ENFOQUE SOBRE COMERCIO No 84

Enero de 2003

 

 

 


EN ESTA ENTREGA (especial, todos hombres)

EL FORO SOCIAL MUNDIAL

De Florencia a Porto Alegre, Pasando por Hyderabad: Un Año en la Vida del Foro Social Mundial

por Walden Bello

 

EL FORO SOCIAL ASIÁTICO

Nace un Gran Movimiento

por Praful Bidwal

Purgando el Dolor para Forjar un Nuevo Mundo

por Herbert V. Docena

Declaración de los Movimientos Sociales y Organizaciones de Masas Populares

Declaración del Encuentro de Movimientos Populares en el Foro Social Asiático

 

FSM - FORO SOCIAL SOBRE PALESTINA

"Por lo Menos No Nos Mataron"

por Herbert V. Docena

 

ALLENDE ASIA

Imágenes Distintas de una Venezuela Desgarrada por la Huelga

por Mark Weisbrot

¿"Desglobalización"? Sí, Pero…

por Patrick Bond

*****************************


DE FLORENCIA A PORTO ALEGRE, PASANDO POR HYDERABAD

Un año en la vida del Foro Social Mundial

por Walden Bello*

Este artículo fue escrito para Interpress Service (IPS), el 14 de enero de 2003. Derechos reservados de IPS. Autorización especial concedida para su reproducción en Enfoque Sobre Comercio.

 

Del 23 al 28 de enero se reunirán miles de personas de todo el mundo en Porto Alegre, Brasil. Entre los peregrinos habrá campesinos sin tierra del África, sindicalistas filipinos, luchadores por la liberación de Palestina, pueblos indígenas de toda América Latina, y grandes delegaciones de activistas de la sociedad civil de la India, Norte América y Europa. El acontecimiento es el Foro Social Mundial (FSM).

El encuentro de este año, tercero consecutivo en esta ciudad de 1.3 millones de habitantes, adquiere un significado especial debido a la reciente victoria resonante de Luis Ignacio Da Silva, más conocido como Lula, en las elecciones presidenciales de Brasil. Lula es el principal fundador del Partido de los Trabajadores (PT), uno de pilares organizativos del FSM.

El FSM, también conocido como el "Proceso de Porto Alegre", se ha convertido en la principal expresión organizada de un movimiento ascendente contra la globalización comandada por las grandes empresas. Desde los sucesos del 11 de septiembre de 2001, el FSM adquirió además una fuerte connotación contra la guerra, y se espera que en las actividades de este año se manifieste la oposición a la decisión de EE.UU. de iniciar una guerra contra Irak.

El fenómeno de Porto Alegre también ha recibido algunas críticas, incluso desde las filas progresistas. Un destacado intelectual de EE.UU. lo ha caracterizado como una asamblea que reúne sobre todo a aquellos que quieren "reformar" la globalización. Otro lo ha condenado como un foro intelectual y políticamente dominado por movimientos sociales y políticos del Norte.

Funciones del FSM

Sin embargo, estas críticas no han impedido que el FSM concite amplia adhesión mundial. Este año se espera que participen unas 100,000 personas, mientras que en el 2002 participaron unas 75,000 y en el 2001 alrededor de 15,000. Quizás la razón es que el Foro cumple con tres funciones indispensables para el movimiento anti-globalización.

En primer lugar, representa un espacio físico y temporal para que este movimiento se reúna, trabaje en red, y simplemente se sienta a sí mismo y se reafirme.

En segundo lugar, es un retiro durante el cual el movimiento reúne sus energías y traza el derrotero de su campaña para confrontar y hacer retroceder los procesos, instituciones y estructuras del capitalismo global.

En tercer lugar, Porto Alegre constituye un lugar y un espacio para que el movimiento elabore, discuta y debata su propia visión, valores e instituciones de un orden mundial alternativo.

Preludio: El FSE y el FSA

El 2002 estuvo marcado por la expansión y la profundización del FSM. En efecto, el encuentro de este año será la culminación de un excitante proceso mundial de un año de duración. Algunas ciudades, incluyendo Buenos Aires y Caracas, celebraron foros sociales al estilo del de Porto Alegre. Sin embargo, la innovación más excitante de este año fue la realización de foros sociales regionales. El Foro Social Europeo (FSE), realizado en Florencia, Italia, del 6 al 9 de noviembre del 2002, reunió a más de 40.000 personas, más del triple de lo esperado. Más sorprendente aún fue la marcha de un millón de personas que patrocinó el FSE en oposición a los planes de guerra de EE.UU. contra Irak, realizada el 9 de noviembre sin ninguno de los incidentes de violencia masiva que los traficantes del miedo, como la periodista italiana Oriana Fallaci, habían pronosticado.

Igualmente sorprendente fue el recientemente concluido Foro Social Asiático (FSA), realizado en la histórica ciudad de Hyderabad, India, del 2 al 7 de enero, que reunió a más de 14,400 participantes inscritos, mayoritariamente del país anfitrión, aunque participaron representantes de otros 41 países.

La atmósfera fue electrizante desde el primer día del evento. Prácticamente durante cada minuto de la maratón de cinco días, los redobles de los tambores y los cánticos de pequeñas manifestaciones llenaron el aire de los predios del Nizam College, el centro principal de la conferencia. Allí y en otros 40 lugares de la ciudad se realizaron 18 conferencias y plenarios, 178 seminarios y talleres, un campamento juvenil y presentaciones culturales. Los temas incluyeron la resistencia a la Organización Mundial del Comercio (OMC), los derechos de los Dalit (parias, marginados en el sistema de castas), la amenaza de los movimientos fundamentalistas, el empoderamiento de las mujeres, la soberanía alimentaria, las grandes represas, la lucha palestina, el saqueo de recursos naturales, y la economía alternativa.

El encuentro de los pueblos comenzó con un discurso sobre la lucha militante contra el militarismo, a cargo de Nora de Cortinas, co-fundadora del grupo argentino de derechos humanos Madres de Plaza de Mayo, quién se dirigió al plenario de apertura del 2 de enero diciendo "No debemos permitir que EE.UU. inicie su guerra contra Irak."

La oposición contra el "venenoso odio comunitario"fue enfatizada por Mehda Patkar, dirigente de la Alianza Nacional de Movimientos Populares, quién llamó a la constitución de una amplia coalición popular contra las fuerzas fundamentalistas apoyadas por los gobiernos, responsables de la reciente matanza de más de 2,000 musulmanes en el estado indio de Gujarat.

En la manifestación que cerró el evento, el ex Presidente de la India K.R. Narayanan hizo un llamado enérgico y sonoro a oponer resistencia contra la globalización. "Queremos que el mundo sea uno, pero no globalizado, no gobernado por un país," dijo. "El mundo es plural y continuará siendo así." Narayanan caracterizó a la "voz que se levanta en el FSA" como la "voz por los derechos humanos, contra la violencia y contra el imperialismo, y es acertado que esa voz provenga de la India, porque fue la India quién hizo sonar el repique mortuorio de un imperio en el que el sol supuestamente nunca se iba a poner."

Al igual que el FSE, el FSA tuvo su cuota de problemas logísticos, como el mal funcionamiento de los equipos de sonido y locales muy difíciles de encontrar en los que debían realizarse talleres. Como en el caso del FSE, el FSA también tuvo su cuota de fricciones entre los grupos que lo organizaron. El FSA se organizó en menos de un año por una coalición que –según la reconocida activista Minar Pimple, de la India—estaba integrada en un tercio por socialistas gandhianos, otro tercio por partidos políticos de izquierda, y el tercio restante por personas y organizaciones independientes."

Sin embargo, dada la fragmentación de los movimientos progresistas en Europa y Asia, el hecho que el FSE y el FSA finalmente se llevaran a cabo exitosamente, constituyó un logro maravilloso. Nancy Gaikwad del Movimiento de los Pueblos Oprimidos, participante del FSA, interpretó los sentimientos de mucha gente cuando manifestó que, "Es la primera vez en mucho, mucho tiempo, que algo así sucede en la India, donde gente de diferentes vertientes políticas puede trabajar en forma conjunta bajo una plataforma común."

¿Hacia la unidad?

En efecto, una de las principales razones por la que el proceso de Porto Alegre está ganando ímpetu, es precisamente porque proporciona un sitio donde los movimientos y organizaciones pueden encontrar formas de trabajar de manera conjunta a pesar de las diferencias. Aunque los grupos usuales de la ultra izquierda se mantienen desafiantes al margen, el proceso de Porto Alegre en Brasil, Europa y la India, puso en un primer plano los valores y aspiraciones comunes de una variedad de tradiciones y tendencias políticas. El proceso de Porto Alegre puede ser la expresión principal de la reunión de un movimiento que por mucho tiempo ha caminado errante en un desierto de fragmentación y competencia. En otras palabras, quizás el péndulo ahora esté avanzando hacia la unidad, impulsado por un sentimiento de que la lucha contra la militarización unilateral y la agresiva globalización de las transnacionales es cada vez más un combate a muerte, y que en ese contexto los movimientos no tienen otra opción que la de mantenerse unidos, o morir separados.

