ENFOQUE SOBRE COMERCIO

No 67 Octubre 2001

EN ESTA ENTREGA

COMMENTARIO

DESPUÉS del 11 DE SEPTIEMBRE: TIEMPO DIFÍCIL PARA EL MOVIMIENTO ANTI GLOBALIZACIÓN

una declaración de Focus on the Global South

¿GUERRA SIN FIN?

Por Walden Bello

LA CONFERENCIA SOBRE RACISMO: UNA VICTORIA PARA LA U.E.

Por Ben Cashdan y Denis Brutus

A CONTINUACIÓN: UNA CONFERENCIA GLOBAL SOBRE EL RACISMO FINANCIERO

Por Trevor Ngwane

EL ACTIVISMO ANTI GLOBALIZACIÓN NO PUEDE DESCONOCER LAS REALIDADES COLONIALES

Por Aziz Choudry

LOS CONGLOMERADOS AMENAZAN AL PERIODISMO CRÍTICO

Por Walden Bello

 

Comentario

Como todos nuestros amigos, hemos pasado las últimas semanas absorbiendo, analizando y discutiendo los extraordinarios acontecimientos del 11 de septiembre, "el día que cambió al mundo". Sin duda, el mundo cambiará, pero todavía no se sabe de qué manera.

Frente el enemigo sin estado, sin rostro, del "terrorismo", y una recesión global, ¿cómo reaccionará la élite global? A corto plazo, existe una muestra de solidaridad casi unánime. La invocación del artículo 5 de la OTAN (quienquiera que haga daño a un país miembro lo hace a la alianza) y la cooperación sin precedentes entre la Reserva Federal de EE.UU. y el Banco Central Europeo lo dice todo. Países fuera del Centro son arrastrados, quiéranlo o no, a "la guerra contra el mal". Mientras el caso de Pakistán es profundamente ambiguo, y sería poco útil intentar adivinar todos los acuerdos y contra acuerdos, los informes de promesas de cancelación de deuda y amenazas de retrasar los fondos del FMI parecen haber sido efectivas. Pronto sabremos si el sentimiento de unidad y ánimo bélico contagia a las negociaciones de la OMC. Martin Wolf, un respetado editorialista del Financial Times, y conocido antagonista del movimiento anti globalización, piensa que sí.

En su editorial del día 17 de septiembre "Resguardando el Interés Nacional", escribe:

"existe una manera igualmente importante de reforzar la confianza en el futuro de una economía y sociedad: llegar a un acuerdo sobre una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales en la reunión ministerial de noviembre en Doha. Las posibilidades de éxito deben haberse incrementado con esta tragedia. ¿ Podría el Congreso (de EE.UU) deje de otorgar al Presidente la Autoridad de Negociación Comercial (Fast Track) si se presenta como una forma de fortalecer la cooperación global y la economía internacional abierta tan poderosamente simbolizadas por World Trade Centre? ¿ podría cualquier otro país negarse a entrar en una Ronda promovida por un EE.UU. internacionalmente comprometido? ¿Podría alguien pasar por alto lo simbólico de una Ronda Global Comercial lanzada en un país musulmán?"

¿Podría alguien resistir este llamado a las armas? Palabras como éstas tienen el objetivo de sacar lágrimas y henchir el pecho con fervor patriótico. Sin embargo, nos debe preocupar. Eso es lo que piensa el "establishment". Esa será su manera de sacar toda la ventaja posible del ataque terrorista, sin aprender ninguna lección. La noble causa de la globalización corporativa seguirá adelante, pero en nombre de la paz y la justicia. ¿No lo hemos oído antes?

En esta entrega de Enfoque sobre Comercio tenemos dos respuestas al atentado del 11 de septiembre escritos por el equipo de Focus, y los artículos de Ben Cashdan y Dennis Brutus, Trevor Ngwane y Aziz Chowdry examinan los aspectos de raza, imperialismo, colonialismo y anti globalización. Cashdan y Brutus nos informan sobre la poco reportada conferencia de la ONU sobre Racismo y Xenofobia, incluyendo las 20,000 personas que participaron en la paralela "conferencia en el asfalto" del Foro Social de Durban. Ngwane describe como las demandas de los mercados financieros perpetúan el apartheid en Sudáfrica. En su entrega sobre colonialismo y anti globalización, Chowdry argumenta que no se puede construir alternativas a la globalización sobre "los cimientos podridos de negar haber ocupado las tierras de pueblos indígenas y la supresión continua de sus derechos". Finalmente, Walden Bello analiza el rol de los medios corporativos. Su petición de que "el periodismo deje de ser un distribuidor de datos mercantilizados para una vez más llegar a ser un instrumento de liberación siendo reflexivo, crítico, y apegado a la verdad" resonará en la cabeza de todo aquel que ha pasado las últimas semanas soportando los excesos de la CNN.


 

DESPUÉS del 11 DE SEPTIEMBRE: TIEMPO DIFÍCIL PARA EL MOVIMIENTO ANTI GLOBALIZACIÓN

una declaración de Focus on the Global South

El día 11 de septiembre el Financial Times publicó un artículo de fondo equilibrado e informado sobre el movimiento anti globalización. Por fin, pensamos; lo hemos logrado. Finalmente los medios entendieron el mensaje de que el movimiento no es un mero asunto de manifestaciones y violencia, es gente seria que quiere discutir aspectos serios.

Ese mismo día fueron atacados el World Trade Centre y el Pentágono, con consecuencias tan horrendas y trágicas que lo demás se esfumó. Este ataque bárbaro llevó a EE.UU la violencia y la muerte que ya es tan familiar en otras partes del mundo.

Aunque la violencia y la destrucción del ataque eclipsaron el efecto simbólico de convertir en blanco el corazón financiero y militar de la única superpotencia del mundo, el mensaje no puede ser más claro.

EE.UU puede responder a este mensaje en dos formas, Puede decidir romper el ciclo de violencia reflexionando sobre lo que está más allá de este "blowback" – palabra utilizada por la CIA para describir las consecuencias involuntarias de las políticas estadounidenses – y darse cuenta de que los días del imperio ya quedaron atrás.

O, puede decidir encender la maquinaria militar y de seguridad, declarar la guerra al terrorismo y al Islam y dividir al mundo en bueno y malo, plegando más hacia el aislacionismo, a pesar de haber recibido una increíble solidaridad internacional.

Lamentablemente para todos, EE.UU ha demostrado su preferencia casi Pavloviana por la segunda línea de acción.

Y en esto radica una profunda ironía. Atacar físicamente a lo que el movimiento anti globalización ataca de manera simbólica – el poder ilimitado de las finanzas y el poder oculto de los militares – los terroristas desencadenaron una ola de políticas represivas y reaccionarias que tendrán implicaciones tremendas para el creciente movimiento contra la globalización neoliberal y corporativa.

Nuestra respuesta debe ser clara.

A los que nos sentimos parte de un movimiento global por la paz y la justicia nos toca exigir que EE.UU rompa el ciclo de la violencia.

Debemos juntar nuestras actuales demandas comunes contra la globalización neoliberal a una agenda que incluya una voz clara contra el militarismo e imperialismo y que proclama la paz, la libertad religiosa y cultural y la auto determinación. Será muy difícil en un ambiente en que toda forma de disensión será sometida a mayor represión y seguridad, y en un clima de mayor xenofobia y militarismo. El grito del "establishment" será : si no estás con nosotros estás en contra de nosotros.

Nuestro reto inmediato es superar los temores y prejuicios profundos desencadenados por los ataques terroristas, una tarea hecho más difícil porque se han inculcado estos temores y prejuicios a través de años de propaganda anti izquierdista y anti islámica. Este fenómeno no se limita a EE.UU. En India el temor al terrorismo islámico se utiliza para justificar la represión a la oposición política.

Pero, en el largo plazo, nuestro trabajo sólo podrá fortalecerse construyendo un movimiento que incluya a todos los que luchan contra el sectarismo, por la paz y la libertad, y contra la irracional e inaceptable violencia.

Focus on the Global South

15 de septiembre del 2001

Bangkok.


¿GUERRA SIN FIN?

Por Walden Bello

El atentado sobre el World Trade Centre fue horroroso, despreciable, e imperdonable. Sin embargo es importante no dejar de verlo en contexto, en particular dentro de un contexto histórico: porque si bien es entendible una repuesta que nace de la furia, como la ahora evidente por parte de los políticos estadounidenses, es probable que sirva como otra prueba de la máxima de Santayana, de que quienes no se acuerden de la historia están destinados a repetirla.

La ecuación moral

La escala y las consecuencias del ataque contra el World Trade Centre son masivas, pero éste no representa el acto terrorista más grande de la historia de EE.UU., como algunos medios estadounidenses reivindican. Las más de 5,000 vidas perdidas en Nueva York son irreemplazables, pero uno no debe olvidar que los ataques contra Hiroshima y Nagasaki resultaron en la muerte de 210.000 personas , la mayoría civiles, y la mayoría perecieron de manera instantánea. Por otro lado, es posible argumentar que los dos eventos no son comparables porque, después de todo Nagasaki e Hiroshima fueron blancos dentro de una guerra. Pero, ¿por qué no? el propósito principal de los bombardeos nucleares no fue destruir blancos militares o de infraestructura, sino aterrorizar y destruir a la población civil. De hecho, toda la campaña aérea de los aliados contra Alemania y Japón durante 1944-45, que produjo tormentas de fuego en Dresden, Hamburgo y Tokio, y que mató a decenas de miles de personas, tuvo como su objetivo central herir y matar a la mayor cantidad posible de civiles. De igual manera, durante la Guerra de Corea, el bombardeo para aterrorizar a los civiles constituyó la política del Comando de Lejano Oriente de la Fuerza Aérea estadounidense, al cual se le ordenó pulverizar cualquier cosa que se moviera dentro del territorio del enemigo. Tan exitosa fue la política que en el verano de 1951, el comandante pudo informar que "ya no existe estructura alguna que sirva de blanco".

Durante la Guerra Fría, la eliminación en masa de la población civil del enemigo, junto a sus fuerzas militares e industrias, fue institucionalizada en la estrategia de una retaliación nuclear masiva que radicaba en el meollo de la doctrina de disuasión nuclear. En Vietnam, donde EE.UU se frustró por la incapacidad de distinguir entre civiles y combatientes, la matanza indiscriminada de civiles fue una parte central de la "guerra de contra insurgencia" en la cual fueron sistemáticamente asesinadas 20,000 personas bajo la Operación Fénix de la CIA en el Delta del Mekong.

