ENFOQUE SOBRE COMERCIO

No 85 Febrero de 2003

 

 

 

Enfoque Sobre Comercio es un boletín, publicado por Focus on the Global South, que proporciona noticias y análisis sobre las tendencias del comercio y el sector financiero global, enfatizando el análisis de esas tendencias desde una perspectiva integral e interdisciplinaria que es sensible no solo a los asuntos económicos sino también a los aspectos ecológicos, políticos, sociales y de género.

LA PROPUESTA SOBRE AGRICULTURA AUMENTARÁ EL DUMPING, EL DESEMPLEO Y EL HAMBRE

Los países en desarrollo deben rechazar el texto de Harbinson

por Aileen Kwa

EL RESURGIMIENTO DE LAS POLÍTICAS DE EQUILIBRIO DE FUERZAS

por Walden Bello

COMO ENFRENTAR AL IMPERIO

por Arundhati Roy

LULA ES UNA ABERRACIÓN, ¡OLE, OLE, LULA!

por Herbert V. Docena

BHAGWATI Y BELLO POLEMIZAN SOBRE EL LIBRE COMERCIO Y LOS MERCADOS LIBRES

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LA PROPUESTA SOBRE AGRICULTURA AUMENTARÁ EL DUMPING, EL DESEMPLEO Y EL HAMBRE

Los países en desarrollo deben rechazar el texto de Harbinson

por Aileen Kwa*

El presidente del Comité de Agricultura de la OMC, Stuart Harbinson, dio a conocer su primer anteproyecto de documento sobre modalidades de negociación para el nuevo acuerdo agrícola de la OMC, adelantándose a la reunión mini-ministerial de este fin de semana en Japón, donde se espera que la agricultura sea un tema importante de la agenda. Apenas 25 ministros de comercio concurrirán a la exclusiva reunión de Tokio.

Las modalidades de negociación del documento de Harbinson son un engaño. Están destinadas a dar luz verde a las grandes transnacionales agroindustriales para que se apropien de los mercados agrícolas de los países en desarrollo. Puede esperarse más dumping de alimentos baratos subsidiados, y los países en desarrollo obligados a importar alimentos estarán también importando desempleo. Cientos de millones de pequeños productores agropecuarios de la India, China, la mayor parte del África, países en el sur y el sureste de Asia, así como de América Latina, se verán enfrentados al desempleo y la pobreza cuando los mercados internos sean inundados con importaciones subsidiadas baratas y los precios de los productos se hundan.

La propuesta está claramente en línea con los objetivos de los exportadores agrícolas mundiales, definidos así por el presidente Bush cuando presentó la Ley agrícola estadounidense: "Queremos vender nuestra carne y nuestro maíz y nuestros frijoles a las personas de todo el mundo que necesitan comer". [1] La política de la UE, "consolidar su posición como gran exportador mundial", también avanzará, [2] así como los intereses de importantes agroexportadores del Grupo Cairns como Australia, Canadá y Nueva Zelanda.

El proyecto parece ignorar deliberadamente muchas de las propuestas presentadas por países en desarrollo para proteger a sus productores del dumping y encarar los problemas de desempleo rural e inseguridad alimentaria que acosan a un gran número de países en desarrollo.

Focus on the Global South exhorta a los países en desarrollo a rechazar el texto pues éste no equilibrará la inequidad del comercio agrícola. Están en peligro la subsistencia de los productores agropecuarios; el acceso a los alimentos, especialmente para las mujeres y los niños; y también -dada la importancia central del sector rural en el Sur- el desarrollo a largo plazo de la mayoría de los países en desarrollo.

1) Se incrementará el dumping. Se están legalizando y legitimando formas indirectas de subsidios a las exportaciones. Las trampas existentes en las reglas sobre apoyo a la producción nacional en el actual Acuerdo sobre la Agricultura persisten. Los subsidios a las exportaciones y las MGA [medidas globales de ayuda] (subsidios que distorsionan el comercio) serán desplazados a la Caja Verde (que supuestamente no distorsionan el comercio). No hay topes para la Caja Verde. Un tope global al apoyo total de la Caja Verde, solicitado por los países en desarrollo, no ha sido incluido en el texto de Harbinson. La Caja Verde es donde se reciben los pagos directos de la OCDE. Dichos subsidios a los productores dan un apoyo implícito a las grandes empresas agroalimentarias, permitiéndoles comprar alimentos baratos a los productores del Norte, y exportar alimentos a precios tan bajos que serán menores que los precios de los productores nacionales de los países en desarrollo.

2) El trato que reciben algunos "productos estratégicos" aumentará el hambre y la inseguridad alimentaria, en lugar de abatirlas. El texto dice que [algunos] productos estratégicos (el número está por determinarse) estarán sujetos a recortes arancelarios menores -10 por ciento, con un mínimo del 5 por ciento por línea arancelaria. La mayoría de los cultivos básicos y de los cultivos de subsistencia de los países en desarrollo son exactamente los mismos que están siendo fuertemente subsidiados en Estados Unidos y la Unión Europea: maíz, trigo, arroz, soja, productos lácteos, azúcar, carne. Algunos países en desarrollo han solicitado que los cultivos de seguridad alimentaria sean totalmente excluidos de nuevos compromisos. En su lugar, se les vuelve a pedir que reduzcan estos aranceles. Un delegado del sur dijo: "Algunos países ya están luchando contra aranceles muy bajos en sus cultivos de seguridad alimentaria más sensibles. El recorte del 10 por ciento que se exige tendrá efectos muy negativos".

3) El mecanismo de reequilibrio/compensaciones se le niega al Sur, y en lugar deben reducir drásticamente sus aranceles.Los países en desarrollo han solicitado que se solucione el desequilibrio estructural del comercio agrícola, mediante un instrumento de reequilibrio/compensaciones que pueda defender a sus productores de los subsidios de la OCDE para la agricultura, que ascienden a mil millones de dólares por día. Tal instrumento permitiría a los países en desarrollo establecer aranceles a los cultivos subsidiados por la OCDE en cantidades proporcionales a tales subsidios. Estas propuestas han sido ignoradas en el texto de Harbinson. En su lugar, los aranceles mayores al 120 por ciento deberán ser recortadas por los países en desarrollo en un 40 por ciento; aquellos entre el 20 y el 120 por ciento, disminuidos en un 33 por ciento. No se establece ninguna correlación con los subsidios de la OCDE.

4) ¡Verdaderas disposiciones de tratamiento especial y diferencial (TED) para el Norte! A causa del desequilibrio estructural, las verdaderas disposiciones de TED recaerán finalmente en los países desarrollados. Las disposiciones de TED para los países en desarrollo, dispersas a lo largo del texto, pretenden ofuscar la percepción de los ministros de los países en desarrollo -por ejemplo, la cláusula (no obligatoria) de mayor empeño [best endeavour] en proporcionar más acceso a los mercados para los productos de los países en desarrollo; o ampliar la Caja Verde para los países en desarrollo para que puedan subsidiar a sus pequeños productores, cuando de cualquier modo no pueden permitirse hacerlo.

5) Tratamiento especial para los países desarrollados por diez años más en las disposiciones de salvaguardia especial (DSE).Los países en desarrollo han solicitado la utilización de una medida de salvaguardia temporal para todos los productos, de modo que en caso de gran crecimiento repentino de las importaciones o caídas drásticas de los precios puedan tener recurso temporalmente a un arancel adicional o restricciones cuantitativas. Las actuales disposiciones de salvaguardia solamente pueden ser utilizadas por 30 países, en su mayoría desarrollados. El anteproyecto dice que los países desarrollados pueden seguir utilizando las DSE hasta el final, o hasta dos años después de finalizado el período de aplicación de reducciones arancelarias (es decir, hasta entre 5 y 7 años después que se haya completado el programa de Doha). Los países en desarrollo podrán recurrir a las DSE únicamente en el caso limitado de los pocos "productos estratégicos" identificados (probablemente 2 o 3 por país). Y para colmo de la desfachatez, ¡dice que este acceso a las DSE dependerá de que se complete una revisión que se llevará a cabo para hacer las actuales DSE "operativamente efectivas"! Las negociaciones sobre tratamiento especial y diferenciado emanadas de Doha (fortalecer y hacer operativas las disposiciones de TED), donde no se cumplió con los plazos y donde los países principales no dieron muestras de voluntad política, convierte a esta promesa en una burla.

[1] Lawhon, H 2002, Brief Analysis No. 413, National Centre for Policy Analysis, 15 de agosto.

