de EE.UU para incorporar los TRIPS al acuerdo de la OMC.
Pero la sección sobre marcas comerciales no es la parte clave del acuerdo TRIPS. Esta, es la sección sobre patentes, especialmente las patentes sobre las tecnologías de proceso que son el corazón de la fabricación de alta tecnología. El régimen TRIPS provee una protección de patentes generalizada para un mínimo de 20 años. Incrementa radicalmente la duración de la protección para semi conductores y chips de computadora. Instituye reglamentos fronterizos draconianos contra productos considerados violatorios de los derechos de propiedad intelectual. Y coloca la carga de la prueba sobre el presunto violador de la patente de proceso, una inversión interesante del principio legal de ser considerado inocente hasta que se pruebe culpabilidad.
El propósito de los TRIPS fue proteger a las empresas de baja tecnología, Nike y Tommy Hilfiger, pero sobre todo estuvo dirigido a las Microsoft, las Pfizer, y las Monsanto. Estas empresas de productos basados en el conocimiento son los motores de la economía estadounidense. El monopolio es su juego, y el acuerdo TRIPS de la OMC es su medio para lograrlo. La innovación en este sector manufacturero de conocimiento intensivo -de software y hardware electrónico, biotecnología, láseres, optoelectrónica, tecnología del cristal liquido para nombrar algunos-, se ha convertido en el determinante clave del poder económico de nuestra era. Y cuando una empresa de Asia y otras partes del mundo en desarrollo quiere innovar, por ejemplo en el diseño de chips o en software, necesariamente está obligado incorporar varios diseños y procesos patentados, la mayoría pertenecientes a los gigantes de software como Microsoft, Intel y Texas Instruments. Como los coreanos tuvieron que aprender, el pago de múltiples regalías exhorbitantes a la llamada "mafia de la alta tecnología" de EE.UU., mantiene bajos los márgenes de rentabilidad de uno, a la vez que reduce los incentivos para la innovación local.
El resultado más probable de todo esto, es que los productores asiáticos de alta tecnología como Samsung o hasta Acer, seguirán los pasos de sus empresas hermanas del sector de baja tecnología, las de textiles y ropa, y sub contratarán la producción de las Sun, las Apple, y las Intel. TRIPS hace que el líder tecnológico, en este caso EE.UU, ejerza una gran influencia, si no determina el paso del desarrollo tecnológico e industrial de los países industriales rivales, de los países nuevamente industrializados, y el mundo en desarrollo. El fabricante sí importa, y en esta época de producción globalizada, el monopolio sobre la tecnología da la ventaja.
Ausente I: la crisis de sobre-producción
El hecho de que Klein se concentre en el mercadeo en vez de la producción, también conduce a formulaciones quasi metafísicas tales como la afirmación de que es la necesidad de "trascender la necesidad de identificarse con sus productos terrícolas" lo que dinamiza a las corporaciones de hoy. Si el mercadeo se ha vuelto tan feroz e innovador, es debido a la exacerbación, gracias a la globalización, de la vieja contradicción que viene marcando el capitalismo desde su nacimiento: la crisis de la sobre producción o el sub consumo.
El Capitalismo está marcado por ciclos de expansión y contracción. Durante la fase expansiva, la expectativa de ganancias continuas provoca que las empresas inviertan en capacidad productiva. El resultado es la sobre inversión o sobre capacidad, lo que conduce a una disminución de ganancias. En el ciclo actual, las ganancias dejaron de crecer en el año 1997. Con una tremenda capacidad en todas partes, las empresas intentaron compensar la disminución de la rentabilidad reduciendo la competencia. A lo mejor la "sinergia" puede haber sido la motivación en algunos casos, como asevera Klein, pero fue la eliminación de la competencia el objetivo de la mayoría de las mega fusiones y mega "alianzas" más importantes de los últimos años -- la unión de Daimler Benz-Chrysler-Mitsubishi, la compra de Nissan por parte de Renault, la fusión de Mobil-Exxon, y de BP-Amoco-Arco, y la enorme "Alianza Estrella" de la industria aeronáutica.
La capacidad de la industria estadounidense de computadoras sube 40% al año, muy por encima de los esperados incrementos en la demanda. En la industria automotriz, se espera que la oferta global alcance 80 millones en el período 1998 - 2002, mientras la demanda subirá sólo hasta el 75% del total. La consolidación de la industria automotriz mundial en unos 20 actores importantes, es esencialmente un esfuerzo para reducir la capacidad de una industria sumamente productiva. Como señala el economista Gary Shilling, hay "un exceso de oferta de casi todo".
La sobre producción o el sub consumo es una función de la demanda consumista, y mientras más intenten incrementar las empresas sus ganancias, limitando la competencia, más profunda será la crisis, pues limitar la competencia significa más desempleo y transformar la fuerza laboral en trabajadores a medio tiempo, temporales, de cuenta propia, y basados en casa. Esto implica reducir justamente la demanda que se necesita para estimular la producción.