¿No deben ser juzgadas las acciones contra civiles en el contexto más amplio de quitar al enemigo el animo de luchar, y por lo tanto llevar a que la guerra concluya? Pero en este caso ¿qué tan diferente resulta esta justificación, comparada con el objetivo de los terroristas de cambiar la política exterior del gobierno de EE.UU a través de erosionar el apoyo de la población civil de ese país?

El punto no es atraparnos en un "cálculo maléfico" como Jeremy Bentham habría llamado a este ejercicio, sino indicar que el gobierno de EE.UU simplemente actúa desde una posición superior en la actual ecuación moral. Efectivamente, se puede decir que terroristas como Osama Bin Laden, un ex protegé de la CIA, aprendieron sus lecciones sobre el valor estratégico de los civiles como blanco de la estrategia de guerra total, tradicional de Washington, en donde el daño a la población civil no se ve como algo colateral sino como algo esencial para alcanzar los fines de la guerra.

El cálculo de Clausewitz

Luego del atentado contra el World Trade Centre, han llamado a los perpetradores del hecho cobarde, "irracionales", o "locos", o gente que son la encarnación del mal. Esto se puede entender como una reacción emocional, pero es una base peligrosa para la elaboración de políticas. La verdad es que los perpetradores del hecho fueron muy racionales. Si realmente fue gente relacionada con Bin Laden, muy probablemente su objetivo fue subir el costo que representa para EE.UU el mantener sus políticas actuales en el Oriente Medio, a las cuales consideran injustas e inequitativas, y ésta fue su manera de lograrlo. Escogieron de forma muy racional los blancos y las armas, prestando atención a cómo obtener no sólo el máximo nivel de destrucción sino también el máximo simbolismo. La selección como blancos de las torres gemelas del World Trade Centre y el Pentágono, y los aviones de American Airlines y United Airlines como los vehículos y explosivos, fue el producto de un pensamiento y planificación a sangre fría. La pérdida de sus propias vidas formó parte del cálculo. Lo que vimos fue un cálculo racional de los medios para lograr los fines deseados. Según el punto de vista de esta gente, el terrorismo, igual que la guerra, es la extensión de la política a través de otros medios. Estas son mentes clausewitzianas, y el peor error que se puede cometer es considerarles locos.

¿Pearl Harbour o TET?

Una metáfora utilizada por el sistema de Washington para captar la esencia de los recientes acontecimientos es la de un segundo Pearl Harbour, con la implicación de que, como el primero, la tragedia del 11 de septiembre impulsará al pueblo estadounidense a alcanzar un nivel de unidad inédito para ganar la guerra contra enemigos todavía no identificados. Es de sospechar que el otro lado opere según otra metáfora, y ésta es la ofensiva Tet de 1968. El objetivo de los vietnamitas fue lanzar levantamientos masivos y simultáneos que, aún en el caso de que cada uno sea derrotado por separado, sin embargo llegaría a ser una victoria estratégica al convencer al otro lado, y en particular a su base civil, de que la guerra no se pudo ganar. El objetivo fue robar a EE.UU su voluntad de ganar la guerra, y en esto tuvieron éxito los vietnamitas.

Los perpetradores del asalto sobre el World Trade Centre operan según un cálculo parecido, y a pesar de la retórica nacionalista en Washington, no es seguro que se hayan equivocado. ¿Está dispuesto el pueblo estadounidense a soportar cualquier peso y pagar cualquier precio, en una lucha que se extenderá hacia un futuro indefinido, sin ninguna certeza de victoria, de hecho sin una idea clara de quiénes son los enemigos y de lo que consistirá una "victoria"?

Los medios están repletos de noticias sobre la creación de una alianza contra el terrorismo, dando la impresión que la coordinación entre estados claves combinada con la furia de los ciudadanos de todas partes otorgará a la coalición liderada por EE.UU una ventaja insuperable. A corto plazo, quizás; aunque ni esto es seguro. Porque el problema es que, como en una guerra de guerrilla, esto no es una guerra que se puede ganar estricta o principalmente por medios militares.

Los aspectos subyacentes.

Si la red de Bin Laden fue la responsable de los ataques contra el World Trade Centre, entonces los aspectos subyacentes son los dos pilares gemelos de la política de EE.UU en el Oriente Medio. Uno es la subordinación de los intereses de los pueblos de la región al acceso sin trabas de EE.UU al petróleo del Oriente Medio para mantener su civilización basada en el petróleo. Con este fin, EE.UU derrocó al gobierno nacionalista de Mossadegh en Irán en 1953., cultivó el régimen represivo del Sha de Irán como policía del Golfo Pérsico, apoyó a regímenes feudales anti democráticos en la península arábica, e introdujo una presencia militar masiva y permanente en Arabia Saudita, donde están algunas de las ciudades y lugares más sagradas del Islam.

La guerra contra Sadam Hussein se justificó como una guerra para derrotar la agresión , pero todo el mundo supo que el motivo más fuerte de Washington fue asegurar que las masivas reservas petroleras de la región se queden bajo el control de élites pro Occidente.

El otro pilar es el apoyo incondicional a Israel. Que los sentimientos de los Arabes acerca de Israel sea tan viscerales, no es difícil de comprender. Es difícil argumentar en contra del hecho de que el estado israelí nació en base a despojar al pueblo palestino de su país y sus territorios. Es imposible negar que Israel es un estado de colonos europeos, cuyo establecimiento fue esencialmente un traslado desde el territorio europeo de las contradicciones etno-culturales de la sociedad europea. El Holocausto fue un crimen contra la humanidad, pero fue totalmente equivocado imponer sus consecuencias políticas – la principal de ellas, la creación de Israel – sobre un pueblo que no tuvo nada que ver con ello.

Es difícil contradecir las declaraciones árabes de que fue esencialmente el apoyo de EE.UU. el que creó el estado de Israel; que éste ha sido sostenido durante el ultimo medio siglo por el masivo apoyo y respaldo militar estadounidense; y que la confianza profunda en el perpetuo apoyo militar y político estadounidense es la que permite a Israel oponerse en la práctica al nacimiento de un estado palestino viable.

A menos que EE.UU. abandone estos dos pilares de su política en el Oriente Medio, siempre habrá miles de reclutas para actos de terrorismo como los que ocurrieron el 11 de septiembre. Y aunque condenemos los actos terroristas – y debemos condenarlos fuertemente –otra cosa es esperar que la gente desesperada no los cometa, en particular cuando es posible argumentar que fueron precisamente estos métodos de volver blancos tanto a civiles como a personal militar, en conjunto con la Intifada, lo que obligó a Israel a someterse al Acuerdo de Oslo de 1993, que llevó a la creación de la entidad palestina.

Otra razón más para pensar que el equilibrio estratégico no favorece a EE.UU. es que existe mucha gente en el mundo cuya actitud hacia el terrorismo es ambivalente. A diferencia de Europa, en el Sur hubo una respuesta relativamente callada al evento del World Trade Centre. Una encuesta probablemente revelaría que si bien muchos en el Tercer Mundo están horrorizados por los métodos de los que cometieron el atentado, no sienten antipatía por sus objetivos. Como lo expresó un empresario chino – filipino, "es horrible, pero por otro lado, EE.UU se lo merecía". Si esta reacción es común entre la gente de clase media, no debe sorprender si tal ambivalencia está ampliamente sentida entre el 80 por ciento de la población global marginada por los actuales arreglos globales económicos y políticos.

Existe demasiada desconfianza, aversión, o simple odio, hacia un país que ha sido tan insensible en su búsqueda de poder económico, tan arrogante en sus relaciones militares y políticas con el resto del mundo, y tan descarado en declarar su superioridad cultural sobre el resto de nosotros. Como en la ecuación de una guerra de guerrilla, la ambivalencia civil frente al teatro de batalla se traduce en una desventaja para la posición de las autoridades, y una ventaja para la de los terroristas.

En fin, si hay una cosa de la cual se puede estar seguro, es que la respuesta masiva por parte de EE.UU no pondrá fin al terrorismo. Simplemente aumentará el espiral creciente de la violencia; el otro lado recurrirá a actos aun más espectaculares, alimentados por olas sin fin de reclutas. La tragedia del 11 de septiembre constituye la evidencia más clara de que la política de los últimos 30 años de responder con guante de hierro y con una represalia masiva al terrorismo, está caduca. El resultado de esta política ha sido nada menos que un profesionalismo extremo del terrorismo.

La única respuesta que verdaderamente contribuiría a la seguridad global y la paz es que Washington intente resolver no sólo las síntomas sino las raíces del terrorismo. Es tarea de EE.UU examinar y cambiar sustancialmente sus políticas hacia el Oriente Medio y el Tercer Mundo y apoyar, para variar, arreglos que no obstaculicen el logro de la equidad, la justicia, y una soberanía nacional verdadera para la gente actualmente marginada. Cualquier otro camino nos llevará a la guerra sin fin.


CONFERENCIA SOBRE RACISMO: UNA VICTORIA PARA LA U.E.

Por Ben Cashdan y Dennis Brutus.

 

Para algunos de nosotros en Africa, parece que el nuevo presidente de EE.UU teme involucrarse. Si bien Clinton nos entretuvo con sus aventuras, y luego ofreciendo disculpas en todas partes, Bush parece que prefiere retirarse antes del punto culminante. Nos referimos, por supuesto, al hecho de que el gobierno de EE.UU. saliera prematuramente de la Conferencia

Global Contra el Racismo. Fue el retiro de más alto perfil fueron enviados con el propósito expreso de retirarlos, a manera de protesta.

Lo que Bush pasó por alto es que el daño ya se hizo, y EE.UU ya no puede soslayar su responsabilidad a través de su ausencia. El daño al que nos referimos es el impacto de siglos de conquista, subyugación, y la explotación económica de los descendientes de los esclavos, los pueblos colonizados y los pueblos indígenas.

En la práctica, los ex poderes colonizadores y traficantes de esclavos necesitaban de esta conferencia más que las llamados víctimas. Esta representó una oportunidad única para que los gobiernos occidentales observaran cortésmente mientras los representantes de los pobres y marginados presentaban sus demandas, y para que estos gobiernos realizaran un gesto simbólico hacia sus víctimas. Algo infinitamente preferible a la dura oposición de los manifestantes en las calles de Seattle o Génova.