Porto Alegre y Lula

Así como miles de personas llegarán a Porto Alegre en la próxima semana, hay otro hecho que es igualmente significativo. Desde Seattle, el movimiento anti–globalización corporativa ha logrado reunir una masa crítica en todo el mundo, en el sentido de su capacidad para congregar fuerzas en coyunturas significativas –tales como la de diciembre de 1999 durante la Conferencia Ministerial de la OMC en Seattle, y en julio de 2001 en Génova durante la cumbre del Grupo de los Ocho—que le han posibilitado tener un impacto en los procesos internacionales y adquirir un importante perfil ideológico y político en el ámbito mundial. Pero el hecho de constituir un factor de cierto peso en ese ámbito mundial no necesariamente se tradujo en ser un factor significativo a nivel nacional, donde las élites y los partidos tradicionales continúan ocupando una posición dominante. Sin embargo, en los últimos años, el movimiento ha logrado en algunos países mayorías decisivas en el ámbito nacional, sobre todo en América Latina.

La adhesión a las políticas neoliberales no sólo ha sido un camino seguro hacia el derrumbe electoral, sino que los movimientos y partidos que promueven políticas contra la globalización han llegado electoralmente al poder en Ecuador y Brasil, sumándose a la vanguardia de la lucha regional anti-neoliberal, junto al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. Quizás el caso más inspirador sea el de Luis Ignacio da Silva, o Lula, en Brasil, quién ganó las elecciones presidenciales con un 63 % de los votos el pasado mes de octubre. Lula es la principal figura del Partido de los Trabajadores (PT), y como todos saben, el PT es un pilar fundamental del FSM.

No debe sorprender entonces que muchos de quienes viajan a Porto Alegre este año, lleguen con una pregunta que ocupa el primer lugar en su mente: ¿qué nos puede enseñar la victoria de Lula y del PT respecto a la posibilidad de llegar al poder en nuestros países?

Muchas personalidades del movimiento progresista internacional han anunciado que viajarán a Porto Alegre. Sin lugar a dudas el más interesante, el más popular, el más esperado será Lula, la personificación de la nueva izquierda de América Latina. Y este año el Foro será, de muchas maneras, una celebración de un movimiento que, habiendo logrado una extraordinaria unidad política en medio de la diversidad, le cambió el rostro a la política en Brasil.

* Walden Bello es profesor de sociología y administración pública en la Universidad de Filipinas, y director ejecutivo de Focus on the Global South, con sede en Bangkok, Tailandia.

******************************

 

NACE UN GRAN MOVIMIENTO

Movimiento por la Justicia Mundial encuentra suelo fértil en el Foro Social Asiático

por Praful Bidwai*

Esta editorial fue publicada en The Hindustan Times, el 10 de enero de 2003.

 

El Foro Social Asiático (FSA) recién concluido fue testigo de una confluencia particular de movimientos sociales de base, organizaciones populares y ONGs radicales que cuestionan la globalización y que contraponen la equidad, los derechos humanos y la justicia a las trasnochadas agendas de las grandes empresas transnacionales.

Incluso para una ciudad de contrastes (consideremos Nizamshahi o tecnología informática vs miseria total y trabajo infantil), lo que Hyderabad presenció la semana pasada no tiene precedentes: por un lado, una cumbre de ‘iniciativas de asociación global’ (Global Partnership) convocada por la Confederación de Industrias de la India, que sesionó en un hotel cinco estrellas; y por otro, el Foro Social Asiático, con 15,000 activistas de todo el continente celebrando el espíritu de solidaridad en los predios del Nizam College.

El primer evento estuvo dominado por un grupo selecto de potentados empresarios en traje negro, funcionarios extranjeros y ministros de la India, desde L.K. Advani para abajo. El segundo fue una exhibición de colores y una popurrí de activistas de base que hacen campañas en defensa del sustento y los derechos humanos, ambientalistas y feministas, sindicalistas, campesinos que conservan sus semillas, movimientos por la ciencia popular, activistas por el cuidado de la salud, pacifistas y activistas contra la migración forzosa, escritores y cientistas sociales, grupos de teatro radical y cineastas.

El primer grupo consistía de grandes empresas líderes en la India y en Occidente, conocidas por sus marcas exitosas y sus suculentas ganancias; el segundo provenía del nordeste de Asia, de Afganistán, Palestina y Pakistán, Sri Lanka y del sudeste asiático, y también de la India. Estaba integrado por gente conocida por su trabajo contra las bases militares extranjeras y la ocupación, por las luchas contra la deuda, por el derecho a la alimentación y a la libre expresión, por la seguridad humana.

Un hecho revelador fue cuando 400 voluntarios del segundo grupo (FSA) se apostaron pacíficamente en el lugar de reunión del primer grupo y fueron arrestados por la policía del primer ministro más empresarial e informáticamente más sabiondo de la India.

El FSA se abrió con un plenario al que se dirigió la fogosa activista Medha Patkar, y se cerró con una sesión plenaria presidida por el ex Presidente K. R. Narayanan. En el tiempo transcurrido entre ambos, se realizaron ocho importantes conferencias, 160 seminarios, 164 talleres, eventos culturales –e incontables procesiones, manifestaciones y escenificaciones. Esto resume mejor que nada el imponente abanico y el alcance del FSA y sus rasgos de coalición multicolor.

Los temas comunes que impregnaron el foro fueron la democracia de base, la lucha contra la exclusión, los imperativos de equidad, justicia mundial, emancipación humana y desarrollo centrado en las personas (no en el lucro). En una palabra, el mensaje fue: el movimiento anti-globalización está aquí, en carne y hueso!

El FSA es parte del impresionante movimiento por la justicia mundial que comenzó en Seattle en 1999, y que alcanzó una expresión organizada en los encuentros del Foro Social Mundial en Porto Alegre, Brasil, bajo la consigna "¡Otro mundo es posible!"

El movimiento por la justicia mundial es una de las movilizaciones de masas más espectacular de nuestro tiempo. El FSM es un poderoso foro en el que interactúan los activistas sociales y la inteligencia liberal-progresista. El movimiento ha hecho temblar a los líderes del capital mundial y a sus instituciones gerenciales (el Banco Mundial, FMI, G-8, OCDE, etc).

Pero las raíces del FSA se encuentran en suelo asiático, en el sinnúmero de movimientos que surgieron en el continente en el último cuarto de siglo ó antes –por la supervivencia con dignidad, por la paz, la equidad de género, la descentralización, la democracia directa. Estos movimientos han remodelado las sociedades, desde Corea del Sur hasta Nepal; la geopolítica, desde el Golfo Pérsico hasta el Estrecho de Malaca; y las políticas de desarrollo, desde Japón hasta las Filipinas.

India ocupa un lugar especial aquí. Como diría el gran historiador E. P. Thompson, India ha sido testigo de una avalancha de movimientos populares e iniciativas de la sociedad civil, como pocos países han visto. India es también el sitio de una interacción animada, orgánica, de ida y vuelta, entre los movimientos populares y la inteligencia radical.

Sin embargo hubo una presencia desproporcionada de participantes de la India en este evento ‘asiático’: sólo 780 de los 14,426 participantes inscritos venían del exterior. Una de las razones fue que Nueva Delhi tercamente retrasó la autorización de visas para cientos de delegados. El peor ejemplo fue cuando el propio vice Primer Ministro Advani borró sistemáticamente de una lista prácticamente aprobada, los nombres de activistas paquistaníes reconocidos como Asma Jehangir, Pervez Hoodbhoy, I.A. Arman y A.H. Nayyar. Irónicamente, ellos son de los críticos más firmes y renombrados de las duras políticas de vigilancia de Islamabad –¡algo que no podrían haber pasado por alto los propios halcones de Nueva Delhi!

Una crítica válida al programa del FSA es que estaba muy centrado en la India (o India y Pakistán). Otra es que los talleres del FSA estaban físicamente tan dispersos (¿qué ciudad de la India puede alojar a 15,000 personas en múltiples centros de conferencias que estén cercanos?) que no había nexos y faltaba un centro de gravedad. Aún así, el FSA fue un proceso de aprendizaje formidable.

Es difícil resumir la rica diversidad de sus deliberaciones –que abarcaron desde compartir experiencias sobre diferentes luchas contra la economía neoliberal y la privatización de los recursos naturales y por la defensa del sustento, hasta el diseño de enfoques y programas alternativos.

El FSA fue escenario de cuatro acontecimientos excepcionales: la primer interacción a gran escala entre las organizaciones de masas tradicionales de la India y sus ‘Nuevos Movimientos Sociales’; un diálogo entre éstos y otros movimientos del resto de Asia; un foro para avanzar en el análisis y el diseño de estrategias comunes; e interacciones culturales cargadas de energía que tomaron la apariencia de un carnaval gigante, un festival de una semana de duración que celebró algunas de las causas más importantes de nuestro tiempo.

El FSA constituyó un hito destacado, un comienzo estimulante. Ahora hay que darle seguimiento, tanto en términos de difusión amplia de sus ideas centrales entre las bases, pero también repitiéndolo por doquier, aun cuando el proceso de Porto Alegre mantenga su propia integridad e identidad particular. Un gran movimiento social se distingue por la diversidad de sus mensajes y reivindicaciones, y las muchas formas organizativas que pueda asumir. Basándonos en este criterio, el movimiento contra la globalización inequitativa y excluyente y por un mundo más justo, tiene un gran futuro, también en Asia.

* Praful Bidwai es un destacado periodista, comentarista político y activista antinuclear de la India.