[2] Commission des CE 1997 Agenda 2000 - Volume I Communication: Pour une Union plus forte et plus large, DOC/97/5

* Aileen Kwa es investigadora asociada de Focus on the Global South, radicada en Ginebra.

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EL RESURGIMIENTO DE LAS POLÍTICAS DE EQUILIBRIO DE FUERZAS

por Walden Bello*

Hoy en día la gente habla y escribe sobre los sentimientos de total impotencia para evitar la próxima guerra. Así de poderoso es Estados Unidos. Y así de decidido a atacar.

Impotencia frente a los supremamente poderosos. Con nuestra imaginación nublada por los recuerdos de los "distanciamientos" entre las superpotencias y las ambiguas victorias y derrotas del período de la Guerra Fría, calificar como singular la situación actual resulta tentador.

Sin embargo el mundo ya pasó antes por esto. En el verano de 1940, tras la caída de Francia, cuando el empuje de la Alemania nazi hacia la dominación mundial parecía incontenible para cualquier combinación posible de fuerzas. En la Europa del principio de los 1800, cuando un Napoleón aparentemente invencible derrotaba en una batalla tras otra a todas las alianzas militares que sus muchos enemigos forjaban.

Los últimos años y los que vienen han sido y serán malos para la paz. Son, sin embargo, ricos en cuanto a lecciones sobre las relaciones de poder internacionales. Y no todas las lecciones son desagradables.

Hegemonía e inseguridad

Ciertamente la primera lección es desalentadora: que la condición de superpotencia indiscutida estimula el conflicto, no la paz. Esto no parecía tan claro inmediatamente después de la Guerra Fría. Luego, se esparció en occidente la expectativa de que Estados Unidos utilizaría su condición de única superpotencia para fortalecer un orden multilateral que institucionalizaría su hegemonía, pero garantizaría una paz augusta en todo el mundo. Incluso algunos comentaristas no afectos a los Estados Unidos especulaban que, una vez terminada la rivalidad entre superpotencias y con todos los otros rivales potenciales retirándose por sí mismos de la contienda, Washington disminuiría su búsqueda incesante de superioridad militar y ventaja estratégica. Europa, Japón y China parecían dispuestos a conformarse con un papel de competencia controlada en el campo económico, mientras aceptaban el dominio estadounidense a largo plazo en el plano militar y de la seguridad.

De hecho, al ir trascurriendo la década de 1990, quedó claro que el fin de la Guerra Fría dio paso fue a un período volátil más peligroso que la Guerra Fría misma, cuando el "distanciamiento" de las superpotencias evitaba las grandes guerras, contenía las guerras pequeñas y daba cierta predecibilidad a las relaciones entre los Estados. La inestabilidad de la nueva era no surgió primariamente de la aparición de actores "irracionales" no estatales que estuviesen dispuestos a embarcarse en "guerras asimétricas" contra los poderosos actores estatales convencionales -aunque muchos intelectuales de la costa oeste de EE.UU. se hicieron famosos describiendo a los terroristas como la mayor amenaza para la paz y estabilidad mundiales en la época de la pos-Guerra Fría. Esa inestabilidad es fruto de los cambios que se han operado en la correlación y el equilibrio de fuerzas dentro del sistema estatal mundial.

El equilibrio de fuerzas

El equilibrio de fuerzas entre los Estados es el tema de la obra magna de John Mearsheimer, The Tragedy of Great Power Politics (La tragedia de la política de las grandes potencias). Considerado el trabajo más concluyente sobre este tema, el libro argumenta persuasivamente que en todo sistema de equilibrio de fuerzas, las grandes potencias no aspiran tanto a lograr un equilibrio defensivo contra sus rivales sino a lograr un grado significativo de ventaja militar y política sobre ellos. Mearsheimer también tiene razón en cuanto a que los sistemas "bipolares", como el de enfrentamiento entre la URSS y EEUU que marcó la dinámica del período de la Guerra Fría, son más estables y corren menos chances de quebrarse que los sistemas "multipolares" como aquel característico de la situación anterior a la segunda Guerra Mundial, marcado por el equilibrio relativo entre varios Estados poderosos.

Lo que Mearsheimer no nos dice, sin embargo, es que la situación más generadora de conflictos, tensiones e inestabilidad es aquella donde hay una potencia avasallantemente dominante rodeada de varias potencias menores -es decir, el mundo de hoy. Cita con aprobación el comentario de Kant: "Es el deseo de todo Estado, o de sus gobernantes, llegar a una condición de paz perpetua mediante la conquista de todo el mundo, si eso fuera posible". Sin embargo, no parece percibir que la visión de Kant cobra quizás mayor relevancia en el mundo posterior a la Guerra Fría, donde la preponderancia militar y política de Estados Unidos no tiene rival.

Esta falla intelectual rechina, y surge de la creencia básica de que Washington, a diferencia de otras grandes potencias, no está apenas motivado por la realpolitik descarnada, sino también por el deseo de un orden mundial benigno. Estas anteojeras ideológicas impiden que Mearsheimer y muchos otros intelectuales estadounidenses se percaten del hecho que Estados Unidos mudó su papel de "equilibrador externo" contra hegemonías potenciales como las de Hitler y la ex Unión Soviética, para convertirse en sí mismo un poder agresivo abocado a lograr la hegemonía mundial.

La coyuntura unilateralista

Muchos críticos del poder estadounidense, por su parte, atribuyen el unilateralismo de George W. Bush a la visión del mundo provinciana y egocéntrica de la derecha estadounidense. Esta explicación confunde causa y efecto. La ideología unilateralista de Bush es producto de una coyuntura estructural única: la consolidación del "defense establishment" cívico-militar que ganó la Guerra Fría como facción dominante de la élite de Estados Unidos, y la desaparición de una fuerza efectiva capaz de contrarrestar el poder estadounidense en el sistema estatal mundial.

Sin embargo, para disfrazar su viraje de la contención a la hegemonía, el "defense establishment" necesitaba un motivo, y en la última década se lo vio invocar a una secuencia de actores que cumplieron el papel que la Unión Soviética había abandonado: Corea del Norte, China, Al Qaeda, el "eje del mal". Con muy poca sensibilidad y respecto hacia el estado de situación y la capacidad actuales de los regímenes blanco, este proceso fue vergonzosamente oportunista y no logró obtener credibilidad ni siquiera entre una masa crítica de su principal grupo objetivo, el pueblo estadounidense. Desde esta perspectiva, el ataque del 11 de septiembre cayó como anillo al dedo para consolidar el apoyo interno al intervencionismo preventivo unilateral y con final abierto que fuera articulado en el discurso histórico de George W. Bush el 17 de septiembre de 2002.

El paradigma multilateralista, por otra parte, nunca fue una alternativa seria considerada por ninguna facción significativa de la élite estadounidense, salvo quizás por viejos círculos liberales marginales y personalidades como Jimmy Carter. Bill Clinton, quien no confiaba en su correligionario demócrata Jimmy Carter, puede haber invocado una retórica multilateralista, pero no dudó en actuar unilateralmente, como cuando ordenó bombardear Serbia a pesar de las objeciones europeas durante la crisis de Kosovo.

Conteniendo a Washington

Esas son las malas noticias. Las buenas noticias son que, incluso contando con una fuerza abrumadora, la hegemonía indiscutida es una condición transitoria. Como sucedió en la Europa napoleónica, las potencias menores bien pueden calcular que una postura de aceptación y servilismo pueda ser necesaria a corto plazo, pero saben que es desastrosa como estrategia a largo plazo, ya que es simplemente una invitación a más agresiones.

De eso se trata el distanciamiento del Consejo de Seguridad de la ONU respecto a EEUU en la cuestión iraquí. Tiene menos que ver con el acatamiento iraquí y más con contener a un poder hegemónico que cree disponer de un cheque en blanco para intervenir, derrocar y deponer regímenes en cualquiera parte del mundo con el peligroso argumento de evitar que una amenaza, no importa cuán abstracta, "alcance al pueblo estadounidense". Si Francia y Alemania parecen estar dispuestos en este momento a tomar distancia e impedir tozudamente que Estados Unidos inicie la guerra contra Irak, es sobre todo para desalentar futuras movidas estadounidenses que puedan constituir una amenaza más directa a su propia seguridad nacional. Los lazos culturales o un sentido de agradecimiento y generosidad por haber sido liberados del nazismo hace 50 años son motivos más débiles en contraste con el miedo a alentar ambiciones agresivas que podrían traducirse en acoso económico a corto plazo y chantaje militar a largo plazo.