La Unión Europea lo reconoció. El Canciller belga se quedó en Durban una noche más de lo previsto, retrasando una cumbre importante de la U.E. en Bruselas, para intentar llegar a un acuerdo sobre la declaración final de la conferencia. "Una de las principales razones por la que necesitamos que esta conferencia sea exitosa" admitió " es para responder a los anti globalistas"

El mensaje que los europeos quisieron presentar al movimiento anti globalización es que los poderes occidentales están conscientes de su responsabilidad histórica en la creación de pobreza e inequidad, y pueden controlar la situación. Unas hábiles maniobras de los europeos provocaron este desenlace. La declaración de la conferencia denuncia la esclavitud y el colonialismo y recomienda remedios basados en un "trabajo conjunto para el desarrollo" como por ejemplo "la promoción de la inversión extranjera directa y el acceso a los mercados".

¡Listo! las élites occidentales ya están absueltas de cualquier culpa que les moleste por haber construido sus economías sobre la explotación racial sistemática, y por arte de magia, con unas modificaciones menores se pueden ofrecer sus políticas actuales como respuestas. No hay necesidad de demandar reparaciones, menos aún una revisión fundamental del sistema capitalista contemporáneo. Y como premio, Thabo Mbeki de Sudáfrica y líderes de otras élites africanas estuvieron de acuerdo con el resultado. Un buen resultado para Europa. Parece que Bush perdió el tren.

Una mayor legitimidad fue proporcionada a la conferencia de la ONU por la presencia de miles de delegados no gubernamentales en un foro paralelo de ONGs. No sólo los presidentes africanos endosaron el resultado de la conferencia, sino también esos tipos exuberantes de la sociedad civil, que han desarrollado una predilección por intentar sabotear los encuentros de los líderes mundiales, realizaron su propia reunión, a menos de una cuadra del evento oficial.

No debe sorprender que la resolución de las ONG contenga un lenguaje mucho más radical que el documento oficial de la ONU. Condena la explotación racista contemporánea de los estados contra grupos como los Palestinos, los Dalit (los "intocables") de la India y los esclavos actuales en sitios como Mauritania y otros lugares. Demanda reparaciones financieras directas para las víctimas del racismo. También apunta a las formas actuales de la globalización como una fuente de desigualdad racial.

¿Cuál será el impacto del documento de las ONG en la ONU o en los gobiernos de sus miembros? Quizás la mejor pista viene de la respuesta de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Mary Robinson, al documento de las ONGs. Aparentemente su primera reacción en privado fue rechazarlo por completo. Luego, en una rueda de prensa dijo que, si bien contenía algunas ideas buenas, no podía recomendarlo al pleno de la conferencia. En particular sintió que hacer referencia al sionismo como racismo no ayudaba.

¿Será posible que el evento multimillonario, incluyendo el foro de las ONGs, haya sido una charada, diseñado para dar la impresión de que los elementos más ilustrados de la sociedad civil global hayan sido atrapados en las promesas vacías de la globalización? Esta sí fue la opinión prevaleciente dentro del tercer foro, la no oficial "conferencia de la vereda", asistida por veinte mil personas sin tierra y sin dinero de los alrededores de Durban y otros lugares de Sudáfrica.

Sin posibilidades de pagar la entrada de cien dólares para participar en el evento de las ONG, los pobres de Durban realizaron su propia asamblea y marcha. Fue la protesta más grande de Sudáfrica desde la desaparición del apartheid, salvo un paro laboral general. Algunos delegados de EE.UU. estuvieron boquiabiertos en las reuniones. Tal vez no entendieron los lemas en Zulú cantados por la gente, "Ulawula ngobubanxa Mbeki, e-South Africa": Oye Mbeki, estás echando a perder a Sudáfrica. "Wena wawutshelwua ubani ukuthi amanzi ayakhokhelwa": ¿Quién le dijo a usted que podría vendernos el agua?

Pero no podían haber dejado de ver las pancartas: "estar sin tierra equivale a racismo", "nos prometió tierra, nos dio la cárcel", "los sin tierra de Sudáfrica apoyan a los sin tierra de Palestina". Desde la desaparición del apartheid, sólo se redistribuyó el 1% de la tierra a la mayoría negra. Los agricultores blancos todavía tienen el 85% de las tierras. Las familias sin tierra que recientemente erigieron chozas en algunas tierras baldías de Johannesburgo para evitar los impactos del frío del invierno, fueron desalojados rápida y despiadadamente por una municipalidad controlada por el ANC (Congreso Nacional Africano) .

Los habitantes de las todavía segregadas ciudadelas de los negros en Durban también denunciaron las políticas de recuperación de costos del ANC que resultaron en el recorte de la luz y el agua para miles de familias y en que cien mil personas contrajeran cólera el año pasado. Miles de trabajadores marcharon para protestar la pérdida de empleos asociada con el programa de ajuste estructural diseñado en Sudáfrica (pero co-escrito por el Banco Mundial). Se estima el nivel de desempleo en Sudáfrica en 40% y según el PNUD, Sudáfrica recientemente sobrepasó a Brasil para colocarse en el primer puesto entre las sociedades más inequitativas del planeta.

A lo largo de Sudáfrica, como en otras partes del mundo, se está formando un nuevo movimiento social para resistir al nuevo apartheid económico que viene en forma del ajuste estructural, excesos por parte de las corporaciones, y la dependencia a la deuda. Este es un sistema de apartheid global que se siente CASI tanto en los barrios marginados de las ciudades occidentales como en las maquiladoras del Tercer Mundo. El "Foro Social" de Durban se fundó en las calles, afuera de la Conferencia Contra el Racismo, para desafiar a este sistema.

En Porto Alegre Brasil, en febrero del 2002, el segundo "Foro Social Mundial" desenvolverá una visión alternativa para el mundo, en la cual los derechos básicos de la gente serán de suma importancia. A finales de septiembre en Washington, los manifestantes retarán una vez más a las políticas generadoras de dependencia del Banco Mundial. Luego en noviembre miles de personas a lo largo del planeta desafiarán la propuesta nueva ronda de negociaciones comerciales que será presentada en la OMC en el inaccesible estado de Qatar. En septiembre del 2002, muchos miles de personas regresarán a Johannesburg para retar la retórica del Desarrollo Sustentable en la Cumbre de Rio +10.

Junto a la lucha local por empleo, vivienda, servicios, educación y servicios de salud, estos son la verdadera vanguardia de la lucha contra el racismo a nivel global. La Conferencia Mundial contra el Racismo nunca fue una verdadera oportunidad de cambio. Nos agrada que EE.UU haya revelado sus intereses al abandonar la reunión. Por lo menos Bush, a diferencia de su predecesor, representa un enfoque más honesto.


 

PROXIMO: UNA CONFERENCIA MUNDIAL CONTRA EL RACISMO FINANCIERO

Por Trevor Ngwane

¿Qué aprendimos de la Conferencia Mundial Contra el Racismo? ¿ Y cómo nos preparamos para la próxima reunión anual del Banco Mundial y EL Fondo Monetario Internacional?; presumiendo que ésta se realice como estaba previsto después de los atentados terroristas.

Es de esperar que lamentemos la pérdida de los que murieron. No es el método de los movimientos de justicia global utilizar cualquier forma de "terror" contra sitios locales o globales del poder financiero o militar. Nuestras fortalezas duraderas son la movilización masiva y la desobediencia civil. Los ataques de terror provocan una represión fascista y despojan a las fuerzas progresistas de su confianza en el poder del pueblo. Dada la sicología de George W. Bush y sus patrocinadores del complejo industrial-militar, nuestros movimientos para el cambio pueden esperar días más difíciles en el futuro.

Pero en Durban encontramos que nuestros propios líderes en Pretoria también obstaculizarán nuestro camino. Primero, la lección que sale de la actuación de Thabo Mbeki es que no se puede lograr mediar entre las demandas africanas por la justicia, y la negativa de EE.UU y la U.E. a responder por la deuda por los crímenes de la esclavitud y el colonialismo. La actuación de Mbeki en busca de un compromiso no existente resultó vergonzosa, y repite otros episodios de fracaso en el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio durante los últimos años.

Para Pretoria es hora de exigir, en primer lugar, la cancelación completa y sin condiciones de la deuda ilegítima – que después de todo es mayoritariamente la herencia de dictadores corruptos al estilo occidental a través de los cuales el Banco Mundial y el FMI financiaron los juegos geopolíticos de Occidente. Si la respuesta del cartel de acreedores es no, la respuesta de Africa debe ser el repudio a la deuda y un cartel de deudores.

Después de todo, los problemas más amplios que enfrenta la sociedad son el resultado en gran medida del asesoramiento de los financistas internacionales. En enero de este año estuve en Porto Alegre, Brasil, y a través de un enlace satelital acusé a George Soros de contribuir al rebrote de cólera que afectó a cien mil personas al instar a nuestro gobierno que sea fiscalmente conservador. Él me dio la razón. No estoy solo en descubrir el sesgo racial de la llamada política económica neoliberal. Los sudafricanos nos hemos preocupado de que la campaña para privatizar los bienes más valorados de nuestra sociedad – los servicios de agua, luz, y comunicaciones vitales para nuestro desarrollo – esté impulsada por el poder internacional financiero.

Existe poder es de dos tipos: especuladores financieros que atacan a la moneda nacional de vez en cuando (febrero – marzo 1996, mayo – agosto 1998, febrero – noviembre 2000), y el "asesoramiento político" que para los políticos de Pretoria resulta muy difícil resistir.

Este último estilo de presión es más evidente en las persistentes demandas de implementar políticas macro económicas que conducen a la mayor vulnerabilidad global de Sudáfrica, además de la aplicación de políticas sociales –e incluso resultados políticos-, que debilitaron al estado, a la clase obrera, a los pobres y al medio ambiente.

Como reflejo de la presión de ajustarse a los dictados internacionales neoliberales asociados con el poder financiero, el gobernante Congreso Nacional Africano (ANC) implementó la mal llamada Estrategia de Crecimiento, Empleo, y Redistribución, (GEAR) en junio de 1996. En parte debido a los impactos de la liberalización financiera internacional, la Estrategia GEAR fracasó miserablemente en sus metas que, de todos modos, fueron bastante modestas.