****************************

 

PURGANDO EL DOLOR PARA FORJAR UN NUEVO MUNDO

por Herbert V. Docena*

 

HYDERABAD, INDIA. La voz quebrada de Miyoko Matsubara resonaba entre el público mientras se dirigía a la audiencia. Ha sido un largo viaje desde Hiroshima a Hyderabad. A los 70 años, Miyoko ha vivido muchas cosas, desde 1944 cuando cayó la bomba atómica y ella estaba entre los pocos que sobrevivieron. Ahora su voz, aún vacilante después de contar su historia incontables veces, se levantó por encima del polvo del predio del Nizam College donde se realizaba el primer Foro Social Asiático. Ella lloraba nuevamente.

Era sólo el primer día de un foro de una semana de duración. En varios lugares de la ciudad irrumpían las voces quebradas de otra gente. Deena Farhab de Afganistán, estaba a punto de llorar cuando relataba cómo los Talibanes –los mercenarios de EE.UU. durante la guerra afgana contra la Unión Soviética—torturaron y asesinaron brutalmente a su marido. Originario de Rajasthan, India, Murari contó cómo cuatro miembros de su familia murieron de hambre.

Otras voces ya estaban endurecidas. Abdel Jawad Saleh, de Palestina, denunció furioso el genocidio que lleva adelante el Estado de Israel contra su pueblo. Otros hablaron en nombre de aquellos que ya no pueden ser escuchados: Jeong Soo Kim de Corea del Sur exigió la expulsión inmediata de las bases estadounidenses de Seúl, en nombre de los dos adolescentes que murieron aplastados por los tanques de EE.UU.

Otros ni siquiera tuvieron que hablar. Nora de Cortinas, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo –la organización de las madres de aquellos que fueron secuestrados y asesinados por los regímenes dictatoriales instalados por los Estados Unidos en América Latina en los años ’70—lo dijo todo con la pañoleta que usaba sobre su cabeza, bordada con el nombre de su hijo.

No fue una conferencia más. Más de 14,000 participantes de la India y otras 700 personas de todo el continente pertenecientes a unas 800 organizaciones y movimientos, se reunieron en Hyderabad, una ciudad conocida en todo India como el lugar en que los campesinos y tejedores fueron empujados más allá del límite, hasta que se suicidaron de pobreza desesperación. Fue la pata asiática del Foro Social Mundial, o lo que está emergiendo gradualmente como encarnación organizativa de un movimiento masivo global contra la clase de fuerzas que someten a la gente como Miyoko, Deena, Abdel, Jeong, y Nora. Su consigna es breve, su meta enorme: "Otro mundo es posible".

Durante 6 días, el predio polvoriento del Nizam College se convirtió en una gran sala de apoyo psicológico. El foro se convirtió en una sesión terapéutica de miles de personas –una reunión del tipo de Alcohólicos Anónimos para los desposeídos de Asia. Ocho grandes conferencias, 160 seminarios y 164 talleres brindaron a la gente suficientes espacios para abrir su corazón a las personas que, parafraseando un pasaje de una película, estaban allí para escuchar verdaderamente y no sólo para esperar su turno para hablar.

Desde Bangladesh hasta Birmania, desde el Tibet hasta Tailandia, intelectuales, activistas, trabajadores, campesinos, conductores de los tradicionales ‘jinrikisha’ a tracción humana y artistas, se reunieron para compartir sus penas originadas en una amplia gama de problemas, tales como ajustes estructurales, destrucción ecológica, intervención extranjera, represión autoritaria, violencia de género, discriminación de castas, exclusión fundamentalista...

La gente necesita saber que no está sola. Antes de poder siquiera imaginar un futuro, antes siquiera de poder comenzar a debatir sobre las alternativas, la gente necesita sentirse conectada. El potencial –y la necesidad—de realizar encuentros como el FSA, reside en la satisfacción de esta necesidad básica instintiva. Al abrir un espacio para que la gente pueda llorar junta y consolarse entre sí, el proceso de Porto Alegre hace que las personas sepan que su sufrimiento no es aislado.

En una conferencia sobre discriminación de castas y globalización, los Dalits, que son personas consideradas como ‘intocables’ en el sistema de castas hindú, compartieron el escenario con los Burakus, la gente considerada ‘impura’ en la sociedad japonesa. Los Dalits probablemente nunca habían oído hablar de los Burakus, y éstos probablemente no supieran nada de los Dalits. Pero seguramente no se les habrá escapado cuán familiares y reconocibles eran las historias de unos y otros.

Casi se podía ver cómo los ojos de una Buraku se agrandaban cuando ella escuchaba que en Nepal, los Dalits no habían hecho otra cosa que lavar la vajilla y limpiar los baños de las castas altas. Ellos no tienen permitido ni siquiera vender agua. ¿Cuán diferente es esto de la situación de los Burakus en su país, donde el único trabajo que les está permitido es lavar la piel de los animales muertos para transformarla en cuero? Casi se podía ver cómo se entrelazaban los brazos de los Dalits con los de los Burakus cuando ambos escuchaban cómo sus gobiernos le estaban quitando los programas de asistencia social a causa de las medidas de austeridad y de los programas de ajuste estructural.

Al convencer a la gente de que hay otros pueblos ahí afuera que han sufrido lo mismo que ellos están sufriendo, el proceso de Porto Alegre puede evitar que la gente se retraiga a los pequeños rincones de su propio mundo, obsesionada con sus preocupaciones parroquiales, o que abandone todo por sentirse muy pequeña y por creer que no hay ninguna forma posible de llevar adelante la lucha. Y allí, aisladas en las esquinas remotas del abandono, empiezan a dudar si su sufrimiento es efectivamente real, si no están exagerando, si es realmente tan malo como parece.

Pero entonces llegan a Hyderabad. Y allí, al ver y escuchar a personas reales que lloran, ellos recuerdan que los golpes del hambre eran reales, que el estigma del desprecio de la sociedad era real, que el peso insoportable en el pecho por la pérdida de sus hijos era real. Al brindarle a la gente un espacio físico real donde puedan compartir sus experiencias, los conceptos abstractos como el de ‘opresión’ se tornaron reales. Las consignas previamente huecas como ‘imperialismo norteamericano’ se cargaron ahora de sentido. Instituciones remotas y anónimas como la Organización Mundial del Comercio ó el Fondo Monetario Internacional, se hicieron menos distantes.

Miyoko le dio voz al horror de la aniquilación nuclear y al continuo menosprecio de EE.UU. hacia la apremiante situación de los civiles atrapados en sus guerras de agresión. El bordado en la pañoleta de Nora le dio un nombre a la continua connivencia de Washington con los regímenes represivos. Deena le dio un rostro a la complicidad de EE.UU. con la escalada del fundamentalismo islámico.

En última instancia, es el hecho de compartir el dolor –y la esperanza—lo que hace diferente a los eventos como el Foro Social Asiático. Los ejecutivos del mundo pueden compartir sus exitosas estrategias de marketing en sus lujosos centros de convenciones y sus hoteles de cinco estrellas. Los académicos ‘neutrales’ pueden intercambiar sus últimos hallazgos en conferencias en sus apartadas universidades. Las élites políticas y empresariales del mundo pueden tener su Davos o Génova. Ellos pueden tener sus cúmulos de dinero y sus arsenales de bombas. Pero los desposeídos de Asia tendrán su Hyderabad y se tendrán los unos a los otros.

Porque de algún modo, es el dolor el que nos mantiene unidos. Los participantes del FSA podrán haber llevado una variedad de pasaportes, sus apariencias podrán haber sido muy diferentes, podrán haber adoptado orientaciones ideológicas y estrategias discordantes. Pero ¿en qué se diferencia el hambre de Pakistán con el hambre que se siente en Palestina? ¿Es más dura acaso la pérdida de un hijo para un maoísta que para un trotskista? ¿Acaso los reformistas sienten menos terror de las bombas que los abolicionistas?

Al final, bien puede ser que esta purga colectiva de nuestras penas sea lo que nos conduzca a forjar ese otro mundo que es posible y –en la medida en que la cuota actual de miseria se ha vuelto insoportable e inaceptable para cada uno- urgentemente necesario. Para algunos el dolor es precondición del optimismo: no se puede esperar algo mejor si no se sabe cuánto peor ha sido todo realmente. En ese sentido, el FSA bien puede haber sido catártico. El dolor puede llevar al abandono, la desesperación y la parálisis. Pero mediante procesos como el FSA, también puede ser transformado en esperanza y traducirse en acción.

Hacia el final de su oratoria, la voz quebrada de Miyoko –de 70 años de edad, asustada pero aún luchando—se tornó inquebrantable. En la última tarde del foro, miles de delegados salieron del Nizam College, tomaron las calles y le dieron sentido a la palabra abstracta ‘solidaridad’.

Un grupo de psicólogos anunció recientemente que, irónicamente, cuanto más uno protesta más feliz se vuelve. La marcha fue prueba de ello: lo que en momentos se había transformado en un foro de testimonios deprimentes, culminó con un desfile jubiloso y festivo. Hubo bailes frenéticos y cánticos vigorosos. El sufrimiento se transformó en euforia. Para aquellos que antes se sentían desamparados y aislados, ningún otro lugar podría ser más confortable que esa masa vibrante –cargados de penas pero radiantes, y aún así marchando con determinación hacia otro mundo que es posible.