Más allá de cómo se resuelva la actual crisis iraquí -y en verdad Francia y Alemania pueden aún capitular a las presiones-el hecho es que ésta ya ha acelerado la decadencia de la OTAN de la era de la Guerra Fría, una evolución que se percibe claramente en los comentarios desdeñosos del secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, sobre la "vieja Europa" recalcitrante. Y marca el renacimiento de la política de equilibrio de fuerzas, con las potencias menores motivadas a cooperar activamente para contener la agresión de Estados Unidos. China y Rusia se están uniendo a Francia y Alemania, en lo que está emergiendo como la versión contemporánea de la Triple Alianza previa a la primera Guerra Mundial, y los países en desarrollo con mayor peso político-económico como Brasil y tal vez Corea del Sur quizás se sumen también. Aunque los miembros individuales puedan cambiar, esta coalición será probablemente de larga duración. Y, a diferencia de lo que sucede hoy, cuando su verdadera dinámica está oscurecida por el debate sobre la supuesta posesión de armas de destrucción masiva en manos de Saddam, los fundamentos de esa coalición se irán articulando paulatinamente con mayor claridad en torno a la defensa de la seguridad nacional y mundial contra la amenaza estadounidense.

Resistencia global

Este resurgimiento de un sistema de contención a nivel del sistema estatal mundial debe verse en el contexto de un avance de otros movimientos de resistencia global. Existen, por supuesto, los fundamentalistas islámicos, que han cosechado ganancias tremendas entre las masas árabes y musulmanas gracias a las amenazas de Estados Unidos frente a los hechos del 11 de septiembre y a su alianza con Israel. Es probable que la próxima guerra contra Irak debilite drásticamente los llamados regímenes moderados en el mundo árabe y musulmán y finalmente dé lugar a gobiernos inflexibles en su resistencia al intervencionismo estadounidense. Dentro de poco tiempo quizás veamos surgir regímenes islámicos radicales en Pakistán, Arabia Saudita e Indonesia.

Luego está el floreciente movimiento mundial contra la globalización dirigida por las grandes empresas transnacionales, que en el último año y medio se ha fusionado crecientemente con el movimiento contra la guerra para formar un poderoso frente de la sociedad civil internacional contra el gobierno estadounidense. Como el movimiento fundamentalista islámico, probablemente algunos elementos de este movimiento diverso asuman las riendas del Estado en varios países en los próximos años. De hecho, ya lo han hecho en algunos países latinoamericanos como Brasil, Venezuela y Ecuador.

El fundamentalismo islámico y el movimiento contra la globalización de las transnacionales no le añadirán peso diplomático y material a la contención de Estados Unidos. Sin embargo, conseguirán algo igualmente importante, cual es socavar la legitimidad de la empresa estadounidense, y exponerla como lo que realmente es: un crudo intento de hegemonía. Esto es muy importante, puesto que la persistencia de las hegemonías se basa finalmente en la percepción de su legitimidad.

Los próximos años y décadas serán probablemente testigos de iniciativas aún más descaradas de reorganización del mundo para ponerlo más eficazmente al servicio de los intereses de EEUU. Pero en ese período venidero también se consolidará una coalición de las potencias menores contra el gobierno estadounidense, al tiempo que en el seno de la sociedad civil mundial se acelerará la proliferación de movimientos en contra del gobierno estadounidense. Esta no es la hegemonía indiscutida a la que aspira Washington, sino la dinámica clásica que entra en acción cuando se persigue poder excesivo. Porque si hay una lección clara e irrefutable en la historia de las naciones, es que el imperio es transitorio, mientras que la resistencia es permanente.

*Profesor de sociología y administración pública en la universidad de Filipinas y director ejecutivo de Focus on the Global South, un instituto de investigación y acción con sede en Bangkok.

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CÓMO ENFRENTAR AL IMPERIO

por Arundhati Roy*

Me han pedido que hable sobre "cómo enfrentar al Imperio". Es una pregunta amplia, y no tengo respuestas fáciles.

Cuando hablamos de confrontar al "Imperio", necesitamos identificar qué significa "Imperio". ¿Significa el gobierno de Estados Unidos (y sus satélites europeos), el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio y las empresas multinacionales? ¿O es más que eso?

En muchos países, el Imperio ha criado otras cabezas subsidiarias, algunas de ellas subproductos peligrosos: nacionalismo, fanatismo religioso, fascismo y, por supuesto, terrorismo. Todos ellos caminan de la mano del proyecto de globalización capitalista.

Permítanme ilustrar lo que estoy diciendo. India, "la mayor democracia del mundo", corre actualmente en primera línea en el proyecto de globalización de las transnacionales. Su "mercado" de mil millones de personas está siendo abierto por la OMC. La corporativización y la privatización son bienvenidas por el gobierno y la élite de la India.

No es coincidencia que el primer ministro, el ministro del Interior, el ministro de Desinversiones, los hombres que firmaron el acuerdo con Enron en la India, los hombres que están vendiendo la infraestructura del país a las empresas multinacionales, los hombres que quieren privatizar el agua, la electricidad, el petróleo, el carbón, el acero, la salud, la educación y las telecomunicaciones, son todos miembros o admiradores del RSS. El RSS es una organización hindú de derechas, ultranacionalista, que admira abiertamente a Hitler y sus métodos.

El desmantelamiento de la democracia se está llevando a cabo con la rapidez y eficiencia de un Programa de Ajuste Estructural. Mientras el proyecto de globalización de las transnacionales destroza la vida de las personas en la India, la privatización masiva y las "reformas" laborales expulsan a las personas de sus tierras y de sus empleos. Cientos de agricultores empobrecidos se están suicidando ingiriendo plaguicidas. De todo el país llegan informes de muertes por hambre e inanición.

Mientras la élite viaja a su destino imaginario cerca de la cima del mundo, los desposeídos caen en espiral hacia el delito y el caos. Este clima de frustración y desilusión nacional es el perfecto caldo de cultivo del fascismo, como nos lo ha enseñado trágicamente la historia.

Los dos brazos del gobierno indio se han tornado una "tenaza" perfecta. Mientras que un brazo está ocupado vendiendo la India por pedazos, el otro, para distraer la atención, está orquestando un coro aullador, ladrador, de nacionalismo hindú y fascismo religioso. Está realizando pruebas nucleares, reescribiendo los libros de historia, incendiando iglesias y demoliendo mezquitas. La censura, la vigilancia, la suspensión de libertades civiles y derechos humanos, la definición de quién es ciudadano indio y quién no, en particular con relación a las minorías religiosas, se están volviendo ahora prácticas comunes.

El pasado mes de marzo, en el estado de Gujarat, dos mil musulmanes fueron masacrados en una persecución oficial patrocinada por el Estado. Las mujeres musulmanas fueron especialmente buscadas. Fueron desnudadas y violadas repetidas veces antes de ser quemadas vivas. Se incendiaron y saquearon comercios, hogares, fábricas textiles y mezquitas. Más de ciento cincuenta mil musulmanes han sido expulsados de sus hogares. La base económica de la comunidad musulmana ha sido devastada.

Mientras Gujarat ardía, el primer ministro de la India se presentaba en la cadena televisiva MTV promoviendo sus nuevos poemas. En enero de este año, el gobierno que orquestó la matanza fue reelecto por una cómoda mayoría. Nadie ha sido castigado por el genocidio. Narendra Modi, arquitecto de la persecución, orgulloso integrante del RSS, se ha embarcado en su segundo período como ministro en jefe de Gujarat. Si fuera Saddam Hussein, por supuesto, cada una de las atrocidades hubiera aparecido en la CNN. Pero puesto que no lo es, y que el "mercado" indio está abierto a las inversionistas mundiales, la masacre no es ni siquiera un inconveniente vergonzoso.

Hay más de cien millones de musulmanes en la India. Una bomba de tiempo está haciendo tictac en nuestra antigua tierra.

Cuento todo esto para ilustrar que es un mito que el libre comercio rompe las barreras nacionales. El libre comercio no sólo amenaza la soberanía nacional, sino que destruye la democracia.

Al crecer la disparidad entre ricos y pobres, la lucha para apoderarse de los recursos se intensifica. Para lograr sus "dulces acuerdos", para entregarle a grandes empresas los cultivos que sembramos, el agua que bebemos, el aire que respiramos y los sueños que soñamos, la globalización de las transnacionales necesita una confederación internacional de gobiernos leales, corruptos y autoritarios en los países más pobres para sacar adelante reformas impopulares y sofocar los motines.