La distribución de ingresos es otro factor que limita la demanda e induce a la sobre capacidad. Mientras la economía estadounidense estuvo en expansión durante los años 90, hubo mucha información sobre lo estrecho que fue el mercado laboral y cómo el desempleo en EE.UU se había reducido hasta niveles récord. Pero fue sólo en 1997 que los sueldos reales registraron una pequeña subida después de años de estancamiento o declive. Como señala Robert Brenner, la reestructuración masiva realizada para recuperar la rentabilidad que marcó el período de 16 años desde 1979 hasta 1995, obligó al 60% de la fuerza laboral estadounidense a trabajar por sueldos progresivamente más bajos, con el resultado de que al final del período, sus sueldos estuvieron diez por ciento más bajos que al inicio. La reestructuración que supuestamente hicieron a la super competitiva economía de EE.UU ha combinado el desarrollo de una tremenda capacidad productiva con una distribución de ingresos de las peores entre los países más avanzados. Esto representa una contradicción manifiesta, suprimida durante algún tiempo por la hiper actividad del sector financiero, que se ha puesto en evidencia en la progresiva recesión.
A más de limitar la competencia, otro mecanismo utilizado por las corporaciones para aliviar la crisis de sobre producción y rentabilidad es el abrir más mercados. Este impulso se ha intensificado en las últimas dos décadas, en las cuales hemos visto a las economías del Sur sometidas a la liberalización comercial y financiera por parte del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y la Organización Mundial de Comercio. Sin embargo, aunque la liberalización permitió que las transnacionales penetren a los reducidos mercados de la clase media y de las élites, al mismo tiempo negó estas ganancias al crear más empobrecimiento y más desigualdad en el mercado de masas
La brecha entre la tremenda capacidad productiva del capitalismo y el limitado poder adquisitivo de la mayoría de los participantes en este sistema es aún más pronunciada a nivel global. El número de gente en el mundo que vive por debajo de la línea de pobreza se incrementó de 1,1 mil millones en 1985 a 1,2 mil millones en 1998, y se espera que alcance 1,3 mil millones en este año. Si se excluye a China, donde las estadísticas no son confiables, según una encuesta realizada por la Universidad de las Naciones Unidas y el Instituto Global de Investigación sobre el Desarrollo Económico, la proporción de la población del mundo en desarrollo que está clasificada como pobre, se ha mantenido en general estable desde 1987. En base a la proporción de gente que vive en la pobreza, ahora existen 48 países clasificados cono los Países Menos Desarrollados (LDC), tres más que hace una década.
Si uno mueve su enfoque desde la pobreza hasta la desigualdad de ingresos como indicador del poder adquisitivo, la película se torna aún más clara. Un estudio de 124 países que representan más del 94% de la población mundial, demuestra que el 20% más rico de la población del mundo incrementó su porción del total de los ingresos globales, de 69% a 83%. Una riqueza tremenda entre los pocos de arriba, una pobreza tremenda entre los miles de millones de abajo, y una capa media cuyos ingresos están estancados o erosionándose, esta es la contradicción responsable de la sobre producción, la sobre capacidad, y el sub consumo que sacude a una economía global dominada por EE.UU.
Las instituciones Bretton Woods y la OMC, que han jugado un rol tan crítico en este proceso de empobrecimiento global, apenas figuran en la ficha de delincuente de Klein. No obstante, aún más que transnacionales particulares, estas instituciones ocupan un lugar especial en el panteón de los objetivos del movimiento anti-globalización. Son vistos como los esbirros de las reglas globales que benefician a las transnacionales, y los activistas tienen razón en que su deslegitimación se traducirá en un ambiente menos previsible y mucho más incierto para las transnacionales que operan en el Sur.
Ausente II: el rol de las finanzas
El hecho de que Klein ignore la dinámica de la producción en la era del capitalismo global, es un punto ciego que también le lleva a ignorar el eje central del capital especulativo en esta área. En ninguna parte del libro aparece George Soros, uno de los dos capitalistas paradigmáticos de nuestro tiempo (el otro es Bill Gates). Alan Greenspan, la crisis financiera asiática, el fondo de cobertura Long Term Capital, la fusión del Citigroup, Robert Rubin, el complejo "Wall Street - Departamento del Tesoro" - estos actores y eventos son o ausentes o solo mencionados al paso.