* Herbert V. Docena es un investigador asociado a Focus on the Global South

****************************

 

El proceso del Foro Social Asiático dio origen a dos declaraciones. La primera es significativa porque representa un importante avance político en la construcción de alianzas entre las organizaciones tradicionales de masas, tales como los sindicatos, y los movimientos sociales. Focus on the Global South participó en ese proceso. La segunda declaración fue el resultado de un evento paralelo organizado por grupos regionales y locales, también movilizados contra la globalización. Descubre la diferencia (si puedes).

 

DECLARACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y ORGANIZACIONES DE MASAS POPULARES

7 de enero de 2003

Nosotros los movimientos sociales y organizaciones de masas populares de Asia y el Pacífico, con diversos antecedentes sociales, culturales y políticos, nos reunimos en el Foro Social Asiático, en Hyderabad, India, del 2 al 7 de enero de 2003. Nos hemos reunido aquí en el FSA para compartir nuestras experiencias y alzar nuestras voces contra la globalización neoliberal, el imperialismo, la militarización, el patriarcado y el fundamentalismo.

Nos estamos reuniendo en Hyderabad, la ciudad que pretende ser un símbolo del mundo cibernético en la India. Pero también es la capital del estado conocido por los trágicos suicidios de cientos de campesinos y tejedores, y por las muertes causadas por el hambre como resultado de los impactos de la globalización neoliberal en los últimos años. La verdadera historia de ese estado es la de las luchas de un pueblo muy sufrido.

En efecto, hoy toda el Asia es una vez más el centro de la pobreza, la guerra y la intolerancia, con grandes masas de gente que sufre hambre, pobreza, desplazamientos forzosos, deudas, y la destrucción de su hábitat y su sustento.

El imperialismo tiene al Asia como blanco de sus ofensivas militares y económicas para conseguir beneficios estratégicos, incluyendo la codicia por el petróleo. La amenaza de la guerra de EE.UU. contra Irak nos pone a todos nosotros en peligro, nosotros que hemos presenciado la Guerra del Golfo, el bombardeo de Afganistán y la continua ocupación de Palestina. Las intervenciones políticas y militares de EE.UU. en Asia bajo el paraguas de la denominada Guerra contra el Terror –particularmente en el sur, el sudeste y el este de Asia—nos colocaron en la antesala de una guerra nuclear. Mientras tanto, a lo largo y ancho de la región, los ciudadanos son controlados por leyes antidemocráticas y draconianas impuestas por regímenes confabulados. Así se ha promovido un falso discurso contra el terrorismo y por la seguridad, mientras se margina y se atenta en forma sistemática contra las luchas de los pueblos por la supervivencia, el sustento, los derechos, la inclusión y la auto-determinación. Todas estas presiones están generando formas aún más virulentas de patriarcado y opresión sobre las mujeres asiáticas.

En la región continuamos sintiendo los impactos del capitalismo y la globalización neoliberal que afectan la vida de cada mujer, hombre, joven, niño y niña. Estos efectos conducen a niveles generalizados y crecientes de pobreza, y a brechas cada vez más amplias entre ricos y pobres. También han provocado la creciente degradación del medio ambiente y los ecosistemas, resultando en la propagación generalizada de enfermedades y muertes que amenazan la propia supervivencia del planeta. Los ataques a las economías de todos los países de la región han generado la pérdida total de auto-suficiencia, desindustrialización, privatizaciones y destrucción de los recursos naturales, la tierra, el agua, los bosques, y la desaparición de las leyes laborales. La agricultura y las empresas locales y de pequeña escala están derrumbándose a causa de las importaciones y de los recortes a los subsidios. El fomento a los derechos de propiedad capitalistas y la mecanización indiscriminada a manos de los gobiernos y las empresas transnacionales están destruyendo los conocimientos, las capacidades y el sustento de los pueblos. Las acciones combinadas del Banco Mundial, el FMI, el Banco Asiático de Desarrollo, las Agencias de Crédito a las Exportaciones, las Agencias de Cooperación para el Desarrollo y la OMC están socavando intencionada y deliberadamente nuestra soberanía económica y política, destruyendo nuestras economías locales y nacionales. La deuda continúa siendo utilizada por los organismos financieros internacionales y los países donantes para mantener a nuestros países en la esclavitud financiera y económica.

El capitalismo y la globalización neoliberal hacen peligrar la vida de los pueblos y acentúan las múltiples formas de exclusión de los sectores marginados. Los más afectados son las mujeres, las niñas y los niños, los pueblos indígenas, los Dalits, las minorías étnicas, las tribus, los sectores no organizados, los trabajadores inmigrantes y otros grupos sociales excluidos. Esto ha provocado la caída de los salarios, desempleo masivo y el incremento de los precios, haciendo que la gente esté más desamparada e indigente, generando consecuencias trágicas como el incremento del trabajo infantil y el tráfico de mujeres y niños y niñas. La privatización de la educación, del cuidado de las niñas y niños, de la salud, el transporte y el recorte de los subsidios dan como resultado la negación de los servicios y la seguridad alimentaria para los pobres. Mientras tanto, las formas de exclusión incluyen la abolición de las redes de seguridad y las acciones afirmativas, el incremento de la violencia y la discriminación contra los grupos vulnerables, y el avasallamiento de las diversidades sociales, aumentando así la presión sobre las minorías para que se adapten a la visión dominante, y generando a su vez mayor incidencia de conflictos artificiales que oponen a estos grupos entre sí.

La globalización neoliberal trae consigo una reducción del espacio democrático al interior de los Estados-nación, con el ascenso de articulaciones identitarias agresivamente fundamentalistas, intolerantes y violentas, y el crecimiento de los poderes represivos del Estado y las élites que conducen a graves violaciones de los derechos humanos y civiles.

Nosotros, por lo tanto, resolvemos fomentar, realizar y fortalecer la solidaridad en la resistencia contra la dominación imperialista. En los próximos días será necesario –y por ello bregaremos—incluir muchos más movimientos sociales en el proceso de resistencia, y desarrollar procesos democráticos y transparentes para la coordinación de actividades y acciones.

Creemos no sólo que Otro Mundo es Posible, sino que ¡Otro Mundo es Necesario! Reafirmamos nuestra convicción en las alternativas fundadas en la equidad, la justicia social, los derechos humanos y el socialismo.

Particularmente, resolvemos llevar adelante campañas y luchas y avanzar hacia acciones comunes en las siguientes áreas:

***************************

 

DECLARACIÓN DEL ENCUENTRO DE MOVIMIENTOS POPULARES EN EL FORO SOCIAL ASIÁTICO

Nosotros, los movimientos populares de Asia nos reunimos en Hyderabad, India, del 3 al 7 de enero en los Encuentros de Movimientos Populares durante el Foro Social Asiático. Este encuentro es testimonio de la resistencia creciente de nuestros pueblos en contra de la globalización imperialista y el Nuevo Orden Mundial que de ella emerge. Somos 35 movimientos que representamos a los Dalits, campesinos, trabajadores, mujeres, Adivasis, pueblos indígenas, pueblos pescadores, población urbana empobrecida y discapacitados física o mentalmente.

La globalización imperialista comandada por el G8 y las empresas transnacionales (ETNs), facilitada por la OMC y los organismos financieros internacionales y apoyada por las élites nacionales está devastando nuestras vidas, recursos y medio ambiente. A consecuencia, estamos perdiendo nuestras fuentes de sustento, viviendas, tierras, agua, bosques y otros recursos. Tenemos muy poco o ningún acceso a empleo y alimentación y sufrimos hambre, escasez e inanición. Somos desplazados. Enfrentamos desempleo y relaciones laborales cuasi esclavistas, e incluso migración forzada. Esto deviene en mayor vulnerabilidad de nuestros pueblos y comunidades a la explotación, la opresión y la subordinación.

Nuestros recursos productivos y medios de producción están monopolizados y concentrados en manos de las élites latifundistas y un puñado de gigantescas compañías dedicadas a la agricultura empresarial industrializada. Esta modalidad de agricultura es dependiente de insumos importados y promueve tecnologías peligrosas como los plaguicidas y los OGMs que amenazan la salud, la inocuidad de los alimentos, y al medio ambiente. El dominio del control empresarial está apuntalado aún más mediante patentes sobre seres vivos.

El fundamentalismo agenciado por fuerzas fascistas ha conducido a tensiones generalizadas en nuestras comunidades, violencia y genocidio de comunidades enteras en Asia. Ha socavado la unidad de nuestros pueblos y la integridad de valores universales, y ha dividido a nuestros pueblos según criterios religiosos, de casta y raciales.

La guerra contra el terrorismo comandada por EE.UU. es la continuación de la dominación económica, política, social y cultural del G8 sobre el mundo, y fortalece y perpetua el control de recursos claves como el petróleo, el gas y el uranio en sus manos. La guerra contra el terrorismo es utilizada por el Estado para reprimir con violencia a los movimientos populares y de resistencia, y criminalizar y encarcelar a los dirigentes de los movimientos. La usa para desmantelar todos los mecanismos de protección y fomento de los derechos universales de los pueblos. También ha incrementado la militarización y el tráfico de armas a costa de los pueblos.

Esas mismas fuerzas imperialistas apoyadas por instituciones y valores patriarcales le están negando a las mujeres sus derechos reproductivos y de salud con mayor energía aún, sus derechos políticos y a la tierra, y sus derechos de vivienda. Esto ha incrementado distintos tipos de violencia contra las mujeres, migración forzosa, tráfico, violencia contra tribus y minorías, y ha recortado su acceso a la justicia.