La globalización de las transnacionales o, para llamarla por su nombre, el imperialismo, necesita una prensa que simule ser libre. Necesita tribunales que simulen impartir justicia. Mientras tanto, los países del Norte refuerzan sus fronteras y acopian armas de destrucción masiva. Después de todo, tienen que asegurarse de que sólo se globalicen el dinero, los bienes, las patentes y los servicios. No el libre movimiento de las personas. No el respeto de los derechos humanos. No los tratados internacionales sobre discriminación racial, o sobre armas químicas y nucleares, o emisiones de gases con efecto invernadero o cambio climático, ni, que Dios no lo permita, la justicia.

Entonces esto, todo esto, es "imperio". Esta confederación leal, esta obscena acumulación de poder, esta distancia cada vez mayor entre quienes toman las decisiones y quienes tienen que sufrirlas.

Nuestra lucha, nuestro objetivo, nuestra visión de Otro Mundo debe ser eliminar esta distancia.

Entonces, ¿cómo resistimos al "Imperio"?

La buena noticia es que no lo estamos haciendo tan mal. Ha habido grandes victorias. Aquí en América Latina ustedes han tenido tantas... en Bolivia, tienen a Cochabamba; en Perú, hubo un levantamiento en Arequipa; en Venezuela, el presidente Hugo Chávez resiste, a pesar de los más arduos esfuerzos del gobierno estadounidense.

Y la mirada del mundo está en el pueblo de Argentina, que intenta remodelar un país a partir de las cenizas del caos creado por el FMI.

En la India el movimiento contra la globalización corporativa está ganando fuerza y está en condiciones de convertirse en la única verdadera fuerza política que contrarreste el fascismo religioso.

En cuanto a los rutilantes embajadores de la globalización capitalista, Enron, Bechtel, WorldCom, Arthur Anderson, ¿dónde estaban el año pasado, y dónde están ahora?

Y por supuesto en Brasil tenemos que preguntarnos, ¿quién era presidente el año pasado, y quién es presidente ahora?

Sin embargo, muchos de nosotros tenemos momentos oscuros de desánimo y desesperación. Sabemos que bajo el creciente toldo de la guerra contra el terrorismo, los hombres de traje están trabajando duro.

Mientras llueven bombas sobre nuestras cabezas, y los misiles crucero atraviesan los cielos, sabemos que se están firmando contratos, se están registrando patentes, se están tendiendo oleoductos, se están diezmando los recursos naturales, se está privatizando el agua y George Bush está planeando ir a la guerra contra Irak. Si miramos este conflicto como una confrontación cara a cara entre el "imperio" y aquellos de nosotros que lo estamos resistiendo, puede parecer que estamos perdiendo.

Pero hay otra manera de mirarlo. Nosotros, todos nosotros aquí reunidos, tenemos, cada cual a su propia manera, sitiado al "imperio". Puede que no lo hayamos detenido -todavía- pero lo hemos desnudado, desenmascarado. Lo hemos forzado a salir a campo abierto. Ahora está delante nuestro, en el escenario del mundo, en toda su brutal e inicua desnudez.

El imperio bien puede ir a la guerra, pero ahora está a campo abierto, demasiado feo para soportar su propio reflejo. Demasiado feo incluso para convencer a su propia gente. No falta mucho para que la mayoría del pueblo estadounidense se convierta en nuestro aliado. Hace unos pocos días, en la ciudad de Washington un cuarto de millón de personas marchó oponiéndose a la guerra contra Irak. Cada mes, la protesta gana fuerza.

Antes del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos tenía una historia secreta. Secreta, en especial, para su propio pueblo. Pero ahora los secretos de Estados Unidos son historia, y su historia es de conocimiento público. Es charla callejera.

Hoy sabemos que cada uno de los argumentos utilizados para la escalada de la guerra contra Irak es mentira. El más grotesco es el profundo compromiso del gobierno de Estados Unidos para llevar la democracia a Irak. Matar gente para salvarla de la dictadura o de la corrupción ideológica es, por supuesto, un viejo deporte del gobierno de Estados Unidos. Aquí en América Latina, ustedes lo saben mejor que nadie.

Nadie duda que Saddam Hussein es un dictador implacable, un asesino (cuyos peores excesos fueron apoyados por los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña). No hay duda de que los iraquíes estarían mejor sin él.

Pero entonces, el mundo entero estaría mejor sin un tal señor Bush. De hecho, él es mucho más peligroso que Saddam Hussein. Entonces, ¿deberíamos bombardear a Bush para hacerlo salir de la Casa Blanca?

Está más que claro que Bush está decidido a ir a la guerra contra Irak, sin importar los hechos y sin importar la opinión pública internacional. En su campaña de reclutamiento de aliados, Estados Unidos está dispuesto a inventar hechos. El teatro con los inspectores de armas es la concesión insultante y ofensiva que nos brinda el gobierno estadounidense para mantener de alguna forma retorcida las apariencias propias de la etiqueta internacional. Es como dejar la "puerta del perrito" abierta para que "aliados" de último momento o quizá la ONU puedan entrar gateando.

Pero a pesar de todos los intentos y propósitos, la nueva guerra contra Irak ha comenzado. ¿Qué podemos hacer?

Podemos aguzar nuestra memoria, podemos aprender de nuestra historia. Podemos seguir construyendo opinión pública hasta que se convierta en un rugido ensordecedor. Podemos convertir la guerra contra Irak en la vidriera de los excesos del gobierno estadounidense. Podemos exponer a George Bush y a Tony Blair, y a sus aliados, como los cobardes asesinos de bebés, envenenadores del agua y pusilánimes tirabombas a larga distancia que realmente son. Podemos reinventar la desobediencia civil de un millón de maneras diferentes. En otras palabras, podemos inventar un millón de maneras de convertirnos en su "dolor de cabeza" colectivo.

Cuando George Bush dice "o están con nosotros o están con los terroristas", podemos contestar "no, gracias". Podemos hacerle saber que la gente del mundo no tiene por qué elegir entre un Ratón Mickey malévolo y los Mullahs Locos.

Nuestra estrategia no debería ser confrontar al imperio, sino sitiarlo. Quitarle el oxígeno. Avergonzarlo. Burlarnos de él. Con nuestro arte, nuestra música, nuestra literatura, nuestra tozudez, nuestra alegría, nuestro brillo, nuestra implacabilidad absoluta, y nuestra capacidad de contar nuestras propias historias. Historias distintas de aquellas que nos quieren hacer creer lavándonos el cerebro.

La revolución corporativa colapsará si nos negamos a comprar lo que están vendiendo: sus ideas, sus versiones de la historia, sus guerras, sus armas, su noción de inevitabilidad.

Recuerden esto: Somos muchos y ellos son pocos. Nos necesitan más que lo que los necesitamos.

* Arundhati Roy es una escritora y analista india. Este discurso fue pronunciado en la conferencia pública "Cómo enfrentar al imperio" durante el Foro Social Mundial.

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LULA ES UNA ABERRACIÓN, ¡OLE, OLE, LULA!

por Herbert V. Docena*

PORTO ALEGRE, BRASIL - Para alcanzar a ver al hombre que todos aquí llaman Lula, corríamos a toda velocidad hacia una multitud de gente que se arremolinaba alrededor de una televisión: Lula está ya en el parque dirigiéndose a miles y miles de brasileños. Llegamos tarde. Nos apresuramos a tomar un taxi y cerramos la puerta de un golpe. "Al parque, por favor"- decimos al taxista en portugués chapurreado.

Es la voz de Lula resonando en la radio del taxi. "¿Es Lula?"- preguntamos. El conductor asiente con la cabeza y levanta los pulgares.

-¿Bom? (¿Es bueno?)

-¡Muito bom! (¡Muy bueno!)

El conductor pisa el acelerador al máximo y vira bruscamente como un maniático. Es como si intuyese cuánto, nosotros -un grupo de extranjeros que participa en el Foro Social Mundial -deseamos ver a Lula en persona. "El conductor tiene tantas ganas de ver a Lula como nosotros"- me corrige otro compañero a la vez que el conductor adelanta frenéticamente.

Lula es, por supuesto, Luis Ignacio "Lula" da Silva, el nuevo presidente de Brasil, quien obtuvo una victoria aplastante con el 62% de votos en las elecciones del pasado octubre (el mayor porcentaje jamás conseguido por ningún candidato a la presidencia en la historia política de Brasil). Las camisetas con su nombre aún continúan vendiéndose como pan caliente, a pesar que ya han transcurrido varios meses desde la campaña electoral. Incluso, su rostro ha reemplazado al del Che Guevara en algunos de los botones de alfiler rojos más solicitados.