Las únicas dos metas logradas fueron la reducción del déficit fiscal por parte del Ministro de Finanzas, Trevor Manuel, (que también incluyó una reducción del gasto social en términos reales) y la capacidad del Banco Central de mantener la inflación bajo control mediante la imposición de las tasas de interés más altas en la historia del país, reduciendo por lo tanto el poder adquisitivo de la población.

Cabe señalar que estas dos metas fueron un abrumador reflejo del poder e intereses de los financistas. Por otro lado, el Banco Mundial participó en plasmar y redactar la estrategia GEAR.

Además. hubo varias áreas de política social en las cuales los consultores del Banco Mundial ejercieron una influencia enorme, aconsejando que las soluciones orientadas al mercado resolverían las fallas del mercado. Durante los primeros cinco años del mandato del ANC se adoptaron los siguientes políticas controvertidas:

Para Sudáfrica, ya llegó la hora de romper las cadenas de nuestro nuevo, no deseado, apartheid de clase. El primer paso crucial consiste en lograr el apoyo solidario de nuestros aliados internacionales que pueden ayudar a cambiar el equilibrio de fuerzas para enfrentar la aparición del "apartheid global".

Las instituciones más importantes del apartheid global son las financieras, pues cuentan con los recursos, la velocidad, comunicaciones, capacidad, puntos de presión, y una ideología incesante que las permite justificar sus aciones: el neoliberalismo.

Pero la resistencia también surge, desde Seattle hasta Praga, hasta Washington D.C. Además de juntarse a las protestas callejeras contra la presión internacional financiera, los activistas pueden participar en el Boicot de los bonos del Banco Mundial (www.worldbankboycott.org). Los activistas progresistas del Jubileo Sur y otros movimientos ayudaron a impulsar estas campañas. Las posibilidades de promover la democracia y el desarrollo en Sudáfrica y el mundo entero depende de la victoria del pueblo sobre las finanzas internacionales.

Ya ocurrió así antes – cuando los activistas internacionales obligaron a los bancos extranjeros a que dejaran de apoyar al apartheid en Sudáfrica – y ahora debe realizarse en una escala mayor, para revertir el apartheid global.

El próximo paso en la lucha contra el racismo pueden ser las manifestaciones no violentas contra la opresión financiera. Pero si se cancela la reunión del Banco Mundial/FMI sólo significa que estaremos consolidando con más pasión aquí en Sudáfrica nuestras campañas para sacar a los funcionarios del Banco de sus despachos de lujo en las ciudades capitales y mandarles a casa, en vez de permitirles la legitimidad que necesitan de Pretoria para seguir con la errónea, Nueva Iniciativa Africana impulsada por Washington.

* Trevor Ngwame es líder del Foro Anti Privatización: www. Cosatu.org.za/samwu/apf.htm


 

EL ACTIVISMO ANTI GLOBALIZACIÓN NO PUEDE DESCONOCER LAS REALIDADES COLONIALES

Por Aziz Choudry

Este artículo se publicó primero como un comentario Znet www.zmag.org el 3 de agosto del 2001

"Tenemos un doble desafió: primero luchar de la mejor manera posible para enfrentar las consecuencias inmediatas de la globalización; y segundo, y más difícil, poner estos problemas en el contexto de los más de 500 años de historia de la cultura de colonización" Moana Jackson, Ngati Kahungunu/Ngati Porou, abogada y promotora de la soberanía Maori.

"Nosotros, los pueblos indígenas, nos hemos percatado de algo interesante que ocurre desde hace veinte años. Vemos que el proceso de colonización se ha reorientado. Ahora se dirige hacia la gente no indígena. Las compañías canibalizan a sus propios colonos. Las cosas han cambiado. ¿A dónde puede usted recurrir por ayuda contra las multinacionales que están a punto de tragar su empleo y su etilo de vida? A los pueblos indígenas no les interesa que las compañías se mantengan bajo control canadiense. Estas compañías vienen abusando de nuestras tierras. ¿Qué importa si la empresa es controlada por canadienses, estadounidenses, alemanes o japoneses? Todas estas empresas aprovechan de nuestras tierras y recursos. ¿Por qué los pueblos indígenas vamos a ayudar a los no indígenas a proteger sus empleos y seguridad cuando esa misma gente ha destruido nuestra tierra y agua? Para nosotros la globalización representa la colonización sin interrupción. La pregunta es para los colonos. ¿Qué hacen los colonos por resolver los problemas de la colonización y la opresión continua que ejerce sobre los pueblos indígenas?" Sharon Verne, académica y abogada Cree.

Muchos de la izquierda señalan que la oposición al libre comercio y la agenda neoliberal no es necesariamente anti capitalista. Tienen toda la razón – está compuesta de un diverso abanico de organizaciones, movimientos, agendas y objetivos.

Entre las redes anti globalización se utilizan ampliamente los términos "colonización" o "re colonización" para describir las manifestaciones actuales de la globalización. ¿Pero, significa esto que las movilizaciones y el activismo contra la globalización sean anti coloniales? En la mayoría, pienso que no.

Si nosotros que vivimos en los estados de asentamiento colonial como Nueva Zelanda, Australia, Canadá o EE.UU. estamos preparados para asumir la lucha contra las empresas transnacionales, las instituciones Bretton Woods, y la agenda neoliberal, también debemos apoyar las luchas de los pueblos indígenas por la descolonización y autodeterminación.

Existen relativamente pocas iniciativas anti globalización en las cuales las perspectivas y luchas de los pueblos indígenas ubicados en los estados "democráticos occidentales" de asentamiento colonial han asumido un rol protagónico. Sus análisis y desafíos son demasiadas veces relegados dentro del movimiento anti libre comercio al equivalente de una cláusula social o un acuerdo ambiental periférico; aspectos a ser separados de las declaraciones de unidad y al término de conferencias, que tienden a expresar en tono noble demandas sobre el poder del pueblo, recuperar "nuestro" país, controlar a las empresas, la genuina democracia participativa, etc.

En su libro recién publicado, Human Rights Horizons, Richard Falk escribe sobre "el perpetuo redescubrimiento de su percibida inocencia ... A pesar de desposeer a los pueblos indígenas norteamericanos, a pesar de la esclavitud y sus secuelas, a pesar de Hiroshima y Vietnam, esta inocencia auto proclamada se mantiene sin tacha". Hablé con activistas de varios países sobre este fenómeno y sus impactos en las perspectivas de la "sociedad civil" de EE.UU., Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Muchas campañas de justicia social, ONGs y activistas de estos países operan desde una condición de negación colonial y se niegan a vincular los abusos a los derechos humanos en el exterior, la (in)justicia económica, con la colonización de las tierras y los pueblos donde viven.

El escenario tenebroso del dominio corporativo, el saqueo transnacional, el desastre ambiental y social advertido por muchos opositores de la economía de libre mercado, es desde hace largo tiempo una realidad para muchos pueblos indígenas. Las empresas transnacionales modernas son, después de todo, las herederas de la Compañía Hudson Bay, de la Compañía Nueva Zelanda, de la Compañía East India – todas importantes actores en las olas anteriores de la colonización y mercantilización de pueblos, tierras y naturaleza.

En nuestras reuniones, análisis, discursos y manifestaciones, podemos hablar de transnacionales, la OMC, la globalización y la recolonización, y quizás hasta de la agenda neoliberal en el contexto del colonialismo en el Tercer Mundo. Pero abogar por el derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas en su propio patio muchas veces parece una manera certera de ser visto como extremista o hasta paria, aún entre los activistas de justicia social y ambiental. Puede alienar a la gente, me han dicho.

Muchas luchas contra la globalización que se dan en el Sur son vinculadas con grandes movimientos anti imperialistas y anti colonialistas de larga historia. Sin embargo, las voces que más se escuchan rara vez son de los activistas de comunidades de base del Sur, menos aún de los pueblos indígenas de los países del Norte Global. ONGs y sindicatos con bastantes recursos y normalmente con base en el Occidente, tienden a ejercer un poder considerable en sentar los parámetros del debate y la dirección de las campañas contra la globalización corporativa.

Demasiadas veces he oído la historia de la globalización – y la resistencia a ella – comprimida en las últimas dos o tres décadas, contada de tal manera que se relativiza la resistencia de las naciones indígenas en los territorios reivindicados por Canadá, Nueva Zelanda, Australia y EE.UU. En Canadá y EE.UU compartí la plataforma con expositores norteamericanos cuyas versiones del comercio curiosamente se remontan a la Comisión Trilateral. En Nueva Zelanda , he visto a ambientalistas blancos acusando a los Maori de un "racismo invertido" por haberse atrevido a exigir sus derechos de proteger la flora y fauna indígena bajo amenaza de los bio piratas y el acuerdo TRIPS. En otras conferencias internacionales sobre la globalización, los activistas han desconocido las perspectivas de los Pueblos Indígenas sobre la globalización por "estrechas" e "indigenistas", argumentando que no dan suficiente importancia al análisis de clase.

Es natural que nos sintamos escandalizados por las duras restricciones de seguridad impuestos sobre las manifestaciones populares en Quebec, Vancouver, Seattle, Washington, Melbourne y Auckland. Pero ¿sorpresa y conmoción? Los gobiernos coloniales siempre utilizaron a la policía y los militares como un ejercito de ocupación contra los pueblos indígenas. Es un asunto casi cotidiano desde hace mucho tiempo los abusos autorizados por el estado contra las comunidades indígenas; pero estos a menudo no se registran en la mente de muchas personas.

He escuchado el cuento de hadas, contado con mucha pasión, autoridad, y un toque de nostalgia por los neozelandeses, norteamericanos y australianos, que hablan con seriedad de las libertades y derechos democráticos de que gozan en sus países. Parece que las cosas anduvieron bien hasta que los ideólogos neoliberales y las grandes empresas tomaron los mandos, abrieron el país, empezaron a vender todo a las transnacionales, y vieron a los ciudadanos comunes y corrientes desposeídos de las cosas que pensaron suyas. Así dicen docenas de activistas, académicos, y políticos mientras expresan su oposición a la agenda neoliberal. Esta versión de la historia se inicia cuando la globalización empezó a impactar en los pueblos no indígenas. Las palabras "democracia" y "soberanía" surgen una y otra vez en sus discursos, y en la literatura y campañas anti globalización de estos países. ¿Qué significan estos llamados a las tradiciones, conceptos y valores democráticos, cuando ignoran las realidades actuales y anteriores de la colonización de estos países?