La sociedad en que vivimos es una dividida en castas fundadas en criterios de pureza e impureza, y por eso prevalece la discriminación contra los Dalits ‘intocables’en las comunidades. Eso le niega a los Dalits condiciones de igualdad social y derechos políticos y a la tierra. Hoy más que nunca, las comunidades y los pueblos se están levantando en resistencia contra estas fuerzas imperialistas y sus lacayos en todos los ámbitos. Las mujeres están oponiendo resistencia a la introducción de maquinarias que desplazan a los trabajadores. Las mujeres han impedido la construcción de grandes represas. Los campesinos están ocupando tierras. Los Dalits están afirmando sus derechos. Los trabajadores agrícolas se están organizando por el derecho al trabajo y sus medios de sustento. Los trabajadores también están expulsando a empresas transnacionales como Syngenta y Monsanto. Los agricultores están practicando y recreando la agricultura ecológica y medios de vida sustentables. Estos son sólo algunos ejemplos de la diversidad de modalidades de resistencia de Nuestro Nuevo Mundo.

Nadie puede hablar en nombre nuestro excepto nosotros mismos, los movimientos populares. Tenemos nuestras victorias, nuestra cultura, nuestra propia agenda política y aspiraciones. Nos hemos reunido aquí en los Encuentros de Movimientos Populares para seguir fortaleciendo, consolidando y enalteciendo nuestra resistencia en Asia.

Seguiremos luchando con mayor decisión, energía y fuerza. Por eso:

  1. Rechazamos a la OMC. Descarrilaremos a la OMC en Cancún. Con ese fin, desarrollaremos acciones y propuestas en todos los ámbitos. Como un primer paso, queremos a la OMC fuera de la agricultura y la salud. Habrá una Jornada Mundial de Protesta, particularmente para descarrilar a la OMC.
  2. Rechazamos a las empresas transnacionales (ETNs) y las expulsaremos de nuestras comunidades, nuestras naciones y toda el Asia. Fortaleceremos y consolidaremos la resistencia que ya está organizada, enfocándola ahora especialmente en las transnacionales que promueven tecnologías peligrosas, particularmente Syngenta, Monsanto, Aventis, DuPont y Bayer.
  3. Afirmamos la soberanía alimentaria de nuestros pueblos, es decir, el derecho de los pueblos a decidir sus propias políticas agropecuarias y alimentarias fundadas en el derecho a la tierra y recursos productivos como el agua, las semillas, los bosques, y nuestros conocimientos y habilidades. Sólo alcanzaremos la soberanía alimentaria cuando quedemos libres e independientes de cualquier forma de dominación extranjera o local. Recobraremos las tierras Panchami (tierras entregadas a los Dalits por el gobierno) y otras tierras y las repartiremos a los campesinos sin tierra y las mujeres. Rechazamos las tecnologías que sustituyen mano de obra. Expandiremos la agricultura sustentable y fomentaremos estilos y medios de vida sustentables. Fijaremos precios justos para los productos agropecuarios y someteremos el Comercio al respeto de los derechos de los pueblos y la afirmación de la soberanía alimentaria.
  4. Defendemos y promovemos los derechos, la igualdad y la dignidad de las mujeres. Rechazamos y oponemos resistencia a la cultura de violencia y tortura derivada de la represión y la subordinación, particularmente contra las mujeres. En nuestra oposición a los valores e instituciones patriarcales, defenderemos enérgicamente y fomentaremos los derechos reproductivos y la salud de las mujeres. La tierra y otros recursos productivos serán repartidos equitativamente también para las mujeres. Reconociendo el papel y contribución de las mujeres en la producción de alimentos y el uso de los recursos, las mujeres somos compañeras iguales en la lucha.
  5. Oponemos resistencia y destruiremos la cultura, los valores y las fuerzas Fundalmentalistas mediante nuestras luchas por derechos democráticos, equidad y libertad. La discriminación y las atrocidades a que son sometidos los Dalits deben cesar inmediatamente, así como el sistema de castas y la discriminación contra los ‘intocables’ deben erradicarse de inmediato.
  6. Nos oponemos enérgicamente a la guerra contra el terrorismo comandada por EE.UU. Exigimos el retiro inmediato de las tropas de EE.UU. desplegadas para una guerra contra Irak. Rechazamos el terrorismo de Estado sobre nuestros pueblos y exigimos la liberación inmediata de todos los activistas políticos que están en prisión. También reclamamos transparencia en el uso de los dineros del pueblo y que se rindan cuentas en todos los ámbitos y niveles, especialmente en lo que hace al comercio de armas y en temas de defensa.

Para alcanzar estos fines construiremos lazos de solidaridad internacional con los movimientos populares en todo el mundo.

¡EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO!

*****************************

 

FSM – FORO SOCIAL SOBRE PALESTINA

"Por lo menos no nos mataron"

por Herbert V. Docena*

 

El día después de Navidad, alrededor de trescientos delegados de todas partes del mundo debían volar a Israel, no para celebrar el nacimiento de Cristo en Belén sino para pujar por algo que aún está luchando por nacer –el Estado libre y soberano de Palestina. El Foro Social Mundial sobre Palestina debía celebrarse –de forma bastante desafiante– en Ramallah, uno de los lugares más peligrosos de la Tierra en estos últimos meses.

Organizado por la Red Palestina de ONGs junto con la Red Árabe de ONGs para el Desarrollo y otros simpatizantes internacionales, el Foro pretendía ser una demostración simbólica de solidaridad, un mensaje osado de que no solamente los musulmanes se interesan por Palestina. Gentes de todas partes del mundo, hasta de un país tan recargado de problemas como las Filipinas, debían marchar por las calles manchadas de sangre de Cisjordania y la Franja de Gaza para protestar por la colonización continua de lo que queda de Palestina a manos de Israel.

Pero no pudo ser así. El huésped no invitado ahuyentó a los huéspedes que el anfitrión había invitado.

Tratados como miembros de la realeza en Tel Aviv

En el aeropuerto de Tel Aviv, en el área de control de inmigración, después de un viaje de 20 horas desde Manila vía Frankfurt, se me condujo a un pequeño cuarto donde fui interrogado e intimidado por una joven policía quien con indignación me dijo que yo no podía entrar a su país. Yo no era el único. Afuera había un grupo de hombres y mujeres con aspecto abatido, la mayoría de ellos belgas y uno francés, a quienes les acababan de comunicar que debían abandonar Israel en el primer vuelo disponible.

Fue una acogida muy cálida. Fuimos sometidos al cateo corporal más intenso que ninguno de nosotros haya experimentado jamás, y todo nuestro equipaje fue escudriñado y examinado con avidez y equipos de la más alta tecnología. Escoltados cada uno por un policía, se nos condujo luego a una celda de detención con un pequeño agujero cuadrado por ventana, tres catres de campaña, y el frío del invierno filtrándose por las aberturas en la pared por debajo del cielorraso. Fue sólo entonces, en voz baja, que pudimos confirmarnos mutuamente lo que cada uno de nosotros sospechaba: Todos íbamos al Foro en Palestina.

Resultó que al Ministro del Interior israelí le había llegado la noticia de lo que se estaba fraguando, y había dado la orden a las autoridades de inmigración de revisar cuidadosamente a toda persona que viajase sola, y de negarle entrada a todos aquellos que visitaran Israel por razones que no fueran las de celebrar el nacimiento de Cristo. Puesto que Palestina está rodeado en ambos lados por Israel y por Jordania, la única forma de entrar es a través de Tel Aviv o por Amman. Ya que Jordania firmó un pacto de paz con Israel, ir por Amman es tan riesgoso como ir por Tel Aviv. Los delegados que llegaron en grupos el día de Navidad lograron entrar, pero otros grupos de alemanes y algunos delegados españoles ya habían sido enviados de vuelta para sus países de origen.

En el aeropuerto, estuvimos encerrados en la celda durante once horas, vigilados celosamente por un policía apostado afuera de la celda. Cuando llegó el momento de partir, fuimos llevados al avión en un convoy encabezado por un automóvil policial. En Frankfurt, después de aterrizar, la policía alemana nos condujo a su cuartel general en el aeropuerto para otra ronda de interrogatorios. Desde Tel Aviv aparentemente le enviaron una nota a la policía de Frankfurt diciendo que se nos había negado entrada por ser trabajadores ilegales.

Por lo menos no nos mataron

No obstante, a pesar de haber sido detenidos y expulsados, sentíamos aún así que Israel nos había tratado como miembros de la realeza.

Por lo menos nos dieron alojamiento para la noche. La milicia israelí ha derribado muchísimas viviendas de palestinos en los territorios ocupados, dejando a muchos de ellos sin hogar en lo más recio del invierno. Por lo menos nos dieron un emparedado a cada uno como cena. Con los tanques israelíes en las calles y soldados velando por el cumplimiento del toque de queda, muchos palestinos no han podido, a menudo, ni siquiera llegar hasta las tiendas y almacenes para proveerse de alimentos, y mucho menos concurrir a las escuelas u oficinas y lugares de trabajo para ganar el dinero con el cual poder comprarse algo de comer.