Paramos al lado de otro taxi en un cruce y el conductor hace gestos al otro taxista para comprobar que también está escuchando la misma emisora de radio. Este eleva los pulgares, también esta escuchando a Lula. Después otro taxista y otra vez la señal con los pulgares arriba.

- Sabíais que una de las primeras cosas que hizo Lula cuando asumió la presidencia fue hacer un recorrido con sus ministros por las "favelas" (barriadas) para decirles: "Así es como realmente viven los brasileños. Mantenedlo presente cuando cumpláis con vuestras obligaciones"- dice uno de los pasajeros de la India que me acompañan en el viaje.

- ¿Sabíais que una de las primeras cosas que hizo cuando asumió la presidencia fue cancelar un contrato de aviones caza-bombarderos con motor a reacción y destinar en cambio ese dinero a las escuelas?

Las historias -verdaderas- de Lula están convirtiéndose ya en mitos.

Escuchábamos atentamente la retransmisión en directo pero Lula habla en portugués y apenas podíamos entender algunas palabras: "pais"..."problemas"..."esperança". -¡Ah!, está hablando de su país, de esperanza y está discutiendo los problemas.

Yo no era capaz de descifrar el resto de las palabras, pero lo que no pude traducir, lo pude percibir: en sus palabras había franca sinceridad, su voz sonaba como una promesa que incluso yo -un extranjero, no brasileño- quería creer.

- ¡Olé, olé, olé, olé, Lula, Lula!- gritaban miles de personas interrumpiendo el discurso del presidente, como si acabase de marcar el gol de la victoria en el Campeonato Mundial de Fútbol.

¿Será el "Erap" brasileño?

Creí haber visto esto antes.

En mi país, cientos de miles de excluidos y descamisados filipinos también le demostraban al antiguo presidente Joseph "Erap" Estrada una devoción similar a la que ahora le rinde a Lula el pueblo y los descamisados brasileños. Al igual que Lula, Erap se acercaba a los pobres y prometía luchar por ellos en contra de las clases dirigentes que les había explotado durante tanto tiempo. Del mismo modo que Lula, la popularidad de Erap entre las masas no tenía precedentes en la historia. Además, para el verdadero creyente, Erap representaba lo que hoy Lula simboliza para muchos brasileños: el auge de los desposeídos tras un largo periodo de opresión.

Sin embargo, Lula, en retrospectiva y en comparación, parece verdaderamente mucho más auténtico. Es, en realidad, uno de ellos mismos: en su niñez casi murió de inanición y tuvo que huir de la sequía en su provincia emprendiendo un largo y tortuoso viaje a la ciudad. Erap, por el contrario, desciende de buena familia y probablemente nunca haya pasado hambre.

Lula realmente ha luchado por ellos: otrora obrero metalúrgico, dedicó la mayor parte de su vida a la lucha sindical como dirigente contra la dictadura en Brasil. Erap también dedicó la mayor parte de su vida a la lucha del lado de los pobres, pero sólo en las películas. En la realidad, era muy allegado al dictador Ferdinand Marcos.

Todo nuevo

La ruta que transitábamos, normalmente con muy poco tráfico, se embotelló repentinamente. Parecía que todos los caminos conducían al parque. Delante de nosotros, un hombre agitaba orgulloso la bandera del partido de Lula (la estrella roja del Partido de los Trabajadores) desde el interior de su automóvil. Como en taxi no avanzábamos, decidimos unirnos a la multitud que caminaba hacia el parque para alcanzar a ver a Lula, aunque el discurso ya hubiese terminado. Tal cantidad de gente no había sido "alquilada": no habían sido organizados o enviados en autobús desde sus ciudades por operadores políticos locales, ni obsequiados con ningún regalo. Toda esa gente fue por decisión propia, sin esperar nada a cambio, tan sólo Lula.

Jamás he visto nada igual antes y todo me parece una agradable novedad.

En mi tierra natal, la gente solamente contempla a la mayoría de los políticos con desdén y desprecio. En tan solo veinte años, nuestros presidentes Marcos y Estrada nos indignaron de tal modo que les expulsamos de sus puestos. Sin embargo, aquí en Brasil, solo mencionar el nombre de Lula en algunas de las conferencias era suficiente para hacer que el publico súbitamente ovacionase convulsiva y calurosamente con "¡olé, olé, Lula!".

En Filipinas, los líderes políticos no inspiran más que desconfianza y cinismo, mientras que Lula parece inspirar confianza y esperanza. En mi país, las elecciones suponen a menudo optar por el menos vil de los demonios. En Brasil, parece que no podría haber habido mejor elección.

Vengo de un país donde los jóvenes desconfían tanto de la política que casi ninguno se verá envuelto en temas de esa índole. Pero aquí los seguidores más fervientes de Lula son l@s jóvenes: gran cantidad de ell@s asistió al mitin de Lula, sin camisa, tomados de la mano de su novi@ mientras escuchaban absortos las palabras de Lula, besándose y abrazándose tras aplaudirle febrilmente.

Vengo de un país donde el dirigente del segmento más organizado de la izquierda es suficientemente audaz para exigir el derrocamiento del Estado, pero no lo suficientemente valiente para regresar de un cómodo exilio.

Aquí en Brasil la visión de Lula no es sólo audaz sino que además él está aquí y ganó. La izquierda brasileña ha conseguido lo que el segmento más organizado de la izquierda en mi país había considerado inimaginable: hacerse a las riendas del Estado sin necesidad de matar a nadie -ni entre los elementos reaccionarios, ni siquiera entre antiguos compañeros de armas.

Claro está, queda por ver si Lula será capaz de dirigir este Estado hacia sus objetivos revolucionarios. No obstante, ya ha demostrado que el primer y más importante paso -asumir su control y movilizar a las masas- puede llevarse a cabo.

Espectáculo anormal

Y esta es, quizás, la razón por la que Lula suscita tal entusiasmo, incluso entre los más cínicos y reacios: Lula es una aberración. En la situación actual, su victoria aparece como un accidente insólito y feliz, increíble pero cierto.

En un mundo dominado por políticos que están al servicio de los intereses de una minoría de poderosos, en un mundo marcado por sistemas políticos que intrínsecamente proporcionan demasiadas ventajas a esa clase de políticos, no podríamos esperar que Lula ganase. En un continente donde EE.UU. ha hecho rutinariamente todo lo posible para evitar que dirigentes como Lula tomen el poder y hagan otra cosa que obedecerles, no podríamos esperar que Lula venciese. En una época en que el sistema instituido ha eliminado la oposición en casi todos los lugares, en que las élites se disputan el poder y en que la izquierda se autodestruye, no esperábamos que Lula y su partido nos mostrasen el camino.

Me quedé allí parado junto a los brasileños apostados a lo largo de la ruta, esperando a que pasase el automóvil de Lula, gritando "¡olé, olé, Lula!", con la esperanza puesta en que haya muchas más aberraciones políticas como Lula.

* Herbert V. Docena es investigador asociado de Focus on the Global South.

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BHAGWATI Y BELLO POLEMIZAN SOBRE EL LIBRE COMERCIO Y LOS MERCADOS LIBRES

(El debate entre Walden Bello y Jagdish Baghwati fue filmado en la universidad de Stanford para el programa Uncommon Knowledge (Conocimiento poco común) y moderado por el presentador del mismo, Peter Robinson. El programa salió al aire en el sistema público de trasmisión - Public Broadcasting System- de Estados Unidos.)

Peter Robinson: Hoy en Uncommon Knowledge: el libre comercio, ¿todos ganan, o unos ganan y otros pierden? Soy Peter Robinson. Nuestro programa de hoy: el libre comercio en la balanza. Según un estudio reciente, durante el último medio siglo las naciones abiertas al libre comercio experimentaron un desarrollo económico que llega al doble de las que no lo estaban. Entonces, ¿por qué oponerse al libre comercio? Y sin embargo muchos, en particular en el mundo en desarrollo, se oponen al libre comercio, y creen que las reglas del comercio mundial están inclinadas en favor del Norte rico y desarrollado y en contra del Sur, pobre y en desarrollo. ¿Quién tiene razón? Y con el compromiso todavía no muy claro del presidente Bush con el libre comercio, ya que después de todo promulgó un nuevo arancel a las importaciones de acero, ¿dónde se ubica Estados Unidos en este debate?

Hoy tenemos con nosotros a dos invitados. Walden Bello es el director ejecutivo de Focus on the Global South, un programa de políticas del desarrollo con sede en Bangkok, Tailandia. Jagdish Bhagwati es profesor de economía en la universidad de Columbia, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores y autor del libro Free Trade Today (El libre comercio hoy).