Cuando asistí a la Cumbre de los Pueblos sobre la APEC de 1997 en Vancouver, me acuerdo estar impresionado por la manera en la cual expositor tras expositor atacaron a las transnacionales, y las señaló como la fuerza tras la APEC, pero a la vez ignoraron completamente las luchas como la de la Nación Cree del Lubicon en el norte de Alberta – la provincia colindante – contra las transnacionales madereras y de gas que invadieron sus territorios no cedidos con la complicidad del estado canadiense. Tampoco se mencionó el hecho de que un gobierno canadiense de corte "democrático liberal", como el que en su rol de anfitrión de la reunión de la APEC esperaba influir en sus socios comerciales asiáticos con sus "valores canadienses", envió más tropas armadas contra el pueblo Mohawk que defendió sus territorios en el enfrentamiento cerca de Oka, en la Provincia de Quebec, en 1990, que las enviadas a la Guerra del Golfo. No obstante, cabe señalar que esa misma Cumbre de los Pueblos de Vancouver fue parcialmente financiada por el mismo gobierno social demócrata que en 1995 montó una operación militar grande en el Lago Gustafsen, a pocas horas de Vancouver, en contra de un pequeño grupo de indígenas que defendía sus tierras sagradas.

Muchos críticos de la globalización relativizan el papel y la relevancia del estado nación, atribuyendo el poder casi enteramente a las corporaciones transnacionales y las instituciones internacionales como los trillizos de Bretton Woods. Sin embargo, esto quita el enfoque de la naturaleza y poder del estado y hasta lo romantiza. Tales campañas globales corren el riesgo de desviar la atención de la gente de las antiguas pero todavía presentes injusticias. Al deslegitimar a estos actores globales nos toca estar muy conscientes de los peligros inherentes a una legitimación sin críticas de los estados naciones cuya base misma es el despojo de los pueblos indígenas. No podemos desconocer los siglos de resistencia de muchas naciones indígenas a ser incorporadas en el estado colonial. No podemos ignorar los cimientos coloniales de los países en los que vivimos. Hacerlo es ocultar la verdadera naturaleza de nuestras sociedades, y la forma en la cual están construidas, sobre la colonización y explotación.

¿Cómo se puede esperar que los pueblos indígenas validen, afirmen y busquen incorporarse en movimientos nacionales e internacionales dominados por los activistas, organizaciones, y agendas no indígenas, que no poseen la voluntad de resolver los aspectos domésticos de colonización con el mismo vigor y compromiso evidentes en su lucha contra el capital transnacional o la OMC?

Por supuesto, sí se forjaron algunas alianzas importantes entre pueblos indígenas y organizaciones no indígenas para enfrentar a la globalización. Muchos grupos activistas (a menudos pequeños y con pocos fondos) luchan para poner en evidencia los vínculos entre la globalización corporativa y la colonización, para apoyar las luchas locales por la soberanía indígena e informar a la gente no indígena sobre estos aspectos.

Movimientos que exponen y se oponen a la globalización corporativa cuentan con un real potencial para movilizar el apoyo significativo de la gente no indígena a asuntos como la colonización en Canadá, Nueva Zelanda, Australia y EE.UU. Deberíamos cuestionar la autoridad de los gobiernos de estos estados de asentamiento colonial para adherirse a los tratados internacionales sobe comercio e inversiones, a la luz de su negación continua de los derechos, títulos, y la jurisdicción de los pueblos indígenas.

Al determinar los valores y los fundamentos sobre los cuales construir las alternativas a la agenda neoliberal, nuestros movimientos deben estar preparados para examinar nuestra propia propensión a oprimir. No podemos construir alternativas a la globalización sobre los cimientos podridos de negar haber ocupado las tierras y suprimir continuamente los derechos de los pueblos indígenas. "Los colonizadores siempre están construyendo cimientos podridos y luego esperan que entremos en un edificio completado" dice Sharon Verne.

Si los activistas y organizaciones anti globalización no abordan estas cuestiones con cierta urgencia, siento que la creciente resistencia a la globalización en el Norte corre el riego de ser tan inherentemente colonialista como las instituciones y procesos a los cuales se opone. Nuestro uso del término colonización resultará ser poco menos que retórica si nuestro análisis no reconoce el contexto en el cual se da la globalización corporativa –y la oposición global a ella –.

Nosotros los activistas de las luchas anti globalización en Canadá, Nueva Zelanda, Australia y EE.UU. necesitamos examinar nuestro papel en la colonización y globalización de la tierra. Sólo después podremos hablar de liberación y las verdaderas alternativas a la agenda neoliberal.

* Aziz Chowdry es activista/investigador que trabaja con el GATTWatchdog en Aotearoa/Nueva Zelanda.


 

LOS CONGLOMERADOS AMENAZAN AL PERIODISMO CRÍTICO

por Walden Bello

(Ponencia presentada ante el Asia Press Forum en Seúl, Corea del Sur, el 17 de septiembre del 2001).

Hoy en día, Asia experimenta un sinnúmero de conflictos entre la prensa y las autoridades locales. Pero es importante discriminar y no asumir que todos los casos son iguales. Aquí en Corea, aparentemente existe una situación compleja en la cual se involucran otros aspectos que van más allá de la libertad de prensa.

En el caso de Tailandia, la combinación de intereses de la familia del Primer Ministro Thaksin en medios privados y su autoridad sobre los estatales es la principal amenaza. Pero hasta la fecha parece que ésta es más potencial que real. En Malasia y Singapur, las restricciones a la libertad de prensa impuestas por sus estados autoritarios son muy reales y preocupantes, aun cuando éstas tomen la forma de una autocensura (1).

Pero cualquiera sean sus diferencias, es importante vigilar de cerca la situación en todos estos y otros países, para que la libertad de prensa no sea restringida en algunos y extendida en otros.

Sin embargo, quiero enfatizar en este discurso la amenaza a la integridad del periodismo de la región que representa la cada vez mayor concentración de la producción de entretenimiento, información y opinión en manos de un número limitado de conglomerados globales. Yo argumento que esta amenaza es tan o más peligrosa que la de los gobiernos.

Robert McChesney, un importante especialista en medios de comunicación, recientemente escribió: "en pocas industrias el nivel de concentración ha sido tan espectacular como en la de los medios" (2). En un período muy corto, los medios del mundo han llegado a ser dominados por siete corporaciones multinacionales: Disney, AOL-Time Warner, Sony, News Corporation, Viacom, Vivendi y Bertelsmann. Todos estos conglomerados son controlados por Occidente; cuatro de ellos son estadounidenses (si se cuenta a Rupert Murdoch, quien ahora carga su tarjeta de ciudadano de ese país y ha establecido su cuartel general allí).

El parque jurásico

La rápida evolución de estos medios en instituciones de tamaño jurásico corresponde a una situación revolucionaria a escala planetaria durante los años 90. Ésta estuvo marcada por distintos fenómenos: avances relámpagos en la tecnología informática y de telecomunicaciones, grandes capitales en búsqueda de inversiones rentables, globalización de mercados y liberalización económica integral impulsadas por instituciones como el FMI y la OMC. Como sucedió en otras industrias, las fusiones y la compra desesperada de compañías han llevado a una sobre inversión y una sobre producción que ha resultado en la pérdida de competencia y, por consiguiente, en la disminución de la rentabilidad. Sin embargo, a diferencia de otros sectores, el impacto de la concentración va de lo económico a lo cultural, el cual nos acompañará durante algún tiempo en la forma de un estrechamiento radical de las visiones, perspectivas y enfoques del periodismo.

Mucho de este proceso de concentración no es nada menos que la integración horizontal de siempre. La News Corporation de Rupert Murdoch ha sido llamada "el abre caminos más agresivo del mundo..."(3). Con más de ciento treinta periódicos, incluyendo el venerable Times de Londres y otros menos venerables de la clase de "Fleet Street", la News Corporation es la empresa editora de noticias más grande del mundo. En Estados Unidos, es dueña de la cadena de televisión de derecha Fox Broadcasting; de la Twentieth Century Fox Corporation, una de las principales productoras de películas y programas de televisión; de la Harper Collins Publishing Company, una de las editoriales más grandes de ese país; de la International Family Entertainment, una empresa de televisión por cable; de El Canal Fox, una cadena latinoamericana de cable, y de veintidós canales de televisión.

Aquí en Asia, la News Corporation recientemente entró a Japón, donde conformó la Japan Sky Broadcasting Company a través de un acuerdo de inversiones conjuntas con un banco japonés. La Star Television, una cadena de televisión vía satélite, es el servicio de este tipo más popular de la región; alcanza una audiencia de cuarenta y dos millones de familias en varios países, incluyendo India, Taiwan, Arabia Saudita, Israel, Hong Kong, Filipinas, Corea del Sur, Tailandia, Emiratos Árabes Unidos, Pakistán, Indonesia y Kuwait. Sólo en Tailandia, se estima que 142 mil familias sintonizan la Star Television(4).

Se dice que China representa la próxima frontera para la News Corporation, sin embargo, ésta ya alcanza unos 45 millones de hogares al sur de ese país a través de Phoenix TV, una empresa registrada en Hong Kong. Existe información de que la News Corporation está a punto de concretar un acuerdo con el gobierno chino que le otorgaría un acceso aún más extenso a la provincia de Guangdong a cambio de difundir en Estados Unidos la estación estatal China Central Television (CCTV) (5).

El competidor más duro por el mercado chino es el mega conglomerado AOL-Time Warner. Si la News Corporation representa un caso clásico de integración horizontal, su rival es un caso de integración vertical, que según algunos es la clave para sobrevivir al combate de titanes que prevalecerá en la venidera edad jurásica. La fusión de AOL con Time Warner realizada hace unos pocos meses, a un precio de 103 mil millones de dólares, juntó al mayor proveedor de Internet del planeta, con sus 30 millones de clientes, a la corporación de "infotenimiento" más grande del mundo.

El grupo AOL-Time Warner también incluye a Time Inc., la productora de revistas más grande de EE.UU., cuya publicación principal (Time) se distribuye en docenas de idiomas a través de muchísimas ediciones regionales y nacionales. El conglomerado además controla el Warner Music Group, la empresa número uno de música de ese país; la Warner Brothers, un importante productor y distribuidor de películas; Time Warner, un canal de cable; HBO, el canal número uno de televisión a pedido; los servicios de cable TBS y TNT; el Book-of-the-Month Club, el círculo de lectores más grande de Estados Unidos, y finalmente, la Mad Magazine.