Por lo menos ellos nos dejaron solos en nuestra celda. Amnistía Internacional tiene documentado que miles de hombres jóvenes palestinos han sido acorralados, llevados a prisión y torturados en campos de detención. Por lo menos nos liberaron vivos. Casi dos mil palestinos cayeron muertos desde que se inició la última escalada del conflicto. De estos, alrededor de 200 fueron víctimas de "asesinato selectivo" –la política oficial israelí de seleccionar y asesinar a aquellos que a sus ojos pudieran ser sospechosos como "terroristas". Justo el día que llegamos, el ejército israelí mató a siete palestinos, entre ellos a tres adolescentes desarmados. Hay nuevas zonas en Palestina que están siendo ocupadas lentamente por Israel en una invasión progresiva, y que Israel ha designado unilateralmente como zonas vedadas para los palestinos. Si los palestinos osan deambular por esas zonas, los soldados israelíes tienen licencia para matarlos en el acto y en cualquier momento.

Por lo menos –afortunados nosotros que fuimos llevados misteriosamente, pero continuo sufrimiento para los palestinos que están aún luchando allí para quedarse—Israel sigue siendo más amable con los huéspedes de sus anfitriones que con los anfitriones mismos.

No es que los palestinos no hayan sido anfitriones clementes. En 1993, los palestinos reconocieron la existencia del Estado de Israel –y, en efecto, se compadecieron del lazo histórico de ese pueblo con su tierra– entregándole prácticamente el 78% de lo que antes era Palestina. En otras palabras, estaban ahora dispuestos a ver a sus antiguos invitados como nuevos vecinos.

Todo lo que piden es que se les devuelva lo que perdieron en el ataque sorpresa de Israel en 1967, respaldado por EE.UU. Si no es mucho pedir, ellos suplican que se les permita fundar un Estado independiente con el 22% restante de su tierra natal. Y si sus antiguos huéspedes no objetan, que ambos cumplan con la resolución 1397 de la ONU que prevé la creación de "una región donde dos Estados, Israel y Palestina, convivan uno al lado del otro, dentro de fronteras seguras y reconocidas."

Y si esto no es abusar de la hospitalidad de sus antiguos huéspedes, que hagan el favor de no seguir matándolos. Porque ellos no pueden evitar –ante el poder militar abrumante de Israel, financiado con la suma más importante que otorga EE.UU. en ayuda externa—que sus hijos decidan convertirse en bombas y estallar, para retribuirles la amabilidad.

* Herbert V. Docena es un investigador asociado a Focus on the Global South

******************************

 

IMÁGENES DISTINTAS DE UNA VENEZUELA DESGARRADA POR LA HUELGA

por Mark Weisbrot*

Este artículo fue publicado inicialmente en el Washington Post, el 12 de enero de 2003.

 

Caminando por Caracas a fines del mes pasado durante las protestas que aún sacuden a Venezuela, me sorprendió lo que vi. Mis expectativas estaban moldeadas por la cobertura persistente que hacen los medios de EE.UU. sobre la huelga nacional convocada por la oposición, que busca la renuncia de Chávez. Sin embargo, en la mayor parte de la ciudad donde viven los trabajadores y la población empobrecida, había pocas señales de la huelga. Las calles estaban atestadas de compradores navideños, los trenes metropolitanos y los buses funcionaban normalmente, y los comercios y almacenes tenían abiertas sus puertas. Solamente en los barrios ricos del este de la capital se encontraban cerrados la mayoría de los negocios.

Se trata claramente de una huelga del petróleo, no de una "huelga general" como a menudo se la describe. La huelga está comandada por la directiva de la empresa estatal de petróleos PDVSA, que está de punta con el gobierno de Chávez y controla la industria petrolera de país. Aun cuando el 80% de los ingresos por exportaciones provienen del petróleo en Venezuela y el 50% del presupuesto nacional depende de esa industria, su fuerza de trabajo representa sólo una pequeña fracción de la clase obrera venezolana. Aparte de la industria petrolera, es difícil hallar otros sectores de trabajadores que se encuentren hoy en huelga. Algunos sectores obreros han sido afectados por el paro patronal, ya que algunos empresarios –entre ellos grandes empresas extranjeras como McDonald’s y FedEx—cerraron sus negocios en apoyo a la oposición.

La mayoría de los estadounidenses parecen creer que el gobierno de Chávez es una dictadura, y uno de los gobiernos más represivos de Latinoamérica. Pero esas impresiones son falsas.

Además de haber sido electo democráticamente, el gobierno de Chávez probablemente sea uno de los menos represivos de América Latina. Eso, también, es fácil constatarlo en Caracas. Si bien hay tropas apostadas alrededor del Palacio Miraflores (la casa de gobierno), la presencia militar y policial en el resto de la ciudad es mínima, algo que sorprende particularmente en vista de la situación política volátil y de tensión que se vive ahora en Venezuela. Nadie parece temerle ni un poquito al gobierno nacional, y a pesar de la gravedad de este último intento para derrocarlo, nadie ha sido arrestado por actividades políticas.

Chávez se ha mostrado reacio a emplear la fuerza pública para quebrar la huelga, a pesar del enorme daño que ésta significa para la economía nacional. En los Estados Unidos una huelga de ese tipo –que ocasione graves daños a la economía, o en la que trabajadores públicos o privados planteasen reclamos políticos—sería declarada ilegal. Quienes participen en ella podrían ser despedidos, y sus dirigentes podrían ser encarcelados por mandato de un tribunal si persistiesen con la huelga. En Venezuela el tema aún no ha sido laudado. El mes pasado, la Corte Suprema le ordenó a los empleados de PDVSA volver al trabajo hasta que se defina si la huelga es legal o no.

Para quienquiera que haya estado en Venezuela últimamente, los señalamientos de la oposición que acusan a Chávez de "convertir al país en una dictadura castrista-comunista" –repetidos con tal frecuencia que millones de estadounidenses aparentemente se los creen—son completamente absurdos.

Si hay dirigentes en Venezuela que sean proclives a la dictadura, esos son los de la oposición. El 12 de abril consumaron un golpe militar en contra del gobierno electo. Instalaron al presidente de la cámara empresarial como presidente de la República y disolvieron el Parlamento y la Corte Suprema, hasta que la movilización popular generalizada y oficiales del ejército fieles a Chávez abortaron el golpe dos días más tarde.

Hay oficiales militares que arengan abiertamente en la Plaza Altamira llamando a un nuevo golpe. Es difícil imaginar otro país en el que algo así pudiera ocurrir. La iniciativa gubernamental de enjuiciar a los líderes golpistas fue cancelada cuando el tribunal rechazó los cargos y absolvió a los acusados el pasado agosto. A pesar de la furia y la indignación de sus seguidores, algunos de los cuales habían perdido amigos o parientes que murieron el año pasado en los dos días de gobierno golpista, Chávez respetó la decisión de la Corte.

La oposición tiene bajo su control los medios privados, y mirar televisión en Caracas es una experiencia verdaderamente orwelliana. Los cinco canales de televisión privada (hay un canal estatal) que llegan a casi todos los hogares venezolanos, transmiten propaganda anti-chavista permanentemente. Pero peor aún que eso: son desvergonzadamente deshonestos. A manera de ejemplo, el 6 de diciembre un hombre armado, aparentemente trastornado mentalmente, disparó contra una muchedumbre en una manifestación de la oposición, matando a tres personas e hiriendo a docenas más. Aun cuando no existían pruebas ni evidencias que asociaran al gobierno con ese crimen, los creadores de noticias de la televisión salieron inmediatamente a convencer al público –armados con escenas filmadas de los cadáveres ensangrentados y los familiares acongojados—de que Chávez era el responsable de esos hechos. Poco después del crimen los medios transmitían video clips de mala calidad y dudosa veracidad que mostraban al supuesto asesino participando en una manifestación pro-chavista.

Ahora tengan en cuenta cómo ve el pueblo de las barriadas de Caracas a la oposición: comandada por representantes del viejo régimen corrupto, la oposición quiere derrocar a un gobierno que ganó tres elecciones consecutivas y dos plebiscitos desde 1998. Su golpe de Estado fracasó, en parte porque cientos de miles de personas arriesgaron sus vidas lanzándose a las calles para defender la democracia. De modo que ahora se dedican a paralizar la economía con una huelga petrolera. La clase alta simplemente está tratando de conseguir mediante el sabotaje económico lo que no pudieron conseguir ni pueden todavía conseguir en las urnas, dado el alto grado de rivalidad y odio que existe entre los grupos y líderes de la oposición.

Del otro lado de la línea divisoria de clases el conflicto también se entiende como una lucha por quién controla y se beneficia de la riqueza petrolera del país. En los últimos 25 años PDVSA creció hasta convertirse en una empresa de U$S 50,000 millones al año, mientras que el ingreso medio de los venezolanos se contrajo y la pobreza aumento más que en ningún otro lugar de América Latina. Miles de millones de dólares derivados de las ganancias de la empresa petrolera podrían destinarse más bien a financiar programas de salud y educación para millones de venezolanos.

Ahora súmele Washington a esa mezcla: Estados Unidos apoyó el golpe como único país en las Américas, y antes de eso multiplicó su apoyo financiero a la oposición. Washington comparte la meta de los altos ejecutivos de PDVSA de incrementar la producción de petróleo –quebrando así las cuotas fijadas por la OPEP—e incluso vender la empresa a inversionistas privados extranjeros. Por eso no debe sorprender que el conflicto en su conjunto sea visto en gran parte de América Latina como poco más que un nuevo caso de intervención estadounidense, tratando de derrocar a un gobierno independiente elegido democráticamente.