Peter Robinson: El economista Joseph Stiglitz, ganador del premio Nóbel, afirma: "El programa de la liberalización del comercio fue fijado por el Norte (esto es, los países ricos) o, más precisamente, por determinados intereses particulares en el Norte. En consecuencia, una parte desproporcionada de las ganancias ha ido a parar a las naciones industrializadas avanzadas. Y en algunos casos los países menos desarrollados se han vuelto más pobres". El libre comercio hace más ricos a los países ricos y más pobres a los países pobres. ¿Jagdish?

Jagdish Baghwati: Creo que incluso un ganador del premio Nóbel puede estar totalmente equivocado. Creo que fundamentalmente está...

Peter Robinson: Completamente equivocado.

Jagdish Bhagwati: Completamente equivocado.

Peter Robinson: ¿Walden?

Walden Bello: Creo que da justo en el clavo. Creo que ...

Peter Robinson: Ah, maravilloso, tenemos justo lo que un presentador de televisión quiere oír, un desacuerdo neto. Comencemos, si podemos, con el tipo de principios básicos que escuchamos en los salones de clase. ¿Qué tiene de especial el libre comercio? Según dicen los libros, y usted es uno de los principales defensores de ese razonamiento en el planeta, ¿por qué deben las naciones abrir sus fronteras al comercio?

Jagdish Bhagwati: Fundamentalmente se trata de compartir mutuamente [los beneficios] del intercambio. Si tengo un excedente de pasta de dientes, y usted tiene un excedente de cepillos de dientes, e intercambiamos uno de cada uno, los dientes quedarán más blancos, verdad, siempre y cuando recordemos cepillarlos. Entonces, fundamentalmente, ese es el argumento. Esa es realmente la lógica subyacente de cualquier transacción comercial, y creo que hay evidencia empírica muy sustancial en el período de posguerra, que da fe de que así ocurre, incluso en los países en desarrollo.

Peter Robinson: Entonces es el mismo razonamiento que recomendaría para el desarrollo de la propia economía de una nación. Simplemente todos debemos especializarnos en las tareas que tendemos a hacer mejor, para las que tenemos ventajas comparativas. ¿Y ese razonamiento es válido tanto para las naciones como para los individuos o las empresas?

Jagdish Bhagwati: Sí, pero recuerde que las ventajas comparativas pueden variar con muchas políticas, como las educativas. Si consigo generar en la India una fuerza de trabajo educada, puedo entonces montar un Silicon Valley [en alusión al principal centro de la industria informática en EEUU] ahí mismo en Bangalore, y eso se convierte entonces en nuestra ventaja comparativa. De modo que eso desplaza un poco el razonamiento hacia qué tipo de políticas generales tiene para su sociedad. Pero fundamentalmente, ni importa a dónde se vaya, no importa dónde se esté, tener una economía abierta va a ser realmente bueno para usted, sea pobre o rico.

Peter Robinson: Ahora, en principio, ¿usted está en desacuerdo con Jagdish?

Walden Bello: Bueno, yo realmente preferiría pasar de la teoría del libre comercio a la práctica del libre comercio.

Peter Robinson: Entonces, ¿usted acepta el principio que él acaba de exponer?

Walden Bello: Soy agnóstico respecto a eso, pero en términos de la práctica del libre comercio, lo que ha hecho realmente es consolidar la ventaja de algunos países, una minoría en la economía mundial, y esto ha creado desventajas estructurales para muchos de los que llegaron tarde.

Peter Robinson: Veamos qué opina Walden de las conclusiones de un informe sobre libre comercio realizado en 1998 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE): durante el último medio siglo, dice este informe de la OCDE, y especialmente durante la última década -la década de los 90 es muy importante aquí "las naciones que más se han abierto al comercio han experimentado el doble del crecimiento anual de aquellas que se han cerrado". El informe de la OCDE continúa pintando un contraste muy marcado entre dos regiones del mundo. Primero, las naciones asiáticas de Corea, Taiwán, Singapur, Hong Kong, Malasia, Tailandia e Indonesia, que empezaron con economías cerradas, las abrieron gradualmente, y así unos tres mil millones de personas en esos países han sido sacadas de esa pobreza. En segundo lugar, naciones africanas como Nigeria, Costa de Marfil y Tanzania, que comienzan con economías cerradas y que, en gran medida, mantienen sus economías cerradas y siguen pobres. Economías abiertas, mire lo que sucedió en Asia. Economías cerradas, mire lo que sucedió con algunos países del África. Ahora bien, ¿cómo maneja usted este argumento?

Walden Bello: Bueno... podría decir que están dando una descripción muy simplista del África y el Asia. Si miramos las economías del este de Asia, no eran economías de libre comercio, eran economías mercantilistas proteccionistas que golpeaban fuerte, con fuerte intervención estatal, apoyo del Estado, subsidios del Estado, y eso fue en realidad lo que las convirtió en estrellas emergentes en el mercado mundial. Pero miremos entonces lo que constituye, de hecho, una comparación mucho más adecuada. Comparemos esas economías mercantilistas, proteccionistas del este asiático que se estaban integrando al mercado mundial, con la situación de los países latinoamericanos, los países africanos y los países de Europa del Este que fueron sometidos a los Programas de Ajuste Estructural del Fondo Monetario Internacional --esto es, una reforma radical a favor del libre mercado- y el panorama es bastante claro. Aquellos que se integraron verdaderamente a la economía mundial con un modelo sofisticado, no de libre comercio, sino con fuerte intervención del Estado, se desempeñan mucho mejor que las economías de libre comercio radicales. Es por eso que pienso, entonces, que este tipo de estadísticas y este tipo de descripción no son precisos -permítame decir que hay un mundo de diferencia entre una economía de libre comercio como Haití, y Vietnam.

Peter Robinson: Ahora tengo que decir que sé muy poco sobre Vietnam. En otras palabras, ¿Vietnam tiene un fuerte sector estatal?

Walden Bello: Seguro.

Peter Robinson: Se dedica a importar y exportar pero el gobierno dirige esto en gran medida.

Walden Bello: Es una economía muy reglamentada, como lo es China.

Peter Robinson: Y está creciendo a pasos agigantados.

Walden Bello: Está creciendo a pasos agigantados, se ha convertido...

Peter Robinson: Y en Haití casi no existe, según entiendo, un gobierno que funcione, casi no hay sistema legal.

Walden Bello: Si, así es.

Peter Robinson: Entonces están abiertos y no hay gobierno -entonces, su argumento es que Haití, de algún modo, sería el sueño libertario?

Walden Bello: Se han abierto y están muertos, del mismo modo que Argentina se abrió y quedó muerto.

Peter Robinson: Abiertos y muertos. Muy bien, he ahí un concepto interesante, abiertos y muertos.

Jagdish Bhagwati: Creo que Walden comete un error al decir que es demasiado simplista. Es cierto que uno puede ser demasiado simplista, pero se puede contar con una fuerte intervención gubernamental para crear la infraestructura necesaria para una fase inicial de sustitución de las importaciones, y luego avanzar hacia el libre comercio. Pero, en esencia, lo que hicieron las economías del Lejano Oriente, de hecho, fue tener mucha intervención [estatal]. No eran gobiernos libertarios que no intervinieran, pero la pregunta es ¿cuál era la naturaleza de esa intervención? Esos gobiernos rutinariamente le dejaron siempre en claro a sus pueblos que la orientación exportadora era el camino que se debía transitar. Y economía abierta en el sentido de que no se tiene miedo a los mercados mundiales, no hay miedo a la inversión extranjera, se usa al mundo exterior para aprender de él, para beneficiarse de él. Tomemos entonces países como las cuatro economías del Lejano Oriente -Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur. Hong Kong es la más libertaria de algún modo, pero incluso allí hay un grado importante de intervención, pero es libre comercio puro. Singapur es casi libre comercio puro, sin ningún tipo de intervención en cuanto al comercio, que es de lo que estamos realmente hablando. Corea del Sur y Taiwán pasaron por una fase de sustitución de las importaciones durante algún tiempo, pero luego viraron hacia afuera. Y el secreto de su éxito es que se dedicaron a una rápida expansión de las exportaciones.

Peter Robinson: Y qué pasa con el ejemplo de Walden de países que están abiertos pero muertos; Haití y Argentina son países bastante diferentes.