Sin embargo, debido a la crisis de la sobre producción y la rentabilidad del sector manufacturero, la economía de EE.UU y la economía global están impulsadas cada vez más por las finanzas y la actividad especulativa, como han señalado analistas como Doug Henwood. Las rentas decrecientes de las industrias claves han conducido a que las inversiones se trasladen cada vez más de la economía real a exprimir "valor" de un ya creado valor en el sector financiero. También han impulsado que la liberalización de los mercados financieros permita el libre flujo de capitales de un mercado financiero a otro en busca de ventajas cada vez más estrechas. En este sentido, el rol del Fondo Monetario Internacional, otro actor global clave del cual Klein dice muy poco, ha sido central en eliminar las restricciones sobre los movimientos de capital dentro de las economías asiáticas y otras economías en desarrollo.
Lo que resultó fue esencialmente un juego de arbitraje global, uno jugado en su mayoría por operadores financieros estadounidenses. El capital se trasladó de un mercado financiero a otro buscando sacar rentabilidad de la explotación de las imperfecciones de los mercados globalizados a través del arbitraje entre las diferencias de tasas de interés. Los fondos de cobertura realizaron transacciones simultáneas en varios mercados, buscando ganancias en la diferencia entre el valor nominal de las monedas y su valor "real". Los gerentes de los fondos entraron en un mercado para vender corto a las acciones, es decir pidiendo préstamos de acciones para artificialmente inflar su valor, y después venderlas y salir disparados como el proverbial apostador de Natchez. Atraídos por las altas tasas de interés y las tasas fijas de intercambio, los inversionistas especuladores llevaron sus billones para alimentar burbujas en el mercado de bienes inmuebles y en la bolsa, que se reventaron con la debacle de la crisis financiera asiática de 1997, y las de Rusia y Brasil de 1998.
La interacción entre el capital especulativo y las empresas fabricantes de alta tecnología es otro elemento clave en el capitalismo impulsado por las finanzas, y que Klein apenas menciona. De manera creciente, la relación entre Wall Street y el complejo de Silicon Valley/Seattle, se apartó de la dinámica de la economía real. Mientras la sobre producción terminó con la rentabilidad de la llamada "vieja economía", los astutos especuladores migraron hacia las acciones de alta tecnología, y aquí el capitalismo virtual se enraizó, basado en la expectativa de la ganancia a futuro antes que en la actual, una dinámica ejemplificada por la rápida subida del valor de las acciones de empresas de internet como Amazon.com la que ni siquiera logra todavía un nivel de rentabilidad. Una vez que la rentabilidad a futuro, antes que las ganancias actuales, se convirtió en la fuerza impulsadora de las decisiones sobre inversiones, entonces las operaciones de Wall Street se tornaron indistinguibles en los juegos de casino de Las Vegas
La nueva economía fue básicamente una burbuja especulativa que se apartó de la economía real. Casi todos los jugadores supieron que en algún momento ésta se reventaría; pero de alguna manera, a diferencia de los demás, uno iba a evitarlo al retirarse con las justas, después de enriquecerse. No precisamente la nueva economía, y tampoco la vieja; las Nike, Starbucks, y Barnes and Nobles también se involucraron en la mentalidad del casino, con dirección cada vez más impulsada por indicadores místicos, como "valor accionista" (shareholder value) y "ganancias por acción" (earnings per share), diseñados para dar una suerte de brillo científico al comportamiento del juego.
La burbuja se reventó hace unos meses, eliminando $US 4.6 billones de la riqueza de los inversionistas, una cifra que, como señala Business Week, representa la mitad del PIB de EE.UU y cuatro veces las pérdidas del crac de 1987. Más importante aún, la capacidad del sector financiero de absorber inversiones que no pudieron generar ganancias en el sector productivo, fue eliminada. Evitada durante cuatro años por la actividad especulativa, la contracción (que parece profunda) finalmente ha alcanzado a la economía capitalista global.
Naomi Klein pinta una retrato sin paralelo de la cultura del capitalismo de la época de la globalización. También nos brinda el mejor análisis actual del ascenso del movimiento anti-globalización. Más aún ha escrito una obra muy perspicaz sobre la dinámica del fabricante liviano, el sector de servicios, entretenimiento, y ventas, donde el mercadeo ha eclipsado a la fabricación, donde la venta del producto dio paso al establecimiento de la hegemonía de la marca en el estilo de vida del consumidor. Pero el retrato es incompleto y uni dimensional. Nike y Tommy Hilfiger no son de la misma clase de Intel, Microsoft, Long Term Capital, Cisco Systems, y Citigroup, los gigantes de la alta tecnología y el sector financiero que impulsan el resto de la economía. De hecho, al fin y al cabo Nike, Adidas y Walt Disney bailan al ritmo del complejo Wall Street-Silicon valley. En la economía en su conjunto, no es la sinergia o el imperialismo de la marca lo que finalmente sirve como motor del cambio, sino la crisis clásica de sobre capacidad en la producción la que lleva a la hegemonía del capital financiero. En resumen, este libro es tan brillante como imperfecto; como cualquier gran libro.
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Traducción: Gerard Coffey cegedap@ecuanex.net.ec