La visión de las barriadas parece plausible. La polarización de la sociedad venezolana según criterios de clase y raza se hace evidente en las propias manifestaciones de uno y otro sector. Las marchas pro-gubernamentales están repletas de gente empobrecida y trabajadores que son notoriamente más oscuros –descendientes de los pueblos indígenas autóctonos y de esclavos africanos—que las clases altas que participan en las manifestaciones de la oposición vistiendo trajes costosos. Los partidarios de la oposición con quienes hablé negaron esas diferencias, insistiendo en que los simpatizantes de Chávez son simplemente "ignorantes" que están siendo manipulados por un "demagogo".

Pero para muchos, Chávez representa la mejor y quizás la última esperanza, no sólo de una mejoría económica, sino de vida democrática en cuanto tal. En las manifestaciones pro-gubernamentales la gente lleva copias de bolsillo de la constitución bolivariana de 1999, y los vendedores las anuncian y venden a la muchedumbre. Los dirigentes de varias ONGs con los que conversé, y que colaboraron en la redacción de esa constitución, exhiben diferentes motivos para reverenciarla: los grupos de mujeres, por ejemplo, por sus cláusulas antidiscriminatorias; los dirigentes indígenas, porque es la primera vez que se reconocen los derechos de sus pueblos. Pero todos se ven a sí mismos como defensores de la democracia constitucional y las libertades civiles, en contra de lo que describen como la "amenaza fascista" de la oposición.

Esa amenaza es muy real. Los líderes de la oposición no han pedido disculpas por el golpe de Estado fallido de abril, como tampoco por el encarcelamiento y la muerte de muchísimos civiles durante los dos días de gobierno ilegal. Aún hoy siguen apareciendo en la televisión llamando a un nuevo golpe, que tendría que ser sangriento para mantenerse en el poder, habida cuenta del amplio apoyo popular con que todavía cuenta Chávez.

Pero, ¿cuál es la posición del gobierno de EE.UU. sobre la cuestión de la democracia en Venezuela? La administración Bush se sumó al coro de la oposición, que aprovechando las muertes del 6 de diciembre empezó a reclamar elecciones anticipadas, que serían violatorias de la constitución venezolana. La administración se retractó una semana más tarde, pero a pesar de su aparente apoyo a las negociaciones de mediación auspiciadas por la OEA, aún no ha hecho nada para alentar a sus aliados de la oposición a que busquen una salida constitucional o pacífica siquiera.

Dieciséis miembros del Congreso estadounidense le enviaron una carta a Bush pidiéndole que exprese claramente que los Estados Unidos no mantendrá relaciones diplomáticas con un gobierno golpista en Venezuela. Pero a pesar de su recelo y preocupación por una eventual interrupción del abastecimiento de petróleo de origen venezolano en vísperas de una probable guerra contra Irak, la administración Bush aún no está dispuesta a abandonar ninguna de sus opciones para un "cambio de régimen" en Caracas. Así, no sorprende que tampoco la oposición venezolana lo haga.

* Mark Weisbrot es co-director del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas, un centro de investigaciones independiente y no partidario, con sede en Washington D.C. weisbrot@cepr.net

**********************************

 

¿"DESGLOBALIZACIÓN"? SÍ, PERO…

por Patrick Bond*

 

Mi lugar favorito, Zimbabwe, es el deleite de agresivos comentaristas burgueses, uno de los cuales escribió hace un mes lo siguiente sobre la desintegración de ese país en el semanario Economist (30 de noviembre de 2002):

"Se está llevando a cabo en Zimbabwe un interesante experimento en la economía. Para los enemigos de la globalización, los puntos de vista del presidente Robert Mugabe no tienen nada de extraordinario. Mugabe sostiene que las ‘fuerzas desenfrenadas del mercado’ están encabezando un ‘ataque frontal y salvaje contra los pobres’. Condena la tendencia actual de ‘eliminar al Estado del ámbito público para beneficiar al gran capital’. Sin embargo, lo que le diferencia de otros anti-globalizadores es que él ha sido capaz de poner sus ideas en práctica".

Grrrr. El Economist pretende hacerle creer a los lectores que Mugabe es un anticapitalista desglobalizador, y que la desintegración en curso –asociada a su presunto rechazo del mercado—es la consecuencia inevitable de las políticas que defendemos en nuestro movimiento. La realidad es muy diferente, tal y como pueden testificar muchos activistas y estudiantes de izquierda en Harare y Bulawayo, sometidos a la brutalidad oficial proto-fascista durante mas de una década.

Tal vez el antídoto más novedoso contra la lógica del Economist sea el nuevo libro de Walden Bello: "Deglobalization: Ideas for a New World Economy" (Desglobalización: Ideas para una nueva economía mundial). Acabo de añadirlo este año a la lista de lecturas obligatorias para mi seminario principal de maestría en economía política en la Universidad de Wits. El libro de Bello es parte de la buena serie de la editorial Zed Press denominada Global Issues (Temas Globales). Consta de 132 páginas de fácil lectura y se complementa con otro libro suyo más reciente, "The Future in the Balance" (El futuro en la cuerda floja), una colección de 20 elocuentes ensayos publicados en 2001 por Food First, la ONG combativa que Bello dirigió tiempo atrás en San Francisco, EE.UU.

Probablemente Bello no necesite presentación; su agotadora agenda incluye: la participación en prácticamente todos los enfrentamientos contra las estructuras del poder mundial; una cátedra en la universidad de Filipinas; la dirección de un partido político filipino de izquierda; y, lo más importante desde el punto de vista del anticapitalismo internacional, la dirección de Focus on the Global South, un centro de investigaciones estratégicas de los movimientos populares, con sede en la Universidad de Chulalongkorn en Bangkok, Tailandia (http://www.focusweb.org).

Humilde y gracioso, con un Doctorado en Sociología de la Universidad de Princeton, Bello tiene una larga historia de activismo y movilización social. Hace seis meses la revista New Left Review publicó una interesante entrevista que explora su trayectoria política, incluyendo una importante ruptura con el partido comunista de Filipinas (http://www.newleftreview.net/NLR25004.shtml).

¿Cuáles son los principales argumentos para la desglobalización? El libro comienza sosteniendo rigurosa y persuasivamente que el sistema mundial predominante es insostenible, por diversos motivos sintetizados en los principales subtítulos del primer capítulo: multilateralismo en retirada; la crisis del sistema neoliberal; la empresa de sociedad anónima, cuestionada; la degeneración de la democracia liberal; el fantasma de la deflación global; el auge del movimiento (anticapitalista); el 11 de septiembre; y "el imperio se excede demasiado". Bello termina este capítulo introductorio insinuando que "las respuestas progresistas están uniéndose al abrigo del proceso de Porto Alegre", aunque aquí el razonamiento se torna penosamente impreciso, especialmente si se lo compara con las tradiciones previas de anticapitalismo.

Analíticamente, Bello está influenciado por Robert Brenner y sus dos estudios marxistas más importantes sobre la competencia intercapitalista, la sobre-capacidad sistémica resultante y la rentabilidad decreciente, uno de ellos publicado como "The Economics of Global Turbulence" (La economía de la turbulencia mundial) en la edición de mayo/junio de 1998 del New Left Review, y el otro como "The Boom and the Bubble" (De prosperidad repentina y economías infladas), publicado por la editorial Verso el año pasado. Pero Bello no atina a fundamentar más vigorosamente su anticapitalismo, mas allá de evasivas señales y palabras clave.

Por otra parte, el punto fuerte de Bello es la lucidez de su crítica fundamentalmente institucional. Aunque el segundo capítulo examina el anti-imperialismo a medias de los gobernantes del tercer mundo durante los años ‘70 y la posterior reacción de la derecha, que dejó a la mayoría de los líderes del Sur como meros lacayos de Washington, se trata de un abordaje periodístico. Yo esperaba algo que se aproximase más a la claridad teórica que hace tan gratificante la lectura de un libro como el "The New Imperialism" (El nuevo imperialismo) de Robert Biel, publicado por la editorial Zed en 2000.

El tercer capítulo de Bello aporta al análisis del Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio (OMC). El cuarto muestra como estas organizaciones –y el capitalismo mundial en general—sufrieron una importante crisis de legitimidad a finales de los años ‘90. Bello echa por tierra tanto los "malabares reformistas" (capítulo cinco) como las principales propuestas burguesas de reestructuración futura del gobierno económico mundial, formuladas por comentaristas de toda índole, desde las Naciones Unidas hasta la Comisión Meltzer, desde los predicadores de la resurrección de las instituciones del sistema de Bretton Woods hasta George Soros, condenado recientemente por traficar información confidencial (capítulo seis).

Después viene "The alternative: Deglobalization" (La alternativa: Desglobalización) en el capítulo siete. Aunque el libro es corto, es una pena que las opciones estratégicas concretas para el movimiento anticapitalista sólo ocupen once páginas, ya que son materia digna de ampliación. Cuando Bello comenta –"No hablo de renunciar a la economía internacional sino de reorientar nuestras economías de producción hacia el mercado local en lugar que a la exportación"– uno recuerda el modo en que Samir Amin describió su propia concepción de la desglobalización hace más de una década: "Desvinculación no es sinónimo de autarquía, sino de subordinación de las relaciones exteriores a la lógica del desarrollo interno… Desvinculación implica un contenido "popular", anticapitalista en el sentido de estar en conflicto con el capitalismo dominante, pero impregnado al mismo tiempo de múltiples intereses divergentes".