AOL-Time Warner ya influye en la vida de muchos de nosotros a través de CNN, que puede ser vista en cada una de las habitaciones de todos los hoteles del mundo. En norteamérica, CNN mantiene una dura competencia con la cadena conservadora Fox Broadcasting, perteneciente a Murdoch, que la ha obligado a orientar su programación hacia contenidos de derecha.

Un conglomerado global clave, que cuenta con una presencia significativa en Asia, es la compañía Dow Jones Inc. Sus publicaciones producidas en Hong Kong, el Wall Street Journal y el Far Eastern Economic Review, penetran a círculos profesionales, académicos, empresariales y gubernamentales a lo largo de la región. La revista Far Eastern Economic Review, que se sometió a un proceso de reestructuración constante desde que la compró Dow Jones hace dos años, se menciona a menudo como ejemplo de una publicación independiente destacada que puede caer en la mediocridad bajo el control de un oligopolio, que impone estrechos criterios de contenido, normas de estilo y una filosofía conservadora a favor del mercado a través de procónsules que desconocen la región, en este caso, desde Nueva York.

La joya más preciada de Dow Jones es, por supuesto, el Wall Street Journal, el segundo periódico más leído de EE.UU. Sus perlas de menor importancia son Barron’s, una revista semanal de noticias y opinión para inversionistas; Dow Jones Market Service, un servicio de noticias en línea sobre negocios y finanzas; Asian Business News, una cadena de televisión con sede en Singapur y el European Business News, su homólogo europeo con base en Londres.

Pero no se debe medir el alcance de estos conglomerados sólo por el número de suscriptores directos a sus varias publicaciones y medios. En cada uno de nuestros países, su poder para moldear la opinión se amplifica mediante la presentación de artículos de prensa, programas radiales y segmentos televisivos obtenidos de ellos a través de una variedad de arreglos con los medios locales, incluyendo los transmitidos en idiomas nativos.

La concentración de poder e influencia en manos de conglomerados de medios de Occidente se acompaña por cuatro tendencias notables en el periodismo y la formación de opinión:

Homogenización de la opinión

Contrariamente a la idea de que existe pluralidad de opiniones en la prensa occidental, de hecho hay un rango bien reducido de puntos de vista. Efectivamente, la escritura editorial y el periodismo han sido marcados por una homogenización de la opinión. En ninguna parte es esto más evidente que en la manera de glorificar la globalización de la prensa occidental. Durante los acelerados años noventa, fue raro ver puntos de vista críticos a la globalización en los medios del "establishment". Las opiniones contrarias se consideraron inaceptables, aunque durante años el PNUD registraba los reales impactos negativos de la globalización. Las estadísticas sobre la creciente inequidad y pobreza solo fueron datos, pero no realidades. En los años 1995, 1996, 1997 e incluso después de la crisis asiática, resultó difícil encontrar expresiones de disensión frente a la imagen positiva ofrecida por los globalizadores corporativos en el Wall Street Journal de Asia, en el Far Eastern Economic Review, en el Asiaweek, en Business Week, en Time o en CNBC.

Sólo cambiaron las cosas después del colapso de la reunión ministerial de la OMC en Seattle provocado por un creciente movimiento mundial contra la globalización corporativa. Gente antes tachada como contraria a la tecnología, llegó a tener un punto de vista admitido como válido. Finalmente, se reconocieron verdades expresadas durante por lo menos una década. Al respecto, quiero presentar una cita extraída de Business Week, del grupo AOL-Time Warner, de su edición del 6 de noviembre del 2000:

"Lo negativo de la globalización es el trastorno de sociedades enteras, desde colapsos económicos hasta prácticas de multinacionales que nunca serían toleradas en Occidente. Desde el fin del siglo pasado, los países industrializados han legislado todo tipo de protección para trabajadores, consumidores y medio ambiente y los derechos civiles gozan de una tradición fuerte. Pero la economía global todavía se encuentra en la edad de los "Amos del Robo"... si el capitalismo global no corrige sus fallas, la reacción en contra puede resultar aún más fuerte" (6).

¿Por qué el cambio? No fue debido a un desinterés en buscar la verdad y transmitirla, valores que la prensa occidental orgullosamente exhibe como guías. No. Fue el poder de la gente en las calles de Seattle, Washington, Chiang Mai y Génova lo que transformó los datos en hechos reales para la prensa de los conglomerados.

Mercantilización

La homogenización se relaciona con otro proceso especialmente notable en la prensa financiera durante el período anterior a la crisis asiática: la mercantilización de la producción de noticias y la formación de opinión, es decir, la creciente tendencia a ver la información primariamente como algo para ser comercializado.

La prosperidad asiática a finales de los ochenta e inicios de los noventa fue la que atrajo a la región a los grandes actores de Occidente. Entre las transacciones más trascendentes constan las compras de la Far Eastern Economic Review por Dow Jones, la de Asiaweek por parte de Time Warner y la de Star Television de Hong-Kong por Rupert Murdoch. También entró la CNN, otro subsidiario de Time Warner, con mucha de su programación dedicada a las noticias financieras.

Estos distribuidores de información se convirtieron en intérpretes muy importantes de las noticias de Asia para los inversionistas de todas partes del mundo y sirvieron como un insumo vital para los vínculos electrónicos que hicieron posibles las transacciones en tiempo real entre las bolsas de Singapur, Hong-Kong, Tokio, Osaka, Nueva York, Londres y Fráncfort.

La mayoría de estas publicaciones y medios, independientes o como parte de una gran cadena, resaltaron el auge, glorificaron las altas tasas de crecimiento e informaron sin críticas las llamadas historias de éxito, principalmente porque su propia sobrevivencia dependía del sostenimiento de la sicología del auge. La producción de noticias y opinión llegó a ser dominada menos por la comunicación de la verdad que por la posibilidad de comercializar lo informado. En lo concerniente a negocios, noticias y análisis económicos, lo negativo simplemente no se vio como buena mercancía. No debe sorprender que un número de escritores que preparaban reportajes críticos sobre prácticas cuestionables, acontecimientos alarmantes o empresas fracasadas se quejaran de la imposibilidad de colocar sus reportajes o de los consejos de sus editores para que enfatizaran lo positivo.

El periodismo de paracaídas (una frase aplicada a los escritores que aterrizaron y enseguida se convirtieron en expertos sobre la guerra de Vietnam o sobre las Filipinas de Marcos y luego despegaron después de conseguir sus grandes historias) también fue común en los años noventa cuando Fortune, Business Week, Newsweek y Time marcaron el paso. Por ejemplo, un reportero "brillante" de la brigada aérea de Newsweek fue quien más santificó el estatus de Filipinas como el nuevo tigre asiático durante la cumbre de la APEC en noviembre de 1996, un estatus que sólo duró ocho meses hasta el colapso del peso filipino en julio de 1997.

A su vez, muchas de estas publicaciones económicas desarrollaron una dependencia poco saludable a un personaje que proliferó en la región a inicios de los noventa: el asesor o estratega financiero, un "experto" conectado con las áreas de investigación de los bancos, las casas de inversión, las empresas corredoras de bolsa, fondos de inversión y fondos de cobertura. En muchos casos, según Phillip Bowring, ex editor de la revista Far Eastern Economic Review, el periodismo económico degeneró en el simple asunto de juntar las citas de las diferentes autoridades sobre inversión (7).

Mucha de esta gente era expatriada o refugiada de los colapsos de las bolsas de Londres y Nueva York a finales de los ochenta. Algunos pertenecían a la generación X o a la anterior y eran demasiado jóvenes para haber participado en la fiebre de los bonos basura de Wall Street durante el período de Reagan, pero encontraron esta misma emoción en el lejano oriente. Muchos eran tan jóvenes como Nick Leeson, el corredor de bolsa de 26 años que hundió al venerable banco de inversión Barings Brothers. Pero los periodistas económicos dispensaron a sus lectores sus consejos (sobre invertir más o menos en un país, tomar pólizas en dólares a corto o a largo plazo, comprar acciones y vender bonos o viceversa) como verdades absolutas. Esto implicó que asesores y periodistas de negocios no presentasen ninguna imagen demasiado pesimista de cualquier país de la región pues su propio sustento dependía de atraer capitales a Asia.

Pero la prensa no dependió sólo de los asesores de inversión para crear una tierra de fantasía que ayudó a atraer cada vez más capitales. También estaban los académicos de occidente. Después de todo, no fueron los economistas y científicos sociales asiáticos sino los occidentales los que formularon ciertas proposiciones interconectadas: un milagro económico sucede en Asia, es probable un alto crecimiento en el futuro previsible de la región y Asia funcionará como el motor de la economía global del siglo XXI. Efectivamente, un conjunto de editorialistas, reporteros, analistas financieros, científicos, políticos y economistas de Nueva York y Londres, creó toda una industria para enseñar a los empresarios occidentales a negociar con los formidables asiáticos. Y no hay que olvidar al Banco Mundial, cuyo libro "El Milagro del Este Asiático", que se publicó en 1993 y se convirtió en una suerte de Biblia para el mundo académico, el corporativo y la prensa, reveló los orígenes y la dinámica de los países que servirían como el motor de la economía global en el siglo XXI.

En fin, la prensa de los conglomerados fue parte de los actores que estuvieron detrás del gran auge asiático, pero cuyos actos poco críticos precipitaron su caída. La gran entrada de capitales especulativos a Asia, que duró diez años, no se puede desvincular de este coro griego que entonaba el canto de sirena del "excepcionalismo asiático" y que pintaba a Asia como la región de la prosperidad eterna.

Antes de seguir adelante, voy a resumir lo que he dicho. La prensa de los conglomerados puede ser tan homogeneizada y acrítica como la de un país totalitario y, en consecuencia, igualmente peligrosa. El pluralismo se constituye en un disfraz que oculta la negativa y desastrosa homogenización de opiniones, como lo demostró la crisis financiera y sus consecuencias. La homogeneidad fue, en el período anterior a la crisis asiática, una homogeneidad de buenas noticias y opiniones sobre los acontecimientos económicos. Entregar noticias y formar opinión se convirtió cada vez más en un asunto de comercio, donde sólo existía un mercado para las noticias que respaldaban la creencia de que Asia atravesaba una bonanza sin fin.