Jagdish Bhagwati: Pero se puede morir -esto es- a pesar de ser abierto; porque ser abierto ayuda, pero no evita que te mueras de cáncer. Es decir, tomar aire fresco puede ser muy bueno en términos de salud general, pero no hará nada si estás muriendo de cáncer. Y así vemos que hay conflictos y guerras civiles, por ejemplo, como en la mayor parte del África, que es otro de los ejemplos de Walden. O hay gobiernos dictatoriales, que están verdaderamente imprimiendo dinero, gastándolo mediante el presupuesto, teniendo inflaciones enormes. Hablo de la inflación que había en el período del que seguramente estaba hablando Walden en América del Sur, que ascendía a cuatro dígitos -algo impensable para la mentalidad de un asiático. Ahora bien, esas son las cosas que desequilibran las economías -no tiene nada que ver con estar orientado hacia afuera o hacia adentro.

Peter Robinson: Volviendo a una pregunta anterior, se opone Walden filosóficamente al libre comercio o no? Bajo circunstancias iguales ... esa frase maravillosa que hace que cualquier argumento que siga sea completamente artificial. Bueno, pero en circunstancias iguales -tenemos dos países que son idénticos en todo y uno de ellos se dedica al libre comercio y el otro no -a su juicio, ¿cuál de ellos está tomando la decisión política acertada?

Walden Bello: Bueno, eso es exactamente lo que estoy intentando decir, Peter; es que no es preciso, es un error fundamental decir que Taiwán y Corea, o China, en sus períodos de crecimiento rápido eran economías de libre comercio. Lo que estoy intentando decir es que eran supremamente proteccionistas cuando se trataba de su mercado interno. Lo que quiero decir, saben, es que los automóviles japoneses recién entraron a Corea recién en la última década. Quiero decir que esto es sorprendente. Lo que intento explicar es que no son economías de libre comercio; ciertamente se abrieron, pero se abrieron y, al mismo tiempo, protegieron sus mercados internos.

Peter Robinson: Déjenme hacerles una pregunta a los dos, porque lo que tenemos ahora es un inexperto que tiene un problema. Observamos la experiencia de los llamados tigres asiáticos, y Jagdish dice que hay buenas noticias porque tienen libre comercio a pesar de ocasionales intervenciones proteccionistas del gobierno. Y Walden está diciendo no, no, no, las buenas noticias se están dando en realidad casi a pesar del libre comercio, llevadas a cabo en gran medida por intervenciones proteccionistas y otros tipos de intervenciones económicas de gobiernos centrales fuertes. Entonces la pregunta es, ¿hay algún tipo de enfoque estadístico, hay algún modo de...? Ustedes están mirando el mismo cuadro y dando explicaciones distintas sobre por qué sucedió eso, ¿hay algún modo de solucionar esto, algún modo objetivo de resolverlo?

Jagdish Bhagwati: Walden tiene razón y a la vez está equivocado. Quiero decir, al principio hubo muchísimo proteccionismo en esos sistemas. Algunos tipos de protección, como en la industria automotriz, o la industria pesada, se mantuvieron. Pero hoy hay una cantidad enorme de literatura que demuestra que éste es exactamente el tipo de política industrial equivocada; porque mientras estas intervenciones reforzaban la ventaja comparativa de la manufactura liviana, Corea se las arregló para reforzar lo que, de hecho, el mercado habría hecho de todos modos al elegir manufacturas livianas, como hizo Japón. Pero cuando empezó con la política industrial y las intervenciones para el sector industrial pesado, la construcción de buques y varias cosas más, ahí es cuando se extravió, como le ocurre a la mayoría de la gente.

Peter Robinson: Un sector donde no tenían una ventaja comparativa en el mercado internacional, para empezar.

Jagdish Bhagwati: Y no había señales claras del mercado que te indicaran hacia dónde debes dirigirte.

Peter Robinson: Claro. El mercado no estaba pidiendo a gritos buques de fabricación coreana.

Jagdish Bhagwati: Entonces en alguna etapa -si miramos al Japón, por ejemplo-una política industrial en esos países, donde parece estar teniendo éxito es donde, de hecho, están intentando predecir la evolución de las ventajas comparativas.

Peter Robinson: Próximo tema, ¿cuánto han perjudicado las decisiones recientes de EEUU al movimiento hacia el comercio más libre? En los últimos meses el presidente Bush adoptó un par de medidas que inciden adversamente sobre el libre comercio. Primero impuso aranceles hasta del 30% al acero importado, lo que la revista The Economist llamó "la medida más proteccionista de Estados Unidos en las dos últimas décadas". Y pocos meses después firmó una ley agrícola que aumentó en 80% los subsidios que reciben los productores agrícolas, suministrándoles unos U$S 170 mil millones a lo largo de la próxima década. Ahora bien, esto no ocurre sólo en Estados Unidos. El nivel general de subsidios a la agricultura de los países de la OCDE, que son básicamente los países industrializados, aumentó al doble, de 182 mil millones en 1995 a 362 mil millones en 1998. Entonces, el tema es -por lo menos en lo que hace a la agricultura y también a otras industrias sensibles políticamente ... ¿por qué estaba hablando sobre el acero? ... el acero, sensible políticamente-que el presidente impone un arancel, que los países ricos no están jugando limpio. Entonces, ¿tiene razón Walden cuando dice que el libre comercio es algo que los países pobres tienen que pensar dos veces, porque van a ser estafados por estos países ricos?

Jagdish Bhagwati: Pero no te estafan. Creo que esa es una manera equivocada de verlo. Mi antigua profesora, una gran radical, Joan Robinson de Cambridge, siempre decía que si tiras piedras en tu puerto, no es motivo para que yo tire piedras en el mío. En esencia lo que ella decía es que es bueno para mí no tener restricciones, o restricciones reducidas en el comercio, porque el comercio genera ganancias, cierto. Si tu puerta está cerrada, sabes, obtendré menos por su comercio. Pero eso no significa que entonces yo deba cerrar mis puertas, porque entonces saldré doblemente lastimado. Pero quisiera simplemente avanzar y decir también, para estar del lado de Walden en parte, pero de modo matizado, y esto es porque hoy estamos todos diciendo miren, aquí están todas las estadísticas que estás leyendo. Bien. Y las cosas se están tornando todavía peores, y lo que es malo de las medidas de Estados Unidos es que, mientras que estamos entrando en negociaciones comerciales multilaterales post-Doha, hemos en verdad utilizado procedimientos válidos de la OMC para aumentar la protección. Entonces estamos enviando todas las señales equivocadas. Mi preocupación no es tanto esto en sí mismo, porque están lastimándose a sí mismos y están lastimando al resto del mundo también, pero...

Peter Robinson: Los estadounidenses lo están haciendo y los europeos que subsidian la agricultura también.

Jagdish Bhagwati: Pero el verdadero problema es que cuando hacemos cosas como esa -y se supone que somos los más orientados al libre comercio, los grandes defensores del libre comercio, ideológicamente y todo lo demás-cuando hacemos esto es muy dificil para el presidente Arroyo de Filipinas, para el primer ministro de la India, que están intentando acercarse un poco más al libre comercio. Nunca estaremos en el libre comercio, pero, saben, estamos tratando de liberalizar aquí y allá según lo permiten los procesos democráticos, y luego vemos a todas las personas que se oponen a la liberalización. Y luego dices, mira el perro grande de la cuadra está haciendo algo que es hipócrita y eso hace más difícil nuestra vida en los países en desarrollo.

Walden Bello: Bueno, pienso definitivamente, que sean cuales fueren nuestras posiciones respectivas sobre el libre comercio, creo que Jagdish y yo llegamos a un consenso sobre el doble discurso que, de hecho, opera en la economía mundial. Básicamente lo que hace Estados Unidos es, cuando me sirve haré libre comercio, pero seré también unilateral. Pero ustedes, muchachos, pues bien, sólo tienen que bajar sus aranceles. Ustedes, muchachos, tienen que practicar el libre comercio.

Peter Robinson: Entonces, ¿apoyaría Walden al libre comercio si pensara que los países ricos están jugando limpio? ¿Se opone usted al libre comercio o es simplemente la hipocresía que ve en una medida como esta del presidente Bush, la hipocresía que ve en la Unión Europea cuando le dice al llamado Tercer Mundo "deben comprometerse al libre comercio puro mientras nosotros subsidiamos a nuestros productores y a cada grupo político que necesitamos sea electo. ¿Es eso lo que en realidad le molesta? Si el primer mundo se comportara mejor, ¿estaría usted más a favor del libre comercio?