Pero esto impone preguntarse cómo conceptualizar el problema: como uno de tendencias profundamente arraigadas hacia la mercantilización de todo, bajo relaciones de producción capitalistas; o simplemente, como si se tratase de globalizadores perniciosos e instituciones hostiles excesivamente poderosas. En efecto, la concepción de desglobalización menos convincente posible es la propuesta por Bello en el Foro Social Mundial de 2002, donde planteaba, como una opción, que tratemos de reducir las instituciones neoliberales existentes a "apenas otra serie de entidades que conviven y son controladas por otros organismos internacionales, acuerdos y agrupaciones regionales. Esto incluiría diversidad de entidades e instituciones como la UNCTAD (Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo), los acuerdos ambientales multilaterales, la OIT, la UE y bloques comerciales en evolución tales como el Mercosur en Latinoamérica, el SAARC en el sur de Asia, el SADC en el sur del África y la reactivada ANSA en el sudeste asiático. Los objetivos prioritarios del Sur y de las iniciativas de la sociedad civil para construir un nuevo sistema de gobierno de la economía mundial deberían ser: más espacio, más flexibilidad y más concesiones recíprocas".

Cualquier persona comprometida en conflictos locales en los que intervengan esas instituciones, sabe que ellas son parte del problema y no de la solución –por lo menos en la forma como están constituidas actualmente. Por eso, Bello ha sido criticado enérgicamente desde la izquierda (por ejemplo, por Alex Callinicos, Victor Wallis y Ray Kiely), y con buena razón, en vista de algunos de los ‘deslices’de Bello, pasados y actuales:

Estos pueden ser puntos rebuscados, anticuados y en buena medida semánticos. (En lo que hace a la política de alianzas, por ejemplo, Bello y Anuradha Mittal, coautora de un capítulo de "The Future in the Balance", atacan a la AFL-CIO [sindicalismo amarillo estadounidense] y a algunos ambientalistas por su "pacto faustiano" con la derecha xenófoba cuando en EE.UU. se estaba resolviendo ‘concederle’ a China relaciones comerciales normales y permanentes con EE.UU.)

En realidad, Bello me convence totalmente con los componentes más radicales de su estrategia, en especial, las técnicas de deconstrucción para desfinanciar y restarle poder a las instituciones del capitalismo mundial. Fue, en particular, su giro político reclamando la abolición del Banco Mundial en abril de 2000, lo que más ayudó a proporcionarle fundamento intelectual a la gran militancia demostrada en las protestas de Washington y Praga en aquel año.

Sin embargo, en aras del debate interno del movimiento, ¿no habrá una forma más amplia de abordar la desglobalización, que nos permita superar esa concepción dualista reformista de regulación globalizada, por un lado, y estrategias utopistas de localización? ¿Será tan difícil para dirigentes intelectuales como Bello mencionar la posibilidad de una revolución—es decir, defender la toma y la transformación total del poder del Estado, del modo en que ha ocurrido con tanta frecuencia en la historia, aunque raramente con éxito?

Alimentar la economía y la sociedad de un Estado tercermundista radical de ese tipo, ¿no supondría acaso la expropiación de bienes y capitales locales/nacionales clave, y un inmediato reajuste de la economía local/nacional hacia la satisfacción de necesidades que no habrían sido satisfechas previamente? Este Estado revolucionario, ¿no rechazaría automáticamente también al Banco Mundial/FMI y la OMC, las compañías de agua francesas/británicas, las restricciones al acceso a los medicamentos impuestas por los derechos de propiedad intelectual, y la mayoría de las otras relaciones capitalistas internacionales como cuestión de estrategia a corto y mediano plazo? A su vez, ¿no requeriría todo esto controles de capital, la anulación de las detestables deudas heredadas de regímenes anteriores, y un control de las importaciones y las exportaciones (de un tipo muy distinto al practicado previamente bajo diversos regímenes burgueses nacionalistas del tercer mundo)?

Semejante proyecto –que según Amin, no es sinónimo de autarquía (caso de la antigua Albania, Birmania o Corea del Norte)—necesitaría romper los vínculos económicos con las peores fuerzas y agentes financieros, comerciales, inversionistas y culturales del capitalismo mundial. Esta podría ser una mitad del futuro que nos prometa la idea de desglobalización.

La otra mitad es la lucha por conseguir la "desmercantilización" de la economía local/nacional, a través de plataformas reivindicativas de transición emanadas directamente de conflictos sociales y laborales. Algunos de los más inspiradores en mi ciudad natal, Johannesburgo, son las luchas por el acceso a la electricidad, el agua, la tierra, la vivienda, los alimentos, y los medicamentos contra el VIH-SIDA –pero estos son tópicos para futuras disquisiciones, porque con las palabras que me quedan quiero dar testimonio de las actividades de desglobalización aplicada en las que están comprometidos Bello y los movimientos eco-sociales progresistas tailandeses.

Cuando visité Bangkok hace un par de semanas, presencié el tipo de reunión que realmente debería preocupar a las élites dirigentes internacionales y tailandesas: un seminario en el cual, al concluir el año, 70 enérgicos activistas sindicales, comunitarios, ecologistas radicales, feministas y trotskistas unieron sus fuerzas en un debate estratégico en dos idiomas, celebrado en los locales de Focus on the Global South, irónicamente ubicados en la universidad más burguesa del país, Chulalongkorn.

Esa misma semana, se desencadenaron dos protestas combativas: una fue la presión creciente de las víctimas del infame proyecto de la represa de Pak Mool sobre el detestable primer ministro Thaksin Shinawatra. Los manifestantes habían ocupado el área exterior de la Casa de Gobierno hasta esa semana, cuando fueron forzados a regresar a las colinas por la creciente violencia estatal, las estrategias divisionistas de "divide y reinarás", y la acción de bandas paramilitares que destruyeron los campamentos provisorios de los campesinos de Pak Mool en dos ocasiones. No obstante, no cabe duda que los activistas en contra de la represa parecen haberse ganado la simpatía del pueblo tailandés, y su activismo ha obligado a Thaksin a evaluar la posibilidad de cancelar el proyecto hidroeléctrico—aunque la batalla aún está lejos de haber terminado.

La segunda protesta fue una impresionante manifestación el 20 de diciembre pasado, durante una reunión de gabinete de los gobiernos de Tailandia y Malasia en un hotel de lujo en la ciudad sureña de Hat Yai. Mil activistas se manifestaron en contra de un gasoducto que la Petronas pretende construir entre los dos países, desastroso desde el punto de vista ambiental. Cuando se sentaron para comer y rezar en un área que el primer asistente de Thaksin había aprobado como ‘zona verde’ (no restringida), cientos fueron aporreados por la policía. Los dirigentes fueron encarcelados y varias decenas de personas (incluidos policías) resultaron hospitalizados tras el tumulto subsiguiente. El Foro Tailandés de los Pobres y el Foro Asiático por los Derechos Humanos y el Desarrollo fueron algunos de los grupos que ofrecieron solidaridad.

Esos activistas, entre los que se cuentan los aguerridos funcionarios jóvenes de Focus (admirablemente insertos en diversidad de conflictos en el sudeste y el sur de Asia), admiran a Walden Bello como una fuente de inspiración. Aparte de algunas sutilizas menores, yo ciertamente lo admiro también.

* Esta nota se publicó originalmente en Znet Commentaries, en http://www.zmag.org.

Patrick Bond (pbond@sn.apc.org) es catedrático de la Universidad de Witwatersrand, Sudáfrica, y es autor de los siguientes títulos recientes: "Against Global Apartheid" (Contra el Apartheid Mundial), "Zimbabwe’s Plunge" (El Desplome de Zimbabwe) y "Unsustainable South Africa" (Sudáfrica Insustentable).

*******************************

 

Enfoque Sobre Comercio es un boletín mensual de distribución electrónica, publicado por Focus on the Global South, que proporciona noticias y análisis sobre las tendencias del comercio y el sector financiero mundial, enfatizando el análisis de esas tendencias desde una perspectiva integral e interdisciplinaria que es sensible no solo a los asuntos económicos, sino también a los aspectos ecológicos, políticos, sociales y de genero. Sus contribuciones y comentarios son bienvenidos.

Enfoque Sobre Comercio está editado por Nicola Bullard (n.bullard@focusweb.org) .

Traducción: Alberto Villarreal (comerc@redes.org.uy)

REDES-Amigos de la Tierra Uruguay (www.redes.org.uy)

Focus on the Global South es un programa autónomo de investigación y acción sobre políticas, asociado al Instituto de Investigación Social (CUSRI) de la Universidad de Chulalongkorn, con sede en Bangkok, Tailandia. Para ponerse en contacto con nosotros, por favor diríjase a:

Focus on the Global South (FOCUS)
c/o CUSRI, Universidad de Chulalongkorn
Bangkok 10330 TAILANDIA
Tel: 662 218 7363/7364/7365
Fax: 662 255 9976
Correo Eléctronico: admin@focusweb.org
Sitio en Internet: http://www.focusweb.org