El empirismo abstracto

Ahora quiero discutir un tercer punto que es metodológico: la producción de información y análisis en Occidente está marcada por un empirismo profundamente anti analítico, que desconoce las relaciones esenciales entre los fenómenos y que nos ofrece una visión profundamente distorsionada de ciertos acontecimientos. Voy a llamar a esto, usando una frase del gran sociólogo estadounidense C. Wright Mills, un "empirismo abstracto" (8). Estoy tentado a usar como ejemplo la actividad de ciertos medios durante los recientes acontecimientos en EE.UU., pero la tragedia masiva todavía está en carne viva. Por lo tanto voy a recurrir a los reportajes sobre el tráfico de drogas en México como ejemplo de los impactos perniciosos de este estilo de periodismo.

Tanto Colombia como México se han vuelto sinónimos de droga y los medios occidentales asumen que esto se debe en gran parte a una cultura de corrupción y pobreza. De vez en cuando se habla sobre el hecho de que la demanda de EE.UU. alimenta el tráfico de drogas en México; esto ayuda a mantener las cosas en una perspectiva más real. Pero se menciona muy poco la conexión entre el narcotráfico, la globalización y la liberalización de la economía mexicana a través de programas de ajuste estructural impuestos por el Banco Mundial y el FMI durante los últimos veinte años.

No hubo crecimiento económico en México entre 1982 y 1988, lo que contrasta con un promedio de 7 por ciento anual durante los años 70. Esta década perdida fue una consecuencia directa del programa de ajuste estructural impuesto por el Banco Mundial y el FMI después del inicio de la crisis de la deuda del Tercer Mundo. Una combinación de políticas fiscales y monetarias deflacionarias mezcladas con una liberalización radical del comercio, con la desregularización de la economía doméstica y con la privatización de empresas estatales, creó una situación social devastadora. El valor real de los salarios se desplomó más de un 40 por ciento entre 1982 y 1988, el desempleo subió hasta cerca del 40 por ciento y la mitad de la población se encontró por debajo de la línea de pobreza.

Mucha de la población estaba todavía golpeada cuando el país sufrió los impactos de una segunda bomba: la liberalización financiera radical impuesta por el FMI a finales de los ochenta e inicios de los noventa, que ligó a México con los volátiles mercados financieros globales. El colapso mexicano, provocado por la masiva fuga de capitales especulativos que llegaron para aprovechar las altas tasas de interés de los Bonos de Tesoro y de otros instrumentos, provocó la contracción de la economía en un seis por ciento, el desempleo para más de un millón de personas, la bancarrota de centenares de empresas, una inflación de más del 50 por ciento y una caída mayor al 10 por ciento en el nivel de ingresos reales. La liberalización financiera y el ajuste estructural mexicanos, con sus dos contracciones masivas en un periodo de dos años, equivalieron al bombardeo de Dresden en la Segunda Guerra Mundial.

En esencia, quedaron muy pocas actividades económicas rentables a gran escala dentro del país. Fue durante estos años de depresión, a finales de los ochenta e inicios de los noventa, cuando el narcotráfico se disparó y se convirtió en la actividad económica más rentable del país que es hoy en día. La narco economía, en fin, fue una hija de los programas del Banco Mundial y del FMI impuestos como una camisa de fuerza a la economía mexicana. Pero sería imposible llegar a tal conclusión leyendo el New York Times, el Washington Post, el Time o viendo CNN. En gran parte, estos medios no fueron más allá de su rol de distribuidores de paquetes de datos comercializables en vez de análisis críticos. Esto no significa que no existían medios en Occidente que analizaron los vínculos; algunos pocos sí lo hicieron y fueron los no afiliados a los grandes conglomerados: The Guardian en Gran Bretaña, The Nation en Nueva York, Le Monde y Le Monde Diplomatique en Francia.

El paradigma problemático

Homogenización, mercantilización, empirismo abstracto, todo forma parte de un problema más extenso: una prensa que no reflexiona sobre sí misma y que está encarcelada en un marco mental que no interpreta la realidad sino que la organiza en función de sus intereses subyacentes. No hablo de una conspiración para falsificar la realidad, sino de las suposiciones éticas y conceptuales subyacentes que forman los pilares de lo que ahora comúnmente se llama, después de Thomas Kuhn, un "paradigma" (9). Hablo de un proceso ideológico que filtra algunos aspectos de la realidad y deja pasar a otros, desvirtuando inconscientemente la percepción, la producción de información y el análisis del mundo social.

Desde mi punto de vista, existen tres presunciones subyacentes muy influyentes en política y economía que guían o estructuran al periodismo y a los constructores de opinión en los medios dominantes de Occidente:

1) El mejor principio alrededor del cual se puede organizar la vida económica es la supremacía del mercado.

2) El mejor principio alrededor del cual se puede organizar la vida social es la democracia liberal.

3) Esta combinación ha alcanzado su mayor evolución en Occidente, especialmente en EE.UU.

Para quienes hayan seguido las discusiones de teoría política desde el final de la Guerra Fría, estas tres premisas serán notoriamente parecidas a las aserciones clave de Francis Fukuyama. Según este intelectual estadounidense, la historia ya llegó a su fin y las sociedades liberales democráticas basadas en la economía de mercado representan el punto final de la evolución social y política (10).

Muchos escritores de los medios de Occidente parodiaron a Fukuyama, pocos desde un genuino desacuerdo, porque la mayoría entendió mal su mensaje puesto que éste se planteaba en términos hegelianos un tanto complicados. Sin embargo, el subtexto de los reportajes y editoriales que diariamente vomitan estos medios, sea el Financial Times, CNN, Fox Broadcasting, CNBC, el New York Times o el Wall Street Journal, continuamente revela que ellos comparten la premisa de Fukuyama: la evolución social ya llegó a su punto más elevado en Estados Unidos y, por lo tanto, la política y la economía ya no necesitan una reforma fundamental sino mejoras relativas en instituciones esencialmente perfectas. Se revela continuamente que, a pesar de la deferencia ocasional a la "diversidad", los arreglos económicos y políticos en Asia y en el Sur se evalúan por el grado de semejanza con las normas occidentales o estadounidenses.

Por supuesto, existen diferentes maneras de comunicar estas suposiciones de base. Hay la versión de la derecha dura, que expone su mensaje con una mezcla de arrogancia y entusiasmo misionero. Charles Krauthammer, el derechista asesor del Washington Post, nos ofrece una expresión clásica de esta versión en su ensayo "América domina: gracias a Dios", publicado en la revista Time:

"Los derechos individuales, el gobierno de consenso, la protección contra los poderes arbitrarios, el libre intercambio de bienes e ideas. Nosotros los heredamos. Nosotros los codificamos. Y ahora los propagamos... El mundo no puede ir mejor al ser dominado por un país tan comprometido con estas ideas que no puede dejar de difundirlas entre todos los demás" (11).

Los liberales tienden a ser más indirectos, pero en los momentos de franqueza sobre las premisas que emplean en su periodismo, revelan que comparten muchas de las ideas y valores de sus rivales conservadores. En un artículo del Financial Times, titulado "EE.UU. domina, OK", el escritor inglés Martin Wolf afirma que "el mundo debe expresar su gratitud por el dominio de Estados Unidos a lo largo del siglo XX". ¿Por qué? Porque ese país es "el mejor producto de la época de las luces, caracterizado por la división entre la iglesia y el estado, por instituciones republicanas, por la separación de los poderes y por la supremacía de la ley. Es un país dedicado a esta consigna democrática: lo que uno es no depende de un estatus heredado sino de los propios méritos".

Wolf admite que el dominio estadounidense padece de algunas imperfecciones, pero "¿quién puede dudar de que un mundo que cuenta con un número creciente de democracias e instituciones globales más fuertes, con una dinámica economía de mercado y un progreso tecnológico continuo, sea la única base posible para el avance humano?" (12) Nos encontramos claramente en los dominios de la fe y de la ideología.

Cualquier intento de realizar una deconstrucción ideológica del paradigma neoliberal que encarcela a la mayoría de la prensa occidental no estaría completo si no consideramos al sumo sacerdote de la globalización liderada por EE.UU., Thomas Friedman del New York Times. En Friedman la arrogancia del paradigma subyacente se ve en toda su gloria, como revela el siguiente fragmento: "si hace cien años alguien le habría dicho a usted que a finales del siglo, el elemento que más iba a definir los asuntos del mundo sería la "globalización" ... y que tenía que diseñar al país más apto para competir en tal mundo, en muchos aspectos usted habría diseñado al EE.UU de hoy" (13)

Friedman asevera que "EE.UU. tiene los mercados de capitales más diversas y eficientes, que premian, y hasta celebran, el correr riesgos. Quienquiera que tenga una invención y un garaje puede esperar levantar millones de la noche a la mañana. Cuenta con una población multicultural que habla el lenguaje del internet, un flujo de inmigrantes que se renueva constantemente, un transparente marco legal y regulatorio, y un sistema político federal flexible. Tiene un mercado de empleo que permite a los trabajadores trasladarse fácilmente de una zona industrial a otra, y un sector corporativo que ya experimentó, a diferencia de Japón y Europa, la reducción y reestructuración necesaria para la competitividad global. Contiene múltiples economías, con una sola moneda, en un solo continente que da sobre el Pacífico y el Atlántico".

La "globalización", dice Friedman de manera triunfal, "es nosotros". Me abstengo de más comentarios.

Una ideología poco reflexiva

Algunos dicen que a pesar de sus errores, se debe acreditar a Krauthammer, Wolf y Friedman por la franqueza con la que hablan de sus prejuicios. Y la verdad es que sí son francos, pero esto no les hace dignos de ser aclamados. Porque la franqueza no se acompaña por una actitud reflexiva, por una apreciación crítica de su propio paradigma, que constituye el requisito indispensable de un periodismo crítico.

Quiero dejar claro que la escritura ideológica no es falsificación. La ideología refleja e invierte la realidad. La ideología le permite a uno criticar despiadadamente al partido comunista chino desde un punto de vista ético. Pero cuando es irreflexiva, la ideología hace ciego al sujeto ante las limitaciones o fallas de la medida con que se juzgan los sistemas políticos del Sur – que en el caso de Krauthammer y compañía es el sistema estadounidense; esto no permite al escritor, y por tanto a sus lectores, apreciar el hecho de que los resultados del sistema electoral de EE.UU. se vuelven sistemáticamente anti democráticos por la manera en que la riqueza interviene en cada coyuntura crítica del proceso de selección de representantes. No permite a la gente entender que por los costos enormes de presentarse como candidatos, la competencia política efectivamente se limita a los ricos o a quienes están respaldados por gente de dinero. Puede ser que la dictadura de la riqueza no sea tan evidente o directa como una dictadura política, pero resulta muy real en sus procesos y consecuencias.