Jagdish Bhagwati: Ven que esto refuerza lo que estaba diciendo, que cuando personas como Walden critican este tipo de hipocresía o de doble discurso, cuando los intelectuales -quiero decir que él es uno de los intelectuales influyentes en el Tercer Mundo-[actúan así] refuerzan a los grupos de presión, a los grupos de presión industriales y demás, que no quieren que se reduzca la protección. Entonces, en ese sentido, es una consecuencia negativa sumamente importante de lo que ha estado haciendo el presidente Bush.

Walden Bello: Bueno, en respuesta a tu pregunta, Peter, creo que, como dije, sabes, no estoy tan convencido, sabes, con la teoría del libre comercio. Soy pragmático, sabes. No me opongo al comercio. Estoy a favor del comercio, pero todo depende de cuáles sean las reglas que rigen el comercio, y estoy por el comercio justo, y eso es lo que estoy intentando decir aquí. Que la historia de Asia oriental demuestra, sabes, que las intervenciones, incluso las intervenciones proteccionistas, de hecho, construyen capacidad para que en el futuro esos países como Corea puedan convertirse en economías eficaces, eficientes. Entonces lo que estoy diciendo aquí es que necesitamos realmente, realmente, ser pragmáticos en cuanto a las políticas comerciales. Hay veces que uno es proteccionista y eso es lo que hay que hacer racionalmente, hay veces que uno liberaliza. Pero lo más importante es el interés nacional que te guía en términos de desarrollar tu economía. Entonces, Peter, básicamente estoy diciendo que, como alguien del Tercer Mundo, pondría absolutamente por encima de todo al desarrollo sobre el comercio. Por lo tanto el comercio, o algunas políticas comerciales ayudan al desarrollo; si lo hacen, todo bien. Si no lo hacen, entonces no estoy a favor de eso. Y ciertamente las políticas de libre comercio denominadas Programas de Ajuste Estructural que el FMI y el Banco Mundial impusieron, han erosionado persistentemente la capacidad de desarrollo de los países del Tercer Mundo como Filipinas.

Peter Robinson: ¿Qué nota le darías al FMI y al Banco Mundial? Walden ha dicho ya varias veces que han impuesto regímenes de libre comercio rígidos, liberales en el sentido de minimizar el Estado, o han intentado hacerlo, imponer esas estructuras a los países del Tercer Mundo, y eso ha causado problemas y resentimiento y todo lo demás. ¿Qué nota le darías al Banco Mundial?

Walden Bello: Y no solo al comercio, sino también al capital.

Peter Robinson: Al capital, correcto. Políticas monetarias...

Jagdish Bhagwati: El alcance de las políticas del FMI se extiende no solo al comercio, que es muy minimalista, sino a empujar rápidamente a los países a la convertibilidad del capital o, como a veces se la llama, a la liberalización financiera. Entonces nuestras firmas financieras pueden, sabes, entrar y básicamente operar sin ninguna restricción pero la gente puede retirar su dinero y todo eso. Y eso se hizo de modo muy imprudente, y ...

Peter Robinson: ¿Les pone una nota baja?

Jagdish Bhagwati: Me temo que sí. Una nota baja es, una nota baja... no, los expulsaría de...

Peter Robinson: Ah, tan mala.

Jagdish Bhagwati: ...la universidad.

Peter Robinson: Porque a mí me parece...

Walden Bello: ¡Una cita muy significativa!

Peter Robinson: Walden está diciendo "yo soy pragmático, quiero saber qué es lo que funciona". Y me llama la atención, escuchando a Walden, que en el mundo en desarrollo debería ser más fácil ver que el libre comercio funciona allí si no hubiera esta presión del mundo occidental empujándolo, apoyándolo, intentando embutírselo -el FMI, el Banco Mundial, y luego el presidente- toda esta cobertura del pastel que simplemente hace que sea más difícil de tragar.

Jagdish Bhagwati: En lo que respecta a la liberalización financiera, creo que en los últimos años estaban diseñando sus políticas por analogía con el comercio. Y una cosa que se aprende en el salón de clase es, sabes, que hay similitudes entre la liberalización comercial y la liberalización financiera, pero son fundamentalmente...

Peter Robinson: Bastante distintas.

Jagdish Bhagwati: Entonces las diferencias son mucho más importantes. Cuando se trata de la liberalización financiera, si no eres muy prudente y cauto estableciendo controles, adaptando las instituciones locales como los procedimientos bancarios, los balances deuda-capital, estás jugando con fuego y entonces la analogía es jugar con fuego. Es bueno para ti, sabes, pero por otra parte, puede quemar el lugar donde vives.

Peter Robinson: Último tema, predicciones sobre el futuro del libre comercio. Otra vez la revista The Economist: "La lección de principios del siglo XX es que la globalización es reversible". La mundialización fue revertida por la primera Guerra Mundial y luego fue revertida por la política económica, la política comercial durante la Depresión -la gente volviéndose proteccionista y todo eso. Sigo con la cita: "En este momento, el momento actual, la integración mundial podría detenerse si aumentan el riesgo y el costo de hacer negocios afuera, quizá como consecuencia de los miedos asociados a la seguridad", es decir, la amenaza terrorista, "o si los gobiernos una vez más le dan la espalda al comercio abierto. Cualquiera de estas amenazas puede resultar decisiva". Entonces, la pregunta es ... no se trata de una pregunta sobre ideología, ni sobre principios, ni siquiera realmente sobre prácticas pasadas, pero es una pregunta sobre el futuro. ¿Alcanzó acaso el movimiento hacia el comercio más libre su punto más alto, quizá en los años 90, y podríamos ver quizás entonces un proceso inverso en los próximos años? ¿Walden?

Walden Bello: Nada está determinado... los procesos pueden, de hecho, revertirse. Pero lo que diría es que pienso que a los países les gustaría integrarse a la economía mundial, pero lo que están pidiendo son buenas reglas, que sean muy sensibles a los diferentes lugares que los países ocupan en la economía mundial. Y creo que si el Norte, si los países desarrollados tienen la voluntad para entender que no le deben imponer normas doctrinales sobre el libre comercio a los países, y se disponen en cambio a tener en cuenta las necesidades de esos países que, de hecho, necesitan desarrollarse, y que eso debe respetarse, y que por eso no puede haber una sola talla de zapatos que calce en todo tipo de régimen comercial, entonces pienso que los países del Sur, sabes, se integrarían...

Peter Robinson: ¿Es usted optimista en cuanto a que eso sucederá realmente en los próximos tres, cuatro, cinco años?

Walden Bello: Bueno, no soy optimista precisamente porque pienso que en el Norte existe una visión doctrinaria sobre el libre comercio o bien existe esta idea, de la que ya hemos hablado, de que puedo ser unilateral si quiero y puedo estar por el libre comercio cuando quiero. Y esto es de hecho lo que tenemos en Washington en este momento. Entonces, yo diría aquí, Peter, que hay mucha insatisfacción en el Sur en este momento, porque nos vendieron una bolsa de cosas como si se tratara de libre comercio, que han creado problemas enormes en nuestra economía. Y más allá de eso está también la hipocresía.

Peter Robinson: Jagdish, ¿es usted optimista a este respecto?

Jagdish Bhagwati: Sí, pienso que lo soy en este momento porque creo que fundamentalmente han cambiado muchas cosas en comparación con, sabes, la primera parte del siglo XX. Y los forjadores de las políticas todavía están interesados en los países en desarrollo, no necesariamente todos los intelectuales, como Walden que ciertamente no "compra" ese discurso, pero pienso que los forjadores de políticas han ensayado modelos alternativos y ahora están diciendo miren, teníamos mucho miedo del mundo exterior, queremos usarlo del modo que las economías del Lejano Oriente lo hicieron. Hagamos como los mexicanos mirando al Río Grande, saben. Porfirio Díaz dijo hace años "Pobre México, qué lejos está de Dios y qué cerca de Estados Unidos". Hoy lo han dado vuelta y dicen, miren qué maravilloso, México está al lado de Estados Unidos. Eso nos brinda oportunidades.

Peter Robinson: Jagdish Bhagwati y Walden Bello, en nombre de Uncommon Knowledge, gracias por haber estado aquí.

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Enfoque Sobre Comercio es un boletín mensual de distribución electrónica, publicado por Focus on the Global South, que proporciona noticias y análisis sobre las tendencias del comercio y el sector financiero mundial, enfatizando el análisis de esas tendencias desde una perspectiva integral e interdisciplinaria que es sensible no solo a los asuntos económicos, sino también a los aspectos ecológicos, políticos, sociales y de genero. Sus contribuciones y comentarios son bienvenidos.

Enfoque Sobre Comercio está editado por Nicola Bullard (n.bullard@focusweb.org) .

Traducción: Alberto Villarreal (comerc@redes.org.uy)

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