No existe mejor símbolo de la manera en que la riqueza corporativa y las reglas constitucionales diseñadas para frenar a la mayoría determinen los resultados electorales en EE.UU., que el hecho de que George W. Bush, respaldado por grandes cantidades de dinero corporativo, ganara la presidencia de EE.UU. a pesar de perder el voto popular, y según algunos estudios, incluso el voto electoral colegiado. De hecho, tan corrompido por el dinero corporativo es ese sistema que muchos estadounidenses están convencidos que debe ser designado como una "plutocracia". Según William Pfaf, una de las pocas voces críticas de la prensa conglomerada "no existe en ninguna parte la escala del sistema de gastos e influencia política, como EE.UU"(14). Este profundo sentido de desazón se reflejó en el deseo de reformar un sistema de financiamiento de campañas, detenido por el dinero corporativo, lo que impulsó la candidatura del Senador John McCain, un fuerte competidor por la nominación Republicana, en la primavera del 2000.

Los sesgos ideológicos de la prensa occidental desvirtúan la realidad de tal manera que sería difícil enterarse, al leer sus entregas, que si bien EE.UU. parece estable, en realidad se encuentra en un estado avanzado de crisis política.

La forma en la cual el dinero corporativo corrompe la vida política no es el único aspecto contencioso. Hay otros, que en la mayoría se mantienen lejos de la luz pública por el paradigma dominante. Existe la crisis urbana, unas diferencias de clase exacerbada por el libre comercio y la movilidad de los capitales, la peor distribución de ingresos de cualquier país industrializado, una crisis racial presentada como un problema de orden público, la guerra cultural entre fundamentalistas y liberales, y el creciente poder de los militares.

La prensa occidental ha padecido de una confianza doctrinaria en la superioridad del sistema estadounidense, de su fe en la supremacía de los civiles en Washington que no se percató y no sacó a la luz del día el hecho de que, como lo expresó un comentarista independiente "los militares ya forman la institución más poderosa del gobierno americano, y en la práctica apenas rinde cuentas a la rama ejecutiva. Las fuerzas armadas ahora sientan los límites de la política exterior. ... EE.UU no es todavía la Prusia del siglo 18, en que los militares fueron los dueños del estado, pero la amenaza es más seria de lo que se da cuenta la mayoría de los estadounidenses". (15)

Ha sido a través de otros medios, no por leer la prensa del "establishment", que un mundo al que por mucho tiempo se le dijo de la superioridad del sistema político de Washington , ahora le toca reconocer las fallas de un sistema diseñado para aumentar el poder privado y limitar el poder público, para obstaculizar continuamente que el poder público logre fines socialmente progresistas y dar más importancia a la realpolitik en vez de la democracia en la formación de la política doméstica y externa. Los siguientes comentarios de Daniel Lazare en su influyente libro "La república congelada" son ampliamente compartidos:

"El gobierno en EE.UU no funciona porque se supone que no debe funcionar. La sabiduría infinita de los Fundadores les llevó a crear un sistema deliberadamente insensible para reducir las opciones gubernamentales y obligarnos a buscar rutas alternativas. La política era peligrosa; por lo tanto fue necesario restringir y limitar la política. Pero EE.UU no puede esperar sobrevivir más tiempo con un gobierno que no sólo es poco eficiente sino, por diseño, poco democrático. Resulta imposible seguir adelante a fines del siglo veinte usando una maquinaria gubernamental que se remonta al siglo dieciocho. Las condiciones urbanas sólo pueden empeorar, mientras la clase media sólo puede volverse más alienada y amargada"(16).

Ideología y la "nueva economía"

Semejante ceguera ideológica, esta vez relacionada al papel de los mercados de capitales totalmente desregulados, impidió que su audiencia se percate de lo seria que es la deflación ahora en marcha. Un reciente artículo de Business Week pregunta por qué "EEE.UU niega seriamente" las fallas estructurales que han llevado la economía a su actual estado de caída estrepitosa (17). La pregunta que nosotros planteamos es ¿por qué les llevó tanto tiempo a Business Week y otros medios del establishment reconocer lo profundo del problema? Posiblemente uno puede entender la incapacidad de los medios de reconocer la crisis asiática. Pero resulta muy difícil entender por qué la prensa no reconoció los mismos problemas en EE.UU. después de la experiencia de la crisis asiática: una sobre inversión en el sector manufacturero que creó "una oferta excesiva de casi todo a nivel global", como lo expresó el economista Gary Shilling (18), que acarreó una caída de ganancias de las industrias, una ola de fusiones para contrarrestar el declive preocupante de rentabilidad, y el traslado de los capitales hacia actividades especulativas, llevando a la burbuja de las acciones de alta tecnología e internet que se reventó hace algunos meses, borrando $US 4.3 billones (trillones en EE.UU.) de la riqueza de los inversionistas (19).

Las severas presiones fueron muy visibles, y muchos comentaristas independientes las apuntaron, pero, desde 1999 hasta 2001, a manera de manada, la prensa de los medios principales se obsesionó con la cuestión de si EE.UU había desarrollado una "Nueva Economía" bajo la tutela sabia de Alan Greenspan, o no. Hubo debate, sin duda, pero ese debate se realizó sobre si la economía ya había superado el viejo ciclo económico o todavía estaba sometido a él. No hubo debate sobre si se incrementaban presiones estructurales severas capaces de llevar a la implosión económica, ahora en curso. No fue un asunto de falta de indicadores, sino una incapacidad de ver el significado profundo de esos indicadores. Y ¿de donde salió esta ceguera? Yo sostendría que salió de la creencia en la superioridad de un sistema económico impulsado por los mercados apenas regulados, cuya sabiduría infinita conllevaría la asignación óptima de capital y el mejor de todos los mundos posibles, a diferencia de una Europa sobre reglamentada y un Asia sometida por el capitalismo clientelar.

Deconstrucción y Reconstrucción

Quiero concluir diciendo que mientras los controles autoritarios siguen constituyendo una amenaza a la prensa libre en Asia, y mientras luchamos para levantar una censura completa o una auto-censura en sitios como China, Malasia y Singapur, no debemos dejar de estar pendientes de que la mayor amenaza a la integridad de la prensa y los medios se encuentra en la centralización y la concentración de los medios globales en manos de un número pequeño de oligopolios corporativos del occidente. Esta tendencia a la monopolización conlleva los peligros reales de la imposición de la hegemonía de una ideología cuyos rasgos son una uniformidad ideológica por debajo de un pluralismo superficial, la mercantilización de la producción y difusión de información, un paradigma subyacente bañado en valores que filtran verdades incómodas – es decir incómodas para las verdades eternas de la superioridad del libre mercado y las democracias al estilo occidental - y una metodología de empirismo abstracto.

Lo que significa que la práctica del periodismo responsable en Asia y otras partes, se ha vuelto de deconstrucción y reconstrucción. Por un lado, el reportero o el editorialista debe deconstruir los filtros ideológicos y metodológicos que sutilmente moldean las realidades presentadas por los medios dominantes. Entonces, nos toca colocar los eventos locales e internacionales dentro de su relación real con las estructuras y dinámicas de un proceso de globalización que no es neutral sino que sirve a los intereses de ciertos grupos.

Leer, escribir, o presentar las realidades de nuestras sociedades y del mundo, es un esfuerzo que debe involucrar completamente nuestras facultades críticas – que una al escritor y al lector, al televidente y al presentador en una empresa común de educación, descubrimiento, y acción liberadora. Para hacer diferencia en esta edad de globalización dominada por mecanismos de control ideológicos mucho más fuertes que los de los estados totalitarios del pasado y el presente, el periodismo debe dejar de ser un distribuidor de datos mercantilizados y una vez más llegar a ser un instrumento de liberación siendo reflexivo, crítico, y apegado a la verdad. Esto es lo que significa luchar por la libertad de prensa y de pensamiento en nuestra época.

1. "Clouds form over Sunshine Policy," artículo de The Economist reproducido en el South China Morning Post, 2 de sept 2001.

2. Robert McChesney, "Global Media, Neoliberalism, and Imperialism," Monthly Review, Vol. 52, No. 10 (Marzo 2001), pág. 4.

3. Ibid., pág. 5.

4. Economist Intelligence Unit, citado en Meheroo Jussawalla, "Media Mergers Catching on in Southeast Asia," Media Asia, Vol. 23, No. 4, 1996, pág. 185.

5. "AOL Time Warner, News Corp. Seen Making Strides in China," Reuters, 6 de sept., 2001.

6. "Global Capitalism: Can it be Made to Work Better?," Business Week, 6 de nov., 2000.

7. Comentarios al seminario sobre "Improving the Flow of Information in a Time of Crisis: the Challenge to the Southeast Asian Media," Subic, Filipinas, 29-31 oct, 1998.

8. C. Wright Mills, The Sociological Imagination (Hammondworth: Penguin, 1970).

9. Ver Thomas Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions (Chicago: University of Chicago Press, 1970).

10. Ver Francis Fukuyama, The End of History and the Last Man (New York: Free Press, 1991).

11. Charles Krauthammer, "America Rules: Thank God," Time, 4 de agosto, 1997.

12. Martin Wolf, "America Rules, OK," Financial Times, 16 de sept., 1999.

13. Thomas Friedman, New York Times, Feb. 1997.

14. William Pfaff, "Money Politics is Winning the American Election," International Herald Tribune, 11-12 marzo, 2000, pág. 8.

15. William Pfaff, "The Pentagon, not Congress or the President, Calls the Shots," International Herald Tribune, August 6, 2001.

16. Daniel Lazare, The Frozen Republic: How the Constitution is Paralyzing Democracy (New York: Harcourt Brace and Co., 1996), pág. 5.

17. Pete Engardio, "Is that Asia in America’s Mirror?, Business Week, 7 de sept., 2001.

18. Gary Shilling, Deflation (Short Hills, NJ: Lakeview Publishing Co., 1998), pág. 177.

19. "When the Wealth is Blown Away," Business Week, 26 de marzo, 2001, pág. 33.


 

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